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Te necesito, Granger... — capítulo 24

24

Evanescente

-¿Me seguías, Granger?-susurró con suavidad la pelinegra por segunda vez.

Hermione se estremeció al sentir el aliento caliente bajando por su cuello. Las manos de Parkinson no se quedaron quietas, sino que se movieron hacia delante, rodeó la barriga de Hermione con sus brazos y la empujó hacia atrás. Pegando sus cuerpos sin dejar ningún espacio entre ellos.

-N-no te seguía.-masculló como pudo la castaña después de tragar una gran bola de saliva.

-¿No te dijo tu mama que mentir esta mal, Granger? ¿O es que en el mundo muggle no acostumbráis a decir la verdad?-se burló Pansy con gusto, acompañándolo de una risita.-Bueno, eso explicaría muchas cosas.-siseó con una sonrisa.

-¡No estoy mintiendo Parkinson!-gritó Hermione, y de repente, se apartó de los brazos y del cuerpo de Pansy que se había apoyado tranquilamente en el suyo.-Solo... te buscaba, sino quieres creértelo es tu problema.

-Granger, no saques las garras.-hizo una pausa en lo que avanzó dos pasos e inclino la cabeza hacia la gryffindor.- Aquí no.-lo ultimo lo dijo susurrando y al final le añadió un guiño.

El rostro de Hermione enrojeció suavemente. Y, avergonzada, miro hacia todas partes. Menos mal que nadie escuchaba lo que hablaban, algo le decía que sería bastante extraño si alguien las veía juntas entablando una conversación. Pansy se cruzó de brazos delante de ella.

-¿Entonces a que has venido? ¿Es que quieres seguir el mismo numerito del comedor pero con una compañera distinta?

-No.-hizo una pausa mientras trataba de encontrar las palabras adecuadas, pero algo le decía que cualquier cosa que dijera la slytherin le daría la vuelta. Ella solo quería dejarle claro que sus sentimientos...ahora mismo estaban con su novio, Ron. Sabía que no podía tener esa conversación en mitad del pasillo, pronto la gente saldría del comedor y las encontrarían allí. Sin avisar, agarró el brazo con fuerza de la slytherin y la empujó hacia la pared y sin saber como, Pansy se encontró de repente en una aula pequeña y completamente desconocida. La puerta por la que acaban de entrar había desaparecido y estaban solas.

-Vaya, vaya, Granger, no sabía que te morías de ganas de hacerlo ahora.-Pansy sonrió de lado y a pesar de que deseaba hacer lo que acababa de insinuar, permaneció de pie junto a una mesa y con el brazo apoyado en su costado (como solía hacer cuando estaba con las chicas de slytherin). Miró de arriba a abajo a la castaña con una expresión de superioridad y ladeó la cabeza mientras hablaba.-¿O es que ya te has calmado lo suficiente con la Comadreja Weasley?

Hermione enrojeció de tal manera que le pareció sentirse un volcán en erupción. Notaba el rostro arder, no de vergüenza sino de cólera.

-No llames a Ron de esa manera.

-Lo llamaré como se me de la gana.

-¡No, no puedes! Te lo prohíbo.

-¡Ja! ¿Tu me lo prohíbes a mi, Granger? ¿Y con que derecho?

-S-soy prefecta.-replicó Hermione, Pansy se estaba acercando demasiada y ella no podía evitar sentirse intimidada. Ya había retrocedido unos pasos cuando había dicho eso, pero de repente recordó que no iba a dejarse acobardar por la slytherin. Así que, decidida se detuvo sacó pecho y levantó la cabeza.- Y como prefecta, te ordeno que no le insultes.

-Ya, pero resulta que yo también soy prefecta, y por lo tal no puedes mandarme. Ni tampoco puedes castigarme ni quitarle puntos a mi casa. Así que, dime Granger, ¿como vas a convencerme de que no insulte a tu querida Comadreja? No eres nada mio, ni mi amiga, ni mi madre... ¿que eres entonces?-Hermione frunció el ceño, la vía por donde estaba tomando aquella conversación no le gustaba.-Acaso eres...¿mi novia?

La pregunta no solo desconcertó a Hermione sino que hizo dudar de si misma. Y es que, ¿que eran ellas en ese mismo momento? ¿Amigas? ¿Compañeras? ¿Enemigas? ¿O...acaso...?

¿Eso quería ella? ¿Ser novia de Parkinson?

Hermione estaba tan sumida en sus pensamiento que se olvidó por completo de la situación en la que se encontraba, antes de poder darse cuenta Pansy ya había acortado las distancias que las separaban, y mantenía peligrosamente su boca muy cerca de la suya. Cuando alzó la vista se encontró con la mirada de la slytherin quien parecía estar examinando cada detalle de su rostro. Prácticamente respiraban una sobre la otra. El cuerpo de Hermione comenzó a temblar. Unas sensaciones extrañas invadieron la boca de su estomago, y sus manos se cerraron formando un puño blanquecino. Las pupilas de Hermione se dilataron al descubrir un pequeño hueco en la blusa de la slytherin, donde mostraba gran parte de su anatomía delantera y no pudo evitar tragar saliva.

Abrió la boca dispuesta a decir algo, pero en el momento en que soltó el primer alarido, olvidó por completo lo que iba a decir.

En su lugar, fue Pansy quien habló por ella.

-¿Que pasa Granger, te has quedado sin palabras?-preguntó en un susurro, avanzó un paso a pesar de que ya no quedaba mas camino que recorrer, dejó su pie junto al de Hermione y colocó una mano sobre su cadera. Justo cuando la castaña bajó la vista hacia su mano, ella agarró con rapidez pero delicadamente la barbilla de Hermione y la obligó a mirarla.-No me extraña.-susurró justo antes de juntar sus labios.

No supieron cuanto tiempo pasó, pero en ese mismo instante todo desapareció. El mundo al completo desvaneció. Sus apellidos en aquel momento no tenían sentido. Por alguna razón la única cosa que habitaba en sus mentes era el rostro de la persona que estaban besando.

Al principio solo fue un beso, lento y suave. Y poco a poco se fue convirtiendo en un cúmulo de picos y de caricias. De manos entrelazadas y suspiros cortos y largos.

Pansy no supo en que momento se dejó llevar, pero inesperadamente la castaña la empujaba a rastras hacia algún lugar desconocido del aula. La agarraba fuertemente del cuello de la camisa y por ninguna razón se separaba de su boca. Por difícil que parezca creerlo era la gryffindor quien llevaba el mando, y aunque Pansy nunca se hubiera dejado dominar, aquella vez parecía que se hubiera olvidado por completo de todo. Hermione guió con cuidado a la slytherin hasta la primera mesa que encontraron. En el momento en el que apoyaba el cuerpo de la pelinegra en el mueble, esta empujó unos centímetros a la castaña, la volvió hacia la mesa y rápidamente se encontró en la misma posesión el que se había situado Pansy hacia solo unos segundos. Juntó sus lenguas en cuanto sintió la dura y lisa madera pegarse a su espalda y se dejó llevar por los movimientos de la slytherin.

Hermione sentía que iba a morir dentro de poco. Las manos de Pansy no se quedaban quietas ni un momento y mucho menos su lengua, a la cual se le había unido voluntariamente sus dientes para dejarle unas cuantas marcas junto a su cuello. Tratando de atrapar los labios otra vez de la pelinegra, entreabrió un poco sus piernas dejando al descubierto un hueco en el cual se situó enseguida la pelinegra. Todos los pensamientos de la castaña se habían esfumado, solo podía escuchar los claros susurros de Pansy, diciendo su nombre, suspirando y dándole instrucciones.

La voz de Parkinson resonaba en toda la estancia a pesar de lo bajo que hablaba. Sus ecos resonaban y rebotaban contra cada rincón y parecía que nunca desaparecerían. Y, de alguna forma, eso solo conseguía centrar mas a la castaña en el placer que sentía, no solo el físico sino el que ahora mismo recorría en su estomago, por dentro, el mismo que sentía cada vez que la veía. Con la única diferencia de que era mas fuerte, mas alto y esta vez la estaba escuchando, le estaba prestando atención. El mundo se ocultó detrás de las sillas y las mesas, salió por la puerta y se convirtió en algo totalmente evanescente.