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Te necesito, Granger... — capítulo 23

Hola, a todos y a todas, lamento mucho la demora. Pero al final he conseguido escribir el capitulo que tanto deseaba escribir, para contaros como seguía. Espero que segáis leyendo y comentando.

Os doy las gracias por esperarme siempre.

Y sé, que aunque sea un poco corto, os lo he dejado con un final un poco intenso.

Muchos besos.

E.C.B.

23

¿Me seguías, Granger?

Hermione se acarició los labios por enésima vez en aquel día. Un ligero roce de sus dedos sobre el suave tejido rojo, y comprendió que aun era real. Por cada segundo que pasaba, la sensación del beso se le hacia mas y mas potente. Era como si en aquel mismo momento, estuviera Pansy uniendo su boca contra la suya. La sentía arder, aquellos labios castos, que apenas habían dado unos cuantos besos a su actual novio, Ron Weasley.

Sonriente, se dirigió al Gran Comedor. Había pasado una noche extraña, en la cual solo había podido sucumbir al sueño pasada la medianoche por culpa de sus pensamientos. Todos dirigidos a una slytherin que últimamente se comportaba de la forma mas...curiosa que nunca.

Sabía que tenía ojeras, pero no le importaban. Solo eran unas marcas que se borrarían enseguida. Había pasado gran parte de la noche rememorando lo que había ocurrido en el examen. No sabía por que, pero después de haber terminado su poción no había tenido ganas ni de comer, ni de dormir, solo quería estar sola en su cama, acurrucada. Había leído un poco, pero leer tampoco le había ayudado mucho a distraerse. No podía dejar de pensar en Parkinson.

Era como si la slytherin se hubiera echo con el hechizo perfecto para hacerle perder la cabeza. Porqué la había perdido, por completo.

Camino hacia su sitio habitual con sus amigos y se sentó aun sumida en sus pensamientos. La comida apareció por arte de magia después de que la directora McGonagall diera un discurso.

Como una autómata comenzó a moverse e ingirió la comida que le habían servido. Sus ojos pertenecían solo a la comida que se llevaba a la boca mientras que sus pensamientos estaban probablemente a kilometros de aquel sitio. ¿Se podría estar mas distraída? NO.

Sus amigos hablaban y hablaban entre ellos pero la verdad era que después de mucho tiempo, se había dado cuenta de que lo único que quería era comer tranquila, sin tener que hablar ni distraerse. A pesar de que mas de una vez la habían incitado a que se uniese a la conversación sentía que hoy no deseaba compartir sus verdaderos pensamientos con ellos. Porque no quería hablar de la ultima escoba voladora mas rápida que habían sacado al mercado, ni tampoco de si lloverá el sábado cuando se celebra el próximo partido. No, ella quería hablar de otra cosa, de otra persona que el cual su nombre empezaba por una P, de la misma que le había hecho sentir cosas extraordinarias con solo un beso. Pero no podía.

No podía hablar de Pansy Parkinson. Ni siquiera podía mencionarla si no fuera con un insulto de por medio. No podía compartir con su mejor amiga lo que había ocurrido entre ellas, porque ella misma le había prometido que no volvería a encontrarse con dicha chica en la misma habitación. Y ella, Ginny, le había prometido que lo que acababa de pasar quedaría como secreto de confesión.

Tragó fuerte y con un pesar en el estomago trató de beber agua. Sus ojos se desviaron un momento a su amado novio, Ron. Quien sonreía mientras tragaba los ultimos restos de comida que le quedaban en la boca y sinti´un profundo asco por lo que acababa de presenciar. ¿Como era posible que se mostrara siempre tan lerdo a la hora de la comida? Cogió una servlleta disgustada y se la pasó alrededor de la boca, tratando de borrar los restos de salsa que le habían quedado junto a su labios.

El gesto sorprendió no solo al chico (que pegó un slato hacia atrás en cuanto Hermione puso su mano encima) sino tambien a Ginny y Harry. Con mucho cuidado, limpió con suavidad la salsa de la cara de Ron.

-Ron, ¿por que tienes siempre ensuciarte de esta manera?-le preguntó en un susurro como si fuera su madre.

-Ya sabes que me gusta comer.

-Ya, pero te has manchado hasta en los ojos. Explícame, ¿como es posible que llegue la comida hasta aquí si tu boca esta mas abajo?

-No lo sé, dímelo tu.-dijo él picaron y con una sonrisa en los labios, se acercó de golpe y beso a la chica. Eso pilló totalmente desprevenida a Hermione. Con un brazo rodeó la espalda arqueada de la castaña y la junto aun mas, cuando, lo que en realidad quería hacer la chica era alejarse. No sabía por que pero ese beso no le estaba gustando demasiado.

Las babas y los enormes labios del chico le resultaban repugnantes. ¿Por que le parecían de esa manera? Es su novio, se supone que tiene que gustarle.

Asustada y absorta, trató de corresponder al beso y disfrutar de él. Pero no podía. No podía seguir el ritmo de Ronald y mucho menos teniendo los ojos de todo el mundo clavados en su espalda, los sentía. Con cuidado de no ofender lo, separó su boca de la de su novio y lo empujó de nuevo a su sitio.

Cuando el pelirrojo trató de volver a juntar sus labios, Hermione no tuvo mas opción de esta vez empujarlo con mas agresividad. El chico la miró confundido, y ella puso la cara que decía que había hecho algo mal.

-Aquí no se hacen estas cosas, Ron.-dijo la chica en un pequeño susurro.

Ron asintió comprendiéndolo mejor, desde luego, Hermione nunca tenía opción con obedecer las normas y los modales precisos. Todos volvieron a su comida, pero la ella aun sentía algunas miradas en su nuca. Era como si nunca pudiera quitarse esa sensación, porqué aun no se había atrevido a ver quien era la que la miraba tanto. Y justo cuando faltaba poco para que terminase la comida, levantó la vista un momento para comprobar que todos comían distraídos. Nadie hacía caso de lo que hacia o no la chica.

Sorprendida, continuó con sus cosas mientras sentía un profundo alivio.

Y fue, cuando en su sonrisa de alivio se cruzo con unos ojos que si la estaban mirando. Se paró en seco un segundo en esa persona y analizó concretamente la situación. La misma persona que la estaba observando era la única de esa mesa que seguro se había fijado en lo que había pasado hacia unos minutos. Pansy Parkinson tenía los brazos cruzados y le mostraba una media sonrisa de autosuficiencia. De burla, como si quisiera decirle con una esa sonrisa que lo había visto todo y que se burlaba de ella. O al contrario, que la felicitaba por su actuación.

Un escalofrío pasó por la espalda de la chica y rápidamente bajó la mirada. Se sentía...estúpida y tremendamente mal. ¿Le había echo sentir mal acaso? ¿Se había puesto celosa? ¿Estaría enfadada?

Pansy se levantó del asiento con elegancia y sin decir nada se dirigió a la salida. Sabía con prefecta razón de que varios ojos la seguían, y entre ellos unos castaños no le quitaría a vista hasta que saliera. Con mucha pesadez comenzó a caminar por el largo pasillo y cuando dobló la esquina, se ocultó detrás de una estatua. Justo cuando una cabellera castaña pasó unos minutos después ella se atrevió a salir de su escondite, y agarró justo la parte del cuerpo que menos deseaba tener en ese momento entre sus manos. Obligó a la chica a detenerse, y con sus manos en la cintura, juntó sus espalda mas a su cuerpo, sintió a la castaña bajo su control. Y con una sonrisa picara, pasó sus labios muy cerca de su oreja para susurrarle:

-¿Me seguías, Granger?