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La Princesa del Olimpo — capítulo 15

-Summer-susurra alguien-despierta.

Abrí los ojos un poco y distinguí quien me hablaba.

 Apolo.

-Tengo sueño-susurro.

-Levántate dormilona.

Abrí mis ojos y Apolo me abrazaba, aun estábamos en el bosque.

-¿Dormilona?-pregunte.

-sí, mi hermosa dormilona-dijo Apolo.

-yo no soy dormilona-proteste y luego hice un puchero.

Apolo se quedo mirando mi boca y me sonroje.

-¿Qué planes hay para hoy?

-no lo sé-se encoge de hombros-hay que ver como reaccionaran nuestros padres ante nuestra relación.

Enarque una ceja-¿nuestra relación? Aun no me has pedido ser tu novia formalmente.

-Pero yo quiero que seas más que mi novia.

-¿Me estas pidiendo que me case contigo?

Él sonrió, se inclino y me besó.

-espera que me deshaga de Ares y serás mi esposa-susurro en mi oído.

-¿Cómo piensas hacer eso?

-Aun no lo sé.

De pronto hay un gran destello de luz frente a nosotros y mientras baja la intensidad de la luz se puede ver la figura de una persona.

Adivinen quien sale de ahí.

Si. Ese. El mismísimo idiota.

-Ares-gruñó Apolo.

-Hermanito, ¿Qué haces con mi futura esposa?-pregunta Ares.

-A ti que te importa imbécil-conteste.

Ambos se sorprendieron ante mi grosería.

-Imbécil tu abuelo-dijo Ares.

-¿Cronos? Ah, sí, ya lo sabía

-No te pases de lista

Rodé los ojos.

Miré a Apolo de reojo y me veía divertido.

-Tenemos que irnos-habló Ares-hay un asunto que debemos hablar.

-Los acompañare-dijo Apolo animosamente.

Ares puso los ojos en blanco.

-Solo aceptare porque necesitan a los doce.

-¿Sucede algo?-pregunte.

-Sucede mucho y gran parte es por tu culpa-dijo Ares.

¿Por mi culpa? ¿Qué eh hecho yo? ¿Enamorarme de mi increíblemente guapo hermano y odiar a mi futuro y atractivo esposo pero no tanto como Apolo?

-De acuerdo, ¿Qué hice esta vez?

-Existir-se quejo Ares.

-No le hagas caso-dijo Apolo-pronto dejara de escupir estupideces.

Asentí.

-¿Vamos en mi auto?-propuso Apolo.

-Si-dije.

-¿Y si vamos en el mío?-pregunto Ares.

-No, mayoría gana.

Bufó.

Apolo se paró y me tendió su mano.

-¿Vamos?-pregunto Apolo.

-Vamos.

Los tres subimos al auto, yo me puse en el asiento del copiloto y Ares se sentó atrás. 

Nadie hablo en todo el camino. El aire era tan tenso que se podría cortar con un cuchillo.

Por suerte Apolo condujo rápido y llegamos en media hora.

Se estaciono y los tres salimos. Apolo estaba rodeando el auto cuando yo Salí.

Puso cara triste-Yo iba a abrirte la puerta.

Hizo un puchero, parecía un niño pequeño que rogaba por tener un perrito.

Créanme, conozco esas caras y siempre es no.

-A la próxima-digo y me volteo para caminar hacia la entrada.

Apolo jala mi brazo y me pega a él. Una mano está en mi cintura y la otra en mi brazo.

 -¿Un último beso antes de que nos griten?-pregunta en un susurro.

-estoy contigo-susurro.

Nos besamos.

-¿Podrían parar de besarse?-pregunta Ares.

Ninguno de los dos le hicimos caso.

Quizá este sea nuestro último beso. El ultimo.

Paramos de besarnos.

-¿Cómo es posible enamorarse en dos días?-le pregunto.

-Este sentimiento que nos tenemos es de años, no de días.

-No lo entiendo.

-Nosotros nos enamoramos desde hace tiempo. Tú te habías enamorado de mi cuando tenías doce.

-Oh-murmuro. 

-Vamos que se nos hace tarde-dijo Ares.

Como siempre incomodando.

Apolo tomo mi mano y caminamos hasta la Sala del Trono.

Unas ninfas me llevan a hasta mi habitación y me entregan un vestido rojo. Me bañe y puse el vestido, no se para que era, pero son ordenes de mi padre.

El vestido era largo, la espalda era descubierta así que quizás muera de frio y las mangas eran cortas.

Las ninfas empezaron a peinarme y enrollaron dos mechones de cabello y los ataran hacia atrás, como mi cabello me llegaba a la cintura y se había ondulado, lo dejaron suelto.

Cuando llegue todos los dioses estaban ahí.

Hay un sátiro. Tiene el cabello castaño rizado, ojos marrones y tiene un poco de barba.

-Summer-dice mi padre-él es Grover Underwood-señala al sátiro.

-Él es parte del Consejo de los Sabios Ungulados-dice mi madre-di lo que tienes que decir-ordenó

-Summer Armina, hija mortal de los Reyes del Olimpo-dice Grover-diosa del fuego y de la guerra, has sido convocada para participar en El Torneo de los Olímpicos.

Enarque una ceja

-¿El Torneo de los Olímpicos?-pregunte mirando a Grover.

-¡No!, ¡no otra vez!-dice Deméter.

Fruncí el ceño.

¿Otra vez? ¿Antes ya se había hecho esto?

-Zeus, no puedes hacer esto-dijo Afrodita-a mi me parece que todo está bien como esta.

-No, ella debe ser una Olímpica más.

-¿Y por qué no añadimos otro trono?-pregunta Artemisa pero en su voz se oye que ruega- No habría nada de malo si somos trece ¿Verdad?

-Antiguamente éramos catorce pero sabes que no funciono-dijo Zeus- no pienso arriesgarme.

-Pero ella no creció como una diosa-protesto Afrodita y en su voz se oía un poco de miedo-jamás será como nosotros.

-Afrodita, ellas debe ser parte de nosotros-dijo Hermes-tiene poderes inigualables.

Vi a Grover que se iba temiendo que lo vieran.

-Ah, me encantara estar otra vez en esos juegos-dijo Ares y añadió mirándome-son muy sangrientos.

Hefesto estaba incomodo en su asiento y susurra-No otra vez, no otra vez, no otra vez.

-Hermano no puedes hacernos esto, no otra vez-dijo Poseidón.

Zeus no contesto.

Después empezaron a gritarse unos a otros. Excepto Atenea, Zeus y Hera.

-¡Ya basta!-la voz de Zeus retumbo en todo el Olimpo.

Unos truenos se escucharon. Todos estaban en silencio.

-Ya eh tomado mi decisión-dijo mi padre-Todos participaran excepto Atenea, Hera y yo.

-¿Por qué?-pregunte.

Todos me miraron.

-Porque Atenea, Hera y yo seremos los jueces.

Asentí.

Me miró pensativo.

-Ares llévala al Campamento, ahora.

Ares bajo de su trono y se encogió hasta el tamaño de una persona normal. Camino hacia mí y cogió mi mano.

-Sera mejor que me sigas si no quieres que te griten-susurra.

Ambos nos pusimos a caminar hacia la puerta de la Sala del Trono.

-Te lo dije, se están llevando mejor-dijo Hera a Zeus.

-Esperen-dijo mi padre.

Ambos nos detuvimos y nos giramos.

Afrodita me miraba pensativo y luego sonrió amablemente.

"Amas a Apolo, no a Ares. Espero que tus sentimientos no cambien"-dijo la loca diosa del amor en mi mente.

-ya que ustedes se van  a casar-empezó Hera- por qué no se dan un beso.

Abrí los ojos como platos.

Santa Estigia. Esa mujer está loca, ¿Besar a Ares? ¡No! ¿Enfrente de ellos? ¡Todavía menos!

Ares puso una sonrisa picara. Se giro hacia mí, retiro mi cabello de mi espalda y se me erizo la piel cuando puso su mano.

Él sonrió ante esto y me acerco más.

 Miro mis labios y los besó suavemente.

Cuando termino mire a Apolo y él fulminaba con la mirada a Ares, cuando me vio, me sonrió y me guiño el ojo.

Me sonroje.

-Vámonos-dijo Ares con brusquedad.

Asentí.

Él tomo mi mano de nuevo.  Nadie dijo nada, así que salimos.

Cuando salimos de la vista de los otros dioses Ares soltó mi mano.

-Lindo vestido-dice.

Pongo los ojos en blanco.

-Vámonos.

Ambos salimos del Olimpo y él saca su motocicleta.

-Yo no subiré en eso-señalo con mi dedo a la moto.

Suspira-está bien.

Se sube a la motocicleta y acelera. Luego se convierte en un carro de guerra, los caballos eran negros y daba un poco de miedo, el carro era dorado pero no era tan reluciente.

-¿Vienes?-pregunta.

-Voy.

Me subo en el carro y comenzamos a avanzar.

-Vuela ¿verdad?-pregunto.

-Veremos que se puede hacer.

Avanzamos hasta el borde y salimos volando. El maldito de Ares me había asustado.

Mientras volamos hacia el Campamento conversamos.

-Entonces ¿En esto te vas a las guerras?-pregunte.

-sí.

-Te gustan las guerras sangrientas ¿verdad?

-¿Recién te das cuenta?

-No.

Ambos nos callamos y se ocurre una idea.

-Hay que hacer un trato

-¿Qué clase de trato?-pregunta interesado.

-Qué tal si fingimos que nos llevamos bien, como has visto si nos peleamos nos tratan de unir más.

-Tienes razón pero me va costar llevarme bien contigo.

-Pero si nos estamos llevando bien ahora.

Sonríe- Quizás no sea tan difícil llevarnos bien.

-¿Entonces es un trato?

-Un trato.

Estrechamos nuestras manos.

Ambos sobrevolamos hasta llegar al Campamento Mestizo.