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La Princesa del Olimpo — capítulo 2

El sol salía con fuerza, iluminando toda mi habitación, yo dormía plácidamente en mi cama. ¿Quién diría que en un día tan lindo mi vida cambiaría? Me desperté, me bañe y vestí rápido ya que hoy era el último día de clases, genial. Mi madre adoptiva me dijo que hoy conocería a mis verdaderos padres, de niña no me dijo que era adoptada, bueno en realidad no soy adoptada pero no soy hija de Azul. La cosa es que mis padres biológicos querían tener una hija pero no podían o algo así, Azul me dijo que ella presto su vientre y nací yo, mis padres me llevaron a su casa con el resto de su familia pero algo malo sucedió que me devolvieron a Azul. No se me ocurre algo tan malo como para devolver a su hija. Bueno, después de devolverme Azul me cuido como si fuera su propia hija. En fin y al cabo a llegado el día que estado esperando por casi 7 años. Oh por cierto, hoy cumplo 16 años. Si, si me entere cuando tenía 9 años.

Bueno en la escuela me fue bien, empezaban las vacaciones y al regresar tenía que apresurarme para llegar a la cena con mis padres en un lugar elegantísimo, según Azul. Me puse un vestido celeste con un moño a la cintura plateado y unas sandalias del mismo color. Baje lo más rápido que pude las escaleras y me caí, siempre mi torpeza me acompaña.

-Summer, hija. ¿Estás bien?-pregunto Azul

-si-dije levantándome

-debes de tener más cuidado-miro su reloj y abrió muy grande los ojos-¡vamos hija que se nos hace tarde!

-sí, mamá-dije y salimos

Tomamos un taxi y llegamos muy rápido al restaurante, entramos.

-Bienvenidas, su nombre por favor-dijo el encargado

-Azul y Summer Masen-dijo mi madre

-oh, sí. Ya los están esperando, por favor acompáñenme-dijo el encargado y lo hicimos

En la mesa había un hombre y una mujer, el señor tenía el cabello negro, ojos grises y la señora cabello marrón achocolatado,  tenia ojos similares a los de su esposo. Si ellos son mis padres, no sé de donde saque los ojos azules.

-Summer ¿acaso no vas a saludar?-dijo mi madre

-oh, sí. Hola-dije moviendo la mano levemente

-Hola Summer-dijo el hombre con una sonrisa paternal-yo soy Zeus

-como el dios del Olimpo ¿verdad?

-si-dijo la mujer-yo soy Hera

-vaya-murmure

-tomen asiento-dijo Zeus señalando las sillas vacías enfrente de ellos

Nos sentamos y pedimos la comida, no había comido  desde el almuerzo en la cafetería de la escuela. Estaba por meter el tenedor a mi boca pero me di cuenta de que Zeus y Hera no  habían pedido nada de comer y pregunte:

-¿no van a comer?-dije y ellos sonrieron

-no, cariño. Ya comimos-dije Hera

-ok-dije y comí de mi delicioso espagueti.

-Summer, Zeus y Hera son tus padres biológicos-dijo Azul de forma directa, eh visto casos que dicen la verdad sobre tus padres de forma mas suave y lenta pero así era Azul, directa con todo, pero vagamente dije:

-ya me lo suponía

-es que eso no es todo querida

-¿Cómo que no es todo?

-¿recuerdas a los dioses griegos y todos esos mitos que te han enseñado en la escuela?-pregunto Hera

-si ¿pero eso que tiene que ver?

-todos esos dioses son reales-dijo Azul y en ese momento creí que estaba loca

-estas bromeando ¿verdad?-dije-ahora de seguro me dirás que estas personas, Zeus y Hera son los reyes de los dioses

-pues si, sí lo son

-no, no existen. Ellos son mitos

-no, Summer. Todo lo que te dijo azul es real-dijo Hera-nosotros somos los reyes de los dioses y tu eres nuestra hija

-vaya. Todos han perdido la cabeza-dije rodando los ojos

-no es así, todo es real, yo soy real-dijo Zeus-Soy el dios de los dioses, rey de los cielos y tu eres mi hija

-acepto que seas mi padre-dije con un tono alto en la voz-pero creo que has perdido la cabeza. Dioses, rey de los cielos. Creo que has leído muchos libros de mitología.

-no hija no es así-dijo Hera-todo es real

-¡No!, ¡No insistan, no les creeré!-grite

-Summer, no hagas un escándalo-dijo Azul

Quería llorar. Solo me decían mentiras y me dolía, eran mis padres y Azul era como una madre para mí.

-No digan mentiras-dije con lagrimas en los ojos-son mis padres no deberían mentirme

-pero no te estamos mintiendo

-¡Claro que sí!-grite y Salí corriendo del restaurant.

Corrí hacia cualquier dirección llorando, veía todo borroso. El mundo daba vueltas y yo corría, me sentía débil, veía manchas amarillas y luego todo se volvió negro. Me desmaye.