La Princesa del Olimpo — capítulo 8
Dionisio entro con el ceño fruncido y atrás de él estaba Apolo, su expresión estaba entre preocupado y enojado.
-Hades-dijo Dionisio con odio
Mire a Hades y tenía los ojos cerrados, los abrió y se volvió hacia ellos.
-Dionisio que agradable sor…
-¡Cállate!, cada vez que vienes siempre hay problemas.
-Dionisio-dijo con tranquilidad
-¿Qué intentabas hacer? ¿Matarla?-pregunto Apolo molesto-se que detestas a Zeus pero no creía que intentarías matarla
-¡yo no quería matarla! Quería besarla-soltó Hades
-sabes que no puedes, si lo haces moriría-dijo Dionisio y añadió-el único que puede besarla es Apolo
-¡no es justo! Ella no recuerda lo que juro
-aun no-repuso Apolo
Hades lo fulmino con la mirada.
-¡Paren!-exclame-podrían dejar de hablar como si no estuviera. Ahora explíquenme sobre ese juramente.
-cuando tu tenias seis años juraste por el río Estigio algo-explico Dionisio
-¿Qué es ese algo?-dije haciendo comillas con mis manos cuando dije <>
-yo no puedo explicártelo, Apolo tiene que hacerlo
-¿Apolo? ¿Vas a decirme que es ese algo?-pregunte
Apolo me miro y luego compartió una mirada con Dionisio.
Apolo suspiro-sígueme
Salimos del despacho, él hizo aparecer una capa negra y luego me la puso en los hombros.
-Apolo-susurre
Él no me miro, siguió abrochando la capa con cuidado.
-Apolo-repetí con más firmeza
Alzo los ojos y me miro.
-¿Por qué solo tú puedes besarme?-pregunte suavemente
-no hay que hablar aquí-susurro
Asentí. Él tomo mi mano y salimos.
Afuera seguía lloviendo y varias cabañas estaban destruidas.
-ven-dijo Apolo jalándome
Caminamos hasta estar en un claro que había en medio del bosque. Ninguno había dicho alguna palabra en el camino, así que es hora de preguntar.
-Apolo ¿Qué fue lo que jure? ¿Y por qué solo tú puedes besarme?
Él camino hacia mí, me tomo la mano y cerró los ojos.
De pronto mi vista se nublo. Cuando termine de parpadear para aclarar mi visión ya no estaba en el claro sino en una habitación. La habitación era dorada con grandes ventanas, una cama muy grande, y un televisor encendido estaba frente a la cama.
En la cama estaba Apolo y a su costado una niña de unos seis años con cabello negro y ojos azules. La niña se parecía a mí cuando tenía esa edad. Alguien presiono mi mano, gire mi cabeza y vi a Apolo a mi costado sosteniendo mi mano.
Miraba a los dos Apolos y estaba sorprendida. ¿Acaso los dioses pueden tener dobles? Supongo, no lo sé.
-Apolo ya no quiero ver eso-dijo la niña haciendo un puchero hacia Apolo-cámbialo
-está bien-dijo él con dulzura
Apolo cambio de canal. La niña veía la película mientras él la miraba con ¿anhelo?
La niña hizo una mueca de disgusto y se giro hacia el dios.
-¿Por qué las personas se besan?-pregunto la pequeña con total inocencia.
Apolo se demoro en reaccionar y luego miro el televisor, donde pasaban una escena de unas personas besándose. Él apago el televisor inmediatamente.
-bueno-dijo un poco incomodo-besarse es una demostración de amor así que por eso se besan las personas.
Ella hizo un gesto como diciendo <>
-no hagas eso, algún día te enamoraras y lo besaras-dijo Apolo acariciando el cabello de la niña
La niña miraba pensativa la pared.
-¡Ya se!-exclamo y miro a Apolo-cuando yo crezca tu me darás mi primer beso
Apolo la miro sorprendido y ella rodó los ojos.
-¿jurarías por el río Estigio que tú me darás mi primer beso?
-linda, yo no…
-por favor-rogó-quien me de mi primer beso tiene que quererme y tú me quieres ¿verdad?
-sí, claro que te quiero pero….
-júralo entonces, júralo por el río Estigio.
-Summer yo no…
Yo me quede ¿¡Qué?! Esa niña soy yo… y ahora lo entiendo todo.
-Por favor-suplicó la pequeña
-está bien, juro por el río Estigio que yo seré quien te de tu primer beso
La pequeña Summer sonrió.
-y yo juro por el río Estigio que nadie toque mis labios hasta que tú me beses.
Unos truenos sonaron.
Todo se volvió borroso de nuevo. Cuando abrí mis ojos estaba oscuro y estaba echada, me apoye en mi codo para ver dónde estaba y comprendí que estaba en una cama.
Me mire las ropas y vi que tenía una pijama. Mire alrededor y vi que era un cuarto pequeño con un par de ventanas pequeñas, la cama era grande y había una mesita de noche a mi costado, encima tenía una lámpara.
Me volví a echar de costado y luego sentí una mano en mi cintura…