← Una Historia de Finnick Odair y Annie Cresta · de
Una Historia de Finnick Odair y Annie Cresta — capítulo 4
Anteriormente.
-Finnick. ¿Eres tú?
Finnick no podía creerse, que eso estuviera pasándole. Esa voz la conocía perfectamente, más que a nada en el mundo.
La miro por un instante, ahora esa aquella mujer, llevaba una gran cabellera de color rojo, su esbelto cuerpo, seguía reluciente, y lo peor, aun se veía muy joven. Pero aun así después de todo la odiaba.
-Elriqueta. -se escucho como un susurro.
Entonces la mujer lo miro, levanto una ceja, era casi el mismísimo, si no que mas crecido y mucho más guapo.
-¡Valla! Estas muy guapo. -Dijo soltando una risita.
-¿Qué haces aquí? -pregunto con el ceño fruncido.
-Bueno dije porque no paso a ver a mi queridísimo amigo ¡Finnick Odair! -Irónicamente pronuncio su nombre.
-Ya me viste ya me voy. -Dijo Tratando de alejarse de ahí.
-Así que estas con la loca. -Enojada dijo.
El enfado de Finnick se Incremento, por lo que puso las cosas en el piso, y con un dedo la señalo.
-¡Vuélvela a llamar loca, y en los próximos días te pasara lo peor!
-¡Valla! Mírenlo una loquita lo volvió loco, y yo que soy toda una mujer, te fijaste en esa. -Dio la vuelta. -Sera mejor que te vayas a casa, ella puede estar gritando. -Y sin más decir se fue.
Finnick tomo las cosas de nuevo y apresuro el paso, llego rápidamente a la casa, en donde entro, como alma que llevaba el diablo. Pero había mucho silencio.
Se acerco al sillón y miro a Annie dormida. Toco su frente y ella despertó.
-¿estás bien? -fue lo primero que pregunto él.
-Si porque no debería estarlo. -soltando una risita dijo. -¿Tú no te vez muy bien?
-No estoy bien. -Sonrió y la abrazo. - ¿Comemos? -pregunto.
-Tú lo preparas.
-Vale.
Y después de una rica, comida preparada por Finnick decidieron dar un paseo por el distrito.
Llegaron al mar, donde antes Finnick solía nadar y pescar, aun lado con su padre, se sentaron en el puente, hasta la orilla, ambos con sus manos entrelazadas, mirando el azul mar.
-aquí venia con mi padre. -Susurro Finnick.
-Es el lugar más bonito del distrito 4, muchos vienen. Pero es muy lindo que tenga buenos momentos con tu padre.
-Sí. -La miro. -Y tú no tienes recuerdos con tus padres.
-Los tenía. Pero no quiero hablar de ellos.
Ambos se quedaron un par de horas, con la vista al mar, compartiendo dulces, palabras, besos tiernos entre muchas, cosas, la puesta del sol, era de un bello anaranjado.
Ambos lo miraban soltando risitas.
-No sabes lo feliz que estoy. -Dijo Finnick en cuanto se levanto de pie. -Ya nada te quitara de mi lado. -Aseguro. -Tú y yo. Espero que pronto tengamos hijos… y lo mejor es que nadie, nadie nos va a separar. -Afirmo.
-No sabes cuánto te amo. -dijo Annie con una gran sonrisa, mientras se ponía un poco de puntitas, para alcanzarlo y besarlo.
Besarlo, como nunca lo había hecho. Tenía razón nadie los separaría.
El beso era profundo y apasionado, podían pasar, segundos, tal vez minutos, pero para ellos no les importaba nada.
Separo sus manos de su cuello y las puso, sobre sus manos, uniéndolas.
-Interrumpo algo. -se escucho la voz de una mujer, fue ella quien porque se rompió el beso. Finnick la miro molesto, y Annie, desconcertada.
Ella había visto a esa mujer, una vez, pero no lo recordaba claramente.
-¿Qué haces aquí? -El primero en hablar fue Finnick
-Vine a ver al mar. No puedo.
-¿Quién es ella? -pregunto Annie.
-Nadie. Vámonos. -Tomo la mano de ella y de un tirón comenzaron a caminar.
-Así que es verdad. -Dijo Elriqueta, mirando sus manos unidas. -Nunca mienten.
-¡Ya déjalo! -Se escucho una voz varonil.
Annie conocía esa voz, esa voz que jamás olvidaría, ambos miraron al hombre y Finnick no le dio importancia si no hasta que el hablo de nuevo.
-Annie. -dijo observándola. -Está muy hermosa Finnick. -Soltó una risa. -No tienes mal gusto.
Finnick estaba a punto de lanzarse sobre aquel hombre.
Annie no pudo más y soltó la mano de Finnick corriendo, por todo el distrito, Finnick sorprendido ante su reacción corrió tras de ella, a lo lejos miraba como se tapaba sus orejas.
Sentia aquel poder que se apoderaría de ella, no podía con ese dolor, no de nuevo, ahora sentía lo que aquella vez, eran ellos, no había duda.
¡Quienes serán esos dos desgraciados! Ajajjaja espero que les guste, nos vemos en el sig... capitulo. Déjenme un comentario.