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Sobreviviendo al Apocalipsis II — capítulo 21
-No podíamos dejarlo. Se habría desangrado... si es que vivía lo suficiente-Dijo Rick y fue lo único que explico sobre porque habían traído a ese chico gravemente herido que se llamaba Randall.Todos estábamos sentados alrededor del comedor, discutiendo las posibilidades. Daniel estaba a un lado de mí, silencioso y tenía mirada de exhausto pero no se notaba en su cuerpo. Jacklyn estaba en sus brazos, observaba de vez en cuando pero se aburría y comenzaba a cantar en voz baja.-El pueblo ha empeorado-Comento Glenn y reino silencio durante unos segundos.-¿Qué hacemos con él?-Pregunto Andrea, quien se encontraba de pie a un lado de Shane.-Arregle su pantorrilla lo mejor que pude-Intervino Hershel, entrando en la habitación. -Pero probablemente tendrá daños en los nervios. No estará de pie por lo menos en una semana.-Entonces le damos una cantimplora-Se apresuró a decir Rick, poniéndose de pie al lado de Hershel. -Lo llevamos a la carretera y que siga su camino.-¿No es lo mismo que dejarlo con los caminantes?-Dudo Andrea y escuche la puerta rechinar al abrirse. Era Daryl quien entraba a la casa.-Tendrá oportunidad de luchar-Dijo el, serio.-¿Tan solo lo dejaremos ir?-Intervino Shane, alzando sus brazos y con el humor irritado. -Sabe dónde estamos.-Todo el camino tuvo los ojos vendados. No es un peligro-Dijo Rick.-¿No es un peligro?-Dijo Shane con sarcasmo.- ¿Cuantos más había? Mataste a tres de ellos, tomaste a uno como rehén pero ellos no vendrán a buscarlos.-Lo dejaron para que muriera, ¡nadie lo está buscando!-Exclamo Rick, ahora con los nervios de punta.-Aun así deberíamos montar guardia-Intervino T-Dog.-Esta inconsciente por el momento y lo estará por horas-Comento Hershel.-¿Sabes? Voy a buscarle flores y caramelos-Exclamo Shane y comenzó a caminar con hosquedad. -¡Atención, muchachos, hemos vuelto a la tierra de la fantasía!Yo suspire, resignada y harta por su comportamiento imbécil.-Todavía no hemos hablado de lo que hiciste en mi granero-Discutió Hershel, siguiéndolo. -Déjame dejar esto en claro de una vez por todas: esta es mi granja. Ahora te quiero fuera. Rick me convenció de lo contrario pero eso no significa que me guste. Así que haznos un favor ahora: mantén la boca cerrada.Shane simplemente resoplo y salió de la casa, azotando la puerta.-Hoy no haremos nada al respecto-Aviso Rick. -Dejemos que se calmen las cosas.El grupo se diluyo para seguir en sus tareas propias asignadas. Yo me levante sin saber a dónde ir realmente ya que no me dejaban vigilar el exterior con Andrea y las demás mujeres siempre tenían toda la casa bien limpia. Extrañaba de cierta manera a Beth, quien estaba catatónica allá en su habitación. Jacklyn se fue a dibujar con Sophia en la sala de estar.Por curiosidad revise el calendario que los Greene tenían pegado en una pared, estaba marcado con cruces de plumón rojo para marcar los días. Al ver el día en el que estábamos, me sorprendí demasiado. En unos días era el cumpleaños de mi hermana. Me sentí un poco culpable por haberlo olvidado, no era que Jacklyn me fuera a reclamar no recordarlo ya que no sabía cuándo era su cumpleaños. De hecho, no sabía que era un cumpleaños. Tampoco tenía nada para ella, aunque nunca había pensado en una celebración oficial, no quería que pasara desapercibido. Quería que, al menos ella, mantuviera algo de cotidianidad en su vida, algo del pacifico y simple mundo del cual no tendrá recuerdos cuando crezca. Eso me obligo a pensar más allá. Que Jacklyn no sabría nada de su vida anterior, no recordaría a sus padres y a su hermano mayor, no recordaría la susurrante voz de mi madre arrullándola o el tranquilizador latido del corazón de mi padre cuando la acurrucaba contra su pecho o la voz graciosa de David tratando de hacerla reír, siempre con éxito. Para mi hermana el mundo consistía en esta violencia, en el simple hecho de que si no corrías, te morías; si no matabas, te mataban. Tal vez tuve eventos traumáticos en mi niñez, como cuando mi propio hermano me violo, las horribles peleas que tenían mis padres cuando yo era muy pequeña pero que quedaron grabadas con cemento en mi subconsciente, los golpes que alguna vez mi padre me infringió (de los cuales se arrepintió y redimió) pero mi infancia había sido mejor que la que Jacklyn estaba teniendo. -¿Te sucede algo?-Una voz interrumpió mis cavilaciones, volviéndome a la realidad. Daniel estaba a mi lado y me miraba con curiosidad. Su voz sonaba ligeramente preocupada, tal vez esperando otro ataque de histeria por mi parte. -Estabas mirando el calendario como si estuvieras viendo algo horrible.-No es nada-Dije. -Me sorprendió la fecha, es todo. Pasado mañana es el cumpleaños de Jacklyn.-Celebrarlo será algo muy difícil-Comento. -Pero si es lo que quieres…-No-Respondí. -Simplemente quiero darle un detalle. Vi la pregunta en sus ojos incluso antes de que la formulara. -Iré al pueblo, si es lo que vas a preguntar-Conteste. -Tu puedes quedarte a descansar, estuviste despierto veinticuatro horas seguidas.-No pienso dejarte ir sola allí y además no conoces el área. -¿Vas a ir conmigo?-Pregunte, alzando una ceja. El fugaz pensamiento de tener, por fin, un tiempo para los dos solos era una idea tentadora. El solo se encogió de hombros pero yo sonreí. No había nadie que nos regañara así que me acerque más a él, sonriéndole, rodee su cuerpo con mis brazos, deslice mis labios desde su oreja hasta su cuello y solté mi respiración suavemente en su piel. El me rodeo la cintura, pero sentí su cuerpo ponerse tenso.-Un rato solos no nos vendría nada mal-Susurre contra su piel. Daniel se estremeció, y aun así me alejo un poco de el con delicadeza. -Hace una semana y media que acabas de curarte. Incluso aun tienes que tener cuidados para que las heridas no se te vuelvan a abrir-Explico. -No voy a acostarme contigo hasta que este seguro que no vaya a lastimarte. Yo rodee mis ojos. -Iremos por el regalo de Jacklyn y volveremos, ¿está bien?-Dijo con firmeza. -Pero mañana. Tal vez para ese entonces los caminantes ya se hayan ido.Esperamos al día siguiente para que Daniel pudiera descansar ya que estaba exhausto. Fácilmente durmió unas doce horas seguidas sin que yo lo despertara. A eso del mediodía fue cuando decidimos encaminarnos en el coche recién adquirido de Daniel. No ocupamos un mapa ya que él conocía la zona por las excursiones que él y Daryl hicieron juntos en mi desaparición. La tienda a dónde íbamos era la más grande del pueblo pero no se comparaba con las tiendas departamentales y súper mercados de la destruida cuidad de Atlanta. Ya no había caminantes cerca, por suerte, y al parecer todas las personas decidieron irse a la gran urbanización. Gran error. Al entrar al establecimiento nos cercioramos de que no hubiera criaturas indeseadas cerca, pero por suerte no había nada ni nadie. Observe el entorno un poco y pude notar que nadie con un corazón latiente había entrado en la tienda por mucho tiempo, tal vez desde que todo esto comenzó. Había mochilas para niños pequeños de personajes animados y tome una de color rosa con un montón de cursilerías para niñitas, luego Daniel me ayudo a llenarla con un montón de juguetes, muñecas y Crayolas. No tardó mucho en estar llena para mi hermana y ya era hora de irnos a pesar de que solo llevábamos unos veinte minutos fuera. Daniel estaba dándome la espalda, revisando con interés un pequeño mostrador de vidrio que contenía una muy pequeña variedad de cadenas, brazaletes y esclavas de oro y plata. Abrió la puertecilla de detrás del mueble y saco un collar, se giró para mostrármelo. Era un guardapelo de oro en forma de ovalo con dos florecillas adornando la superficie lisa del relicario.-Mi regalo para ella-Explico con una sonrisa. Luego metió el guardapelo en una bolsita de terciopelo color rojo opaco que encontró dentro del mismo mostrador. -Le gustara mucho-Dije con otra sonrisa. Daniel se giró y siguió estudiando los mostradores en busca de algo interesante o útil. -Aprovechando que estamos aquí, puedes llevarte lo que se te antoje-Dijo. -Así que, ¿qué es lo que quieres? Esboce una sonrisita. ¿Qué podía detenerme a obtener lo que quería? Estábamos solos, literalmente solos y él tendría que de verdad hacerme enojar para hacerme desistir. -Que es lo que quiero, ¿eh?-Murmure. Me acerque a él por la espalda y lo rodee con mis brazos fuertemente. Su espalda se tensó en respuesta y todo su cuerpo se estremeció. -¿Qué si esto es lo que quiero?-Dije con voz suave. -Daniel… -No digas mi nombre con esa voz tuya-Me interrumpió, pero sabía que estaba cediendo. Yo me reí ligeramente. Metí mis manos debajo de su camisa y acaricie con mis dedos su delgado abdomen. Pude notar el cosquilleo que estremeció su cuerpo y tenso su espalda. Sus manos trataron de apartar las mías con delicadeza, un dulce rechazo, pero no cedi. -Nunca estamos solos, Daniel-Dije. -Nunca. Y quien sabe cuándo volveremos a tener otra oportunidad. Además… Ahí me trabe y entendí. ¿Era eso por lo que quería tan desesperadamente a Daniel? Estaba prácticamente suplicándole ¿Para borrar mi último y traumático asalto sexual? No podía decirlo en mi sano juicio, no quería admitir lo que ella me había hecho. Él era la única salida a mis recuerdos. -Te quiero tanto…-Susurre. -Annelisse…-Comenzó, pero yo lo interrumpí.-Quiero hacerlo. Quiero que me lo hagas y que me lo hagas bien. El suspiro y se giró hacia mí, quedamos cara a cara, nuestros rostros a tan solo unos centímetros. Él era alto, me sacaba más de media cabeza. El me miro intensamente a los ojos y yo le devolví la mirada. Acaricio mi rostro con suavidad y lo vi dudar. A veces era como un libro abierto, sus ojos claros lo delataban. Él no quería herirme rechazándome pero tan poco quería lastimarme si me hacía caso, sabía lo que había vivido con Rachel y sabía que el contacto físico podría dañarme más en vez de ayudarme. Aun así, había algo que lo empujaba hacia mí para cumplir mi capricho y ese algo estaba ganando. Baje la vista y sentí, ridículamente, que mis ojos se humedecían pero sin derramar lágrimas.-Te necesito… yo…No pude terminar la frase. Daniel tomo mi rostro entre sus manos y me silencio besándome. Tranquilo en un principio, pero desbordando emociones que se notaban en el ligero temblor de mis labios y como mis manos rozaban la piel de su cuello. Daniel hizo del beso algo un poco más fiero y pronto se convirtió en una lucha entre nosotros por quien tenía el control. Siempre ganaba el. -Annelisse…-Susurro y respire su delicioso aliento. -¿Estas segura? No quiero volver a abrir tus heridas.Supe rápidamente que no solo se refería a las cicatrices de mi cuerpo. No le conteste, pero volví a besarlo con violencia y Daniel correspondió mi beso con más fiereza. Se agacho un poco sin despegar su boca de la mía para alcanzar mis muslos y alzarme en vilo para hacerme sentarme encima del mostrador. Sus manos recorrían mi cintura y mi espalda baja para acercar mi cuerpo más a él y mis dedos se aferraron a su espalda mientras Daniel besaba mi cuello, mordisqueando y chupando la piel a su paso, dejándome ligeras marcas de color rojo. Logre quitarle la camisa por encima, separándonos por un breve segundo y volviendo a besarnos rápidamente, como si nos necesitáramos el uno al otro. Yo lo necesitaba a él. Mientras las manos de Daniel exploraban mi torso desnudo, pensé en Rachel. No pude evitarlo. Pensé en sus repugnantes manos recorriendo mi cuerpo roto y magullado, quebrándome, poseyéndome de la peor manera posible. Los recuerdos eran demasiado fuertes y estuve a punto de decirle que me soltara, pero la sensación con Daniel era completamente distinta. No sentía asco alguno de tenerlo tan cerca, de hecho quería que me tomara fuerte y no me soltara. La sensación de nauseas desaparecía y era reemplazada por placer y deseo. Esos recuerdos de Rachel no duraron mucho, gracias al cielo, y mi concentración rápidamente se dirigió a otras cosas mas importantes.Tratábamos de que no durar demasiado fuera para que los demás no se preocuparan por nosotros. El camino de regreso no era muy largo, pero aun así intentábamos no llegar fuera de la "hora segura". Una vez que estuvimos los dos completamente vestidos y presentables, Daniel solo metió la mochila nueva de Jacklyn en la cajuela para que no la descubriera y no me dirigió la palabra hasta medio camino de regreso, siempre manteniendo la mirada enfrente y concentrado en conducir. De cierta manera temía su enojo por haberlo chantajeado y me sentía ligeramente culpable, solo un poco porque la nube de satisfacción por haber logrado lo que quería resultaba más densa que la culpa. -¿Tengo que pedirte disculpas?-Pregunte finalmente, rompiendo el silencio. -¿Disculpas? Annelisse, no seas tonta-Soltó una risotada. -No tengo nada que perdonarte. Esperaba alguna reprimenda, tal vez un comentario con voz malhumorada, mas no eso. Me tomo por sorpresa su risa. -¿Entonces no estás enojado por lo que hice? -¿Qué hiciste, exactamente? Mis memorias son borrosas después de que comenzaste a quitarte la ropa. Sentí el calor subir a mis mejillas y resople. -Te chantajee. Daniel torció los labios.-Bueno, tal vez sí. Pero no te culpo, amor. De cierta forma yo también lo quería. -¿Entonces porque estabas tan callado hace rato?-Le pregunte y el me miro de reojo para no perder de vista el camino por el que manejaba. -Porque estaba pensando en lo débil que soy ante ti-Sonrió. Luego comenzó a reír. -Caigo tan fácil ante una chiquilla de catorce años de un metro cincuenta y cinco de estatura. Mi yo de antes me hubiera matado a burlas. Le sonreí. -Cumpliré quince en un mes, así tal vez te sientas un poco mejor al no ser controlado por una niña y su hermanita. Me devolvió la sonrisa. -Puedes controlarme todo lo que quieras. -Te tomare la palabra más a menudo, entonces. Al día siguiente, Jacklyn despertó feliz después de las felicitaciones mías y de Daniel y de haber recibido regalos. Se sentía emocionada al recibir una sorpresa sin siquiera quitarse su pijama. Le di la mochila, la cual pesaba bastante por el montón de cosas que traía y observo los dibujos animados de las bolsas.-Ábrela-Le dije, sonriendo. Me obedeció y miro el interior. Lo siguiente fueron exclamaciones de sorpresa con su pequeña voz de soprano. Daniel y yo nos miramos con satisfacción al verla tan contenta. Jacklyn era nuestra primera prioridad al abrir los ojos en la mañana y en lo último en que pensábamos al irnos a dormir. Mi hermana se había vuelto tan pronto para ambos en nuestro único rayo de paz e inocencia en nuestras vidas. Nos enfrentábamos al mundo para hacerla sonreír y todo ese sacrificio valía la pena. -¡Un osito!-Exclamo cuando vio la pulsera de peluche con la cara de un osito con cara feliz. -¿Te lo pongo?-Pregunte y ella asintió. Extendió su bracito y le puse la pulsera de peluche que se aseguraba con velcro. Su sonrisa era radiante. -Hay otro más, Jacklyn-Dijo Daniel y se sentó a un lado de ella y la subió en su regazo. La niña lo miro atentamente mientras Daniel buscaba en el bolsillo de su pantalón y sacaba la bolsita de terciopelo rojo. Abrió la pequeña bolsa y saco el guardapelo dorado. Jacklyn sonrió. -Quería ser yo quien te regalara tu primera joya-Dijo Daniel y se la puso. Le quedaba perfecto a mi hermana y esta estaba embelesada por el nuevo adorno en su cuello.-Como están las cosas ahora, esto ya no vale-Continuo Daniel y Jacklyn lo miro. No sabía se entendía lo que le decía, pero por su mirada intuí que sí. -Pero quiero que te recuerde cada vez que lo veas lo mucho que yo y tu hermana te queremos. Si uno de los dos, o ambos, por alguna razón ya no estamos, entonces esto te recordara cuanto es que te amamos, ¿entiendes?Jacklyn asintió y abrazo a Daniel. El no pude haber explicado mejor lo que ambos sentíamos por ella. Nos sonreímos mutuamente, sintiendo un ramalazo de felicidad que no había tenido en bastante tiempo. Mientras Jacklyn fuera feliz, yo lo sería también. Se escuchó la vocecilla de Jacklyn, que seguía abrazada a Daniel. Pasmada, desee haber podido ver la expresión de mi hermana menor cuando pregunto:-¿Vamos a estar juntos mucho, mucho tiempo? -Sí, Jacklyn-Murmuro Daniel y la apretó más fuerte. -Siempre.