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Sobreviviendo al Apocalipsis II — capítulo 22

El día del cumpleaños de mi hermana fue algo de lo cual todo el grupo se aferró como una garrapata. Era un acontecimiento tan normal, tan cotidiano y que implicaba todo lo contrario a lo que ahora teníamos enfrente. La celebración de otro año de vida en un mundo donde todos morían. Jacklyn recibió muchas felicitaciones de parte de todos  y sonrió todo el día. Insistieron en hacer una cena algo especial por mi hermana, para que por primera vez en mucho tiempo festejáramos algo tan simple como un cumpleaños.Pero no todo era alivio.Randall fue trasladado a lo que fue la guarida de caminantes y mi cámara de tortura: el granero. Ahí lo ataron, aunque no le halle sentido ya que no podía levantarse por su herida en la pierna, y lo alimentaban dos o tres veces al día. Me entere que Daryl y Shane lo interrogaron a golpes para sacarle información sobre el otro grupo pero no nos enteramos de mucho. De cierta manera sentía lastima por aquel chico.Dos días después del cumpleaños de Jacklyn me ofrecí como voluntaria para entregarle su desayuno, justo después de una de esas golpizas de Daryl. No tenía ganas de entrar allí y recordar lo ocurrido, sobretodo viendo a un chico herido y ensangrentado en el mismo lugar donde yo había permanecido en su mismo estado hacia dos semanas. Me acerque con el plato hasta la entrada y tome aire, escuchando la grave y frustrada voz de Daryl al no tener más respuestas de Randall.-No tienes que golpearlo tan fuerte-Dije, entrando en el granero temblando ligeramente y queriendo salir corriendo.Daryl se giró para verme. Estaba sentado en la cubeta en la cual Rachel se sentaba para observarme y hablarme. Randall, como temía, se encontraba en el mismo lugar y en la misma posición en el cual yo solía ser herida. Me estremecí y no pude quitarle la vista de encima. Tan patética y débil debí haberme visto yo en aquel entonces.-D-desayuno-Tartamudee, temblando.Daryl se levantó y me hizo una seña de que lo acompañara fuera.-¿Qué haces aquí?-Pregunto con hosquedad.-Vine a darle el desayuno a Randall-Conteste, a la defensiva.-Sabes que no me refiero a eso-Resoplo. -Tú no deberías estar en este lugar.Me quede callada un rato hasta que se me ocurrió que responderle.-Ya lo sé, pero quería ser de utilidad y...-Su mirada hizo que me retractara de mi excusa sobre ser una persona útil. -Bueno, está bien, solo... necesitaba venir.-Nunca conocí a una persona que quisiera regresar a su tumba.Su frase resonó en mi mente. El describió exactamente lo que era: una persona sintiendo nostalgia por el lugar donde casi fue asesinada.-Anótalo en tu lista de cosas que no sabías de mí, Daryl. Soy masoquista-Dije en tono de broma.-Trata de no quedarte mucho tiempo-Dijo y se fue. No planeaba hacerlo, de todos modos.Entre y desamarre a Randall sin decir palabra, le deje el plato de comida a un lado y me senté en la cubeta frente  él. No pude evitar pensar que ahora era yo quien se sentaba en la cubeta a observar a quien yacía en el piso amarrado como un animal. -Al menos tienes la dignidad de comer por tu cuenta-Comente. Mi pierna se movía nerviosamente y no podía evitarlo. Ya quería irme de allí pero la indicación de las mujeres, Glenn y T-Dog fue clara: tienes que quedarte ahí hasta que Randall termine de comer, luego te vas.-Gracias-Contestó. Sospechó que esperaba que le dijera mi nombre, pero no dije nada.Randall engulló la comida, casi literalmente. No lo miré mucho pero el comenzó a hablarme.-No te había visto antes, ¿o sí?-No-Contesté secamente.No tenía que conversar profundamente con él, eso me dijeron, no darle información sobre nosotros. Esas palabras cruzaron mi mente, pero fue un pensamiento fugaz porque mi cerebro se concentraba en mis horribles recuerdos del granero. Me sentía invadida por mis memorias y no podía de dejar de mover mi pierna nerviosa y compulsivamente. Quería irme y a la vez no. El enjambre de pensamientos zumbaba en mi oído y escuchaba con demasiada claridad los ruidos que hacia Randall al comer. Estaba empezando a sentirme agobiada, al borde de un ataque nervioso o algo así. Necesitaba distraerme.-Tu…tu grupo-Dije, tartamudeando con nerviosismo. Detestaba esa sensación. - ¿Están ellos por aquí?-No lo sé-Contestó Randall con un encogimiento de hombros. -Ya le dije a tus amiguitos que no tengo ni idea de donde están ahora.Asentí, pero ahí se acabó la conversación. Me levante y ande un poco por el granero, temblando. Mis manos recorrieron mi cinturón donde se encontraba mi revolver negra. ¿Por qué Randall no terminaba ya de comer? -Eres rara, chica-Comento mientras me veía pasear nerviosamente. -Es solo que odio este lugar-Conteste. -Fui torturada aquí. Lamenté eso una vez que lo dije. Maldecí en mi interior. ¡Se supone que no hablaría con el! Pero las palabras brotaban de mi boca, incontrolables. Aun así, hablar con un desconocido de mi dolor resultaba un poco calmante. Randall solo me miraba. -No por ellos-Dije apresuradamente. -Ellos son mis amigos, mi familia. Fue por… por otra persona. Otra chica. Me hizo cosas muy horribles. -¿Por eso son esas cicatrices? Me sorprendió que lo notara, pero como no lo haría si eran de color rosado contra mi pálida piel y eran obvias al encontrarse en mis muñecas y en el cuello.-Si-Asentí. Randall sonrió.-Tenía la esperanza de que hubieras sido mordida por esos bichos y hubieras sobrevivido. Que hubiera una oportunidad. Negué con la cabeza. -¿Ya terminaste?-Pregunte al ver el plato vacío. Randall me lo extendió y al tiempo que me incliné a recogerlo, vi de reojo una sombra que no debería estar allí. Alguien o algo estaban ahí, quieto y observando, lo vi a través de una grieta de la pared de madera del granero. Cuando volteé a ver que era, eso había salido corriendo. Me dio un escalofrió pero amarre a Randall de nuevo y salí apresuradamente, conteniendo las ganas de correr. Eso que había visto no era un caminante, la criatura hubiera ido directamente a la puerta del granero para alcanzarnos y además no tenían ningún interés en ser silenciosos. Sabía que era una persona pero, ¿quién? Era demasiado macabro para ser alguien de mi grupo, el observar y salir corriendo; sin embargo, Shane estaba perdiendo la cabeza y lo creía capaz, más sabia que no se trataba de él. Solo se me ocurría un nombre: Rachel; y unas palabras: está viva.Regrese a la casa, ausente, y entregué el plato sin hablar con nadie. Sabía con quien no debía hablar de mis sospechas, pero aun así quería hacerlo así que me dirigí a la caravana. Saludé a Andrea, quien estaba sentada en el techo con un rifle. Entre a la camioneta y me encontré a Jacklyn bailoteando con su muñeca en una de las habitaciones y a Dale recogiendo los estantes.-Dale, hola-Salude. Me senté en el comedor.-¡Lissie!-Grito Jacklyn y me sonrió. -Hola, cielo-Respondí, fingiendo una sonrisa por ella. Mi hermana volvió a lo suyo. -Hola, Annelisse-Dijo el, mirándome de reojo. -Daniel fue a hacer no sé qué cosa con T-Dog, algo sobre vigilancia y dejó a Jacklyn aquí.No conteste. Yo movía continuamente la boca y las manos. Y Dale lo notó. -Hey, ¿te pasa algo?Tardé un poco en responder, pero al final hablé.-No sé si me estoy volviendo loca o si soy paranoica o si es real, no lo sé-Respondí. -¿Qué sucedió?-Pregunto alarmado, sentándose a un lado de mí y poniéndome toda su atención. -¿Te sientes bien? No has estado pensando en ninguna locura, ¿verdad? Le diré a Hershel si…-No, no es nada de eso. Yo estoy bien-Interrumpí. Hice una pausa, suspiré y continúe. -Fui a darle el desayuno a Randall y…-¡Fuiste al granero, Annelisse!-Exclamó. -Eso es peligroso para ti, niña, ¿en que estabas pensando?-Ahórrate el regaño, Dale-Repliqué. -Daryl ya se encargó de eso. Como sea... estaba allí y vi una sombra observándome entre la madera. Estoy segura de que era alguien y cuando me giré para ver de quien se trataba, salió corriendo. No quise perseguir sea lo que sea, no sé si era peligroso. -Annelisse-Murmuró Dale, alarmado de nuevo. -¿Qué tal si es alguien del grupo de Randall?-No-Negué. -Creo que hubieran atacado. Además dudo que sepan la ubicación de la granja. Sé quién era, Dale. Juro que lo sé. El pareció entenderme y abrió la boca.-Rachel anda por aquí-Respondí. Nos quedamos en silencio tan intenso que el canturreo bajo de Jacklyn mientras bailoteaba llenaba la caravana. -Annelisse, lo único que puedo decirte es que tengas cuidado-Dijo solemnemente.Momentos más tarde salí de la caravana con mi hermana caminando a mi lado de la mano cuando ella me detuvo. Jacklyn apunto hacia el bosque cercano a nosotras.-Allá hay muchas flores-Dijo y me sonrió. -¿Podemos ir?-Jacklyn, es peligroso ir solas por el bosque-Dije. Jacklyn hizo unos pucheros. -Pero quiero ir. -Jacklyn…-Aquí no hay flores bonitas-Dijo apresuradamente, con las palabras atropellándose. -Solo hay allí-Señaló el bosque de nuevo. -Las de aquí no me gustan porque están secas y feas, pero allá son bonitas y grandes.-Entonces, solo quieres recoger las flores-Resumí. Mi hermana asintió, aun frunciendo sus labios en un puchero y abriendo sus ya de por si enormes ojos de color gris cálido. ¿Cómo podía resistirme a eso? Además, solo eran flores. Unas cuantas flores para mantenerla contenta y nos iríamos. No creía que hubiera mucho peligro en ello.-Está bien-Dije finalmente y mi hermana sonrió. -Solo cinco minutos. Nos encaminamos hacia el bosque para buscar las flores que mi hermana tanto quería. El claro del bosque al que llegamos Jacklyn y yo estaba lleno de florecillas silvestres. Estaba más adentrado al bosque de lo que creía pero prefería un lugar más abierto para poder vigilar. Llevaba mi revolver y dos cuchillos en mi cinturón aunque la presencia de caminantes no era muy común ya que la gran mayoría de las personas se habían mudado a las ciudades y habían muerto allí. El claro era grande y había muchos tipos de maleza, plantas y árboles así como también las flores silvestres codiciadas por mi hermana. Mire alrededor para localizar cualquier cosa y me llamo la atención el techo de lo que parecía una casa no tan lejos de nuestra ubicación. No lo puse atención y solté la mano de Jacklyn. -Recoge las que quieras y nos vamos, ¿está bien?-Dije y ella corrió hasta donde yacían pequeños brotes de florecillas para recogerlas.Mis dedos toqueteaban el mango de la pistola inconscientemente. Me sentía nerviosa de exponer a Jacklyn en medio del bosque contando con tan solo mi protección, pero prácticamente no había tenido opción si quería evitarme el berrinche que duraría horas y horas. Eran tan solo unos cuantos minutos, no creía que pudiera suceder nada malo en tan solo unos momentos. Y todavía me preocupaba ese alguien que me vigilaba, no estaba segura de quien era y tampoco sabía de sus intenciones.Vigilaba a Jacklyn con ojo de águila, siguiendo cada uno de sus movimientos para cuidar que no se alejara demasiado y escuchaba atentamente para percibir sonidos fuera de lugar. La niña se inclinaba para recoger las flores mientras canturreaba pero yo no le prestaba mucha atención más que la necesaria para cuidarla. Jacklyn se giró hacia mí  y me sonrió. -Ya terminé-Dijo, satisfecha.-Vámonos-Extendí mi mano hacia ella para que la tomara y Jacklyn avanzó hasta mí, pero se detuvo a medio camino y posó su mirada en algún punto detrás de mí. -¿Quién es ella?-Preguntó y sentí un escalofrió. -¿Quién…? Me giré mientras hablaba y  un fuerte golpe a puño cerrado azotó mi mejilla. Instintivamente solté la mano de Jacklyn y pude empujarla para protegerla del peligro antes de caer al suelo.Mi visión se oscureció por el golpe pero no necesitaba ver para saber quién era y me desconcerté durante unos segundos. Rachel estaba encima de mí y sus manos aprisionaban mis muñecas. El llanto de Jacklyn fue lo que me hizo reaccionar y forcejeé para quitarme a mi enemiga de encima, sin éxito. Rachel gruñía y su respiración estaba acelerada mientras enterraba sus uñas en mis muñecas. -Estaba comenzando a preocuparme que no me buscaras, mi pequeña puta-Dijo con voz ronca. No contesté y vi su aspecto por primera vez. Se notaba que había pasado días sin comer y que no se había cambiado la ropa desde hacía mucho, su piel estaba manchada de tierra y su cabello estaba tan enredado que parecía un nido de pájaros. Sus ojos de un asqueroso verde estaban abiertos de par en par reflejando toda la locura de su mente psicópata. Tenía miedo pero ya no por mí, sino por Jacklyn, quien estaba demasiado cerca de ese monstruo. Rachel tendría que pasar por encima de mí para poder herir a mi hermana. Intenté liberarme de nuevo pero ella seguía siendo más fuerte. -Tardaste mucho en alejarte del montón de escoria que son esas personas-Continuó. -Ahora podré terminar lo que empecé y luego podre encargarme de tu hermanita.-No te acerques a ella-Escupí. -No vas a hacerle daño a mi hermana ni a nadie más.-Oh, pero no podrás evitarlo. Jacklyn y yo nos divertiremos con esto, ¿no es cierto?-Rachel volteó su rostro para ver a la niña quien gritaba mi nombre. -Jacklyn-Dije apresuradamente y con la voz temblorosa teñida de ansiedad. -Vas a estar bien, todo va a estar bien.Odiaba decirle algo que no podía asegurarle pero tampoco podía decirle que corriera porque ella no sabía regresar y terminaría perdiéndose, pero no quería tenerla allí para ver la violencia que se desataría. No tenía ninguna cosa que decirle que hiciera para salvar su vida, era demasiado pequeña para entender; por su mirada sabía que no entendía porque Rachel me estaba atacando de esa manera, solo sabía que alguien estaba hiriendo a su hermana mayor y que la situación estaba muy, muy mal cuando me vio mirarla con desesperación. Quería lucir tranquila para que Jacklyn no se alterara aún más, pero no estaba funcionando. Rachel soltó una risa. -Estas siendo ridícula, Lissie. -Te voy a matar-Dije y en cuanto pronuncié esas palabras supe que eran ciertas, que iba a hacerlo tarde o temprano. No sentía ningún remordimiento en acabar con su vida, ni ningún tipo de miedo a torturarla como me torturo a mí. Jacklyn estaba llorando con fuerza y gritando mi nombre mientras se encontraba sentada en el suelo. Su lloriqueo resonaba en mis oídos y me causaba querer terminar con esto rápido. -Inténtalo-Fue lo único que dijo e hizo ademan de golpearme la cara. Pero para eso tuvo que soltar mi muñeca derecha.Fui más rápida que ella y logré asestarle un golpe con toda la fuerza que pude reunir. Se desconcertó lo suficiente para poder golpearla de nuevo con mi puño en cualquier lugar de su cuerpo que pudiera herir. Me la quité de encima de un empujón y ella me golpeo en la barbilla, sacándome un poco de sangre del labio. No sentí ningún dolor y fue como si todo lo viera en cámara lenta, todo era muy claro para mí y estaba consciente de todo. La adrenalina fluía en mi sangre y aceleraba mi corazón. Deje de escuchar a Jacklyn y no supe si fue porque ella dejo de llorar o porque estaba demasiado concentrada en mantener a Rachel lejos de ella. Mientras nos agarrábamos a golpes pensé la manera más fácil de matarla y que le diera dolor. No la mataría de un balazo, era demasiado fácil y rápido. Los cuchillos eran una opción, pero el momento en el que lo sacara perdería valioso tiempo que podría costarme la vida, aun así ese era mi única opción ya que no tenía la fuerza suficiente para matarla a golpes ni para ahorcarla. Ahora era yo quien estaba encima de ella e inmovilice sus manos torciéndole las muñecas lo más que pude, probablemente se las disloque ya que Rachel soltó un aullido agudo. Ya no me pegaría tan fuerte. Logre sacar el filoso cuchillo de su portador en mi cinturón, lo agarré con fuerza del mango y lo levanté. Sonreí al ver el miedo en los ojos de Rachel.-No sabes cuánto voy a disfrutar esto, pequeña puta-Dije con una sonrisa en mi rostro, mirándola directamente a los ojos. Rachel gimió. Ella no podía mover sus manos y yo levante su blusa para descubrir su abdomen. Deslice la hoja de mi cuchillo en su piel, la cual se abrió limpiamente sacando un chorro de sangre. Disfruté mucho su agónico grito de dolor. Corte una línea en su vientre de forma diagonal lo suficientemente profunda para que sufriera pero no para morirse. Corte otra diagonal, formando una "x" en su abdomen y Rachel lloró de dolor. Incluso me imploró. -¡Lo siento, Annelisse, lo siento! Juro que no volveré a hacerte daño ni a nadie-Lloró mientras se retorcía de dolor debajo de mí. Pero yo no escuchaba. Me convertí en alguien más en ese momento, en alguien sediento de sangre y deseo de muerte. -Tu no me escuchaste cuando te imploré-Dije con voz grave. -¿Por qué tendría que escucharte ahora?Entere el cuchillo en ambas piernas y luego en los hombros. Por un momento me preocupe que no viviera mucho más debido al montón de sangre que brotaba de sus heridas. De verdad quería que su muerte fuera lenta. Me sentía satisfecha de cierta manera, Rachel estaba agonizando. Iba a apuñalarla en los costados pero un ruido me interrumpió, unas pesadas pisadas se acercaban a nosotras y me preocupe por un momento que fuera alguien del grupo; me sorprendí a mí misma deseando que nadie me descubriera. La característica peste y el gruñido me hicieron sonreír de oreja a oreja. Era solo un caminante quien se acercaba atraído por los gritos de Rachel. Me dio una muy buena idea. Me levante, dejando a Rachel ahí aún con vida y respirando entrecortadamente mientras sollozaba con fuerza. -Parece que tenemos a un nuevo amigo-Comente jovialmente. -Deberíamos invitarlo a jugar-El matiz siniestro y divertido en mi voz era palpable. Rachel comenzó a balbucear suplicas con voz entrecortada, pero yo no le puse ninguna atención. El caminante extendió sus brazos hacia mí para agarrarme con sus asquerosas y podridas manos, pero yo lo esquive y lo agarre por la camiseta. Era masculino, sus andrajosas ropas eran de granjero y tenía esos pantalones con correas las cuales use para llevarlo hasta Rachel. Una vez pensé que no le deseaba a nadie en el mundo una muerte en manos de las criaturas que acabaron con el mundo, pero había una excepción. Rachel lloró tanto...-Nuestro amigo esta hambriento-Comenté y el caminante gimió como si respaldara lo que dije mientras trataba de girarse hacia mí, pero mi agarre era firme y le impedía moverse.  -Deberíamos alimentarlo… ¿no crees? El caminante abría y cerraba la boca, chasqueando los dientes y al parecer encontró a Rachel más apetitosa. No me ofendí por eso. Deje al caminante libre y este se apresuró hacia Rachel, poniéndose de rodillas rápidamente. Los cortes en el abdomen de Rachel facilitaron las cosas para el cadáver. Sus manos escarbaron en el abdomen de la sangrienta y moribunda muchacha para tomar un órgano, arrancarlo y metérselo en la boca.  Deje que el caminante hurgara en el interior de Rachel un ratillo  y luego dirigí su cabeza para que mordiera sus brazos y piernas. Le arrancó la piel a tirones, exponiendo los músculos y las venas, y permití que se alimentara de ella un rato. Los gritos de Rachel comenzaron a cesar así como su consciencia comenzó a irse. Tenía que terminar con mi tarea y quería ser yo quien le diera el golpe final. -Ya, ya, es suficiente-Dije y enterré el cuchillo en el cráneo del caminante y su cuerpo cayó. Lo hice a un lado gruñendo ya que su cuerpo era bastante pesado. Rachel se estaba muriendo, su mirada decaía y ya no se movía, tal vez por dolor o porque ya estaba a punto de irse. Me puse encima de ella de nuevo, teniendo cuidado de no mancharme más de sangre de lo que ya estaba y la mire a los ojos. Ella me devolvió la mirada con la poca consciencia que le quedaba. -Nunca debiste meterte conmigo-Dije con suavidad. -Suelo cumplir mis promesas.-Suspiré. -Adiós, Rachel. Que te la pases bien en el infierno. Levante el cuchillo y lo enterré en su destrozado pecho. No gritó pero abrió la boca. La apuñale una y otra vez en el pecho hasta que exhalo su último aliento sin cerrar los ojos. Su sangre salpicó toda mi ropa y ahora me encontraba chorreando el líquido rojo. Suspire, cerré los ojos y los volví a abrir.Estaba hecho. Había terminado todo y dejaría de vivir con el miedo de que alguien me cazaba.  Me quite de encima del cuerpo inerte de Rachel y mire a mí alrededor. Jacklyn seguía allí. Ya no lloraba. Vio todo. Me sentí horrible cuando supe que mi hermana, mi bebé, me había visto de aquella manera. Temía que me tuviera miedo desde ese momento. Me había sumido en un trance violento que no me permitió recordarla a ella. No me arrepentía de haber asesinado a una persona sino de haber tenido a Jacklyn ahí viendo todo. Me arrodillé lejos de ella y mire a Jacklyn, quien respiraba rápidamente y me miraba a los ojos. Sus mejillas estaban húmedas y más rosadas que de costumbre, los ojos empapados en lágrimas y su boca entreabierta. -Jacklyn…-Susurré. -Yo… lo siento. Lo siento mucho… de veras, cariño. Mi respiración estaba acelerada y estaba muy cansada, apenas me había dado cuenta. Mi hermana solo me miraba con miedo y de verdad estaba asustada de que Jacklyn no deseara acercarse más a mí, que me temiera. -No voy a herirte, cielo-Dije tranquilizadoramente y extendí los brazos. -No te voy a…Jacklyn se levantó y corrió hacia mí. Envolvió sus brazos en mi cuello y me abrazó con fuerza. Un fuerte alivio me recorrió en todo el cuerpo y apreté a mi hermana más cerca. No me había dado cuenta de que tenía lágrimas corriéndome por las mejillas. Jacklyn se separó de mí y puso sus manos en mis mejillas. Me miró a los ojos y no dijo nada; no tuvo que decirlo para que supiera que yo seguía siendo la misma para ella, que yo seguía y seguiría siendo su hermana mayor, su madre adoptiva, sin importar qué. El frente de su blusa estaba manchado de la sangre que yo tenía en toda mi ropa, pero no parecía importarle. Acaricie su carita, manchándola de la sangre de mis manos y le di un beso en la frente. La acune contra mí y ella puso sus brazos en mi cuello. -¿Te lastimó?-Preguntó. -No-Respondí. -Lo hizo hace tiempo.-¿Era ella quien te daba miedo y quien te hizo llorar mucho?-Sí, era ella.-¿Se murió?-Sí.-Ya no va a lastimarte.Eso último no fue una pregunta, sino un comentario tranquilizador. Jacklyn pensaba que yo estaba asustada de Rachel y que solo había enfrentado mi miedo. Para mi hermana, la muerte era sencilla, solo significaba que es alguien ya no iba a estar entre nosotros y que no volvería. -No, ya no lastimara a nadie jamás-Dije y me levanté con Jacklyn en brazos. -Vámonos. No le digas a nadie lo que paso, ¿está bien? Es un secreto. Jacklyn asintió. Comencé a caminar para volver a la granja.  La ropa llena de sangre sería un problema pero no me importaba demasiado ya. Me alejé sin mirar al cadáver destrozado y ensangrentado de Rachel y sentí lastima por el montón de florecillas salpicadas de sangre.