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Sobreviviendo al Apocalipsis II — capítulo 23
Mi ropa y ahora la de Jacklyn aún chorreaban sangre cuando llegué de nuevo al territorio de los Greene. Creí que me atraparían rápido pero el grupo estaba bastante disperso. Podía verlos vigilando bastante lejos. Cuando Beth me mostró la granja y me enseño algunas tareas, recordaba que el gallinero contaba con una llave de agua así que podría limpiarme allí. Lo más complicado era la ropa ya que tendría que ir a mi tienda y cambiarme, luego buscar donde deshacerme de ella sin que nadie sospechara.
Al llegar al gallinero, todo era silencioso excepto por el ruido de las gallinas. Busqué la llave de agua, lo cual no fue tan difícil. Dejé a Jacklyn en el suelo para poder girar una cubeta y ponerla frente a la llave de agua, senté a mi hermana allí y abrí el grifo para que un chorro de agua saliera. Mientras limpiaba las ensangrentadas manos de Jacklyn, pensé en lo que acababa de suceder.
¿Me sentía culpable? No mucho. ¿Estaba asustada? Un poco. Esa persona que torturó a su torturadora no se parecía en nada a mí. Mi corazón seguía palpitando fuertemente contra mi pecho por la adrenalina, una adrenalina distinta, una emoción que corre por mis venas que no sé cómo llamarla. No podía describir lo que sentía en aquel momento porque no sentía nada. Ver el cuerpo destrozado de Rachel no me asustó como lo hubiera hecho normalmente, no sentí remordimiento al sentir como su vida se escapaba entre mis dedos, desgarrada por mi cuchillo, esa energía dejándola y su cuerpo poco a poco dejando de luchar mientras moría. Sus asquerosos ojos verdes permanecieron abiertos incluso después de que murió; yo no me había molestado en cerrárselos. Y ahora deseaba habérselos sacado de las orbitas para jamás volver a ver aquellos ojos esmeralda que me había observado desmoronarme, que me veían a los ojos mientras mancillaba mi cuerpo con su lengua y que dejaban entrever una mente psicópata.
Si, debí habérselos sacado.
-Lissie-Dijo Jacklyn, alejándome de mis pensamientos. Yo lo lavaba la sangre de su cara con mis manos mojadas. -¿Fue algo malo lo que hiciste?
Carajo. ¿Qué le iba a decir?
-Si-Conteste. -Algo bastante malo.
-¿Entonces por qué lo hiciste?
Suspire y la mire a los ojos, sus grandes ojos brillosos. David, Jacklyn y yo compartíamos los mismos ojos; la misma forma almendrada, el mismo color gris claro.Desde que nací, todos siempre me decían que yo me parecía mucho a mi hermano mayor. David también tenía el pelo rubio muy claro, lacio, los mismos ojos y los mismos rasgos que yo. Pero Jacklyn no había repetido los cánones de la familia. Ella nació con abundante pelo ondulado de color castaño chocolate, su piel ligeramente menos pálida, lo suficiente para que no se viera enfermiza como yo,y una mirada, aunque la misma, muy distinta de la de sus hermanos. Esos ojos me miraban con expectación en ese momento.
-Lo sabrás cuando crezcas-Le contesté con una pequeña sonrisa.
-Yo quiero saberlo ahora, Lissie-Recriminó, frunciendo el ceño.
-No lo entenderás, cielo. Te prometo que te diré cuando seas mayor-Respondí.
-Pero…
-Déjalo ya, Jacklyn. Déjame limpiarme y luego vamos a cambiarnos, ¿sí?
Yo fui más difícil de limpiar. La sangre no se iba y estaba salpicada por todo el cuerpo. Tendría que ducharme para quitármela por completo, pero logre quitarme las manchas de la cara y los brazos. Tome a Jacklyn de la mano para ir a la casa de campaña y poder cambiarnos de ropa. Tuve que jalonearla un poco para que fuera más de prisa, pero ella no se quejó.
Al faltar unos cuantos metros para llegar a la tienda, escuche la voz de Andrea. Me quede inmóvil, conteniendo el aliento, esperando ser atrapada. Pero eso no sucedió. La voz de Andrea fue desvaneciéndose mientras caminaba hasta que se alejó lo suficiente para que yo pudiera, finalmente, entrar a mi tienda.
Cerré el cierre con rapidez y saque una muda de ropa para mi hermana. Jacklyn aún no sabía cómo cambiarse sola así que tuve que hacerlo yo por ella. Le quite su blusita rápidamente, con movimientos bruscos, y luego el pantalón. Le puse otro par de pantalones y una sudadera de color rosa claro. Sus tenis blancos estaban también manchados de sangre así que se los cambie por unas botas.
Jacklyn me espero sentada en la cama pacientemente mientras yo me cambiaba por ropa limpia, pero de todos modos aunque me cambiara tendría que ducharme. Guarde mi ropa aun con sangre húmeda debajo de la maleta de mi ropa, debajo de mi cama. Me preocupaba que Daniel se enterara pero él nunca revisaba mis cosas. Tiraría en el bosque la delatadora ropa en cuanto tuviera la oportunidad. Jacklyn me veía, expectante.
-Nuestro secretito, ¿está bien?-Dije. -No le digas a nadie.
-¿Ni siquiera a papi?
-No, ni siquiera a él.
La niña asintió, se agarró el estómago haciendo un mohín y supe que ella no abriría la boca, que se olvidaría o eso esperaba.
-Tengo hambre, Lissie-Comento e hizo una mueca. Yo imite su gesto. No recordaba el tiempo transcurrido y ya había pasado más de medio día.
-Vamos a comer y después ambas tomaremos un merecido baño-Sonreí y tome su mano para salir de la tienda como si nada hubiera sucedido.
Me reuní con los demás para el almuerzo en grupo o al menos un intento de ello. Los demás trabajaban o hacían sus deberesasí que solo quedamos los niños, Carol, Lori, Maggie, Patricia y yo.
Nos sentamos todos en el comedor de los Greene y escuchaba las pláticas de las señoras sin participar en ellas. Veía a Jacklyn comer uvas pasas de un recipiente mientras estaba con Carl y Sophia y de repente comencé a sentir una sensación muy incómoda en la piel como si la sangre de mi enemiga que no pude remover debajo de mi ropa me quemara, me picara.
-…lisse.
Por Dios, me estaba escociendo de verdad. Tenía que quitármela ya.
-…nelisse.
Tenía a los restos de Rachel encima de mí. Maldición.
-Annelisse-Dijo una voz un poco firme. Me gire a ver quién me llamaba y vi a todas viéndome con expectación. Quien había hablado era Carol. Pude ver la preocupación disimulada en sus facciones, probablemente pensaban que estaba regresando a mi estado catatónico.
-¿Qué pasa?-Pregunté.
-¿Estas bien? Estas distraída-Comentó Maggie.
-Uh... sí, estoy bien.
-¿Segura?-Preguntó Lori, acercándose a mí y poniendo su mano en mi cabeza cariñosamente. -Si quieres salir a tomar aire…
-No-La interrumpí. -Estoy bien, todo está normal-Sonreí.
-Bueno…-Murmuro Lori.
-Te preguntábamos donde habías estado toda la mañana.-Dijo Patricia. -No te vimos por aquí. No estabas vigilando con tu prima, ¿o sí? Recuerda que Hershel dijo que te mantuvieras alejada de situaciones que impliquen a caminantes. Ya estás bien pero no hay que forzarte.
Si supiera lo que de verdad estuve haciendo…
-No estuve vigilando con Andrea, ni siquiera me acerque-Contesté. -Jacklyn quería ir a ver las flores que están cerca del bosque y la llevé. Era un lugar muy lindo y nos quedamos allí más tiempo del que pensé.
-¿Hay un campo de flores aquí?-Pregunto Sophia. -Quiero ir a verlo-Sonrió.
-Yo también-Dijo Carl.
-Claro, los llevare en cuanto pueda-Sonreí.
-Solo no se adentren mucho al bosque-Intervino Carol y acaricio la cabeza de su hija. Leí en sus ojos la preocupación de cuando Sophia estaba perdida y con peligro de jamás regresar o volver como una muerta viviente.
-No te preocupes, Carol-Dije para calmarla. -No acercare a Sophia al bosque para nada.
Carol me sonrió en respuesta.
La comida estaba deliciosa y yo platique normalmente como si nada sucediera. Ellas me contaron lo que hicieron en el día pero yo seguí mintiendo. Me reía en mi mente imaginándome contándoles todo como si fuera una cosa normal. "Bueno, hoy asesine cruelmente a quien casi me asesina a mí. Hubieran estado allí, fue bastante emocionante, mucha adrenalina. También hice que un caminante la mordiera. No pensé que tardaría tanto en, ya saben, morirse, pero no importa. Grito bastante antes de morir. Ja, ja."
No les diría jamás.
Me sentí mejor hasta que me duche ya al atardecer. Ya no tenía nada de Rachel, ella se había ido por completo y ahora podía vivir en paz. O al menos en paz de que no tenga que preocuparme más por ella.
Pasé mi tiempo en la sala con los niños y visité a Beth, hablé con ella de las pequeñas flores y de lo bonitas que eran antes de que yo las salpicara de sangre. Pero mi amiga no dijo nada. Cuando ya estaba oscuro afuera y las luces de la casa estaban encendidas, yo veía a Carl, Sophia y Jacklyn armar un viejo rompecabezas de cien piezas. Sophia le mostraba a Jacklyn como armarlo correctamente. Mientras los veía escuché la puerta principal abrirse y supe que entró Daniel en la casa con solo oír sus pisadas. Me giré y lo vi, tenía restos de sudor en el rostro y su cabello negro se pegaba a su piel, se veía cansado y aun así me sonrió con ganas. Me sentí repentinamente más segura cuando lo vi, como si hubiera tenido los músculos tensos todo el día y ahora se relajaran.
-¡Papi!-Exclamó Jacklyn y soltó sus piezas para correr hacia Daniel. Se abrazó a sus piernas y Daniel la alzó en brazos para saludarla.
-Hola, preciosa. ¿Cómo has estado?-Saludó Daniel.
-Bien. Estoy jugando con Carl y Sophia.
-Que bien, Jacklyn. Sigue jugando con ellos.
Daniel bajo a mi hermana y ella corrió de regreso para seguir su actividad. Carl y Sophia también lo saludaron y él les respondió. Luego me vió y me sonrió.
-Hola-Saludó y se dejó caer en el sofá a mi lado.
-Hola-Sonreí. -Te ves cansado.
-Ya sabes, lo normal-Contestó mientras dejaba caer la cabeza hacia atrás. Pude notarle mejor las ojeras oscuras que tenía en sus ojos.
-Tienes que dormir más-Comente, tomándole de la mano.
-Lo dice quien se duerme hasta media madrugada.
Me mordí la lengua. Yo siempre había tenido problemas para dormir, desde pequeña; desgraciadamente yo no tenía ese don que Daryl, Daniel y Jacklyn compartían de quedarse dormidos a voluntad. Solía dormirme hasta aproximadamente las tres de la mañana todos los días y tenía que cansarme de verdad para poder quedarme inconsciente en una hora normal. Yo siempre pensé que Daniel dormía sin darse cuenta pero al parecer me tenía en su mira más de lo que pensaba.
-¿Cómo lo sabes?-Pregunté con una risilla.
-Jesus, Annelisse, eres la persona que más se mueve mientras duerme que he conocido en mi vida.-Contesto. -Las veces que me has pateado dormida son incontables, cariño.
-¡Yo nunca te he pateado!-Exclamé pero me reí. Daniel se rio conmigo.
-Yo no pienso lo mismo.
Ambos reímos.
-Cuéntame que hiciste hoy-Me dijo.
-Ya sabes, pasear por ahí.
-Papi-Dijo Jacklyn. -Lissie me llevo a ver unas flores en el bosque. Eran muy bonitas.
-¿Fueron al bosque?-Pregunto Daniel cambiando su tono de voz.
-No nos adentramos mucho-Le asegure. Mire a mi hermana con toda intención como recordatorio de nuestro secreto. -Jacklyn insistía en ello y solo le enseñe un pequeño claro.
Algo brillo en la mirada de Daniel pero desapareció rápidamente.
-Mientras no se adentren demasiado está bien, entonces.
Daniel y yo conversamos otro rato de lo que habíamos hecho y él me dijo que los caminantes se hacían cada vez más presentes por los alrededores. Las criaturas esas al parecer emigraban cuando no les quedaba alimento donde estuvieran y se movían en manadas, aunque los que han aparecido no sobrepasan de una docena.
-Daniel, Annelisse-Nos llamó Sophia. -Jacklyn se está durmiendo.
Mi hermanita sostenía sus piezas de rompecabezas mientras se tallaba sus ojitos y bostezaba. Esa era nuestra señal para actuar como suspadres adoptivos. Jacklyn ya estaba durmiéndose, y cuando Daniel la cargo, ella rodeo su cuello con sus pequeños brazos, recargo su cabeza en su hombro y dejo caer todo su peso, ya con los ojos cerrados.
-Vámonos a la tienda-Dijo Daniel. -Es hora de dormir para nosotros.
Daniel se despidió de los niños, deseándoles buenas noches revolviéndoles el pelo y yo deposite un beso en la frente de cada uno.
-Nos vemos mañana, chicos-Me despedí, bostezando. La verdad es que no me había dado cuenta cuan cansada estaba. El asesinar a alguien sí que cansaba tanto física como mentalmente.
-Buenas noches.-Respondieron Carl y Sophia.
Al salir de la casa el aire fresco de la noche y su silencio me envolvieron. Daniel y yo caminábamos silenciosamente hasta nuestro campamento pero no sabía si era paranoia o que porque sentía la mirada de Daniel clavada en mí.
Daniel era bastante observador, vigilaba y siempre estaba en alerta para proteger lo que más amaba. Él sabía reaccionar a situaciones de alarma, de adrenalina y solía ser actuar con más cautela que yo. Yo siempre fui del tipo "reacciona y después piensa". Esos factores lo hacían experto en leerme la mente, en saber cuándo estaba fingiendo y cuando algo estaba mal.Yo sabía que el sospechaba algo.
Mire de reojo y tenía razón: Daniel me veía sin discreción. Su mirada no era dura pero si inquisitiva. Le devolví la mirada y era como un enfrentamiento de miradas entre los dos.
-¿Cómo estuvo tu día?-Me preguntó.
Él sabía que yo escondía algo. Mierda.
-Bien, ya te lo había dicho.-Dije pero hable con dulzura. -Fui con Jacklyn para ver las flores.
-¿Solo hiciste eso?
-Si-Mentí.
Me dejo entrar primero en la tienda y luego acostó Jacklyn en su cama. Ella ya estaba dormida para cuando toco el pequeño colchón y dio un gran suspiro, con sus brazos por encima de su cabeza. Yo la cubrí con su manta de color rosa y acaricie su mejilla sonrosada. Me sentía culpable por hacerla presenciar algo tan sangriento y violento. Había sido completamente mi culpa y probablemente le afectaría en su subconsciente cuando creciera. Deseé que sus sueños fueran hermosos y nunca se convirtieran en pesadillas como las mías. Quería que mi hermana nunca viera lo que yo había visto, que hiciera lo que yo había hecho. Más que nada esperaba poder proteger su inocencia.
No sabía porque escondía el hecho de que yo había matado a Rachel. No sentía culpa al respecto e incluso creía que era la mejor opción. Rachel había intentado matarme, casi con éxito, y probablemente intentaría matar a alguno de mis seres queridos. Suponía que no quería perder la confianza de mi grupo, no quería que me vieran como un monstruo, un caminante.
Tal vez estaba comenzando a volverme paranoica pero juraba que sentía la mirada de Daniel clavada a mis espaldas, pero cuando me gire él se quitaba la camiseta sucia para cambiársela por otra. Siempre me había gustado su espalda, me atraía la manera en la que sus músculos se marcaban y como se flexionaban cuando se movía. Sin pensarlo avancé la poca distancia que nos separaba y lo abrace por la espalda, acariciando su piel desnuda con los ojos cerrados. Mis labios comenzaban a recorrer su hombro y su cuello, el suspiro de satisfacción y yo abrí mis ojos. Se giró para rodearme con sus brazos y nos besamos lentamente. Mi lengua delineó sus labios y el me mordió, yo gemí delicadamente y suspiré lentamente. Fue él quien termino el beso el cual yo no tenía intención de terminar y me estrecho entre sus brazos.
-Has estado ocultando algo-Me dijo, soltando sus sospechas. -No tienes que decir que es. Lo único que quiero saber es si sientes que te pondrás mal de nuevo.
-No, no, estoy bien-Dije rápidamente. -No sucede nada, de verdad.
Daniel no dijo nada y me dio un beso rápido.
-Vamos a dormir.
Vi a Rachel en mis sueños. Ella estaba allí parada en medio de un sombrío bosque lleno de gritos. Yo estaba parada frente a Rachel y escuchaba los gritos de todos los que había visto morir comidos por los caminantes. Gritos de la gente alrededor de mí, gente que no conocía y a dé a quienes conocía de verdad. Los alaridos de mi propia familia llenaban mis oídos, mi mente. Mi respiración se aceleraba y sentía el pánico recorrer mi cuerpo. Quería correr pero ese entumecimiento propio de las pesadillas me embargaba y estaba inmóvil como estatua. Sin previo aviso, la figura de Rachel corrió hacia mí con un largo cuchillo y sentí las puñaladas en mi abdomen como si fueran de verdad. Caí al suelo y sentí que me ahogaba con mi propia sangre, que brotaba de mi boca. Quería despertar pero no podía. Quería gritar pero no tenía voz. El dolor de las acuchilladas era demasiado y sentí que me moría de verdad. De reojo vi más sombras moviéndose y vi como la oscuridad que las rodeaba desaparecía para dejar a entrever unos caminantes que avanzaban hacia mí. Yo grité, no podía moverme y ellos ya se estaban agachando para tomarme. Uno de ellos tomo mi brazo y enterró sus dientes en él. Grite. Grite. Y grite. Uno se comía mi pierna, otro mi brazo, otro más mi cuello y me apuñalaban y me ahorcaban. Rachel estaba parada y veía con una sonrisa en su rostro, una infantil sonrisa demasiado familiar. El cabello de la chica a la que odiaba comenzó a aclararse al igual que su piel, sus facciones cambiaban para convertirse en unos cánones ligeramente más jóvenes, sus ojos cambiaron de forma pero no de color, seguían siendo verdes. Mientras era comida por esas criaturas me vi a mi misma parada observándome morir sonriéndome, con los ojos de ese color verde que tanto odiaba y no grises como se supone que tenían que ser.
Me desperté sobresaltada, gritando y jadeando, sudando frio. Sentí las manos de Daniel agarrarme de repente. Seguía oscuro, aún era de noche y trate de respirar profundo para tranquilizarme.
No quería ser como ella. No iba a ser como ella. No podía ser como ella.
-Annelisse, responde-Dijo Daniel. Ni si quiera me había dado cuenta de que él me estaba hablando.
Rachel nunca iba a volver, iba a dejarme en paz para siempre. Rachel estaba muerta, yo la maté.
-¿Qué es lo que estás diciendo, Annelisse? Contestame, por el amor de Dios-Susurro desesperadamente para no alertar a Jacklyn, quien sorprendentemente seguía dormida, mientras me envolvía entre sus brazos y yo me aferré a ellos. Irracionalmente había lágrimas que se deslizaban por mis mejillas y por fin pude escuchar lo que murmuraba sin darme cuenta.
-…como ella…nunca más…ella…muerta.
-Tranquilízate, por favor-Dijo Daniel con una calma fingida. -Fue solo un sueño, todo está bien.
-Un sueño-Susurré.
-Un sueño-Asintió Daniel. -No es real.
No. Si fue real. No un sueño. Yo la mate. Yo asesiné a una persona. Yo quise acabar con ella como ella quiso acabar conmigo.
Ahora yo era como ella.
-No fue un sueño-Murmure con una voz tan baja que creí que no me había escuchado. -No, fue real, Daniel. Yo la maté.
-¿Qué? Annelisse, ¿tu hiciste qué?-Susurro Daniel.
-La mate, Daniel.
Me gire para verlo a los ojos y vi reflejado en ellos preocupación, dolor y confusión. Con voz clara, inconfundible, imposible de no entender, confesé mi más grande pecado:
-Yo asesine a Rachel.