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Los Potter siempre morirán por las pelirrojas — capítulo 1

La observó embelesado, observando el largo y rojo oscuro cabello de ella recorrer parte de su esbelta espalda. Charlus soltó un silbido y la pequeña pelirroja que tenía en frente suyo lo miró enojada, como siempre solía hacer. El uniforme de Slytherin definitivamente le iba mucho mejor a ella que a las demás de sus compañeras. Además, todo el colegio sabía que Dorea Black era una de las más guapas de Hogwarts. Incluso ella misma. —Potter —gruñó la pelirroja—. ¿Podrías dejar de mirarme? Charlus sólo esbozó una sexy sonrisa. —En realidad no, Blacky... —le pasó un brazo por los hombros y besó una mejilla de ella, que se encendió de pudor y furia—. Así que, ¿cómo le pondremos a nuestro primer hijo? —Estás realmente mal si piensas que yo me casaré contigo —respondió Dorea, otra vez furiosa—. ¡Y quita tu sucia mano de mi hombro! El moreno negó con la cabeza y se llevó una mano al pelo, desordenándolo, pero sin dejar de tomar a su chica de los hombros. Sonrió nuevamente y acarició con dulzura su mejilla. —Me fascinan tus pecas —murmuró en su oído. Dorea se sonrojó aún más pero siguió sin devolverle la sonrisa o siquiera mirarle. Charlus suspiró y dejó caer el brazo, pero antes de que la pelirroja le diera las gracias por haberle hecho caso, el chico pasó la mano por su cintura estrecha y femenina—. Y tu pelo. Amo el color rojo. —¡Charlie! —chilló una voz de mujer. El Gryffindor se volteó y vio a su antigua novia, una de sus más fieles seguidoras, llamada Brooklyn Jones. El uniforme de Ravenclaw rebosaba seducción ante lo corta de su falda, o lo ajustada de su camisa. Brooklyn pestañeó y pasó un dedo sensualmente por el brazo marcado de Charlus, corriendo su largo pelo rubio. —¿Qué quieres, Brooklyn? —preguntó el chico cansado. La chica rubia lo abrazó protectoramente y besó su mentón—. Aléjate —gruñó. —¿Qué hace Black aquí? —indagó Brooklyn, celosa. Dorea alzó una ceja y se dio la vuelta, dispuesta a  irse y no verlo más con aquella noviecita que tenía. Porque realmente Charlus Potter le gustaba. Vale, no le gustaba, lo amaba. Desde tercer año. En segundo le gustaba. Le atraía todo de él, pero conoció qué era el amor cuando realmente se dio cuenta de que no quería una vida sin él. Desde que él comenzó a salir con muchas chicas y dejar al niño travieso y virgen que era. Sentía que lo estaba perdiendo. Y cada vez que él se acercaba para pedirle citas, su corazón se agrandaba ya que parecía que él todavía sentía, al menos, atracción física por ella. No se podía dar el lujo de perderlo. No él. —Por si no te habías dado cuenta, Jones, tu novio fue quien me buscó —susurró Dorea. Charlus se deshizo del abrazo pegajoso de la rubia y corrió hacia la pelirroja que fruncía el ceño. La abrazó por detrás y besó su pecoso y pálido cuello con ternura. —Te juro que yo no la llamé —murmuró el chico acariciándola una vez más—. ¿Estás enojada? —No tengo razón para enojarme, Potter —respondió ella cortante pero por dentro satisfecha. Charlus frunció el ceño tiernamente y la pelirroja reprimió una sonrisa, aunque también el impulso de acariciarle dulcemente.  —Pero... —el morocho bufó y se abrazó más a la pelirroja—. ¿De verdad no te importa? —inquirió fingiendo que no estaba triste. —Si tanto quieres que me importe, está bien; me importa —refunfuñó ella, rodando los ojos. El chico sonrió feliz de la vida y besó cada peca y lunar que encontró—. Pero déjame en paz, Potter —gruñó la pelirroja, fingiendo muy bien estar enojada. Charlus besó la punta de su nariz, dándole la vuelta, y sonrió aún más. —¿Saldrías conmigo, Dore? —preguntó él, rozando su nariz con la suya. Ella dudó un momento antes de responder. Para su suerte, no fue vista por el chico ya que tenía los ojos cerrados. —No —respondió suavemente. —Ya dirás que sí... mientras tanto, podemos idear juntos el nombre de nuestro primer hijo. Supe que quieres ponerle James —sonrió seductoramente—. James Potter. ¿Te gusta? Dorea ocultó su sonrisa por breves minutos, conteniendo las ganas de reírse o besarlo allí mismo. Por lo menos, estaría tranquila un par de años más, sabiendo que el muchacho de ojos azules no la dejaría de querer hasta bastante tiempo después.