Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Los Potter siempre morirán por las pelirrojas · de

Los Potter siempre morirán por las pelirrojas — capítulo 2

Se mordió el labio inferior nerviosa, tocándose las manos en el proceso. Iba a decírselo. Tenía que hacerlo... o de lo contrario, lo perdería para siempre. Sólo faltaban dos semanas de clase. ¿Qué opción tenía? ¿Dejarlo ir? Claro que no. No podía imaginarse una vida sin él. Pero, ¿él la aceptaría, luego de tantos años? Sólo quedaba esa esperanza. Lily corrió el pelo rojo de su rostro lleno de pecas y caminó con paso seguro hasta donde estaba James Potter hablando con uno de sus mejores amigos, Remus Lupin. El castaño trataba de explicarle algo de Pociones, aunque él mismo no entendía nada de eso. La pelirroja sonrió: ya tenía algo para acercarse a ellos. Siguió caminando, procurando que James la viera lo más posible. Tenía la falda mucho más corta que antes, algunos botones de su camisa desabrochados, el pelo suelto y largo, maquillaje delicado pero notable... y sobre todo, su actitud. La actitud que enamoraba cada día a James. Cuando se posó frente a ellos, ojeó el libro y se sentó junto al morocho que trataba de no babear. Remus lo codeó, soltando una risita, y James salió de su trance, sonrojado y tímido de pronto. Lily reprimió una sonrisa de satisfacción. Su plan daba resultado. —¿Necesitan ayuda, chicos? —el tono sedoso de sus palabras hizo que el moreno empezara a temblar y se tratara de controlar, para no tener que besarla allí mismo, meter sus manos en su hermoso cabello, mirarla a los ojos, y no arrancarle aquel uniforme que resaltaba su cuerpo y hacerla suya allí mismo... James parpadeó, sintiendo algo en sus pantalones. —Hola, Lils —saludó Remus amigablemente—. Sí, bastante —respondió a su pregunta, sin hacer caso a los ojos suplicantes de su amigo y su expresión aterrada—. James no entiende ésto de la Amortentia... y la verdad, yo tampoco. ¿Podrías explicárselo tú? —Claro, Rems, sería un placer —James apretó las manos sobre su regazo cuando escuchó la palabra "placer" escaparse de la boca deliciosa de Lily. Mierda, ¿podría controlarse más tiempo? El castaño se levantó, sonriente y señaló el sitio al otro lado de James, más cerca suyo.

—Yo me voy, chicos —anunció Remus en cuanto Lily se sentó junto a un nervioso e intranquilo moreno, el mismo que lo miró aterrado—. Debo ayudar a Sirius también... hasta luego, James. Adiós, Lils. Un silencio torturador se coló entre James y Lily cuando el castaño los dejó solos, sin embargo la pelirroja dejó escapar un suspiro que le fascinó a James, ya que estaba lleno del perfume de Lily, y se sentó muy cerca del chico que la miraba demasiado sonrojado. —Bueno, ¿qué no entiendes de la poción, James? —preguntó colocando un mechón rojo detrás de la oreja, haciendo que el moreno se sintiera aún más nervioso. Para calmarse un poco más y fingir que estaba calmado, la miró a los ojos. Grave error. Se perdió en esas orbes esmeraldas, que emitían un dulce brillo que le fascinaba. Un verde que parecía enamorar a todos que lo viesen. Y James... claro que no era la excepción. —La verdad... es que... no entiendo sobre quién es... la huelo. Es como vainilla mezclada con libros... y un leve tono a fresas... Lily tembló. ¡Su perfume olía a fresas! Pero su olor era el de la vainilla. Y libros... ella vivía metida en libros. Dejó escapar un suspiro y acarició la mano de James, quien tembló descontroladamente. —¿Sabes quién puede ser? —indagó la pelirroja, viéndolo a los ojos, mordiéndose el labio inferior y luego observando sus labios rojos y tentadores. Las tres cosas fueron vistas por James, pero la peor fue ver cómo las esmeraldas se dirigían a su boca. Y de pronto, no pudo contenerse más. La atrajo hacia él y besó con desesperación sus dulces labios, saboreando cada pedacito de su boca hermosa. Hundió su lengua, explorando y sin pedir permiso, para sacarse aquel ardor que tenía en el cuerpo y el dolor que le provocaba verla otra vez más. Porque seguía tan enamorado de ella como en tercer curso. Una manos se colocó en su cintura, acariciando la piel por sobre la ropa, y luego debajo de la ropa, causándole mil y un sensaciones. Y otra la puso en su nuca, para presionar aún más su boca y acercarla más a él. James sentía... ni sabía lo que sentía. Pero de lo que estaba seguro es que jamás recibiría otro beso igual. Lily besaba mejor que en sus sueños... mucho mejor... mucho más delicioso... mucho más tentador... y mucho más dulce... Por su parte, la pelirroja sintió cosas que jamás pensaría que sentiría. No lo apartó ni muchos menos, sino que quería que siguiera y no parara jamás. Una mano voló a su nuca, tal y como el morocho había hecho. Otra fue a parar al cabello del chico, tan despeinado pero suave, oscuro, muy oscuro, pero precioso. Cuando James introdujo su lengua, Lily gimió, cosa que hizo que el morocho profundizara aún más el beso.  Pero como la falta de aire se hizo necesaria, ambos jóvenes se separaron lentamente, sonrojados y con la respiración agitada. Lily con una sonrisa y James... nervioso. —Te amo. El morocho parpadeó, observando sus ojos, y encontró lo que siempre quiso hallar: el amor de Lily. Un puro y sincero amor. De pronto, una sonrisa dulce apareció en su boca hinchada por el beso y besó rápido y brevemente a la pelirroja. —No sabes cuánto esperé que dijeras eso... pero, dime algo: ¿tu perfume huele a fresas? —e inhaló el perfume de su cuello, provocando que Lily riera y soltara un suave gemido que enloqueció al moreno, que comenzó a dar besos en su cuello pecoso. —Sí. Pero mi olor es a vainilla... acostúmbrate a ese olor —seductora, Lily se acercó a un ahora nervioso chico que tragaba grueso, y lo besó con pasión, tumbándolo allí mismo. James supo de inmediato que sería una tarde y luego una noche muy larga...