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Puede el águila de Ravenclaw así lo quisiera — capítulo 7

Estaba sentado aguardando a que apareciese.Hacía ya un rato que la esperaba y estaba empezando a perder la paciencia.Cuando ya pensé que no vendría, vi su silueta apresurándose al verme.-Lo siento, el móvil se quedó si batería y la alarma no sonó...- comenzó a disculparse ente jadeos.No entendí ni la mitad de lo que dijo, pero no dejé que lo notase. Crucé los brazos delante del pecho y levanté una ceja.-Sin excusas- exigí y me di la vuelta para recoger las espadas.Cuando le tendí una de ellas, vaciló antes de aceptarla, pero finalmente agarró la empuñadura.Tuve que aguantar la risa cuando la punta del arma se estrelló contra el suelo. Ella tiró para levantarla, pero apenas se movió unos centímetros.Comenzó a patalear y a agacharse para arrastrar el pesado acero, pero casi no conseguía moverlo.Unos minutos después se rindió y se sentó en la hierba, roja como un tomate por el esfuerzo o la vergüenza, con el pelo cobrizo humedecido y pegado a la frente por el sudor.-Te lo estás pasando de miedo, ¿verdad?- dijo mientras respiraba agitadamente.No contesté, pero tenía razón. Estaba disfrutando con el espectáculo de ver como la chica no conseguía levantar una espada élfica, la más ligera de todas.-Tu primer objetivo será levantarla. Cuando lo consigas ven a buscarme y seguiremos con el entrenamiento.-¿QUÉ?-Ya me has oído. Si no eres capaz de levantar una espada poco podemos hacer. Así que tendrás que seguir intentándolo hasta que lo consigas o hasta que se te caigan los brazos.-Te estas vengando porque he llegado tarde- protestó y se remango el jersey para intentar levantarla de nuevo.La dejé entrenando y entré de nuevo en el castillo. Tendría por lo menos toda la mañana libre hasta que consiguiese arrastrarla unos centímetros.Gandalf observaba el paisaje a través de una vidriera y finalmente decidí acercarme a hablar con él.-¿No estabas instruyendo en el arte de la lucha a la muchacha?- preguntó en cuanto me situé a su lado.-La he dejado intentando levantar la espada.-¿Por qué no le habéis dado acero élfico?-Lo hicimos.Se rió disimuladamente sin apartar los ojos de lo que quiera que se que le interesase tanto.Yo apenas recordaba la primera vez que cogí una espada, pues hacía varios siglos desde entonces, pero supuse que debió resultarme igual de complicado que a Aryah, pero yo entonces era un niño, ella, en cambio, una adulta.Pasé el resto de la mañana deambulando por los pasillos, hablando con otros elfos, leyendo en la biblioteca... Cuando el sol estaba ya a punto de ponerse, al fin me llamó.Tenía la espada sujeta con ambas manos, aunque le temblaban muchísimo los brazos y tenía bastante mal aspecto. Tal vez fui demasiado duro con ella, parecía a punto de vomitar por el esfuerzo.-Ja.Puse cara de confusión, pero no añadí nada.-No pensabas que fuese capaz, ¿e? Pues toma esa- su voz también sonaba agotada, pero no bajó el arma.-Está bien- contesté- doy el entrenamiento de hoy por finalizado.Ella me tendió la espada y caminó en dirección a su habitación apoyada contra la pared, pero antes de llegar al final del pasillo de derrumbó sobre el suelo.Me acerqué lo más rápido que pude, preocupado. No tenía muy buen aspecto: estaba pálida y ojerosa, el pelo se le adhería al rostro y estaba completamente bañada en sudor frío.La cogí en brazos y la llevé hasta su habitación. Pensé en ordenárselo a alguna elfa, pero finalmente decidí que ya que había sido yo el causante de su estado, tendría que hacerme cargo.La veía tan frágil, ten pequeña. Me sentía culpable por haberla presionado tento.La recosté sobre la cama e inmediatamente escuché pasos a mis espaldas. Me giré y esperé a que su propietario apareciese.Aragorn se recostó en el marco de la puerta.-A veces se me olvida lo frágiles que son las mujeres humanas- dije.-¿Lo dices por ella?- y sin esperar respuesta prosiguió- yo no creo que sea frágil. Ha pasado todo el día intentando levantar un arma que probablemente antes sólo había visto de lejos. Ni siquiera ha parado para comer, la he estado observando. Yo diría que más que frágil, es una cabezota.-Tal vez no debí presionarla tanto. A veces se me olvida que es humana.-Solo necesita descansar. Mañana no la hagas esforzarse tanto y se recuperará perfectamente. Solo es una niña, no creo que tengan nada que ver ni con su condición de humana ni de mujer.


El sol me dañaba los ojos. No quería levantarme, estaba muy cómoda entre las mullidas almohadas. Hice ademán de girarme, pero el dolor me atravesó todas las articulaciones, obligándome a quedarme inmóvil.Un quejido se escapó de mis labios y con un soberano esfuerzo conseguí incorporarme.No tenía marcas en la piel, pero me dolía todo. El entrenamiento del día anterior me había dejado hecha polvo.-Puñetero elfo- gruñí malhumorada.Entonces me fije en el fino camisón blanco con el que estaba vestida. No recordaba haberlo visto antes, yo siempre me acostaba con mi propio pijama, y eso claramente no era una de mis prendas.Me puse nerviosa al recordar lo que había pasado. Me medio desmayé en el pasillo cuando volvía a mi habitación y luego... luego... ¿luego qué?No estaba segura de si me había imaginado los fuertes brazos que me llevaron de vuelta a mi habitación, pero si habían sido reales, sabía a quién pertenecían.Pensar en que Legolas me había llevado vestida con mallas y una sudadera y que me había despertado con un camisón. Eso no ayudó a menguar mi nerviosismo. Aquello quería decir que me habría tenido que desvestir para ponerme lo otro, porque estaba segura de que yo no lo había hecho. No al menos solita. Me sonrojé hasta la raíz y sentí ganas de enterrarme bajo tierra.-Seguro que no ha pasado eso- comenté intentando convencerme a mi misma, pero en el fondo sabía que esa era una explicación más que lógica.Me puse ropa limpia y decidí usar las lentillas, que eran más adecuadas para entrenar que las grafas (el día anterior se me escurrieron varias veces porque mi piel sudada se volvía escurridiza. Bajé a desayunar, ya que al final el dolor de tripa ganó al de las agujetas. En la cocina solo estaban las cocineras, que me dieron amablemente de desayunar y luego me dijeron que el príncipe Legolas me esperaba en el jardín trasero.Me demoré un poco. No tenía ganas de encontrarme con él, y no era solo por el hecho de que no me veía con fuerzas ni de levantar una brizna de hierba.Cuando vi su silueta sentada sobre la rama de un árbol sentí aún menos ganas de acercarme, pero me vio así que mi plan de huida no sirvió de mucho.Bajó de un ágil salto y me hizo señas para que me acercase. Finalmente avancé hacia él, aunque bastante despacio.Me cogió de la mano y el contacto físico no ayudó a disimular el rubor de mis mejillas. Necesitaba preguntarle, pero no sabía cómo. ¿Qué le iba a decir? "Eh Legolas, una preguntita. Ayer cuando me desmalle...¿ me desnudaste?"Solo pensar en el verbo "desnudar" me daba vergüenza, así que decirlo en alto delante de un hombre ya...      Me hizo sentarme y apoyar la espalda contra el tronco del árbol donde estaba subido antes de que llegase, con gestos lentos y sin apenas rozarme, como si me fuese de cristal y pudiera romperme en cualquier momento. Aunque pensándolo bien, esa debió ser la impresión que le di anoche.-¿Qué tal te encuentras?- pregunto tras acuclillarse a mi lado.-Bi...bien- respondí, evitando mirarle.Agarró mi brazo derecho y presionó un punto por encima del codo. Me dio un latigazo de dolor, y fruncí el ceño en el momento en el que un leve gemido de dolor escapó de mis labios.-¿Te duele?- preguntó cuando la presión paso a ser una especie de caricia.-Un poco.Me remangó la manga hasta el hombro y untó un ungüento maloliente en mi piel.-¿Qué carajos es eso?- protesté al notar pegajoso el brazo.-Para los dolores musculares, está hecho de hierbas medicinales, te vendrá bien si queremos seguir con el entrenamiento.-Me tendría que bañar con eso si pretendes que vuelva a levantar una espada, porque los brazos no son lo único que me duele.Me miró directamente a los ojos y eso me hizo sonrojarme de nuevo.-No tienes por qué avergonzarte- dijo, pero tan bajito que pareció un susurro- es normal que te duela después de haber pasado todo el día cargando peso. ¿Cómo se te ocurrió saltarte las comidas?¿Creía que lo que me daba vergüenza era eso?-No es precisamente esa razón- protesté, aunque sin pensarlo, por lo que cuando me di cuenta de lo que había hecho cerré la boca rápidamente.Me miró como si no supiera de lo que hablaba y me remangó la otra manga para untar el brazo izquierdo.-¿Qué es entonces?Me puse aún más colorada, si es posible.No pensaba responder. Me concentre en el alivio que sentía en el brazo derecho y que empezaba a notar también en el izquierdo.-Bueno, ¿qué más te duele a parte de los brazos?- preguntó cuando terminó de untar el ungüento.-Todo- respondí.-Sé mas específica.-No puedo. La respuesta es todos y cada uno de los músculos de mi cuerpo.-¿Levas algo debajo de ese jersey?Tenía las mejillas ardiendo, debía parecer un tomate maduro.-Una camiseta de tirantes- contesté.-Pues quítatelo para que te de en los hombros. Ya que te duele todos los músculos, voy a intentar aliviar los que me sea posible o no empezaremos el entrenamiento hasta que caiga la tarde.Al final hice lo que me dijo, no sin antes pensar en la posibilidad de enterrarme en un agujero.No entendía lo que me pasaba, él solo intentaba ser amable conmigo.Se colocó detrás de mí y bajó los tirantes para masajear mis doloridos hombros con el mejunje maloliente mientras yo escuchaba el frenético latido de mi corazón, estaba segura de que con el buen oído que debían tener los elfos, él también lo oiría y eso hacía que latiese aún más rápido.-No me has contestado a la pregunta de antes- susurro demasiado cerca de mi oreja con tono divertido. Estaba segura de que se lo estaba pasando pipa poniéndome nerviosa.-No pensaba contestar- respondí.-Entonces tendré que ser más persuasivo- su tono burlón me molestaba. Me fastidiaban sus cambios de humor en general; a veces era más seco que un palo, otras veces pasaba de mí, en ocasiones me prestaba demasiada atención...Sus pulgares se deslizaron hasta mis omóplatos y los masajeó con movimientos circulares. Me estremecí y escuché su risa a mis espaldas.-Vamos, dímelo- ronroneó.-En serio, creo que eres bipolar, o tripolar- comenté, pero él ya sabía que tenía ganada esta batalla.Acarició mis hombros, aunque dudaba que lo siguiera haciendo para extender el ungüento- ¿cómo llegué ayer a mi habitación?-Te llevé yo.Mierdamierdamierda ¡lo sabía!-¿Era eso? ¿Que no te acordabas de cómo llegaste?-No...- tendría que haber dicho que sí.-¿Entonces?- su aliento erizaba la piel de mi cuello, casi podía sentir sus labios pegados a mi oreja y espaba segura de que si me inclinara un poco hacia la derecha, mi mandíbula rozaría su nariz. Sus manos reposaban sobre la parte trasera de mi cuello y de vez en cuando movía arriba y abajo el pulgar, haciendo que mi piel ardiese por donde la suya pasaba.-En serio, tienes cambios de humor graves, ayer me ignoras, hoy te empeñas en saber lo que pienso. Y estás muy cerca...-No vas a conseguir cambiar de tema- me advirtió.Cogí una bocanada de aire para luego expulsarlo de golpe por la nariz.-Me dormí con una sudadera y me desperté con un camisón- respondí atropelladamente.No respondió inmediatamente, pero pronto comencé a escuchar carcajadas.-¿Qué te pasa?- gruñí malhumorada.-¿Creías que te había cambiado yo?- dijo entre risas- ¿cómo pudiste pensar eso?-No hace gracia, podría ser. Tú me llevaste y yo no me cambié...-Pues quédate tranquila. Fue una sirvienta- respondió sin dejar de reír- soy un caballero, no me habría aprovechado de una dama inconsciente.Me sonrojé de nuevo.-Yo no he dicho apro... solo pensé que... no quería decir que tú...- balbuceé.Siguió riéndose de mi durante un buen rato. Yo estaba tan colorada como un tomate, pero bastante aliviada. Porque el mejunje había hecho efecto y porque ahora ya sabía lo que pasó por la noche.


Holaa.Bueno, aquí está el nuevo capi. Siento haber tardado, pero he estado fuera y no he tenido a mano mi ordenador. Ahora que estoy pasando la Semana Blanca en mi casa tal vez tenga tiempo de subir algún otro, si no, habrá que esperar hasta Semana Santa.Espero que os haya gustado y como siempre agradecería mucho vuestros comentarios.Gracias por leer, comentar y poner esta historia en favoritos.Besos :)