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Puede el águila de Ravenclaw así lo quisiera — capítulo 6
Estaba sentada con las piernas cruzadas sobre el alfeizar de la ventana.Había decidido estudiar la magia de allí, para intentar descubrir el funcionamiento del espacio-tiempo de aquel mundo.Era parecido a las que yo sabía, solo que más vasta y tal vez, más poderosa.Me percaté también de que los libros de hechicería no abundaban en la gran biblioteca del palacio.-Señorita- me sobresaltó la voz de una mujer. La verdad es que era demasiado suave y melódica para ser una mujer humana, tenía ese acento élfico.Levanté la cabeza para mirarla. Sí, una elfa de largo y perfectamente peinado pelo castaño y ojos almendrados me miraba fijamente.-¿Sí?- contesté.Al parecer mis gafas la habían desconcertado. No había visto a nadie con anteojos, había imaginado que existirían, pero no.Normalmente no las usaba, tan solo para andar por casa, el resto del tiempo usaba lentillas pero solo me quedaban un par de cajas, eso significaba un máximo de dos meses, así que era mejor reservarlas por si acaso.-Hoy se celebra un gran banquete y Lord Elrond ha requerido su presencia en el. Debería cambiarse para la ocasión.Cerré el libro molesta y me levanté. No me gustaban los vestidos élficos porque me tropezaba constantemente con las faldas, pero también sabía que a ellos les incomodaba que me pasease con esas pintas por el palacio.Llevar vaqueros cortos, iba en contra del protocolo porque enseñaba gran parte de mis piernas, pero estaba muy cómoda con ellos.En verano, normalmente me vestía con shorts y jerseys anchos de agujeros. Además, no esperaba encontrar a nadie por allí y me había hecho un moño del que se escapaban tirabuzones desgreñados y mis gafas de pasta negras me daban cierto aspecto hipster.Una vez en mi cuarto suspiré y me resigné a vestirme apropiadamente.Me habían dejado un vestido largo blanco con algunos bordados azules y plateados. Tenía que admitirlo, los elfos tenían muy buen gusto y hacían unas ropas preciosas... que solo eran capaces de llevar con elegancia las mujeres de su raza.Me puse el vestido como pude y moví los brazos arriba y abajo para observar como flotaban las vaporosas mangas.Me hice una coleta alta. Al menos hoy no habían mandado a nadie a peinarme, cuando llegamos estuvieron tres elfas a la vez trenzándome el pelo.Pensé en ponerme las lentillas, por eso de que todo el mundo me miraría raro si aparecía con las gafas, pero no sabía cuánto tiempo me quedaría en la Tierra Media así que decidí guardarlas por si esos orcos feos hacían acto de presencia.Era mucho más sencillo luchar sin andar pendiente de que las gafas no se cayeran.Tal y como había supuesto, mi presencia atrajo muchas miradas. Había una mesa al fondo de la estancia donde se sentaban casi todos los que ya conocía. En el centro se sentaba el elfo de cabellos oscuros, a su izquierda, su hija charlaba con Aragorn y a la derecha se sentaba Gandalf, que me indicó que me sentase en el asiento vacío de su derecha.Suspiré al ver que, como no, al otro lado se sentaba Legolas, aunque él seguía hablando con Gimli como si nada.A regañadientes me situé allí. -Buenas noches- le dije al mago.-Buenas noches.Miré la comida que había sobre la mesa. Cómo echaba de menos los asados y postres de los elfos domésticos.Otra gran ironía, los de aquí eran completamente lo opuesto.La tía Hermione fruncía el ceño de forma muy graciosa cuando venía a la mansión Longbottom y veía a nuestra elfina. Estaba en nuestra casa desde que tengo memoria, pero nunca la habíamos tratado mal y a ella le encantaba trabajar para nosotros, además, era una elfina libre y le pagábamos aunque normalmente ella se negaba a cogerlo.Se llamaba Winky y al parecer ella había sido amiga de Dobby, un elfo doméstico de lo más famoso en la comunidad mágica.-Tengo que informarte de que partiremos dentro de tres días, al amanecer- me comunicó de pronto el mago gris.-¿Cómo?-Hemos de desempeñar una misión y el viaje es largo, siento decírtelo así, pero no he tenido ocasión.-Bueno, ya tengo las cosas en el bolso, solo me hará falta guardar...-No vienes.-¿Cómo?- repetí.-No esperarás que deje que una mujer venga en una misión como esta. Podrías resultar herida.-Perdona, pero he visto elfas defender la ciudad, así que no sé que pro...-Eres humana, no una elfa.-Soy una maga, no me quites méritos- estaba comenzando a enfadarme.-Aún así.-NO ESPERARAS QUE ME QUEDE AQUÍ SOLA SIN...-Baja la voz. No estarás sola, por si no te has fijado, es una ciudad llena de habitantes.-Deja a la dama Longbottom venir- interrumpió el enano. Me estaba empezando a caer realmente bien- es una buena guerrera y toda ayuda es bien recibida. Ya ha demostrado su valía en ciertas ocasiones.-Yo también pienso que debería venir- intervino Legolas- será de gran utilidad si resultamos heridos.Lo miré fijamente. Se comportaba con gran naturalidad. A lo mejor yo estaba haciendo una montaña de un grano de arena, al fin al cabo, solo había sido un beso. Probablemente él ya había besado a otras chicas antes y yo lo estaba exagerando excesivamente.Sus ojos se encontraron con los míos, aunque él frunció el ceño levemente.Gandalf suspiró.-Está bien. Pero al menos que alguien la enseñe a empuñar una espada o a disparar flechas.Yo sonreí y por poco abrazo al mago, pero me contuve, no habría quedado muy profesional por mi parte.-Preguntaré lo que todos tenemos en mente- intervino el enano- ¿qué es eso que lleváis en la cara?-Gafas- contesté sonrojada- son para ver bien.-Cuando te conocimos no las llevabas- comentó el elfo rubio.-Llevaba lentillas, son como esto pero van dentro del ojo- me miraron horrorizados- son blandas, no duelen, pero tengo pocas así que las estoy reservando.-¿Ha dicho dentro del ojo?- le preguntó Gimli a uno de los hobbits.-Yo he entendido eso.-Pero, ¿cómo es eso posible?-Ya os lo enseñaré- prometí mientras me servía un poco de algo que no sabía identificar.Seguimos comiendo en silencio, exceptuando al enano que no paraba de murmurar.-Vino, já, la cerveza es mucho mejor. Elfos estirados...- refunfuñaba.La verdad es que yo opinaba lo mismo, al menos la de mantequilla sí lo era.No me había servido vino porque me parecía mosto pasado, pero todo el mundo tenía su copa llena y los hobbits estaban ya un poco aceptados.Bueno, Gimli también había bebido mucho pese a que aseguraba que odiaba el vino élfico.-Teniendo en cuenta tu paladar...- murmuró Legolas.Sonreí levemente y me serví un poco para probarlo.Me disponía a darle un trago cuando una mano se interpuso entre la copa y mi boca.-¿Qué?- le pregunté a Gandalf, molesta.-¿Tienes edad para beber?-De donde yo vengo ya soy mayor de edad. ¿Cuánto es aquí?-Para una mujer humana, más o menos, los quince- contestó Legolas, mirándome con interés.-Perfecto, porque tengo diecinueve.Le pegué un trago malhumorada, tal vez demasiado rápido, porque no me sentó del todo bien.La verdad es que estaba realmente bueno, si no me lo llegan a decir, jamás habría adivinado lo que era.-Eres un exagerado, está bueno- le discutí al enano, que ya apenas era capaz de centrar la vista- pero tienes razón, la cerveza está más rica.Legolas me miró sorprendido y molesto a la vez, lo que hizo reír a Gandalf.Estuve a punto de contarles lo rica que estaba la que hacía mi elfina, pero creo que habría sonado muy ofensivo hablar sobre los elfos domésticos.La cena transcurrió con normalidad, excepto por que Gimli cayó de la silla y se quedó dormido tras decir un montón de incoherencias.Yo no andaba lejos de la borrachera. Veía a los elfos beber una copa tras otra y ninguno de ellos daba señales de estar afectado por el alcohol, al igual que Gandalf.Tonta de mi, pensé que a los enanos y hobbits se les subía a la cabeza antes porque eran más pequeños o algo, sin tener en cuenta, que, claramente, los elfos tenían más aguante que los humanos y que Gandalf lo licuaba con agua.Cuando retiraron las mesas para dar comienzo al baile yo ya estaba medio mareada, aunque no había llegado al punto de perder el control sobre mi boca.Todos sabían bailar perfectamente, y yo me reí al pensar que el único baile con pareja que conocía, era el que abríó el baile de Navidad el año del Torneo de los Tres Magos y ni siquiera lo hacía bien.Me senté en una esquina a observarlos.Una elfa tras otra le pedían un baile a Legolas, y él aceptaba siempre. Me hacía gracia ver como babeaban por él, pero claro, era un gran partido: príncipe, guapo, amable, gran guerrero y arquero, inteligente... *Aryah, que te pierdes.*Sacudí la cabeza. El maldito vino me había afectado más de lo que pensaba.-Eres la única dama soltera con la que aún no he tenido el placer de bailar- dijo después de un rato una voz a mis espaldas, cuando estaba distraída.Me asusté y di un bote de los más patético.-No se bailar- contesté nerviosa, notaba como las puntas de su pelo me acariciaban el hombro- además, no creo que sea apropiado, ya sabes...-Descuida, no me hago ideas erróneas, pero ya he bailado con muchas elfas, es por variar un poco- contestó burlón- estoy seguro de que antes de lo que pasó, habrías aceptado, ¿me equivoco?-No.-¿No eras tú la que quería hacer como que nada había pasado?-Sí.-Entonces- se inclinó frente a mi y extendió la mano en mi dirección- ¿me concedéis este baile?Suspiré derrotada y dejé las gafas sobre el banco. No tenía otras y no quería romperlas, no recordaba el hechizo reparador porque no lo había usado nunca.Veía bastante borroso, pero eso no afectaría a mi ya de por si horrible forma de bailar.-No conozco esta clase de danza- ¡cómo si lo fuese a hacer mejor con una conocida!-Es muy sencillo, yo te llevo.Acepté su mano, posé la otra sobre su hombro y él me cogió por la cintura.-Solo tienes que dar un paso hacia delante y otro hacia detrás.Asentí con la cabeza en intenté seguir el ritmo de la música.Le pisé en un par de ocasiones, pero no pareció molestarle lo la más mínimo.Apenas sin darme cuenta íbamos rotando al rededor de las otras parejas, dando vueltas, y todo parecía estar perfectamente sincronizado.-Estas tan roja como un tomate, creo que te has pasado con el vino.Me sonrojé aún más. Debía tener una pinta horrible. ¿Qué más te da? preguntó una vocecilla de lo más molesta en mi cabeza.-Sí, bueno, no me he dado cuenta, porque todos bebíais y no he tenido en cuenta mi raza.Él sonrió un poco y justo en ese instante terminó la canción.Se separó e hizo una pequeña reverencia, besando mi mano.Recogió mis gafas y me las puso de nuevo.-Deberías irte a dormir. Mañana te espera un duro entrenamiento y no voy a ser más blando solo porque seas una dama.-¿Qué tú vas a ser mi...?- pregunté alarmada.-Sí- contestó antes de que terminase de formular mi pregunta. ¡Qué manía tenían de cortarme en medio de las frases!Dejé caer los hombros derrotada. Los elfos eran grandes guerreros, por lo que había visto en mi corta estancia allí; lo último que me faltaba es que uno con grandes expectativas pretendiese que sostuviera una espada.Una vez cogí la de Griffindor, que mi padre guarda en casa, para hacerme la guay ante unos amigos y no fui capaz de levantarla del suelo, en donde se había caído. ¡Menuda bronca la que me llevé! -Que descanses- se despidió- te quiero ver en el patio de entrenamientos al amanecer.¡Pero como les gustaba levantarse junto al sol! Podrían programar algo para las diez, pero no, ¡al alba!