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Tras esos ojos de hielo — capítulo 22

NANAHI Eva estaba sentada frente al arbolito muerto. No había sido capaz de sanarlo y ahora no era más que un simple tronco viejo y seco.No lo entendía, debía ser capaz de hacer estas cosas, incluso sin varita, ¿por qué no podía? Sentía la magia flotando en el ambiente, aunque no era del todo como ella la recordaba. Cuando hacía hechizos en la escuela, sentía ese cosquilleo que empezaba desde su corazón hasta las puntas de sus dedos, y una calidez muy agradable que le recorría el sistema nervioso. Una sensación refrescante, como si su energía se renovase. Sin embargo, pese a no haber sido capaz de hacer ningún hechizo desde que llegó a Idhún, sabía que aunque canalizase esa energía no sería igual, porque no era magia libre y ligera. El ambiente estaba cargado de oscuridad y corrupción, no de luz y pureza como debería.Le ponía los pelos de punta. Incluso Rawel le daba esa sensación, aunque no le había prestado mucha atención, porque la mayoría de los magos desprendían esa aura oscura. Sorprendentemente, el anciano Feinar no le inspiraba esos sentimientos, su aura le resultaba cálida y hermosa, tan pura como la que ella recordaba pese a que el anciano no la apreciaba demasiado. Tal vez por eso, decidió ir a hablar con él en vez de contarle sus dudas a Rawel, Saissh o cualquier otro habitante de los túneles que le sonriese.La resistencia había montado una pequeña biblioteca en una de las cámaras, aunque también era la sala de reuniones para decidir estrategias. De todos modos, Eva sabía que encontraría allí al anciano mago.Se aclaró la garganta para hacerle notar su presencia, pero Feinar no se inmutó.-Disculpa- empezó ella al ver que no le haría caso si no iba directa al grano- tengo preguntas, y me gustaría que respondieses.-Yo tengo trabajo, y me gustaría que me dejases- contestó, sin molestarse en alzar la mirada.-Pero...- replicando no iba por buen camino, así que rectificó-: hagamos un trato.-Te escucho.-Sé que los magos de Idhún estáis obsesionados con la magia y el conocimiento, por eso te propongo esto: tú respondes a mis preguntas, y yo te cuento cómo funciona la magia en la Tierra.-En la Tierra no hay magia.-Claro que sí, hay todo un mundo mágico. Aunque por lo que he podido comprobar, no hay magos, solo semimagos.El anciano la miró con atención.-Seguiré cuando me confirmes que hay trato.-Está claro que tu padre es un shek- murmuró- está bien, pero no me fío de las serpientes, así que antes quiero que cumplas tu parte.Eva no estaba segura de poder confiar en que él cumpliría el trato, pero no discutió y le habló del ministerio, de Hogwarts, de quidditch, de criaturas mágicas... respondió a todas y cada una de las preguntas del hombre, lo que le llevo más tiempo del que pensaba. Pero, finalmente, mereció la pena.-Está bien, resolveré tus dudas- dijo al fin el mago- ¿qué quieres saber?-¿Por qué está sucia?- no tuvo que añadir nada más, el hombre entendió.-Porque no hay unicornios para canalizarla. La magia es como el agua, si pasa por un camino lleno de barro, se enturbia. Los humanos no son adecuados para moverla no otorgarla, pero lo hacen y la corrompen.-¿Y tú? ¿Por qué no eres como los otros magos?-Porque a mi me la dio un unicornio cuando tenía doce años, nunca olvidaré aquel hermoso ser. Cuando un unicornio te toca, es imposible borrar sus rasgos de tu cabeza, a cambio de tan maravilloso don, solo piden tu nombre. Son criaturas de luz, sin un ápice de maldad, por eso la magia es hermosa cuando ellos la canalizan.Eva pensó en ello detenidamente y entonces recordó el interés que había mostrado el mago por Lunnaris.-¿Fue mi madre quien te entregó el don de la magia?-No, a Lunnaris nunca la vi como un unicornio. Cuando nos conocimos solo era una muchacha aterrorizada, aunque lo ocultaba muy bien- Eva quería que le hablara más sobre Victoria, era el único que le había dicho que tenía forma humana y eso le hacía pensar que realmente podía ser su madre. No tuvo que decirlo, el hombre continuó sin que lo pidiera-. Demostró mucha fortaleza incluso cuando estaba a punto de morir de agotamiento, un desierto para los unicornios puede ser mortal, pero ella aguanto. Solo era una chiquilla, tendría unos diecisiete por aquel entonces, aunque su mirada era la de una anciana. Podía ver su luz en el fondo de esos preciosos ojos castaños, pero se apagaba lentamente. No me siento orgulloso de haber apartado la mirada de mientras ella agonizaba.-¿Querías matarla?- preguntó Eva con voz impasible, aunque estaba horrorizada por el giro que había dado la conversación.-¡No! Claro que no- exclamó el mago-. Pero mi jefe quería atraer a Yandrak, el dragón valía su peso en oro. Era lo que más querían los sheks y conseguiría una gran riqueza si lo capturaba. Si Lunnaris tenía la apariencia de una adolescente, Yandrak también, por lo que no sería difícil capturarlo una vez acudiese, aunque si estaba en plena forma física, tal vez era complicado llevarlo hasta las serpientes, por lo que le encomendó una misión que lo destrozara a cambio de devolverle a su amada, aunque no tenía intención de hacerlo. Él aceptó, pero yo sabía que Lunnaris no aguantaría por mucha prisa que se diese. Su luz se apagaba más y más cada segundo que pasaba y no podía pagar el precio que mi jefe le pedía por salvarse.-¿Qué pedía?-Que le transformase en mago. No puedes obligar a un unicornio a otorgar la magia. Ella quería hacerlo, al menos su parte humana estaba desesperada por salvarse, pero en el fondo, el unicornio se negaba, así que no era capaz de cambiar su cuerpo y por lo tanto no podía cumplir los deseos de su secuestrador.-Yandrak volvió a tiempo, entonces. Porque mi madre vivió.-Más bien ella llegó a tiempo. No podía ver cómo moría el último unicornio, así que la liberé. No fue suficiente por mi parte, jamás me perdonaré haber hecho oídos sordos a sus suplicas. Por eso te he ayudado- clavó sus cansados ojos en los de la chica-. Porque pese a que detesto a tu padre y tu descendencia, le debo disculpas a tu madre y su luz brilla en ti, aunque esté oculta tras esa muralla helada que te define como shek. Tú eres la única que puedes hacer que dejen de corromper la magia, debes defender el legado de los unicornios.Eva se apartó el flequillo de la cara y cerró los ojos, ¿por qué todos esperaban tanto de ella? ¿Qué se suponía que debía hacer?-¿Qué debo hacer?- repitió en un susurro, sin darse cuenta.-Liberar Idhún- respondió Feinar.-¡¿Cómo?! Todos dicen que soy poderosa, que combino dones de dos razas grandiosad y que soy un gran peligro. Hablan como si fuese invencible, un arma de destrucción masiva cargada con un potencial impresionante, pero no lo soy. ¡No lo soy! No soy poderosa, no me puedo transformar ni en shek ni en unicornio, no soy maga ni leo mentes, no puedo canalizar magia mejor que un semimago cualquiera. No soy esa persona que todos creéis. Puede que hayáis acertado con mis padres, pero yo no soy lo que queréis que sea, no más que cualquiera de los que estáis aquí.Le sentó bien desahogarse, llevaba tiempo queriendo hacerlo, pero no había podido.-Tanta gente no puede estar equivocada, Lune. Harás algo importante, aunque no sea como esperamos, serás la salvación de Idhún.-¿Qué tengo que hacer?- pregunto, intentando ocultar su desesperación. Se avergonzaba de si misma, no le gustaba su nuevo yo, tan vulnerable y débil emocionalmente.-Solo los Dioses pueden saberlo.Eva repitió esa frase en su cabeza, como si de eco se tratase.-Eso es. Los Dioses. -No es conveniente pedirles ayuda, pero hazlo si quieres. De todos modos, no te escucharán.-¿Dónde puedo encontrarlos?


LONDRES Un único sol empezaba a ocultarse y a teñir el cielo de un color anaranjado cuando El Grupo de Rescate (nombre que James había elegido sin escuchar más sugerencias) se reunió frente al portal. <<Vaya, Kirtash, te va a tocar hacer de niñera>><<No estás en condiciones de hablar, dragón, mides menos que un lápiz>>Yandrak gruñó, no le gustaba que se lo recordasen.El hombre de negro empezó con el hechizo, utilizando palabras que ninguno de los jóvenes presentes había escuchado jamás.Erik estaba molesto. Muy molesto. Sentía que su padre le ocultaba algo realmente importante y odiaba sentirse confundido e ignorante. Pero eso no era lo peor, no. Lo que más le molestaba a Erik era saber que siempre había estado engañado, lejos de la verdad. Empezaba a creer que su vida entera había sido una mentira y las preguntas no hacían más que multiplicarse en su cabeza.Una luz cegadora iluminó el interior del hexágono y todos intentaron proteger sus ojos, todos menos Kirtash, que mantenía su helada mirada fija en los dibujos de Eva.-¿Qué quieres, Shizuko?- preguntó de pronto el hombre.La confusión duró apenas un instante, hasta que una mujer con rasgos orientales salió de entre las sombras.-Lo que prometiste- respondió.-No he prometido nada.-Yo lo tomé como una promesa, Kirtash. Ayudé con esto, envié a muchos sheks a proteger a ese maldito dragón que tienes por...<<No sigas, lo he entendido>> Ella supo que no sería necesario añadir nada más, había conseguido su objetivo.Los jóvenes no sabían de dónde había salido aquella mujer llamada Shizuko, ni que relación tenía con Kirtash o con Eva, pero fue ella la primera que se adentró en el portal y se perdió en la cegadora luz.El hombre de ojos azules esperó pacientemente a que alguno de los magos se diese cuenta de que debía cruzar también, aunque todos miraban recelosos el hexágono.Inesperadamente, una de las chicas, la que parecía más pequeña que los demás pese a ser idéntica a otras dos muchachas, entró con paso decidido.-Voy a por ti, Eva- susurró, aunque nadie la oyó.-No voy a dejar que Elaia se lleve los laureles, a Eva la salvo yo que para eso soy su príncipe azul- bromeó James para olvidarse de su nerviosismo.-Más quisieras- respondió Fred- más bien eres su mascota.Lentamente, se fueron envalentando y cruzaron también, uno a uno.-Papá- lo llamó Erik antes de perderse en la luz- al menos tendrás que informarnos de dónde hemos ido a parar cuando lleguemos, ¿o eso tampoco vas a decírnoslo?Kirtash frunció el ceño, molesto, y miró como el chico se marchaba sin decir una palabra.<><<Sí, pero tiene los ojos de Victoria>><<No lo decía por su aspecto. A veces tiene brotes de esa idiotez adolescente de la que solías hacer gala>><<Él no ha tenido que ir al mismísimo infierno para madurar, al menos>><<Nunca llegaste a hacerlo, no te equivoques. Solo dejaste de ser tan poco precavido>><><<Las cosas en Idhún no estaban mejor, deja de quejarte>><<¡FUE CULPA TUYA! ¡TÚ ME MATASTE! Rayos, debí dejar que Victoria te clavase la espada en el corazón>>Kirtash no añadió nada más y se dispuso a seguir al grupo. Sabía que al otro lado lo esperaban tres lunas, un ejército dispuesto a acabar con ellos y... Eva.


VANISSAR -Aún no la habéis encontrado- no fue una pregunta, pero aún así los soldados asintieron.-Señor, no sabemos dónde está la base de la Resistencia, son buenos ocultándose- se atrevió a decir uno.-Bueno...- comenzó de nuevo el Rey, con tono calmado- entonces no es culpa vuestra.-Gracias por comprender, señor, nosotros solo somos...-UNA PANDA DE VAGOS INÚTILES- gritó y derribó la mesa donde tenía colocado un mapa tridimensional de Idhún- ¡Salid de aquí antes de que me aburra de vuestra holgazanería y os mande quemar a todos! No quiero que volváis hasta que no me traigáis a esa maldita víbora, ¿entendido? -Sss... sí señor- respondieron los tres soldados a la vez y se apresuraron a dejar la estancia.-Tanawe- susurro, recuperando su voz normal-, me estás fallando.-No os estoy fallando, rey Covan- respondió la única mujer del castillo que no le temía. Como fabricante de dragones del reino, tenía el monopolio, si ella moría, el secreto de aquellas máquinas se iría con ella a la tumba, por lo que Covan nada podía hacer que atentase contra su vida si quería seguir surcando los cielos de Idhún-. Si no están a la vista, mis tropas aéreas poco pueden hacer.-Tanawe, mi problema no es ese, no al menos el que tengo contigo.-¿Cuál es, entonces?-Que tus dragones no son los únicos que vuelan bajo los soles.-Me... me temo que no entiendo- contestó, dudando por primera vez en años. Sabía a lo que se refería el rey, pero no esperaba que él estuviese enterado.-Lo reconozco, esos rebeldes han hecho un gran trabajo, casi parecen obra tuya- comentó- como si tu misma hubieses enseñado al fabricante de la resistencia. Dime, ¿has compartido tu secreto con alguien?-No- mintió.-¿Y que me dices de tu pequeño? Recuerdo haberle visto de niño muchas veces en tu taller. Me suplicaste que le diese el don de la magia, si no recuerdo mal.-Rawel está muerto- susurró, apretando los puños.-Claro, claro. Disculpa mi poca delicadeza.-Si no queréis decirme nada más, me voy. Tengo un grupo de pilotos esperando órdenes.-Vete, entonces.La mujer salió rápidamente, cerrando la puerta de un portazo tras ella.Covan no confiaba completamente en ella, la suya no era una alianza fuerte, no lo suficiente como para una persona de tan alto cargo. Tanawe solo lo hacía por venganza, no por un verdadero motivo. Ella odiaba a los sheks porque se habían llevado la vida de su marido y la de su hijo, pero Covan estaba seguro de que en realidad no quería dañar a la resistencia. Su único objetivo era Lune, y eso le molestaba.-En cuando dejes de serme de utilidad, te mataré- susurró para si mismo.Primero tienes que encontrar a esa serpiente que tantos problemas te está dando. Susurró una conocida voz en su cabeza.Qué patético, no eres capaz de ganarle a una simple niña, me das vergüenza.-¡Cállate!- gritó el rey, tapándose los oídos.Y pensar que te admiré toda mi vida, ¿cómo se me ocurriría dejarle mi reino a tal incompetente? No eres digno de llevar mi corona, ni de empuñar mi espada, maestro. La voz susurró esa última palabra con un deje burlón.-¡DÉJAME EN PAZ!- chilló Covan. Cogió un cuchillo y con un corte seco rasgó el tapiz que colgaba de la pared, que calló al suelo hondeando levemente.-Yo no soy un incompetente. Yo sigo vivo y mi reino es el mas poderoso. Tú... tu solo eres un fantasma, ni una sombra de lo que eras. Alsan de Vanissar, ahora solo eres un recuerdo y tu grandeza no se puede comparar a la mía- dijo y empezó a reírse de mientras observaba el rostro que lo observaba con una seria y digna mirada cosido en el tapiz a sus pies.


GRAN ORÁCULO No había un largo camino desde el refugio de los rebeldes hasta el Gran Oráculo, aunque la nieve dificultaba notablemente el viaje. El único que sabía que se dirigía hacia allí era el anciano mago, que le había dejado un extraño animal peludo y rápido que parecía inmune a los ataques del tiempo.Eva creía que se moriría en el camino cuando al fin vio el gran edificio a través de la nieve. Sin duda, ese debía de ser el Gran Oráculo del que le había hablado Feinar.Tenía pinta de estar abandonado, aunque no estaba en tan mal estado como debió haber estado durante la guerra, estaba claro que había cachos reformados.Se alegró en parte de que no hubiese nadie, todo sería más fácil. Aunque tenía un aspecto siniestro, tan silencioso y oscuro.Sus pasos resonaban ampliados por el eco, como decididos a decirle a todas y cada una las sombras que se ocultaban en las esquinas oscuras que ella estaba allí.Llegó a la sala de los oyentes, lo supo por la gran cúpula que adornaba el techo. Aunque también podía deberse a las voces susurrantes que se oían.No sabía que debía hacer exactamente. No tenía ni idea de cómo se les rezaba a los Dioses idhunitas, así que lo intentó como sabía ella.Su padre no era religioso, pero sí su tía, por lo que Eva había estado obligada a ir a misa unos cuantos años. Se arrodilló en el centro de la sala, juntó las palmas y las puso a la altura de su rostro. Cerró los ojos y se concentró en las voces que susurraban casi imperceptiblemente, aunque no podía entenderlas.-Dioses de Idhún, sé que no soy digna de vuestra atención, ya que a penas empiezo a pertenecer a este mundo, pero quiero pediros ayuda. Estoy perdida, no sé que debo hacer. Respiró hondo.-Quiero pedirle ayuda a la Diosa Irial, señora de la luz y madre de humanos y unicornios. Sé que tal vez mis triviales dudas no sean de tu interés,  pero creo que la corrupción de tu luz sí te concierne. Por favor, ayúdame a defender el legado de los unicornios- suplicó la joven, abriendo los ojos y alzando su rostro hacia las tres lunas que decoraban el firmamento.No estaba segura de qué esperar. Tal vez una voz que se alzase entre las demás y le dijese lo que debía hacer o cualquier otro cambio. Todo siguió igual.Aguardó unos minutos, esperando alguna señal de que habían escuchado sus ruegos. Finalmente, se dispuso a marcharse, resignada. Feinar tenía razón, a los Dioses de Idhún les daban igual los mortales y los problemas. Si no habían intervenido en las mayores guerras que habían azotado el plano mortal, no se inmiscuirían esta vez tampoco.-¿Qué se supone que voy a hacer ahora?- susurró, decepcionada.-Llevarme hacia los rebeldes- ordenó una dulce voz infantil, sobresaltando a Eva. Se dio la vuelta, recelosa. De pie, donde había estado ella arrodillada unos instantes antes, había una niña. No tendría más de siete años, pero aún así Eva se tensó. Era la pequeña más hermosa que había visto en toda su vida, su belleza era casi inhumana. Tenía un pelo blanco, brillante y sedoso que le llegaba hasta la cintura como una cascada ondulada y perfectamente peinada. Su piel parecía hecha de mármol, completamente lisa y sin imperfecciones, Eva estaba segura que su tacto debía de ser parecido al del terciopelo y muy cálido. También tenía unos labios finos y rosados y unos dientes perlinos. Pero, sin duda, sus ojos eran los más extraordinarios que jamás había visto:  enormes y enmarcados por densas y largas pestañas azabache, con la pupila más negra que una noche sin estrellas, aunque mucho más luminosos que los de cualquier unicornio. Dos grandes pozos sin fondo que la observaban con la sabiduría del que ha visto un mundo nacer y evolucionar.Vestía una simple y ligera túnica blanca, impoluta como toda ella y decorada con cintas y lazos con lenguaje arcano bordado a partir hilos dorados, que perfectamente podrían haber sido rayos de sol.-¿Qui... quien eres?- preguntó Eva, aunque ya se temía la respuesta.-Me has pedido ayuda y he acudido. Tienes razón, joven mortal, no me gusta lo que mis hijos están haciendo con la luz que les di. Ese era el poder de los unicornios, los humanos son demasiado codiciosos como para manejarlo. Es hora de poner las cosas en su sitio- la dulce voz que salía de esos pequeños labios se tiñó de ira y poder de una forma aterradora. Pese a su vulnerable recipiente, dentro se encontraba comprimida la esencia de una Diosa y saber eso hizo que Eva se encogiese de miedo. -Diosa Irial, gracias por escuchar los ruegos de los mortales- susurró la chica, arrodillándose con respeto ante la señora de la luz, aunque empezaba a dudar que hubiese sido una buena idea acudir a ella.


Holaa :)Espero que os haya gustado el capi, siento haber tardado tanto en actualizar.Los comentarios siempre son bien recibidos y agradecidos, así que decidme qué os ha parecido, no cuesta nada ;)Besos