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Tras esos ojos de hielo — capítulo 23

Nunca había creído en el destino, opinaba que las decisiones que uno toma son las que deciden tanto su futuro como el de las personas que lo rodean; sin embargo, por primera vez, eso no servía para calmar sus nervios. No podía evitar preguntarse una y otra vez cómo repercutiría en las vidas de sus hermanas el verse arrastradas junto a ella a un planeta distinto, donde comenzaban a sonar los tambores de guerra.Idhún, un mundo del que nunca antes había oído hablar de repente se hacía real ante ella, aterradoramente material. Al traspasar el portal se encontraron  perdidos en un bosque, antiguo hogar de los unicornios, no muy distinto al que había al lado de Hogwarts; igual de frondoso y oscuro. Nadie diría que ese mismo lugar había sido la morada de seres de pura luz, pues se podía notar la oscuridad flotando en el ambiente. Para las personas que tenían cierto contacto con la magia, como los semimagos, era obvio que algo no marchaba bien en aquel lugar. Si bien había más cantidad de energía canalizable en la atmósfera, también era mucho mas sucia e impura. Elaia estaba segura de que si tratara de realizar un conjuro, aunque fuera uno de los más simples, se sentiría enferma. Había escuchado atentamente la historia del padre de Erik, y la clase intensiva sobre mitología e historia idhunita le había recordado a las clases de Historia de la Magia del profesor fantasma. Había hecho su mayor esfuerzo para comprender lo sucedido en la guerra de la Cuarta Era; la extinción de los unicornios y los dragones, el retorno de los sheks, la batalla de las cuatro torres, el imperio de Ashran, la profecía, la intervención de los Seis...La gran pregunta era: ¿dónde está Eva? Nadie podía responder con total seguridad. El padre de Erik valoraba la idea de que aún estuviera en Nandet, el reino que dirigía el hombre que presuntamente se la había llevado. Confiaba en que ella hubiese escapado y se hubiese ocultado en alguna parte de Idhún, lo que les haría más difícil encontrarla aunque la chica probablemente tendría más posibilidades de sobrevivir de ese modo. Si no había conseguido huir y no se encontraba en Nandet... bueno, eso era la tercera teoría del hombre: la habían ejecutado.Shizuko defendía que si ella estuviese muerta, el paso les habría sido cortado, porque no habría puente entre la Tierra e Idhún, pero en el fondo sabía que existía la posibilidad de que llegasen demasiado tarde.-Shizuko, llévate a un pequeño grupo contigo. Estoy seguro de que has oído hablar de la profetisa de las tribus limyatis, si alguien puede saber dónde está Eva, es ella. Búscala y convéncela de que responda a tus preguntas- ordenó Kirtash.-Las profetisas no son muy dadas a compartir sus conocimientos con el resto del mundo. No nos dará lo que pedimos- replicó la mujer.-Es posible hacer tratos con ellas, págale cualquier precio que pida- zanjó el tema él-. Yo iré a Nandet, si Eva sigue allí no tenemos tiempo que perder en viajes. ¿Quién sabe luchar y está dispuesto a arriesgarse?-Yo- respondió James sin dudar.-No quiero cobardes a mi lado, si vienes no tienes vuelta atrás.-Lo sé.-También iré yo- dijo Elaia avanzando un paso.-Si va una de nosotras vamos todas- añadió Eloie arrastrando tras de si a Enara.-Rose Weasley nunca deja a una amiga estancada- gritó la pelirroja, con su varita en alto.Uno a uno, todos los jóvenes magos se presentaron, dispuestos a arriesgar sus vidas por la chica que habían ido a salvar.-He dicho dos grupos.-Estoy harta de hacer de niñera. Tú- señaló a Elaia- vienes conmigo y también te vienes tú, tú y tú- continuó eligiendo a Lily, Albus y Rose- y para que el de las gafas no sea el único chico también te vienes tú- finalizó escogiendo a Scorpius.Elaia pudo observar como se le subía el color a las mejillas a Rose, estaba enfadada y se estaba conteniendo para no protestar, no sería propio de una adulta gimotear porque habían puesto "al idiota de Malfoy en mi grupo" y no quería portarse como una niña delante de la asiática.-Nos mantendremos en contacto-. No era una pregunta, más bien parecía una orden. Los ojos de hielo de Kirtash miraron intensamente los oscuros de la shek y ella asintió.-Buena suerte- se despidió Eloie.-No mueras- añadió Enara.Elaia sonrió, sabiendo que esas podrían ser las últimas palabras que intercambiasen.Por favor, que mis decisiones no las maten rogó interiormente, sabiendo que nadie la escucharía.

La Resistencia El territorio de las hadas había caído. Las tropas de los humanos se habían apoderado del bosque de Awa y eso marcaba su victoria.A lo largo de los años el ejército de Nandet había ido conquistando las tierras de las otras especies: Celestia había sido el primero en caer debido a la escasa resistencia por parte de los Celestes, amantes de la paz; Kash-Tar no era propiamente dicho un reino que se pudiese conquistar, pero la caída de la Torre de Awinor había terminado con la resistencia de los yan; los varu se mantenían bajo el mar, sabían que en su elemento eran fuertes y que mientras permaneciesen en sus tierras no los atacarían, por lo que le habían dado la espalda al mundo y se habían sumergido en lo más profundo del océano, aislándose de la superficie; los gigantes que nunca antes habían reconocido a ninguna autoridad se doblegaban al mandato del rey Covan después de haber visto como las potentes garras de piedra maldita de los dragones eran capaces de provocar desprendimientos y destrozar sus montañas. Los feéricos eran los únicos que habían mantenido a los humanos fuera de su territorio, defendiendo a toda costa las lindes de sus bosques y por lo que eran la única raza libre que quedaba en Idhún. Pero el bosque de Awa había caído, y con él todos los demás. Algunos habitantes habían conseguido sobrevivir, logrando así escapar de sus atacantes y habían llegado de una forma u otra hasta el cuartel de la resistencia. Pese a que Nanhai era propiedad humana, seguía siendo el sitio más adecuado para esconderse. Los gigantes no los delatarían, a ellos les daba igual lo que hiciesen y algunos se habían unido a la lucha por la libertad. El clima extremo de las montañas y la dificultad para llegar hasta las grutas hacían más fácil el mantenerse ocultos de las miradas ajenas.El rumor de la presencia de la Diosa Irial entre las filas de los rebeldes había corrido como la pólvora y había atraído a más personas dispuestas a luchar. La gente que no sabía la verdad sobre los extraños fenómenos que habían ocurrido durante la guerra de la Cuarta Era confiaba en que la madre de los humanos, señora de la luz y la sabiduría, sería capaz de detener a sus criaturas. Si embargo era un mero rumor, todos los recién llegados suplicaban que los llevasen ante ella, pero nunca lo conseguían.Si insistían en verla, los conducían hasta los aposentos en los que descansaba el cuerpo con el que había entrado a los túneles.Cuando Lune volvió, venía acompañada por la Diosa: una hermosa niña de cabellos blancos que desprendía una luz casi cegadora. Nadie dudó de su identidad, todos de inclinaron ante ella reconociéndola como señora de las estrellas, pero ahora el cuerpo que había ocupado no era más que un recipiente vacío. Había decidido dejar el plano terrenal, nadie sabía por qué ni por cuánto tiempo se había marchado, pero estaba claro que ella ya no estaba allí. El pequeño cuerpo con el que se había envuelto parecía muerto: pálido y frío. Ni el más valiente se atrevió a tocarlo, por miedo a desatar la furia de los dioses,  pero temían que se acabase pudriendo si ella no volvía a darle vida por lo que mantenían la temperatura de la habitación lo más baja posible. Eva no le había dado mayor importancia; sabía que ella volvería, había escuchado las palabras que le había dado por respuesta y estaba segura de que las cumpliría.Ella seguía concentrada en su pasado, buscando sin parar información sobre los héroes de la última guerra, tratando de volver a sentirse cerca de Victoria y Jack, o Lunnaris y Kirtash como los llamaban allí.No había mucho sobre esa última etapa, los historiadores habían escrito muy poco antes de que Covan perdiese la cordura.Quería revelar su pasado oculto. Le habían contado cosas, pero ningún detalle. Ella no quería saber que el príncipe Alsan, transformado en una especie de bestia semihumana, había liderado a los rebeldes del bosque de Awa y que había matado a su hermano. No le interesaba ni lo más mínimo los acuerdos que Vanissar había hecho con Ashran o cómo el Nigromante se había hecho con todas las torres de hechicería.Cuando iba a darse por vencida, encontró un pequeño libro de tapas de cuero que tenía como portada la silueta de una mujer abrazando a un unicornio. Lo abrió con curiosidad, no parecía un libro de texto como todos los demás.Para los que deseen conocer la verdad estaba escrito a mano en la primera página. Preguntándose de qué se trataba se sentó en una de las mesas y acercó la lámpara de aceite al papel. Al principio le costó descifrar la intrincada caligrafía apretada y curvada del autor, pero lentamente se iba acostumbrando a ella y se le hacía más fácil leer la historia que ocultaban esos símbolos que había aprendido hacía muy poco.Eva estaba convencida de que aquel era exactamente el libro que ella había estado buscando, porque en ellos su madre no aparecía como la gran Lunnaris, una criatura extraordinaria e inalcanzable para los humanos, sino que se la presentaba como una muchacha de quince años que había venido desde la Tierra para salvar un mundo completamente extraño y aterrador para ella. Mi primer encuentro con los protagonistas de la profecía no fue ni de lejos lo que esperaba. Desde niña había fantaseado con que el gran Yandrak se cruzase en mi camino. Quería luchar por la libertad de mi pueblo al lado del último dragón de Idhún, pero esa magnífica criatura se presento ante mí como un muchacho enclencucho que de no ser por la chica que lo acompañaba hubiese muerto. Sí, Jack no era para nada el héroe que yo esperaba... ¿Jack? ¿Jack era Yandrak? Eva no era capaz de entender nada. Los idhunitas le habían dicho que era hija de Lunnaris y Kirtash. Había deducido que Lunnaris era Victoria y que Kirtash era Jack, pero ahora todas sus suposiciones se habían hecho trizas. Jack era Yandrak, el dragón de la profecía. Su madre era Victoria, Lunnaris el unicornio. Y su padre era Kirtash, el shek. Si Kirtash y Jack no eran la misma persona, ¿no era hija de Jack? ¿La había mentido durante tanto tiempo? Podía asumir que la había mantenido al margen de todo eso, que no le había contado su procedencia, pero que nunca le hubiese dicho que no era su padre... se sentía traicionada. *No me siento orgullosa de eso, pero admito que le propuse que pasáramos una noche juntos. Aquella noche había una fiesta al estilo yan, en la que venerábamos al dios Aldun. Yo sabía que era un completo descaro por mi parte proponerle algo tan indecente a una criatura tan poderosa como él, pero su aspecto no imponía demasiado. Pensé que aceptaría, se presentó en mi tienda con aspecto de estar decidido pero apenas nos habíamos dado un par de besos cuando algo en su interior saltó y le hizo darse cuenta de que la persona con la que realmente quería estar estaba en otra tienda que no era aquella.**Adoraba a Jack, él era todo lo bueno en mi mundo: la esperanza, el poder, la compasión... libertad, pero su corazón era de Victoria. Al principio la envidiaba e incluso le tenía asco, por aquel entonces yo era una joven caprichosa que no sabía ver más allá de mis propios intereses.**Imaginad mi cara cuando, años después, me enteré de que mi marido y él habían estado tomando copas juntos en un bar de mala muerte comentando lo difíciles que éramos las mujeres y los incomprensibles caminos del amor.**Yo aún no conocía a mi amado Rando, pero sí a Jack y a Victoria. Nunca supe nada sobre ese enfado pasajero que habían tenido en el que él estuvo a punto de abandonarla por miedo a que ella quisiese más a Kirtash que a él hasta que Rando me lo contó como una anécdota graciosa en la que se había emborrachado con el último dragón de Idhún, el legendario Yandrak que hacía eses al andar.**También me contó, mucho tiempo después, que mi querido amigo había estado muy preocupado por la posibilidad de que el bebé que crecía en el interior de Victoria fuese hijo del shek. No quería que ella lo abandonase o lo excluyese y estaba convencido de que si ese niño nacía con parte shek, ella se marcharía de su lado.*Aunque Victoria nunca habría hecho algo como eso, claro que no. Pese a todo, Jack se sintió muy aliviado al ver que el primer niño que tuvieron tenía el pelo rubio claro como el suyo. Reconocí, aunque muy tenue, el fuego de Aldun en el interior de Kareth; no cabía duda de que era hijo legítimo de Yandrak. Nunca llegué a conocer a Lune, aunque Vic me mando una carta de despedida cuando tuvieron que huir a la tierra. Lástima, me hubiese gustado ver al shek ejerciendo de papá, Kirtash nunca había demostrado tener mucha maña con los niños: todos los bebés que había cogido en brazos se habían echado a llorar. Rando me contó que cuando había sostenido al pequeño Erik este se había puesto a llorar como un loco, aunque al parecer no era la primera vez que le sucedía. Cuando el Séptimo encarnó a Gerde, se aseguró de tener un cuerpo que ocupar si sus planes no resultaban como quería y adoptó a una niña llamada Saissh. Al parecer Kirtash intento "practicar" pero la niña berreó desesperada hasta que se la quitaron de los brazos. Realmente me habría gustado saber si Lune se había quedado tranquila en los brazos de su papá.

Eva no podía asimilar tanta información de golpe. Jack no era su padre. Nunca había conocido a su progenitor.Buscó desesperada la firma de la autora de aquello que parecía un diario y la encuntró en la última página: Kimara.Necesitaba hablar con esa mujer. Ella realmente conocía a sus padres, fueran quienes fuesen, incluso parecía cercana a ellos, una vieja amiga.Tenía muchas preguntas que hacerle al respecto. No le cabía duda de que el Jack que ella describía era el mismo que la había criado, tal vez más joven y vital, pero él al fin y al cabo. Ella era la única que podía hablar sobre cómo había sido su madre y del que era su padre biológico. Nadie se había molestado en decírselo y ahora se sentía como si se hubiese quedado huérfana dos veces.¿Por qué, papá? Tú eras el único que no me había mentido. Confiaba en ti. Tu recuerdo me mantuvo viva el tiempo que estuve encerrada, pero ahora dudo de quién eres realmente. Eres un extraño para mí y jamás podré conocerte, porque has muerto y me has dejado sola.-Eva- saludó Rawel entrando a la pequeña biblioteca improvisada. Ella no respondió, seguía con los ojos fijos en las páginas del libro- ¿sucede algo?Apartó un mechón de pelo castaño ondulado que le ocultaba el rostro y lo colocó detrás de su oreja, aprovechando para acariciar la mejilla de la chica que mantenía una expresión de completa indiferencia aunque todo su interior se estaba derrumbando.-¿Sabes quién es Kimara?- preguntó ella, sin responder a la pregunta del joven mago.-Claro que sí, es una de las grandes guerreras. Fue la primera a la que Lunnaris entregó el don de la magia, Kimara la que vio la luz en la oscuridad es toda una heroína entre los yan. Pilotó al Yandrak de La Resistencia en la gran batalla de Awa cuando se creía que el auténtico estaba muerto y después se convirtió en señora de la torre de Awinor- respondió.-¿Sigue viviendo?-No, fue una de las primeras víctimas de Covan. Era amiga de Lunnaris y Yandrak, muy cercana además, y él estaba seguro de que sabía dónde estaban escondidos. Se negó a contestar y el la condenó a consumirse en el fuego que tanto amaba.-¿Y su marido, Rando?- siguió preguntando, sin mostrar la desilusión que le había causado saber que la hechicera había muerto.-No quiso vivir sin Kimara.La muchacha guardo silencio.-¿Por qué te preocupan ellos? Si quieres saber algo más sobre la guerra te lo puedo contar yo, también la viví.Ella dirigió su mirada hacia los ojos del chico que sonreía. Inclinó la cabeza para recostarla en su pecho y él comenzó a pasar los dedos por su pelo, sabía que la relajaba muchísimo y aunque no lo demostrase, estaba nerviosa. Eva cerró los ojos, intentando dejarse llevar por las caricias y dejar la mente en blanco. Tenía demasiadas preguntas, pero no quería seguir formulándolas. Sabía que no tenían respuesta.-¿Estás bien?- insistió el chico. Ella ni siquiera abrió los ojos. Deslizó sus dedos por el cuello de Eva, maravillándose con el tacto sedoso y delicado que mantenía su blanquecina piel a pesar de que la resistencia no era un lugar en el que pudieses asearte fácilmente. La chica se estremeció y Rawel sonrió, le encantaba comprobar que él era capaz de crear reacciones como aquella en una chica que parecía estar hecha de hielo.-Eva- susurró en su oído- sé que te pasa algo, puedes contármelo.Inclinó su cabeza hasta que sus labios alcanzaron el cuello de la chica y empezó a cubrirlo con besos, intentando trasmitirle calidez y confianza. Finalmente Eva se resignó a abrir los ojos, suspiró profundamente y pregunto:-¿Queda alguien vivo que pueda hablarme sobre mis padres? Alguien que los haya conocido personalmente, quiero decir. El chico tardó un momento en responder, pero lo que dijo golpeó a la muchacha como una gran losa de hormigón.-El rey Covan.


Hola a todos, espero que os haya gustado el capítulo nuevo. Sé que hacía mucho que no actualizaba, he tenido una crisis de confianza como escritora, nada de lo que escribía me parecía bueno. Sé que este capi no es brillante y que no compensa lo que habéis esperado, pero pensé que era mejor esto que nada. De verdad que siento haber tardado tanto, no me sentía con ganas de escribir.Como siempre agradecería vuestros comentarios, ya sean buenos o malos me gustaría leer lo que opináis y si tenéis alguna idea para seguir con la historia sera bien recibida.Gracias a todos por leer, besos.