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Tras esos ojos de hielo — capítulo 26
*Dicen que no eres realmente libre cuando tus decisiones se basan en corazonadas y no en valoraciones racionales, que eres esclava de tus sentimientos y que ellos mismos te impiden avanzar.**En las películas, los libros o incluso en las leyendas, los que se dejan guiar por su corazón son héroes dignos de una epopeya.**No me siento como una heroína, no lo soy. No tengo una razón altruista, ni lucho por defender el bien sobre el mal; soy egoísta y todo lo que hago es por mí misma. Sin embargo, sí que tengo algo en común con los justicieros: al final todos los héroes mueren.**Pero yo solo soy un mártir, y yo misma me he convertido en eso. No merezco el reconocimiento de los demás ni que los juglares canten mi hazaña. No lo hago por los Idhunitas, su libertad no es la que me importa, es la mía propia.*Los antiguos románticos veían la muerte como el final de su viaje, el mejor modo de escapar, el destino al que todo lo que he vivido los ha conducido. Es cierto que jamás había creído en el destino, sin embargo, ahora que cada segundo estoy más cerca de mi muerte no dudo que éste es el mío.
Iba montada en uno de los pocos caballos que la Resistencia tenía, con la pesada armadura puesta y la espada aún envainada, dispuesta a atacar en cuanto diesen la orden.El ejército enemigo se acercaba y Elaia sabía que en cuanto traspasasen la línea que los rebeldes habían marcado en el suelo los magos comenzarían a preparar los hechizos de protección y ellos se lanzaría al combate.-¿Preparada para liberar Idhún, Eva?- preguntó Rawel desde su imponente dragón negro que el anciano mago estaba preparando para partir.-Preparada- respondió sin mirarle, esperando a entrar en acción. En pocos segundos comenzaría la última parte de su misión. Los que eran niños la primera vez lideran la lucha por la libertad, pero necesitan la ayuda de la experiencia.
Lo intentó una vez más. Cerró los ojos, respiró hondo y trató de canalizar la magia a través de su cuerpo y transformarla en energía curativa para James, pero de nuevo falló. Lanzó la varita lejos, frustrada por ser tan inútil. Él se moría y ella no era capaz de salvarle.-E...Eva- consiguió decir James.-Tsss no hables, lo voy a arreglar- respondió ella.-Te quiero Eva.-¡Cállate!- chilló la chica, que por primera vez había perdido los papeles delante del joven.-No... sé por qué te enfadas... es muy romántico que...- tosió, ahogándose con su propia sangre. La herida era más profunda de lo que parecía y a pesar de que la hoja había entrado por la espalda también parecía haberle alcanzado el estómago-... te lo diga... en estas condiciones.-¡Eres un estúpido! Esto no es una despedida, ¡no hagas que parezca que te vas a morir! Maldito Potter, no es el momento. Dímelo cuando todo esto acabe y podamos volver a casa.-Así que... querías que te lo... dijese- la pinchó.-¿Ni siquiera cuando estas tumbado sobre un charco de tu propia sangre puedes dejar de decir tonterías?- preguntó, riendo de mientras aún lloraba. Acarició el pelo del chico, que tenía la cabeza reposada sobre sus rodillas y estaba pálido como un muerto.-¿Me... muero y sigues... tan borde?- contraatacó.-Está claro que ninguno de los dos ha cambiado demasiado- susurró ella, agachándose y apoyando la frente contra la de James.-Claro que sí... yo he madurado.-No es momento para bromas. Ahora calla, me desconcentras.Incluso manteniendo la expresión de sufrimiento consiguió parecer ofendido.-Soy yo... el que se... desangra, puedo hacer... lo que quiera y quiero... que sepas- respiró hondo, como si intentase reunir fuerzas para seguir hablando- que es verdad... que he madurado. Antes... no estaba dispuesto a morir... y nada del mundo... habría hecho que la muerte fuese... menos aterradora.-James...-Déjame acabar- al levantar la voz otra oleada de sangrienta tos lo detuvo-. Pero ahora... ahora no estoy asustado, la idea de morir... no me parece tan horrible... siempre que estés conmigo.Se incorporó a pesar del dolor, cerrando los ojos con fuerza y respirando agitadamente. Eva se había tapado la cara con las manos y sus hombros se convulsionaban por los sollozos. James le descubrió el rostro y le limpio una lágrima que corría por su mejilla, manchándola de sangre sin querer.-Es un buen día para morir, porque hoy he descubierto que la persona a la que quiero llorará por mí.Sonrió y por un momento Eva pensó que la magia había hecho efecto y que había mejorado porque esa frase la dijo claramente, con un tono alto y firme, pero inmediatamente James se desplomó sobre ella y Eva no fue capaz de sentir el latido de su corazón.-¡James!- gritó desesperada, rezando para que le diese una respuesta. Lo abrazó, intentando dar calor al helado cuerpo del muchacho, pero en ese momento la varita de James que había bañado el pasadizo con la luz rojiza de un hechizo se apagó. Eva apartó al chico y lo apoyó contra una de las paredes del oscuro túnel sin ver nada, sin ni siquiera ser consciente de que ella misma se había arrodillado sobre el charco de sangre que había dejado James-. No puedes irte- dijo entre sollozos- no puedes decirme que me quieres y luego irte- empezó a respirar más rápido- ¡JAMES NO PUEDES QUEDARTE CON MI CORAZÓN, NO PUEDES LLEVÁRTELO!- le pego un puñetazo a la pared y a pesar de que fue un golpe muy fuerte no sintió dolor- ¡MIERDA JAMES, LO NECESITO!- gritó, desesperada porque no oía su respiración-... te necesito. No puedes morirte, te necesito.No veía a James, no veía la entrada bloqueada, no veía ni su propia nariz. Sin embargo, había algo que sí podía ver: su mano. En la palma izquierda brillaban con una cálida luz blanca las pequeñas cicatrices que la lágrima de unicornio habían dejado en ella, como si el cristal se hubiese fundido con su cuerpo y le recordase que el legado de los unicornios era suyo.Cerró los ojos y lo intentó de nuevo. No había conseguido nada como maga, pero ella nunca había sido como los demás. Ella era la hija de Lunnaris, el último unicornio de Idhún. Respiró hondo y se concentró en la magia que flotaba a su alrededor. Era sucia, impura y le ponía los pelos de punta, pero era su última oportunidad de salvar a James. No surtía efecto y cada vez tenía menos esperanzas de que lo hiciera. Estuvo a punto de dejar de intentarlo pero, de pronto, reconoció algo de aquella energía que tanto había echado de menos en Idhún.Sintió que la magia recorría cada célula de su cuerpo, acumulándose en la palma de su mano izquierda. Le dolía el corazón, la energía oscura que había apagado y ocultado la luz de Irial al fin se desprendía y dejaba libre la antigua magia, pura y limpia, cálida y agradable. Pero aquellos residuos de magia negra que habían consumido la luz de Idhún durante tantos años no habían desaparecido y Eva tenía la sensación de que estaban oprimiéndole el corazón, al cual se le hacía difícil y doloroso seguir latiendo.Sin saber muy bien cómo, colocó la mano sobre la herida aún sangrante de James y liberó lentamente la energía que había conseguido acumular. Notó como si todo lo bueno se le escapase y en su interior solo quedase oscuridad, dolor y sufrimiento. Le ardía el pecho y tenía la sensación de que su cerebro se estaba fundiendo. Por un momento valoró la idea de quedarse con la luz, de guardarla para ella y no dejarla ir nunca porque la tortura, tanto física como mental, se le hacía insoportable. Le venían a la cabeza los peores recuerdos de su vida: Elaia hiriendo a James, la biblioteca en la que había descubierto que Jack no era su padre, la cárcel de Vanissar, la casa de su tía, la desaparición de Jack... incluso vio una imagen que ni ella misma sabía que recordaba; la casa completamente incendiada; Jack en el suelo, inconsciente; su madre... ¡Victoria! Ella estaba allí, protegiéndola de las llamas, luchando por salvarla con todas sus fuerzas. Por desgracia no fue lo suficientemente fuerte como para salvarse a si misma también: un hechizo la alcanzó en directamente en el pecho y sus rodillas cedieron. Tendida en el suelo, de mientras su vida se escapaba lentamente, giró la cabeza para mirar a Eva. Sonrió levemente, de mientras en sus ojos se dibujaba una promesa. Fue una sonrisa de despedida, antes de irse para siempre. Pero en cuanto la luz de sus ojos se apagó, un destello iluminó la lágrima de unicornio que aún llevaba al cuello. La promesa era no abandonarla nunca y Eva acababa de comprender que, a pesar de que aquel collar que la protegía se hubiese roto, Victoria siempre había estado junto a ella. Decidió dejar de lado el dolor que canalizar la energía le infringía y pensó en su madre, en el amable y perfecto rostro que al fin había conseguido recordar: tenía el pelo castaño largo y ondulado, como ella; sus ojos eran enormes, marrones oscuros, como dos pozos sin fondo iluminados por una luz más brillante que la de la luna misma, como los de Erik; era joven y hermosa, y su fuerza era digna de admiración. Ella está con ellos, pero su luz no es lo que era.La respiración entrecortada de James la sacó de sus recuerdos y Eva dio gracias mentalmente a Victoria por no haberla dejado abandonar antes de curarlo.-Te quiero, James Potter.-Vaya- comentó el chico entre tos y tos- tú si que sabes elegir el momento.Eva le pegó un suave puñetazo en el hombro pero antes de que se apartara para levantarse, James tiró de ella y la abrazó fuertemente.____________________________________________________________________ Tenía que llegas hasta Covan pero seguía inmersa en la pelea. Los soldados del bando contrario no la dejaban avanzar, todos la atacaban a ella, al igual que sus compañeros intentaban derribar al rey. Se defendía solo con la espada pese a que apenas sabía utilizarla, no quería volver a echarle mano esa repugnante magia contaminada.Los rebeldes estaban en clara desventaja, pero Irial no aparecía. Tenía que darse prisa, la verdadera Eva no tardaría en llegar y debía finalizar su misión antes de que la descubrieran.Los dragones artificiales luchaban sobre sus cabezas y Elaia a penas era capaz de distinguir a Jack entre ellos, pero de pronto una gran llamarada le abrió el paso para que avanzase. No necesitó mirar al cielo para saber quién había sido y le dio mentalmente las gracias al padre de su mejor amiga.**Criaturas que no existen surcan el cielo. Una vez fueron admiradas, pero ahora son aún más temidas que sus enemigos.**Mientras, en el cielo, pilotando un enorme dragón con garras hechas del mismo material que las espadas legendarias, Rawel buscaba a la dragona azul que había conocido en su infancia. La divisó a lo lejos, derribando a todos y cada uno de los dragones que trataban de atacarla. Había esperado ese momento durante muchos años, el momento en el que al fin se enfrentaría a su maestra. Voló a gran velocidad y lanzó una enorme bocanada de fuego antes de que la piloto pudiese interceptarlo. De no ser por su gran habilidad, Tanawe no habría sido capaz de esquivar el ataque. Inmediatamente supo quién había sido, pues ella misma le había enseñado aquel truco.Se lanzó contra el dragón negro, abriendo las garras y rasgando un ala a su adversario. Rawel maldijo desde dentro de lacabina, tirando de las palancas del ala derecha para recuperar altura, pero no lo consiguió porque con un segundo ataque la dragona de Tanawe destrozó la otra.Rawel se precipitó contra un saliente de la cordillera, sin ser capaz de saltar antes de estrellarse. Por suerte, pese a que el dragón quedó completamente destrozado, él consiguió sobrevivir. Una de las partes del lomo había caído sobre su brazo y el muchacho juraría que le había destrozado los huesos hasta tal punto que los pedacitos se le habían clavado al músculo. Pese al dolor se levantó, dispuesto a terminar lo que había empezado y sacó su espada de la vaina. La dragona de Tanawe había aterrizado y la mujer había salido. Murmuraba las palabras de un hechizo letal, preparándose para asestar el golpe de gracia, pero cuando vio al joven tambaleándose, con un brazo totalmente inútil colgando en su costado y sosteniendo temblorosamente la espada con la otra mano, algo la hizo dudar.Había crecido tanto... ya era todo un hombre. Sus rasgos se habían endurecido y las facciones redondeadas de los niños habían desaparecido completamente; había crecido, mucho y ese flacucho cuerpo que ella recordaba era fuerte y musculoso. La miraba con decisión, con esos preciosos ojos tan parecidos a los de su padre...No podía matarlo, le quería más que a su propia vida; por eso no podía dejar que él la matase a ella. No quería que Rawel acabase con su vida. Sabía que él lo haría, que sería capaz de asesinarla, porque luchaba por una causa justa y ella misma le había enseñado que por las causas justas hay que sacrificar cualquier cosa, incluso tu propia cordura, y eso era precisamente lo que Rawel iba a hacer matándola. Se cortó la muñeca, no iba a permitir que él cargase con el peso de su muerte, no era justo porque había sido ella la que se había equivocado, y era hora de redimirse.Miró a Rawel mientras la sangre recorría su mano y goteaba hasta el suelo. El chico aún no podía parar de mirar lo que acababa de hacer la mujer, incrédulo. La miró a los ojos y formuló una pregunta sin articular palabra, no era necesario.-Porque pese a todo, sigo siendo tu madre, Rawel, y las madres nunca dejan de querer a sus hijos- contestó ella. Se despidió de él con una última sonrisa y se dejó caer. El sopor invadió su mente y dejó de sentir su cuerpo, ni siquiera notaba el dolor del corte, pero sí estuvo segura de que las palabras que oyó antes de que todo se volviese oscuro fueron verdaderas:-Yo también te quiero, mamá.Alguien se sacrificará por sus seres queridoAntes de que los soldados de Covan se reagrupasen Elaia espoleó al caballo para que corriese, para que galopase a la mayor velocidad posible.Covan, pese a que el ejército de dragones artificiales más poderoso de Idhún estaba a su disposición, seguía con las viejas costumbres. Subido a su caballo y protegido por un grupo de soldados especiales repartía órdenes.Elaia había llegado y había conseguido colarse por un pequeño hueco desprotegido. No tenía intención de pelear, ni siquiera trató de defenderse de la espada que iba a ensartarla. Probablemente esa fue la razón de que consiguiese agarrar el cuerno de unicornio que el rey siempre llevaba consigo.Covan había levantado la espada, pero Elaia se lanzó sobre la afilada hoja metálica sin dudar, estirando su brazo izquierdo al máximo consiguió alcanzar el mango de rubíes. Inmediatamente tanto la palma de su mano como su pecho empezaron a arder y el cuerno de Lunnaris desapareció.
Eva supo en el mismo instante en el que la lucha se detuvo que habían llegado tarde. Todas las personas allí presentes habían dejado de pelear, incluso los pilotos de dragones se habían detenido.En el centro del campo de batalla, atrayendo las miradas de todos, estaban la chica a la que todos habían confundido con la hija del shek y el rey Covan, ambos heridos de muerte.La espada del rey había ensartado a la chica cuando se había lanzado sobre la afilada punta en un intento desesperado por hacerse con el cuerno y, de alguna forma, ella había conseguido clavar su espada en el pecho de Covan.-¡Elaia!- gritó Eva, corriendo lo más rápido posible hacia su amiga. Nadie se lo impidió, nadie sabía qué hacer ahora que el rey había caído y el cuerno de Lunnaris había desaparecido.-Eva...- susurró ella, apartándose de su adversario, que se desplomó del caballo en cuanto la muchacha dejó de sujetar el mango de su espada.La joven de los ojos azules sujetó a su amiga. Elaia se sacó la espada de un tirón, sabía que iba a morir allí y cuanto antes lo hiciese menos le dolería. Una vez consiguió extirparla se deslizó hasta el suelo. -Elaia, no. No, no, no...- repetía de mientras la abrazaba.-Eva perdóname- rogó la morena de mientras las lágrimas se desbordaban de sus ojos- perdóname, por favor. Yo no quería hacerle daño a James, yo no quería que sufrieras pero era la única forma de salvarte- explicó de mientras sollozaba y lloraba a mares, desesperada por recibir el perdón de Eva antes de que todo terminase.-Salvarme... Elaia tú no tenías que salvarme, no debías morir en mi lugar.-Era mi destino.-¡No! Claro que no lo era, ¡morir por Idhún era el mío! Era mi deber, Elaia, tu tenías que vivir, no yo.-No lo entiendes, Eva- respondió ella, sonriendo a pesar de las lágrimas- yo no me he sacrificado por Idhún, lo he hecho por ti. Mi destino no era morir por este mundo, era morir para que tu vivieras.-No...-Sí. Este es mi final, pero es el final que yo misma he elegido. El destino lo había preparado para mí pero he sido yo la que ha decidido morir hoy. Entre los futuros que la profetisa me ofreció éste es el que yo he querido, y para nada me arrepiento de lo que he hecho.-¿Por qué?Eva no era capaz de entenderlo, en su mente no cabía la idea de que Elaia hubiese sacrificado su propia vida para que la suya continuara.-Porque te quiero, Eva- su tono de voz cada vez era más bajo y se notaba que le costaba mantener los ojos abiertos- por favor... perdóname.-No hay nada que perdonar, Elaia, nunca ha habido nada que perdonar- susurró Eva. Elaia sonrió levemente, mucho más tranquila- yo también te quiero.-Pero tu corazón pertenece a James. Tu amistad siempre ha sido suficiente para mí, siempre lo será- cerró los ojos, dejando a Eva totalmente confundida.Y el menos esperado será un héroe.-¿Elaia?- preguntó, intentando hacer que reaccionara. No se movió. Trató de curarla al igual que había hecho con James, pero pese a que el hechizo funcionaba y la herida se cerraba la muchacha no reaccionaba- Elaia vamos, despierta. Vamos Elaia, vamos...Nada surtía efecto, era demasiado tarde. Toda la magia que Eva canalizaba no servía de nada, pero toda la oscuridad que se quedaba dentro de ella empezaba a afectarla. Se dobló de dolor, no podía respirar y los pulmones le ardían. Terminó tendida en el suelo, jadeando y luchando por coger aire. Muchas personas habían acudido en su ayuda, pero no eran capaces de descubrir lo que le estaba sucediendo. La vista de Eva se nublaba y todo le parecía borroso, pero vio con claridad como muchas personas (entre ellas algunos magos que conocía) se caían al suelo y gritaban desesperados.El dolor empezó a calmarse y la presión de su pecho se liberó lentamente, como si algo hubiese absorbido esa energía negativa que casi la mata. Precisamente eso era lo que había sucedido; al incorporarse detectó una pequeña figura que brillaba con una luz cegadora y que estaba haciendo desaparecer todo rastro de oscuridad.-Irial...- susurró al reconocer a la niña. Ésta se giró hacia Eva, que seguía en el suelo y levantó la palma de su mano hacia ella.-Os perdono, mis hermosas criaturas, por haberos dejado dominar por la codicia y por haber intentado robar mi luz. No estoy enfadada, seguís teniendo mi amor, vuestra Diosa está con vosotros.Kirtash se acercó a Eva, recelando del significado de aquellas palabras y se colocó entre las dos, protegiendo con su propio cuerpo a la hija que acababa de recuperar.-Por eso voy a libraros de vuestro mayor temor. Con esto el legado de los sheks en Idhún desapará, no debéis inquietaros por el retorno de las serpientes- dicho esto lanzó un poderoso rayo de energía que se precipitó hacia Eva y Kirtash, pero no llegó a alcanzarlos. El enorme cuerpo de Yandrak se interpuso y lanzó una enorme bocanada de fuego contra el cuerpo de la diosa.-Hijo de Aldun, ¿osas interponerte en las acciones de una diosa?- preguntó, enfadada por la intromisión de aquel ser.<<Esa a la que atacas acudió a vos en busca de ayuda, intentando salvar el mundo que la última vez vosotros mismos destrozasteis. Sé que mis palabras son insolentes y que para nada hablo con el respeto que una diosa merece, pero no os estáis comportando como una diosa, más bien os comportáis como una tirana. Elegisteis nuestro destino y nos condenasteis a asumir la responsabilidad de salvar éste mundo pese a que no lo deseábamos. Hemos cumplido nuestra misión y por eso os pido, a vos Diosa Irial, que dejéis marchar a mi hija>>-Es la hija de un shek, dragón.<<Es mía y os pido que la dejéis marchar. Apelo a vuestra misericordia y os suplico que no le hagáis daño. Ella volverá a la Tierra y jamás volverá a Idhún, nunca tuvimos intención de volver. Os lo suplico, mi Diosa, concededme éste último deseo>>-Que así sea, hijo de Aldun- respondió finalmente- tu vida por la suya.Irial desapareció con un destello de cegadora luz y la magnífica criatura se desplomó. El cuerpo del dragón empezó a cambiar y finalmente recuperó su aspecto humano.-¡PAPÁ!- chilló Eva, rodeando a Kirtash para llegar hasta Jack. El hombre estaba tendido en el suelo, ahora que su parte de dragón también había muerto su cuerpo humano podía volver a albergar ambas esencias.-Cuida bien de Eva y Erik, serpiente- le dijo a Kirtash y el otro hombre asintió, diciéndole así adiós al dragón con el que se había visto obligado a compartir una vida.-Cuida bien de Victoria- respondió simplemente.Jack miró los fríos ojos azules de Eva, bañados en lágrimas.-Las niñas guapas no lloran. Todos los padres se lo dicen a sus hijas pero yo nunca he tenido oportunidad de hacerlo. Me alegro de volver a ser tu papá- se despidió Jack de su hija.-Nunca has dejado de serlo.__________________________________________________ Había mucha niebla y Jack no era capaz de ver nada. Se miró las manos, intentando comprobar si seguía siendo humano. Eran unas manos más pequeñas de lo que recordaba y mucho más jóvenes, Estaba confundido, no sabía qué pasaba, ni dónde estaba, ni siquiera lo que se suponía que tenía que hacer.Empezaba a ponerse nervioso cuando una silueta a lo lejos comenzó a hacerse visible entre la niebla.-¿Hola?- preguntó Jack- ¿hay alguien ahí?No obtuvo respuesta pero quien fuera que fuese siguió acercándose. El hombre estrechó los ojos y consiguió descubrir que aquella persona era una mujer.-¿Quién va?Finalmente su rostro se hizo visible. Una Victoria de unos quince años le sonreía de mientras caminaba hacia el.-¿No me reconoces? Ya no son los mismos, pero el lazo sigue igual que antaño. -¡Vic!-Hola Jack- saludó ella- te he echado mucho de menos.-Y yo a ti- respondió él y la abrazó fuertemente.-Estoy muy feliz de poder volver a verte al fin.-Yo también soy muy feliz. La serpiente tardará en unirse a nosotros así que por fin te tengo solo para mí durante unos años- bromeó, haciéndola reír a ella también.Al fin consiguió darle el beso que tantos años llevaba reservando: el beso de un amor que no había superado con el tiempo, el beso que marcaba la página que no había querido pasar.
Bueno, el último capítulo de esta historia pero tranquilos, haré un epílogo así que aún falta otro jejejejVale, igual me he pasado un poco con tanta masacre, pero estabais advertidos desde el primer capítulo (en el que también hay mucha gente muerta) de que me gustan las historias trágicas. Me gustaría saber lo que opináis del final ¡así que comentad!Dadme unos segundos de vuestro tiempo y escribid un comentario, me encanta recibirlos.Gracias a todos aquellos que hayan leído esta historia y claro está, a los que la habéis puesto en favoritos, me alegra mucho que hayáis decidido leer lo que yo escribo, antes de empezar a publicar nunca pensé que a alguien pudiese interesarle.Besos