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Tras esos ojos de hielo — capítulo 3

Eva, mi pequeña Evapensaba Jack mientras veía como la niña desayunaba. Once años, hacía casi once años desde que se había quedado sólo con ella. Cuando llegó la carta pensó en contárselo todo. De pequeña le había contado cosas sobre Idhun, pero siempre como cuentos para dormir. Temía dejar de ser su papá cuando se lo contase, temía perder su amor. No podía soportar eso.Victoria siempre había querido que sus hijos creciesen sin saber nada, porque lo que ellos más habían extrañado era una vida común, sin guerras de razas o dioses locos.Eva no era ni mucho menos una niña normal, jamás había encajado. Jack tenía la esperanza de que con gente mágica eso cambiara, había comprobado que los unicornios tenían un vínculo especial con los magos, como Shail, que siempre había sido lo más parecido a un hermano para Victoria.Le apenaba muchísimo dejarla marchar, pero aquel día, cuando la vio con una túnica puesta mientras compraban el material se había sentido muy orgulloso.Eva levantó la mirada para sostener tranquilamente la de Jack. Era cierto que se parecía mucho a su padre, pero tras esos ojos de hielo brillaba la luz del unicornio.-¿Pasa algo, papá?- preguntó al ver que Jack no iba a empezar la conversación.-No, nada, estaba pensando- sonrió éste- te quiero dar una cosa.Se levantó y se dirigió a su habitación. Al fondo del cajón de la mesilla de noche reposaba el collar de Victoria, la lágrima de unicornio que le había regalado él mismo mientras ella estaba "enferma".Bajó de nuevo por las escaleras y se acercó a Eva. Se arrodilló ante ella y puso las manos sobre sus rodillas.-Este collar fue de tu madre- le dijo sosteniéndolo en alto- sobrevivió al incendio, lo he guardado todo este tiempo, pero es hora de que lo tengas tú- se lo entregó a la niña mientras ella lo miraba con curiosidad y emoción contenida- tiene un gran valor sentimental. Te dará suerte- dijo mientras ella se lo tendía de nuevo.-¿Me lo pones papá?- preguntó.Con el corazón encogido le apartó el pelo para poder atarlo. Era cierto que al principio le había costado acostumbrarse a ella, por que su instinto la rechazaba, su olor le provocaba un profundo desprecio, pero tenía una mínima parte shek, era un unicornio y una humana también, y eso se lo había hecho más fácil a ambos. Tampoco había sido sencillo para Eva, a veces su padre la molestaba con su constante necesidad de cariño y su manía de hablar a todas horas y solía hacer cosas sin pensar. Había pensado que eran los típicos enfados de padre e hija, y que él en cierto modo necesitaba sentir amor por su parte para que la herida de Victoria no le escociese tanto. Con el tiempo ella había aprendido a ser más tolerante, había convivido con el olor de un dragón desde que nació, estaba acostumbrada; Jack, por su parte dejó a Eva su espacio y no estaba encima suyo todo el rato, había aprendido a dejarla ser más independiente.Ambos se querían mucho, pese a que los dioses no lo quisieran así.-Bueno, mejor vamos, no querrás llegar tarde- dijo Jack levantándose.Eva lo siguió y ambos se dirigieron a la estación.Había un gran número de personas, era agobiante.-¿Qué andén es?- preguntó él mientras intentaba no atropellar a la gente con el carrito de su hija.Eva sacó el billete y levantó una ceja.-Nueve y tres cuartos- contestó.*¿Dónde se supone que está eso?*se preguntó Jack.Caminaron hasta los andenes nueve y diez, allí no había nada.-Disculpe- le dijo a un vigilante- ¿El andén nueve y tres cuartos por favor?-¿No es usted un poco mallorcito para andar con la bromita?- contestó irritado- todos los años lo mismo- gruñó mientras se alejaba refunfuñando.Eva buscaba con la vista a gente con un baúl, a lo lejos vio a la familia que les ayudó el día de las compras. Le tiró de la manga a su desconcertado padre e hizo un gesto con la cabeza para señalarlos.-Señores Potter- saludó con una sonrisa- que agradable sorpresa encontrarlos de nuevo.-Igualmente señor Redfield- contestó el hombre moreno.Les explicaron como cruzar, y ambos cogidos de la mano corrieron hacia la separación de los andenes nueve y diez.Contra todo pronóstico no chocaron contra la pared, pasaron a otro rebosante de gente, con un letrero en el que indicaba que, efectivamente, era el nueve y tres cuartos.Jack miraba maravillado a todas partes, familias enteras despedían a sus hijos, frente a un tren escarlata, una locomotora de vapor el la que ponía expreso Hogwarts.Acompañó a Eva hacia una entrada, triste por tener que dejarla marchar.-Ven siempre que puedas cariño- le dijo mientras le apartaba el pelo de la cara para colocárselo tras la oreja, cosa que molestaba a Eva, pero esta vez no se quejó, ella también echaría de menos a Jack- te quiero, no lo olvides.-Yo también te quiero papá- dijo ella sonriendo de medio lado.Se abrazaron y luego ella se adentró en el tren, despidiendo a su padre con la mano.-Escríbeme- le gritó mientras ella desaparecía por la puerta.Allí se iba su hijita, su pequeña Eva, había crecido mucho, apenas se había dado cuenta de lo mayor que se había hecho. Estaba muy orgulloso.


Todos los compartimentos estaban ocupados. Caminaba pasillo arriba buscando alguno vacío, pero no había suerte.Iba tan concentrada en su tarea que no se dio cuenta de que no estaba sola en el pasillo, y para cuando reaccionó ya era tarde.Chocó contra un muchacho de pelo muy rubio, casi blanco y ojos grises. Él iba leyendo algo y tampoco reparó en la chica, ambos se tambalearon y tuvieron que agarrarse para no caer.-Lo siento mucho- dijo el chico- no te había visto, estaba distraído y no me he dado cuenta de...-Da igual- cortó ella en tono inexpresivo y se puso a arrastrar de nuevo su baúl.-Deja que te ayude- insistió el chico tomando el equipaje de ella- por cierto, soy Scorpius Malfoy.-Eva Redfield- contestó sin mirarle.Había algo extraño en esa chica, por su apellido estaba claro que no era de una familia mágica, pero aún así la encontraba muy... Misteriosa, sí, esa era la palabra, aunque escalofriante también la describía bien.Siguieron andando por el pasillo hasta que ella se detuvo frente a un compartimento vacío. Cogió su baúl y entró.Scorpius se quedó parado frente a la puerta sin saber qué hacer.-Puedes pasar- dijo ella con tono frío mientras sacaba un libro y se ponía a leerlo.Se sentó frente a ella un poco tenso, no sabía si la molestaba. Tenía una expresión indescifrable y movía los heladores ojos azules de derecha a izquierda a gran velocidad.Levantó la mirada y la centró en el exterior. Él miró también. La persona que recibía la atención de Eva era un hombre rubio de ojos verdes, que la despedía con la mano.Ella le devolvió el gesto.-¿Es tu padre?- preguntó el muchacho.-Sí- contestó simplemente.Él también se despidió del suyo mientras el tren se ponía en marcha.La chica volvió a centrar la atención el su lectura.La puerta del compartimento se abrió y entraron tres muchachas de pelo moreno y rizado, de grandes ojos castaños y piel pálida con unas cuantas pecas salpicando sus naricillas chatas, completamente iguales las tres.-Hola- saludó la que llevaba una coleta alta- perdón, no quedan compartimentos libres, ¿os importa que pasemos?Eva se encogió de hombros sin mirarla y Scorpius asintió e hizo un gesto con la mano para que pasasen.-Yo soy Eloie- dijo la que había hablado antes, con un fuerte acento- ella es Elaia- nombró a la que tenía una larga trenza azabache- y ella es Enara- terminó con la muchacha de pelo suelto y bastante espantadizo.-Yo soy Scorpius- dijo mientras tomaban asiento- Y ella es...-...Eva- terminó la muchacha.-Encantada- dijo Eloie, que parecía la más habladora.-¿De dónde sois?- preguntó el chico sin poder contener la curiosidad.-De España- contestó.-País Vasco- replicó Enara, hablando por primera vez- no es lo mismo.-¿Dónde está eso?- dijo.-Al norte de la península, cerca de la frontera con Francia- contestó Eloie con una sonrisa- hemos tenido que mudarnos por el trabajo de nuestra madre- contó.-Bueno, bienvenidas- les dijo el muchacho. -Gracias- contestó Elaia tímidamente, tan bajito que al chico le costó oírla. -¿Habéis estado en España?- preguntó Eloie por hablar de algo.-No- contestó Scorpius.-Sí- dijo Eva.-¿En qué parte?-Madrid.-¿Cómo así?- preguntó Scorpius- ¿De vacaciones?-Sí.Estaba claro que no era muy habladora, al contrario que Eloie, que no callaba ni debajo del agua.Les contó sobre su vida antes de mudarse, del enfado de sus hermanos cuando se enteraron de que tenían que cambiar de colegio, las clases de inglés que habían tenido cada día desde que les dieron la noticia, lo mucho que les gustaba Londres y cosas irrelevantes.Era agradable oír su constante parloteo, porque Eva no había vuelto a decir palabra y así aliviaba un poco la tensión.Eloie era una chica enérgica, parlanchina y atrevida, muy segura de si misma, o al menos daba esa impresión. Elaia era una muchacha tímida y compensaba el silencio que su hermana no sabía guardar, apenas tomó parte en la conversación, y cuando el muchacho le hacía una pregunta directamente desviaba la mirada sonrojada y contestaba en un tono de voz casi inaudible. Enara, por su parte era un poco refunfuñona, solía dar contestaciones bordes o sarcásticas, siempre se burlaba de su hermana con un humor bastante inteligente, aunque parecía que las disputas las tenían entre Eloie y ella, porque jamás se metía con Elaia.Pasaron el viaje entre los largos relatos de Eloie, con constantes interrupciones de Enara y sonrojos de Elaia, mientras Scorpius las escuchaba atentamente y de vez en cuando contaba algo; Eva leía o miraba por la ventana, sin prestar atención aparentemente, y así hasta que el tren se detuvo cuando ya caía la noche.


Holaa.Bueno, aquí tenéis un nuevo capi, este es más largo que los demás, espero que les guste y que me comuniquen su opinión, en serio, me animan mucho a seguir escribiendo.Gracias!! :)