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Historia 153087 — capítulo 1

Un manto grisáceo de nubes cubría el cielo. Llevaba lloviendo todo el día, desde hacía una semana, y el perezoso sol no parecía tener ganas de salir. El viento silbaba fuera, y todas las actividades fuera del castillo habían quedado suspendidas. Los elfos se encargaban de que ninguna de las chimeneas del castillo se apagase para mantener a los alumnos a una buena temperatura y evitar la humedad. De todos modos, al entrar al Gran Comedor, lo único que animaba a los jóvenes magos eran las grandes calabazas que Hagrid había cultivado para ese Halloween.

Angelina Johnson estaba en su primer año. Había soñado toda su vida con ir a Hogwarts, y allí estaba, al fin. Llevaba dos meses y no había echado de menos su casa ni una sola vez. Sus padres le escribían cada semana para asegurarse de que estaba bien, y le mandaban regalos, en unas ocasiones comida, en otras ropa… Además, había hecho amigas y amigos allí, tanto en Gryffindor, su casa, como en las demás, y la hacían sentirse mucho mejor. Le gustaban sus clases, quizá por todo el entusiasmo que ponía en ellas. Le apasionaba el quidditch. Estaba determinada a apuntarse en el equipo en cuanto su edad lo permitiese, costase lo que costase. Desde el primer momento en el que se subió a una escoba, en clase de la señora Hooch, sabía a lo que se dedicaría el resto de sus días.

La niña avanzó por el pasillo agarrando la correa de su mochila para que su hombro no se resintiese bajo el peso de los libros y pergaminos. Acababa de salir de la biblioteca, le gustaba acabar sus deberes pronto para tener tiempo libre, en especial ese día. Todo el mundo estaba emocionado por la fiesta de Halloween. Había un gran banquete y quizá Dumbledore les contase una historia de terror que los dejase en vela toda la noche mordiéndose las uñas y vigilando debajo de la cama.

-Cola de Fénix-dijo al retrato de la Dama Gorda una vez delante de ella.

El retrato se abrió y cruzó el pasillo. La sala común de Gryffindor era todo escarlata y dorado. El ambiente era cálido, y las risas y charlas de los leones siempre le resultaban reconfortantes.

Angelina se sentó justo al lado de su amiga Katie, que a su vez estaba al lado de George Weasley, el hermano gemelo de Fred. Ambos eran como dos gotas de agua, y Angelina los diferenciaba porque el primer día George llevaba un jersey granate y Fred uno gris, que le hizo fijarse en que tenía un lunar en la base del cuello que no compartía con su gemelo.

Los hermanos Weasley siempre habían sido famosos en Hogwarts: pelirrojos, mirada perdida y libros de segunda mano. Además, eran muchos. Eran más hermanos de los que se podían permitir. Por Hogwarts ya habían pasado Bill y Charlie, los dos mayores. Ese año se reunían tres: los gemelos y el tercero más mayor, Percy. ¡Y todavía quedaban otros dos! Fred siempre mencionaba una hermana pequeña con la que compartían algunas bromas cuando estaban en casa y de vez en cuando nombraban a una víctima de las bromas, su hermano Ron.

En especial, Fred y George eran los que, en menos tiempo, más castigos habían logrado. Filch estaba harto de ellos, pero Angelina tenía que reconocer que tenían gracia. No eran unos gamberros sin más: eran inteligentes, ingeniosos.  

-¿Qué hacéis? -preguntó, mirando hacia ellos. Estaban en una esquina del sofá, con las cabezas pelirrojas juntas, murmurando algo, y no se enteraron de que les estaba hablando.

-Eh -los avisó Katie, sobresaltándolos.

-¿Eh? ¡Quién ha dicho nada de…! -exclamó George. Fred le propinó un codazo en las costillas antes de que le diese tiempo a terminar la frase y revelar todo su plan.

-¿Qué hacéis? -insistió Angelina.

Ambos se encogieron de hombros.

-No lo entenderías -contestó Fred-. Es demasiado complicado.

-¿Me estás llamando tonta? -la niña frunció el ceño mirándolo a los ojos.

-No -contestó George en su lugar-. Angelina, no eres tonta. Simplemente no quiere que metas las narices en nuestros asuntos. Podría haber sido menos sutil.

-Sí, como el Mapa…

-¿Qué Mapa? -ahora Katie también los miraba con ceño.

-¡Ninguno! -exclamaron a la vez, levantándose.

Ninguna volvió a ver a los Weasley hasta la hora del banquete. Aparecieron tarde, corriendo por el lado izquierdo de la mesa de Gryffindor, y se sentaron el uno al lado del otro. Su hermano Percy los regañó por llegar tarde.

-¡Siempre tenéis que llamar la atención! -exclamó con la nariz colorada.

El ingrediente principal del menú era la calabaza. Angelina no era una gran amante de este alimento, pero tenía que admitir que los elfos se habían superado.

La velada fue entretenida. El prefecto, Tobias Robbins, contaba unas historias de miedo muy buenas, que según él habían ocurrido de verdad. Los gemelos Weasley se reían de ellas por lo bajo, provocando que su hermano mayor los mirase con ceño.

Dumbledore por fin les dio permiso para volver a sus salas comunes, y los prefectos se levantaron ordenadamente y guiaron a sus compañeros de casa.

Katie y Angelina caminaban juntas hablando de la última historia de Tobias: un trol se colaba en el castillo y lo destruía por la noche, lo que hacía de distracción y dejaba luz verde a un mago oscuro para colarse y acabar con los alumnos de procedencia muggle. En su opinión, esa había sido la peor de todas, porque la relataba como si fuese solo un cuento.

-¡Eh! -exclamó Katie cuando Lee Jordan y George Weasley volvieron desde su posición adelantada en la fila que llevaba a la torre y se chocaron contra ella, interrumpiéndola en el medio de una frase. Fred Weasley se escurrió inmediatamente tras ellos, chocando contra Angelina esta vez.

La niña, malhumorada, se giró y echó a correr tras ellos, arrastrando a su amiga con ella.

-¡Volved aquí! -demandó, esquivando a dos alumnas de cuarto curso, pero los chicos la ignoraron.

Los vio doblar la esquina y bajar por unas escaleras, y apresuró su paso.

-¡Angelina! -protestó Katie-. ¡Filch nos va a pillar!

-Al cuerno Filch -murmuró la otra.

Pronto se encontró en un pasillo en el que nunca había estado. Era oscuro y especialmente húmedo. Se escuchaban gotas caer y algún correteo animal. Eso no hizo que Angelina se detuviese.

-¡Fred, Lee, George! -llamó.

-Angelina deberíamos volver… -aconsejó Katie, cauta.

Una explosión. Angelina escuchó a su amiga chillar y echar a correr, pero no la asustó. Agarró su varita, que guardaba en un bolsillo interior de la túnica, y la puso por delante. Se concentró en recordar el hechizo…

-Lumos -susurró al recordar cómo el profesor Flitwick lo había hecho en clase. Una pequeña bolita de luz surgió de la punta de la varita.

Avanzó unos pasos. Había polvo en el aire, incluso trocitos de roca de la pared.

-¿Fred? ¿George? -pronunció. Su voz temblaba un poco. Habría jurado que estaban por allí…

Unos pasos se escucharon, apresurados, justo directamente hacia ella. La niña se asustó, y echó a correr.

-Nox -susurró, sin dejar de correr, y la luz desapareció.

Alguien se chocó contra ella y la tiró al suelo. Angelina quiso gritar, pero antes de que le diese tiempo, le cubrieron la boca para ahogar el sonido.

-Angelina, cierra el pico -dijo la voz de Fred.

Suspiró tranquila.

-Era una broma para Filch y has estado a punto de llevarte la culpa -siseó el pelirrojo.

Se levantó de encima de ella y le tendió una mano. Ella lo agarró para apoyarse y levantarse con menos dificultad.

-Gracias -susurró la niña.

-No hay de qué -sonrió él-. Pero ten más cuidado.

Y con una sonrisa, se dio la vuelta, dejándola sola.


¡Hola! Espero que os gusten Fred y Angelina porque de esto trata este pequeño fic. Siempre he sido más de Fred que de George, entonces me estoy esforzando en hacerlo bonito. Supongo que si me da tiempo mañana subiré la segunda parte, y pasado la tercera, pero no prometo nada, jaja. Se agradecen comentarios. 

Un abrazo, 

TheGirlWhoLived.