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Historia 153087 — capítulo 3
Angelina Johnson se apareció en Hogsmeade, en la puerta del pub Cabeza de Puerco. Tal y como había esperado, el encanto maullido saltó justo cuando sus pies tocaron tierra firme. La puerta del pub se abrió de par en par sin que fuese necesario siquiera llamar, la estaban esperando. Estaban esperando a cualquier persona dispuesta a ayudar.
La peluda cabeza de Aberforth Dumbledore hizo un movimiento seco para indicarle que podía pasar. La chica obedeció inmediatamente, no quería que la encontrasen y, con ella, a toda la resistencia contra Voldemort. Tenían un plan, no lo podía arruinar por ser lenta; no era lenta. Se lo había probado a sí misma todos esos años jugando al quidditch. No se permitía pensar en cómo reaccionar, simplemente lo hacía.
Aberforth no estaba solo. Delante de un retrato de su hermana Ariana, mirándolo con confusión, estaba un grupo pequeño de gente. Angelina vio como la figura de la muchacha se volvía y desaparecía dándoles la espalda por el paisaje del cuadro.
-¿Qué está haciendo? -preguntó una chica que no conocía.
Aberforth gruñó.
-Ayudar.
Ariana volvió al cabo de un rato, acompañada de otra figura. El cuadro se abrió y Seamus Finnigan sonrió a Aberforth como si no supiese que le iba a responder con una mirada envenenada y ayudó a entrar al grupo de gente que había enfrente a la abertura en la que se postraba. El chico no vio a Angelina hasta que ésta le tendió la mano, y cuando lo hizo, se quedó un momento quieto mirándola.
-Pensaba que no ibas a venir. Fred…
-Fred, Fred, Fred -dijo en tono de burla-. Fred no tiene ni idea. Quería que me quedase en casa, pero ni de broma. No pienso dejar a mi equipo.
Seamus sonrió y la cogió de la mano, tirando de ella hasta que consiguió meterla en el pasadizo.
-¿Van a venir más, Aberforth? -preguntó antes de irse.
-Puede. No lo sé -el anciano se encogió de hombros-. Pero en algún momento tendré que ir a ayudar, así que cuando pase yo no hará falta que volváis. No va a haber nadie más que pueda pasar, pienso cerrar esta pocilga a cal y canto.
El joven pestañeó dos veces, sin tener muy clara la respuesta.
-Bien, entonces nos marcharemos.
-Tened cuidado -murmuró Dumbledore.
Seamus y Angelina avanzaron por el pasadizo. Era pequeño, tenían que andar encorvados y en fila india para no quedarse encajados. También era húmedo, se notaba en los huesos. La tierra resbalaba y caía en terrones con un ruido sordo.
-¿Cuántos hay? -preguntó para romper el silencio.
-¿Qué?
-Cuántos.
-¿Mortífagos? ¿Gigantes? ¿Trolls? ¿Dementores? -Seamus rió amargamente-. Muchos. Pero nosotros tampoco nos quedamos cortos. No dejamos de recibir ayuda. Además, los Slytherin se han ido todos, así que no nos estorbarán ni se meterán a defender a sus padres.
-No ha muerto nadie, ¿no?
-No, no todavía. Pero morirán, debes mentalizarte de ello.
Angelina tragó saliva con fuerza para tragarse también la contestación que estaba a punto de espetarle. Ni Seamus tenía la culpa de la situación, ni era tiempo de discutir. También tenía la sensación de que el mínimo ruido derribaría el túnel sobre ellos y los aplastaría, y Merlín sabía que prefería morir a manos de un mortífago que aplastada por toneladas de tierra. Por lo menos contra el mortífago podría luchar. No le gustaba la sensación de no poder evitar ciertos acontecimientos.
El pasadizo terminó y Seamus apagó la luz de su varita y se la guardó en el bolsillo de la túnica, empujando una puerta que llevaba a una sala que Angelina nunca antes había visto. O al menos eso pensaba hasta que entró en ella.
Tuvo que fijarse bien para reconocer a la sala de los menesteres. Estaba cubierta con estandartes de Gryffindor, Hufflepuff y Ravenclaw y de todos lados colgaban hamacas. Era muy distinta de como la recordaba, pero claro, ella había entrado solo para las reuniones del ED, y por aquel entonces la sala estaba equipada para entrenarlos.
También estaba repleta de gente. Gente que había estado en Hogwarts antes que ella, con ella, y también gente que no conocía porque cuando ellos llegaron, ella ya se había marchado.
-¡Angelina!
La joven centró la mirada en una cabeza roja que se abría paso hacia ella a toda velocidad.
-Ginny. Hola.
Ginny Weasley suspiró y se lanzó a sus brazos.
-Gracias a Merlín que estás aquí.
Angelina se soltó de su abrazo y la miró a los ojos, esperando la mala noticia, de algún modo preparándose para escucharlo. Alguien había caído en batalla, o estaba grave, lo presentía, podía sentirlo.
-No, tranquila. No pasa nada -se apresuró a decir Ginny-. Harry ha subido con Luna a la torre de Ravenclaw. Cree que tiene algo que pueda usar en su contra, pero no sabe dónde encontrarlo.
-¿Y la torre de Ravenclaw tiene que ver en esto…?
-¡Ah! Es que cree que es un objeto relacionado con Ravenclaw.
A la joven no le llegó la oportunidad de responder. Las puertas de la sala de menesteres se abrieron de par en paz y los gemelos Weasley aparecieron guardando sus varitas en los bolsillos de las túnicas.
Fred se detuvo en seco al verla, con un sonido estrangulado que cruzó la sala y, unos pasos delante, al darse cuenta de que su hermano no estaba a su lado, George también paró. Siguió la línea de la mirada de su hermano y, al ver a Angelina, sonrió.
De repente no se escuchaba nada más. El tiempo se había detenido mientras se miraban a los ojos el uno al otro. Fred avanzó esquivando a su hermano y hermana, y la estrechó entre sus brazos, contra su pecho.
-Te dije que no vinieses -susurró.
-No pienso abandonaros.
-¿Y si te pasa algo?
-Fred, ¿y si te pasa a ti? ¿Y si te pasa algo a ti y no estoy ahí para ayudarte? ¿No te das cuenta de lo injusto que es eso? ¿De lo egoísta que es?
El pelirrojo se separó de ella sin dejarla ir del todo. Tenía miedo, claro que tenía miedo. Y el miedo no le dejaba pensar correctamente. Ella tenía razón, era egoísta, no podía pedirle que se quedase en casa de brazos cruzados mientras una batalla devastaba Hogwarts y, quizá, gente conocida, incluso querida.
-Está bien -dijo-. Pero si uno de esos encapuchados te toca un pelo…
Ella lo cortó con un beso.
-No les voy a dejar.
No se separaron hasta que ambos dejaron la sala de los menesteres para involucrarse en la batalla. Angelina lo volvió a besar y lo dejó ir escaleras arriba. Ella bajó, sacando su varita. Estaba dispuesta a acabar con cualquier persona que tratase de destruir su hogar.
Esquivó la maldición asesina que le llegaba de la derecha y corrió hasta detrás de una de las columnas de piedra del patio. Respiró antes de pensar qué haría cuando ese mortífago apareciese de nuevo a por ella. Llevaban luchando una media hora, desde que ella lo había distraído a la hora de atacar a la profesora Sprout.
Salió de su escondite cuando lo escuchó lo suficientemente cerca y lo apuntó directamente al pecho.
-¡Envertestatil!
El mortífago cayó inconsciente al momento, y ella salió corriendo. A la izquierda, Lavender Brown se protegía como mejor podía de las maldiciones de una figura encapuchada, e incluso vio como colaba algún hechizo.
La cogieron del brazo y tiraron de ella. No se consiguió zafar de quienquiera que fuese que la había atrapado, puesto que era bastante más fuerte que ella. Quiso chillar, pero estaba demasiado asustada.
-¡Angelina! -gritó una voz quebrada, llamando su atención. La persona que la había sujetado era Lee Jordan, y unas gruesas lágrimas surcaban sus mejillas.
-¿Lee?
Él tiró de ella hacia el castillo, negándose a responder sus preguntas. Ella estaba confusa. Se había pasado la noche entera convencida de que no iba a pasar nada y, en caso de que pasase, habrían muerto con honor, ¿no? Habrían muerto luchando por los derechos del mundo mágico, con la cabeza alta, y no habrían muerto en vano. Pero de pronto la idea de la muerte la aterraba. No quería imaginarse un mundo sin ninguno de sus seres queridos. Estaría incompleta, vacía, como un alma en pena.
Pero no podía haber muerto nadie, ¿verdad? Estarían todos bien. No podía ser eso, seguro que había una explicación para las lágrimas de Lee, ese chico al que nunca en la vida había visto llorar, ni siquiera cuando en el segundo curso de su educación en Hogwarts se había presentado a las pruebas de quidditch para el equipo de Gryffindor pero Wood se había negado a admitirlo, destinándolo a su legítimo puesto como comentarista. Ni siquiera cuando Fred había probado sus pastillas vomitivas y le habían causado tal dolor de estómago que se había pasado una semana en la enfermería…
Fred.
De repente todo tenía sentido. Tenía que ser eso. ¿Por qué la había ido a buscar a ella? Porque era su novia. ¿Por qué Lee lloraba? Porque, junto con George, era su mejor amigo, su socio, su compañero de habitación y fechorías.
Pero Angelina estaba demasiado aturdida como para reaccionar. Por una vez en su vida no sabía qué hacer. Sólo dejó que su amigo la arrastrase dentro del castillo, al Gran Comedor. No pensaba, solo caminaba. No sentía, solo caminaba.
Pero cuando vio al que había sido Fred tendido en el suelo, con su cabello pelirrojo enmarañado y sucio, su mano derecha al lado de su cabeza, todavía aferrando su varita, y los ojos cerrados, rodeado de sus familiares llorando, con su gemelo tirado a su lado mirándolo con impotencia, acariciando su rostro apagado, solo entonces, se dio cuenta de todo.
Una lágrima se resbaló por su mejilla y se escurrió dentro del cuello de su jersey. Sus rodillas fallaron y se doblaron, y lo único que la detuvo antes de caer al suelo fue el agarre de Lee, que la estrujó entre sus brazos para intentar calmarla. Pero no lo logró, sino que los sollozos de ambos terminaron fusionándose y finalmente la dejó ir para que se reuniese con el cuerpo inerte del que había sido su novio.
-Fred -sollozó-. Te quiero. Te quiero, Fred, te quiero.
Agarró una de sus manos mirándolo mientras dejaba que las lágrimas abandonasen sus ojos.
-Te quiero. Te echaré de menos. Te quiero.
Esa noche no volvió a luchar.
Menos mal que no prometí una fecha de actualización, ¿no? Espero que os haya gustado, he intentado hacerlo un poco más largo y creo que lo he logrado. ¿Comentarios, por fa?
Un abrazo,
TheGirlWhoLived.