El Giramundos: Mochileras de las Dimensiones (HP, Juegos del Hambre, Saga Crepúsculo, Idhun, Divergente, Percy Jackson) — capítulo 16
Apenas durmió aquella noche. Se revolcaba en el lecho que Rhonda le había ofrecido, pero no era la incomodidad de la cama lo que la mantenía despierta, sino el motor incesante de su cabeza. Sus amigas estaban desaparecidas, no tenía el giramundos con ella, no tenía los objetos simbólicos que habían recopilado en los dos mundos anteriores, y, para colmo, era muy probable que mañana la mandaran a los Juegos del Hambre, el evento con el que aún tenía pesadillas de noche. Lo tenía crudo.
Se levantó ojerosa y pálida. Rhonda compartió su desayuno con ella: pan tostado y un poco de leche.
Come con ganas. La cosecha en sí no es hasta dentro de tres horas, pero nos obligan a estar allí antes porque la gente tiene que votar. Será un día largo.
Gracias -tomó un sorbo de la leche caliente- ¿Quién va a votar, Rhonda?
Sólo los mayores de edad, me parece -Rhonda trataba de aparentar normalidad, pero la delataba su tensa mirada.
Llegaron a la plaza, que ya estaba atestada de gente. Rhonda la condujo hacia el registro de los tributos, que consistía en unas mesas improvisadas donde los agentes de la paz pinchaban ligeramente el dedo de la persona y registraban su nombre.
Rhonda -Katherine se giró hacia ella, con una súbita idea- ¡Rhonda! ¿Qué pasa si no me registro? No me tienen registrada en ningún otro lugar, y yo bien podría tener más de dieciocho...
Rhonda la miró, de una forma algo lastimera.
Sinceramente, Kaths... Yo no me arriesgaría. Aunque no tomen nota de ti ahora, te registrarán como adulta si tienes que votar, y la verdad... no aparentas más de tu edad.
Decepcionada, siguió andando tras ella. Entre la muchedumbre, volvía a estar atenta por si encontraba las chicas por fin, pero ya las daba por perdidas. En efecto, no vio ninguna de ellas entre los tributos que se iban presentando.
¿Nombre? -preguntó el agente de la paz cuando llegó a la mesa. Ni siquiera la miraba a los ojos, solamente cogió su dedo para pincharle.
Katherine Brooks -su tono era neutro mientras notaba el pinchazón.
El agente garabateó algo en el registro. Seguía sin mirarla.
¡Siguiente!
Katherine se unió a los tributos ya registrados que ahora esperaban en la plaza del pueblo. Una vez estuvieron todos, les hicieron esperar allí durante más de una hora, mientras la gente adulta se registraba también y anotaba en un papel el tributo al que votaban. Los nervios de Katherine iban aumentando y le revolvían las tripas. Finalmente, vio como transportaban las dos grandes urnas al frente de la plaza, encima de un pequeño escenario.
¡Buenos días, buenos días! -Una mujer del Capitolio hizo su aparición, con un extravagante maquillaje color lila y un vestido verde ostentoso.- ¡Bienvenidos a los veintigésimos quintos Juegos del Hambre! ¡Nuestro primer Vasallaje de los veinticinco!
Se puso a presentar al alcalde y al antiguo Vencedor de los Juegos del Hambre de ese distrito, un hombre llamado Chris. Luego pusieron el vídeo que ponían cada año sobre los Días Oscuros que tenía aburridos a todos, pero Katherine lo miraba por primera vez. Durante la rebelión, desapareció el distrito 13, y fue cuando implantaron los Juegos del Hambre. Se imaginó la de gente que debió de morir y la masacre que debió suponer todo aquello.
¡Bien, y por fin el gran momento de escoger los tributos! Como siempre, las damas primero...
Se acercó a la urna llena de papelitos donde los mayores de edad habían escrito el nombre de un inocente adolescente. Katherine cruzó los dedos y trató de normalizar su respiración.
Y el nombre del primer tributo es... ¡Katherine Brooks!
Pero le faltó el aire para seguir respirando. Tenía que pasar por los Juegos. Otra vez.
Recordaba muy bien la primera vez que estuvo en la arena, demasiado bien.
Un año antes ***
Al girar el Giramundos, aparecieron las cuatro en un bosque.
¿Dónde estaremos ahora? -preguntó Mayleen.
Vamos a tener que averiguarlo -Jolinne recogió sus cosas y se echó a andar- Vamos a caminar hasta que encontremos un pueblo.
¿Y si estamos en mitad de la naturaleza, sin pueblos cerca? -cuestionó Sylvie.
Imposible -Mayleen la miró, sonriendo y señalando el suelo- aquí hay marcas de haber hecho una hoguera. No debemos estar lejos de la civilización.
Las demás sabían que Mayleen había acampado con frecuencia con su hermana mayor, por lo que se fiaron de ella, aliviadas. Se echaron a andar durante un buen rato.
Chicas, allí -señaló Sylvie- ¡Mirad! Ya hemos encontrado a alguien.
Las demás vislumbraron a los dos muchachos y a la chica que les señalaba Sylvie. Contentas, se acercaron hacia ellos.
Recordad -informó Jolinne-, nos hemos perdido mientras hacíamos una pequeña excursión. No digamos nada contradictorio entre nosotras o sospecharán que algo raro pasa.
Se acercaron lo suficiente como para que el trío se percatara de su presencia. Sylvie se dirigió hacia ellos, amable.
¡Hola! Nos alegramos de veros, chicos. Nos ha ocurrido algo, a ver si nos podéis ayudar...
Sin decir palabra, los tres se dirigieron hacia ellas. No se dieron cuenta de nada hasta que Katherine vio que el chico más alto sacó un largo cuchillo y caminaba decidico hacia Mayleen, que era la más cercana.
¡¡Cuidado, Mayleen!!
La pelirroja se apartó en el último momento. Los tres chicos se acercaban a ellas rápidamente, sacando varias armas. Horrorizadas, se defendieron como pudieron de las armas y de su ataques. Jolinne sacó la varita por inercia y lanzó un maleficio, pero no funcionaba la magia en ese mundo.
¡Mierda!
Katherine bloqueó al chico alto con una llave de taekwondo, rememorando sus días de cinturón negro. Peleó con él evitando el cuchillo y acabó tumbándole al suelo, pero las demás tenían problemas: Mayleen y Sylvie luchaban contra el otro chico, mientras Jolinne se zafaba de los ataques de la chica, que parecía una máquina de matar. La morena corrió a ayudarla, pero recibió un gran tajo en el pecho con el cuchillo. Chilló de dolor, pero Jolinne aprovechó que se había girado hacia Katherine para darle una patada en las piernas de forma horizontal, por lo que cayó al suelo. Sylvie y Mayleen también habían tumbado al muchacho, por lo que huyeron corriendo las cuatro bosque adentro, todo lo lejos que pudieron de ellos.
A Katherine le bailaban algunas de esas imágenes del pasado en la cabeza mientras se acercaba a la señora extravagante del Capitolio, con cientos de ojos mirándola. Le pareció andar en cámara lenta como en una película, pero aun así llegó más pronto de lo que hubiera querido. Inconscientemente, se tocó una zona concreta de debajo del cuello, donde tenía una cicatriz.
¡Y aquí tenemos nuestra primera concursante! ¡Felicidades, Katherine! -el silencio de la morena no desanimó a la mujer- ¡Apuesto lo que sea que te han escogido todos por tu fuerte físico! ¡Un aplauso por favor!
La gente aplaudió quedamente, obligada. Katherine contempló todas esas personas de raza negra que le habían votado para que fuera a una muerte segura. Miró los otros chicos y chicas, algunos menudos, otros sobrecogidos. No culpaba a los que la habían votado: ella también hubiese mandado a otro que no fuera su hijo a morir, si tuviese elección.
Vamos ahora por el tributo masculino.
Escogió otro papel de la gran urna y se acercó a leerlo.
¡Moby Clark!
Un muchacho moreno caminó lentamente hacia donde estaban. Katherine lo reconoció: era al que el día anterior casi le dan latigazos, de quien le había hablado Rhonda. La sorpresa no estaba en el rostro del chico; ya parecía esperárselo pero no por ello le temblaban menos las manos.
Tributos, ¡daos la mano! Un fuerte aplauso para nuestros dos concursantes de este año del Distrito 11.
Otra vez aplausos desaganados. El muchacho alzó la mano hacia Katherine, quien lo aceptó y se dieron la mano un segundo. Se miraron a los ojos sólo un instante, compartiendo el pesar de su destino.
Los hicieron pasar dentro del edificio del ayuntamiento. A cada uno les hicieron entrar en una sala diferente, para recibir las visitas justo antes de partir hacia el Capitolio. Katherine sólo tuvo que esperar unos segundos antes de que entrara Rhonda como una bala.
Katie, no sabes cuánto lo siento -corrió a abrazarla, lo cual incomodó un poco a Katherine, pero lo aceptó- Escucha, debes fiarte de tu mentor, Chris. Sé que parece algo excéntrico, pero él ganó los Juegos una vez. Debes escucharle.
De acuerdo -se notó la voz un poco ronca, y tosió para aclararse la garganta- Lo haré, Rhonda.
Puedes hacerlo, ¿sabes? Se te ve buen físico, los patrocinadores lo notarán.
Yo... no sé, Rhonda...
Lo tienes que intentar -la miró a los ojos con seriedad- Prométeme que nunca te rendirás de ahora en adelante, pase lo que pase.
Tardó un momento en contestar. Esa chica casi desconocida la iba a hacer llorar; ya se le estaban poniendo los ojos rojos.
De acuerdo, Rhonda.
Bien. Toma esto -le dio lo que parecía un pequeño colgante, donde dentro de un círculo se arremolinaban tres espirales juntas- Cuando lo mires, recuerda la promesa que me has hecho -le dio un último abrazo y un beso en la mejilla, y se fue con los agentes de la paz que ya la esperaban.
Katherine soltó el aire de los pulmones, aguantando las ganas de llorar otra vez. Pero ya llevaba muchas lágrimas contenidas, y algunas bajaron finalmente por su rostro.
Esperó allí un minuto, mientras tamborileaba el colgante de Rhonda entre las manos, que le sonaba vagamente de haberlo visto alguna vez. Pasaron dos minutos, tres. No venían más visitas, y para Katherine eso sólo significaba una cosa: definitivamente ninguna de sus amigas estaba en el Distrito 11 con ella. Si hubieran estado, sabrían que la iban a mandar a los Juegos y la habrían ido a ver por última vez, al menos para comunicarle dónde estaban. O para despedirse de ella para siempre.
Espero que os esté gustando este nuevo mundo ;) Habéis leído los juegos del hambre? Por el momento no salen los personajes en sí de la saga, pero la forma en que se organizan en Panem da mucho juego...
Este es el colgante que le regala Rhonda a Katherine:
Ojalá os guste, y sino, dejar comentarios con cosas que pensáis que cambiaríais. Si no interfiere con la historia que tengo pensada, quizá cambio cosas por lo que me vais diciendo. Gracias por leer! Un abrazo