El Giramundos: Mochileras de las Dimensiones (HP, Juegos del Hambre, Saga Crepúsculo, Idhun, Divergente, Percy Jackson) — capítulo 15
Había cruzado a otro mundo sin sus amigas. Esto no les había pasado nunca.
A Katherine le palpitaba el corazón con fuerza. Su miedo no disminuyó cuando leyó un cartel lejano pero grande que ponía "Distrito 11".
Perdida sin ellas, fue a explorar el pueblo. La mayoría estaban trabajando en los campos que se extendían ante ella, en una zona algo apartada de las casuchas. Un hombre vestido con una armadura blanca y extraña se acercó a ella.
¡Tú! ¿Por qué no estás trabajando?
Ahm...
Entendió que ése era un agente de la paz. Nunca había visto uno, pero le habían hablado de ellos la vez anterior que estuvo en esa dimensión. Se decantó por mentirle como pudiera y no buscarle las cosquillas.
Había ido a buscar mis utensilios, señor -le enseñó el cuchillo que tenía en la mano, rezando para que colara como uno de los que usaban en el campo- me lo ordenó su compañero.
Está bien, circula.
Se apresuró a internarse en los campos, tratando de pasar desapercibida. Pero no lo consiguió: los habitantes del pueblo se giraron a mirar a la extraña que se paseaba entre ellos. Allí todos parecían conocerse y no les pasaba por alto el distintivo físico de la muchacha, ya que la mayoría de los que vivían allí eran negros.
Katherine caminaba en la estrecha hilera que separaba dos campos de trigo, con la alerta permanente por si veía a una de sus tres amigas. Llegó a la última zona, la de recolecta de manzanas, y desistió. Se puso a colaborar en lo que pudo, para que no le dijeran nada los agentes de la paz que merodeaban por allí. Sabía lo estrictos que eran y lo poco que dudaban en usar una pistola. Cogió una gran red por un lado y la tensó junto con otra chica para que fueran cayendo allí las manzanas que alguien iba lanzando desde encima del árbol.
Psst! -La chica que agarraba con ella la red le chisteó en un momento en el que los agentes no se fijaban en ellas- Tu eres nueva, ¿verdad?
Katherine asintió con la cabeza, sin saber si era seguro del todo contárselo.
No te preocupes, no diré nada a los agentes. Pero te va a ser difícil ocultarlo a mi gente -le sonrió con amabilidad. No parecía mucho mayor que Katherine, y tenía una tez morena como el chocolate negro. Kath se fijó en sus ojos castaños: la forma y la mirada le recordaron mucho a los ojos de Sylvie. Decidió al instante que podría confiar en ella.
No tengo lugar donde dormir -le susurró.
Puedes venirte a mi casa. No preguntes nada a los agentes de la paz y ellos no te preguntarán nada a ti. Sígueme en silencio cuando terminemos.
Trabajaron toda la tarde, sin descanso. Los agentes de la paz intimidaban a Katherine cada vez más, y eso que ella no se amedentraba con cualquiera. En una ocasión, estuvieron a punto de dar unos latigazos a un muchacho al que se le cayeron algunas manzanas fuera de la red. Katherine vio muchas miradas de odio dirigidas al chico, aunque no entendió porqué.
Cuando finalizaron la jornada, notaba los músculos molidos. Sólo había estado una tarde, ¿cómo podían aguantar estas personas todo un día, día tras día? Vio algunas personas rozando la vejez que salían también de los campos.
Toda la muchedumbre se dirigía ahora al centro del pueblo, para repartirse luego casa por casa. Katherine seguía en silencio a la chica de la red, mientras alzaba la vista otra vez para encontrar a su rubia, su castaña o su pelirroja, pero seguía sin haber rastro de ellas. En una ocasión le pareció ver a Jolinne de espaldas, pero al girarse vio que no era ella.
Llegaron a lo que supuso que era la casa de la muchacha. Estaba compuesto sólo por cuatro estancias: la cocina, el baño, una habitación y lo que supuso que era el comedor. De un vistazo se veía todo.
Bienvenida a la casa de Rhonda, chica extraña -le sonrió-. En realidad es la casa de mi madre, pero ella ahora vive con mi tía porque la cuida, y yo vivo sola aunque tenga sólo diecisete años. Puedes quedarte aquí si quieres, pero deberás explicarme de dónde sales porque me muero de curiosidad...
Katherine rió. No estaba segura de tener que contarle su historia real. Rhonda parecía muy maja: abierta, sincera, agradable. Les hubiera encantado a Jolinne, Mayleen y Sylvie. Pero no estaba segura de que alguien tan alegre encajara con ella.
Me llamo Katherine, pero nunca debes llamarme así -remarcó-. Sólo Kat, o Kaths, o Katie. Como prefieras. Intenté escaparme del distrito 12 -se inventó-, vivía una situación difícil allí y traté de cambiarme de distrito. La historia es algo complicada, lo único que debes saber es que los agentes de la paz no saben nada de esto... y que mis intenciones al venir aquí son completamente inofensivas. ¿Me crees?
Sabía que le estaba mintiendo, pero no podía contarle la verdad a una desconocida. ¿Que vienes de otra dimensión donde existe la magia? La encerrarían en el loquero. Sin embargo, su última frase había sido totalmente cierta, y eso Rhonda lo supo ver.
Te creo -replicó- pero no creas que has venido a un lugar mucho mejor que el 12. Ya has visto todo lo que trabajamos aquí y lo estrictos que son con nosotros...
Sí, como con el chico de esta tarde, ¿no? Al que casi le dan latigazos por una tontería...
Sí, bueno -dio un bufido- en ese caso, la verdad es que lo tenía merecido. Se los tendrían que haber dado.
¿Cómo dices? -O Katherine había oído mal, o había algo que se estaba perdiendo.
Verás, ese muchacho es el protegido de los agentes -Rhonda puso los ojos en blanco- Hace años, sólo para hacer una gamberrada tiró todo el trigo de la despensa al barro. Imagínate, ¡todo un mes de trabajo desperdiciado! No pudimos contar con ese trigo para nuestra comida... Ese mes murió más de una persona de hambre, sólo por un niño que quería divertirse.
¿Y cómo lo castigaron? -Katherine estaba sorprendida.
Esa es la mejor parte -dijo ella con una sonrisa torcida- ¡No lo castigaron! Sólo los demás tuvimos consecuencia, al quedarnos sin nuestra parte de ración de comida. Hubo gente que lo quería matar.
La televisión se encendió de golpe.
¡Vaya! Será el Capitolio -se sentó en el mullido sofá para verlo-. A veces hacen algunos anuncios o declaraciones que quieren que veamos. Es obligatorio para todos.
Katherine se sentó a su lado. Oyó el himno del Capitolio y se estremeció. La última vez que lo escuchó fue en plena arena, con los nervios a flor de piel por si le atacaban. Dio gracias a los cielos a no haber aparecido en medio de la arena esta vez; aunque en esa ocasión contaba con sus amigas.
*¡Y aquí tenemos a nuestro querido presentador,*Claudius !
*¡Gracias,*Perry ! He aquí otro año más, otro excitante año más en el que celebramos los Juegos del Hambre. Sin embargo, Perry , no hay que olvidar la importancia de este año: el primer Vasallaje de los Veinticinco, ¡si señor! ¡Hay mucho más en juego!
De las palabras del presentador, Katherine entendió algo: esta vez había retrocedido en el tiempo. Su última visita a esta dimensión fue en los sexuagésimos segundos Juegos del Hambre, por lo que esta vez se encontraba en un tiempo muy anterior.
¡Y aquí tenemos al Presidente**Hunt ! Escuchemos atentos, amigos: cada Vasallaje tiene su propia particularidad, y nos interesa escuchar bien atentos a las normas de estre gran estreno. ¡Qué emoción!
Rhonda dejó escapar un resoplido, para luego girarse rápidamente a mirar que no la había visto nadie despreciando la "gran celebración" del Capitolio.
-Después de la rebelión de los Días Oscuros, y para perseverar por la paz, se acordó que cada veinticinco años se celebrarían los vasallajes de los**J uegos del H ambre. Y para este primer año, los tributos serán votados por la gente de su mismo distrito, para recordar que fue la rebelión de los distritos lo que condujo a la violencia y a la introducción de los Juegos del Hambre.
Rhonda se tapó las manos con la boca, con expresión horrorizada. Katherine asimiló la noticia despacio, mientras volvía a retumbarle el corazón en las orejas.
Estaba en una ciudad donde nadie la conocía. Apostaba lo que fuera a que habría muchas papeletas en esa urna con su nombre.
¿Cuándo es la cosecha, Rhonda?
Ella le respondió con un hilillo de voz.
Mañana.
Katherine se llevó las manos a la cara, reprimiendo las lágrimas.