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El Giramundos: Mochileras de las Dimensiones (HP, Juegos del Hambre, Saga Crepúsculo, Idhun, Divergente, Percy Jackson) — capítulo 14

Mientras tanto, Jolinne había ido a comprobar cómo le iba a Elizabeth Turner...

La castaña había localizado ya la puerta donde estarían reteniendo a Elizabeth. Lo sabía porque los guardias estaban hablando entre sí ante la entrada, algo nerviosos, y porque escuchaba varias voces detrás de la puerta. Se quedó a un lado, esperando que no le dijeran nada de marchar de allí. No podía evitar que su menta funcionase a toda máquina: ¿qué le estarían diciendo a Elizabeth? ¿Cómo les iría a los chicos con el cofre? ¿Lo habrían recuperado? No fueron muy específicos en el plan B por si algo salía mal...

Al cabo de unos minutos, que le parecieron eternos, se oyó acercarse las voces a la puerta. Los guardias se pusieron en posición firme de cara a las puertas, esperando. Se abrieron de par en par, y Jolinne se horrorizó de lo que vio: a una Elizabeth golpeada y con el labio sangrando, sostenida por dos guardias. Aun así, no perdía su posición firme.

Llevadla a los calabozos -ordenó alguién. Jolinne supuso que debía tratarse del gobernador, por cómo iba vestido- Pero que no se acostumbre, en un par de días la ejecutaremos. No hará falta ni que le pongáis comida.

Los guardias de la entrada se la llevaron a rastras, pasando por delante de la castaña. Elizabeth vio a Jolinne sólo un momento; el único instante en que sus miradas se cruzaron la señora Turner parecía decirle "¿Qué haces aquí? ¡Vete!". Por el contrario, Jolinne siguió a los guardias a una distancia prudencial. Una vez perdieron a los otros guardias y al gobernador de vista, alzó la voz y dijo en un tono tan firme como pudo.

Caballeros.

¿Qué hace usted aquí, señorita? -preguntó sorprendido uno de los guardias.

Vengo a ser testigo del encarcelamiento de esa mujer.

Disculpe, pero sin autorización no podemos...

¿Autorización? Yo misma me autorizo -exigió la castaña con expresió soberbia- ¿Es que acaso no saben quién soy yo?

Disculpe, pero...

Soy Grace, la hija del ex-gobernador -aunque no había resquicio de duda en su voz, por dentro Jolinne rezaba para que ninguno de los dos guardas conocieran a la verdadera Grace- Mi padre murió a manos de esa desgraciada. Y no pienso irme de aquí sin comprobar con mis propios ojos que la encarceláis.

Los guardas se miraron entre sí, nerviosos. No sabían si debían dejarla ir con ellos.

Llamad a vuestro superior, si lo preferís. Le hará mucha gracia ver cómo negáis ese derecho a alguien tan importante en las esferas sociales de la realeza.

Eso los puso más nerviosos aún.

No hará falta, señorita -dijo el guardia que había hablado primero-. Síganos, pero en silencio, por favor.

Caminaron con paso ligeron por los pasillos, con Elizabeth medio caminando, medio siendo arrastrada. Jolinne los seguía por detrás, por lo que no había cruzado otra mirada con la detenida. Pronto abandonaron las cálidas y lujosas estancias para atravesar una puerta que los mandaba escaleras hacia abajo, hacia los calabozos. Al instante Jolinne sintió el frío que se desprendía de las paredes de piedra, mientras se levantaba el aparatoso vestido para no tropezarse en los escalones desiguales. Todo era mucho más estrecho y claustrofóbico, y ahora sólo era uno de los guardas el que llevaba del brazo a Elizabeth porque no cabían los tres en la bajada. Una vez estuvieron e lo que parecía el piso más bajo, uno de los guardas cogió un llavero pesado de piedra, que contenía unas cinco llaves.

Tú. Pasa. -Casi empujaron a Elizabeth para que entrara en una de las prisiones, echando el cerrojo y cerrando bien con llave. Jolinne trataba de quedarse con cualquier detalle que le resultara útil para luego liberarla. Además, trató por todos los medios no sentir pena por Elizabeth ni mirar con furia a los guardias; por el contrario, miró a la pirata con una mueca de asco.

Púdrete, vieja bruja.

El guarda dejó el juego de llaves donde estab, colgado de un gancho en la pared.

Pronto volvieron a abandonar el lugar y a subir por las escaleras, se notaba que ni siquiera los guardias querían estar allí. Jolinne sopesaba cuándo era el momento de actuar: era dos contra una, y ella había esperado poder estar al menos sólo con uno... pero no estaba segura de si iba a tener más oportunidades.

Cuando ya estaban llegando a la puerta de salida del calabozo por las escaleras, ésta se abrió, y aparecieron Will y Sylvie al pie de las escaleras. Jolinne se sorprendió pero no permitió que eso la retrasara.

¡¡Ahora!!

Se lanzaron rápidamente a por los guardas, aprovechando el factor sorpresa. La castaña, al estar detrás de ellos, lo tuvo más fácil para inmovilizar a uno de ellos cogiéndole los brazos y desarmándolo. Will y Sylvie se encargaron del otro guarda y lo inmovilizaron también, pero éstos dieron la alarma a voces.

Desde aquí abajo no os oirán, chicos.

Jolinne, ve abajo -indicó Will- Ya retengo yo a éste y Sylvie al otro.

Ella aceptó y bajó rápidamente las escaleras. No que no previno fue que había otro guarda en otro de los pisos de los calabozos, que fue directo a ella con una lanza.

¡AAAAAH!

El guarda, si bien no le había clavado la lanza al pecho, no había tenido más reparos con ella por ser una dama e ir bien vestida: le dio con la lanza en uno de los brazos, que inmediatamente empezó a sangrar. A Jolinne se le nubló la vista, notando el dolor agudo del brazo izquierdo.

Sin esperarlo, una figura rubia bajó antes que el tercer guarda volviera a arremeter contra ella. Sylvie, espada en mano, desvió de un sablazo rápido la lanza y la lanzó al suelo, mientras le daba un corte superficial pero largo al pecho del hombre. Esto hizo que se detuviera, al menos por el momento.

Jolinne, ¡sólo dime dónde...!

Último piso. Una de las llaves colgadas -la castaña respiraba entrecortadamente.

Sylvie se lanzó como una bala hacia abajo. Desde luego, ya se le había pasado el efecto ralentizador del mejunje que había usado, y sus reflejos estaban a flor de piel. Encontró rápidamente las llaves y fue a abrir la única persona que había entre rejas en ese piso.

¡Rápido, Elizabeth! Los guardas nos han descubierto y Jolinne está herida. ¿Puedes andar por ti misma?

Elizabeth asintió, y subió corriendo las escaleras, seguida de Sylvie. Entre ambas agarraron a Jolinne, que empezaba a apoyarse en la pared del dolor, y subieron hasta arriba, donde estaba Will con dos guardas inconscientes.

Creo que afuera sí han oído algo, deberemos darnos prisa.

Al salir otra vez fuera de la zona de los calabozos no encontraron a nadie, pero escucharon pisadas rápidas acercarse.

¡Escondeos aquí! -indicó Will, mientras señalaba un gran armario. Apenas se cerró la puerta que aparecieron otros tres guardas por una esquina, a los que el rubio quiso quitarse de encima- ¡Algo malo está pasando en el calabozo! He oído ruidos extraños.

¡Ya vamos! No se preocupe por nada, duque.

En cuanto cruzaron la puerta, Will abrió el armario.

¡¡Vamos, vamos, vamos!! Directos al carruaje.

Salieron de allí lo más rápido que pudieron. Por un milagro, todos estaban demasiado preocupados por lo que pasaba en el calabozo y se encontraron a muy pocas personas del edificio, y ninguna de ellas se fijó ni en Elizabeth ni en el brazo sangrante de Jolinne. Cruzaron los jardines y se metieron rápidamente en el carruaje, donde Katherine y Mayleen las esperaban con el cofre.

¡Salimos, Edgar! -anunció Katherine al cochero- ¡Pero cagando leches!

Cuanto más se alejaban del edificio, más pausadamente respiraban. Excepto por Jolinne, quien estaba siendo atendida por Sylvie.

¡Ay, ay!

Te dolerá un poco, pero aguántate dos minutos.

La rubia maniobraba en la herida con lo poco que tenía, entre ello, agua y algunos paños. Pero ya la habían visto curar heridas en varias ocasiones y las tres amigas confiaban plenamente en ella en el aspecto de la sanación.

¡Cómo se os ocurre venir a por mí...! -Protestó Elizabeth, una vez estuvieron lo bastante lejos- ¡Podría haber salido todo al revés.

Mayleen no abrió la boca. Las broncas de esta mujer intimidaban a cualquiera, era casi peor que su propia madre. Sintió mucha lástima por Will en aquel momento.

Mamá, al final ha salido todo bien... no te enfades.

¡William Turner! Hicimos una promesa -estaba hecha una furia.

Fue idea mía, señora Turner -dijo Jolinne con un hilillo de voz, los ojos cerrados y la cara pálida-, no me parecía justo que Will tuviera que decidir entre su padre y su madre...

Eso hizo que Elizabeth no dijera nada más, por el momento. En cuanto llegaron a la tienda de nuevo, Sylvie fue a buscar algún antibiótico, desinfectante y vendas para Jolinne, ayudada por Will. En un periquete tenía la herida vendada como dios manda, y la estiraron en el sofá para que se recobrara un poco.

No iría mal preparar nuestras cosas... -susurró Katherine a Mayleen, quien estuvo de acuerdo y empezaron a reunir sus pocas pertenencias. Mientras la pelirroja recogía la mochila de Jolinne, se fijó en algo que brillaba dentro.

Chicas... -las llamó. Katherine y Sylvie se giraron hacia ella, mirando el objeto que tenía en la mano. Era el Giramundos, que se había iluminado.

Ya podían cambiar de mundo.

Will también lo vio, aunque para él tenía otro significado. Fue a donde estaba Jolinne tumbada.

¿Nos dejaríais un momento, chicas?

Las tres asintieron y abandonaron el pequeño salón, cogiendo sus cosas.

Eh, Jo.

Jolinne abrió sus ojos verdes.

Eh, Will.

Él la besó en la frente.

Me encuentro mejor, no te preocupes por mí. Sylvie es una maravilla con estas cosas.

Me alegro.

Él la cogió de la mano, queriendo alargar ese momento todo lo que pudo.

Me temo que tendréis que iros pronto...

Jolinne lanzó un suspiro.

Lo imaginaba... Imaginaba que se encendería nada más recuperar el cofre.

Siempre has sido muy lista -sonrió él.

Suelo ser muy lógica... pero tú me nublas la mente -rió ella.

Entonces te irá bastante bien sin mí. -Jolinne sabía que era broma, peor no podía dejar de sentirse triste. Pronto se le enrojecieron los ojos, a lo que Will respondió dádole un largo y lento beso.

No te olvidaré nunca Will -prometió- siempre formarás parte de mí.

Y tu también, princesa. -Se sacó algo del cuello; parecía una cadena dorada con una pequeña calavera como colgante- Quiero que tengas esto...

Se lo puso en el cuello y se lo ató.

Es el símbolo que usan todos los piratas que navegan en el bando de Elizabeth y la ayudan en su lucha contra la corrupción. Cualquiera que sabe lo que es, tiene un respeto instantáneo por esa persona. Quiero que tu tengas el mío... y me prometas que lo guardarás siempre.

Por supuesto Will -contestó ella- me encanta... ojalá tuviera algo mío que darte.

No me hace falta nada para recordarte -la volvió a besar, y luego se acercó a su oreja- siempre estarás en mi corazón de pirata...

Al cabo de un par de minutos más, se levantaron del sofa y bajaron. Las tres chicas esperaban ya a Jolinne, respetando su momento. Elizabeth entró en la estancia también en ese momento.

Acabo de volver a esconder el cofre -anunció- y esta vez será imposible acceder a él si no es a través de mi.

Nos alegramos, señora Turner -dijo Sylvie- nosotras ya nos tendrermos que ir.

Os agradezco toda vuestra ayuda, chicas -dijo ella-, habéis demostrado tener un gran coraje, y sobre todo, un gran corazón.

Katherine alzó la cabeza, orgullosa. "Después de todo, somos Gryffindors", pensó satisfecha.

Y a ti -se dirigió a Jolinne en esta ocasión- a pesar de ser algo temeraria, te debo la vida, y eso no lo olvidaré jamás. Estoy en deuda contigo -Elizabeth abrazó a la castaña, teniendo cuidado con su herida. Jolinne la recibió con gusto per con algo de tristeza. Le hubiera gustado tener una suegra así: aunque tuviera carácter, era alguien justa, eso sin duda.

Hora de marchar, chicas... -anunció Mayleen.

Esperad, nos falta... -Sylvie se dio cuenta que les faltaba el objeto que debían recopilar de ese mundo, como símbolo de su paso por él. Pero Jolinne lo tenía colgando del cuello, estaba segura.

No. lo tenemos -les informó.

Elizabeth subió a la parte de arriba de la tienda, y las cuatro chicas se acercaron entre ellas.

Esperad -pidió Jolinne.

Le dio un último y apasionado beso a Will. No estaba segura de si era por la despedida, pero ella tenía la dolorosa sensación de que el chico era el amor de su vida, y se sentía miserable dejándolo en un mundo al que no iba a volver jamás. Dolorosamente se separaron, y ella volvió a coger las manos de Katherine y Mayleen. Sylvie sostenía el Giramundos en la mano y se dispuso a girarlo, agarrada a sus amigas.

Hubo un gran destello de luz que las engulló a todas. En el instante siguiente, las chicas ya no estaban en la tienda de Elizabeth Turner.

Cuando Katherine cayó a la nueva dimensión, tardó un solo instante en ponerse en pie de nuevo, cuchillo en mano. Notaba algo distinto, algo diferente que no lograba captar. No se trataba de que el lugar fuera frío, en una mini casa casi al aire libre, ni que estuviera todo sucio y abandonado. Tampoco era el murmullo de fondo de gente trabajando y andando.

Y entonces cayó en la cuenta de qué era tan raro: estaba sola. Sus amigas no estaban allí.

Cruzó a la habitación de al lado; luego a la del otro lado, y luego miró hacia afuera. Buscó a sus amigas con cierta desesperación, pero no había mucho más por donde buscar, dado el reducido tamaño de la casa.

Había cruzado a otro mundo sin sus amigas. Esto no les había pasado nunca.

A Katherine le palpitaba el corazón con fuerza. Su miedo no disminuyó cuando leyó un cartel lejano pero grande que ponía "Distrito 11".


¡Nuevo capítulo! Creo que este es muy largo, pero no quería dividirlo en dos, ya que quería pasar ya al siguiente mundo... ¿Qué os ha parecido? Espero vuestras opiniones :) Gracias!