El Giramundos: Mochileras de las Dimensiones (HP, Juegos del Hambre, Saga Crepúsculo, Idhun, Divergente, Percy Jackson) — capítulo 6
Se despojaron de la capa insivible y corrieron a buscar a sus amigas. Subieron al carruaje y ahí pusieron a Katherine y a Sylvie al corriente.
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Malfoy buscaba una reliquia -dijo Mayleen de forma apresurada, mientras los thestrals reanudaban su marcha hacia Hogwarts- una de las Reliquias de la Muerte, de ese cuento infantil.
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Pero si es sólo un cuento -dijo Katherine.
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Al parecer no. -contestó Jolinne- Y adivinad quién tiene la reliquia de la capa invisible.
Todas miraron la capa que sostenía Jolinne en la falda.
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¿De verdad? -Sylvie estaba atónita.
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Eso parece -dijo Jolinne muy seria- Nos la dio James, y Malfoy dijo que Harry Potter estuvo en posesión de las tres… la capa invisible del cuento tiene que ser ésta.
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Para el carro, -interrumpió Katherine, cortándola con las manos- ¿dices que Potter tuvo las tres reliquias del cuento? ¡Ahora entiendo que pudiera derrotar a Voldemort!
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No sé cómo fue la cosa -continuó Jolinne- el caso es que Malfoy lo que quería era la piedra de la resurrección.
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¿Vosotras sabíais que la madre de Scorpius estaba muerta? -preguntó Mayleen. Todas negaron con la cabeza, y Sylvie se horrorizó.
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¡Pobre Scorpius!
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Para eso querían la piedra…
Siguieron explicando los detalles de la conversación entre padre e hijo. Alfinal, concluyeron que Scorpius había cumplido su palabra de tratar de recuperar el desiluminador.
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Aunque no podemos asegurar que Malfoy se lo devuelva funcionando bien, ¿verdad? -gruñó Katherine.
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No. Pero no podemos hacer más.
El carruaje llegó a Hogwarts, y todas bajaron con sus mochilas al hombro. Mayleen llevaba dentro de la suya la capa invisible y el mapa del Merodeador.
- Lo mejor que podemos hacer ahora es ir a la Sala Común de Gryffindor -guió Jolinne- y buscar a Rose para explicárselo todo.
Las otras asintieron y cruzaron los jardines hasta la entrada del colegio. La tarde del viernes estaba cayendo, y el cielo ya estaba oscuro. Se respiraba el alegre ambiente previo al fin de semana, y en los pasillos había alumnos riéndose.
Rose estaba sentada en un sillón delante de la chimenea, leyendo un libro. Cuando vio entrar a las chicas cerró el libro, esperando noticias. Éstas no se hicieron esperar.
Recuperarás el desiluminador -anunció Mayleen-, sólo esperemos que Draco no te lo haya estropeado al desmontarlo.
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¿Qué me lo desmontó? -Rose se puso nerviosa- ¿pero por qué?
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No querían el desiluminador en sí -explicó Jolinne- ¿sabes lo de las Reliquias de la Muerte?
Le contaron toda la conversación que había tenido Scorpius con su padre. Rose se quedó sin habla al saber que lo hicieron para recuperar a la madre de su amigo.
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No tenía ni idea, y por supuesto que le hubiera ayudado… Me supo muy mal cuando murió su madre -sus ojos azules volvieron a ponerse rojos, y Sylvie se acercó a ella y el cogió la mano delicadamente- Pero por desgracia, aunque mis padres o mi tío tuvieran la piedra, ésta no funciona.
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¿Tu sabes si la tienen? -preguntó Katherine.
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Me parece que sí la tuvieron, o mi tío Harry la tuvo -contestó- pero ya no, seguro. Además, mis padres me contaron que la piedra de la Resurrección no funciona bien. No trae a alguien realmente a la vida, tan sólo es una especie de… fantasma temporal.
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Entonces debes contárselo a Scorpius -propuso Sylvie, aún agarrándole la mano- debe saber que su madre no puede volver, aunque sea muy duro… Si su padre sigue sospechando que tu familia tiene la piedra, tratará de conseguirla de otras formas.
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Lo sé. Tengo que hablar con él. Gracias por todo chicas, de verdad -las miró con los ojos empañados en lágrimas. Sylvie le dio un abrazo.
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No es nada, nos alegramos por ti. Ahora te dejamos descansar.
Las cuatro volvieron a su habitación y dejaron a Rose pensativa, contemplando el fuego chispeante. Sylvie suspiró.
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Me sabe mal que lo esté pasando tan mal. Parece tan buena chica.
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A mi me recuerda a ti -dijo Katherine con una sonrisa, dirigiéndose a la rubia.
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¿A mí?
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Tan tímida y estudiosa…
Aprovecharon el resto de la tarde paseando por los jardines. Gracias al mapa del Merodeador, habían visto a Scorpius volviendo al castillo, pero ya no tenían porqué vigilarle más.
- ¿Os dais cuenta de que el mapa que llevamos fue obra de nuestros queridos Merodeadores? -soltó Mayleen, como sorprendida por su repentido descubrimiento.
Sylvie recordó cómo empezó su obsesión con esos cuatro muchachos. De hecho, fue ella misma quien les enseñó a sus amigas el libro.
***** 5 años antes ****
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Y Jasper Collins no es muy alto, pero tiene los ojos bonitos -decía Mayleen, apuntando nombres en una libreta. Katherine estaba sentada a su lado en una de las mesas de la Sala Común de Gryffindor, mirando por encima de su hombro. Mientras, Jolinne estaba estudiando de un libro de Pociones, y Sylvie leía otro libro.
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Sylvie, dime tu chico favorito -continuó Mayleen. Llevaba peinado el cabello rizado en dos coletas bajas, y se tomaba en serio su lista de chicos guapos.
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Ahora no, Mayleen… ya lo hicimos ayer.
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¿Qué lees? -Katherine se acercó a ver el libro que sostenía la rubia. Ésta se ruborizó.
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No es nada… sólo un libro de ficción. -Katherine se lo quitó de las manos y leyó.
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"Las aventuras de los animagos de Hogwarts". ¿De qué va esto?
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Trata de unos amigos que corren aventuras en Hogwarts -Sylvie recuperó su libro de las manos de Katherine- Y se hacen animagos para acompañar a uno de ellos, que es un hombre-lobo. Se convierten en un ciervo, un perro…
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Y una rata -termina Katherine, con un brillo en los ojos. Sylvie la mira, extrañada.
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Sí, ¿Cómo lo sabes?
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Esa historia no es de ficción, Sylvie -explicó ella- Creo que es de verdad.
Sylvie rió.
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Eso es imposible, Katherine.
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¡EH! No me llames Katherine -la fulguró con la mirada- Es Kats, o Katie, o Kath. Cualquiera antes que Katherine. Y no, no es imposible que esas historias fueran reales.
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Pero Kather… -empezó a discutir Sylvie, pero se corrigió- Kath, aquí hay historias sobre unos adolescentes que se hacen animagos sin que lo sepa nadie… ¡historias de transgerir las normas del colegio, e incluso la ley, de una forma que…!
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Apuesto a que todo será verdad -dijo Katherine. Volvió a coger el libro con ansias y lo empezó a hojear.
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¿Y tú como lo sabes? -preguntó Mayleen, curiosa.
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Mi primo mayor está saliendo con Luna Lovegood -contó- y me ha contado ciertas cosas sobre la familia Potter.
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¿Qué dices? Los Potter no salen aquí -dijo Sylvie.
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¡Que no, dices! ¿Quién crees que es Cornamenta? -Katherine le mostraba las páginas del libro a Sylvie con aire triunfal.
Pronto asociaron a cada uno de los personajes del libro con los merodeadores que existieron realmente. Todas se leyeron y releyeron el libro de Sylvie, y los cuatro muchachos se convirtieron en la obsesión y el amor platónico de las cuatro chicas de Gryffindor. Eso las unió de una forma que no se podía explicar sólo por el hecho de compartir habitación.
Contemplaban todas el mapa que habían elaborado los chicos que les habían robado el corazón a los once años. Recordaban todas las historias en las que el mapa jugaba un papel importante en sus escapadas nocturnas.
- Voy al baño un seguno, chicas -dijo Mayleen. Las demás asintieron, sumidas en sus pensamientos, y pensaron en el momento maldito en que decidieron ir a buscar a los merodeadores en su tiempo.
La noche caía, y se oía algunos alumnos que empezaban a entrar en el Gran Comedor para la cena.
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¿Mayleen no está tardando mucho? -preguntó Katherine.
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Vamos a buscarla -dijo Jolinne- Tengo hambre ya.
Fueron a buscarla a los baños más próximos pero no estaba. Miraron en un par de aulas vacías, y tampoco. Se asomaron a un pasillo estrecho y…
- ¡Mayleen! -exclamaron las tres a coro.
Mayleen se despegó de los labios de James Potter y se le escapó una sonrisa traviesa.