Manual de lo prohibido — capítulo 19
-Ella es atrevida con esto de los juegos mecánicos-siguió. Pero la comparación me había dolido en lo profundo de mí ser-. Mientras que contigo, la diversión está cuando me ruegas que no te suba y luego de que te convenzo, bajas farfullando en contra mía-rió-. Qué divertido.
Me vi obligada a reír, su risa no sólo era un bello sonido, sino también era de esas risas que te animan a reír también.
-Se nos hace tarde, tenemos que irnos-dije, con el pesar que no pude ocultar.
-Cierto, el tiempo se pasa rápido, ¿no?-me ayudó a levantarme de la banca y arrastré los pies a su lado, para encaminarnos a su Hybrid y volver a la realidad.
-Tan rápido que no te das cuenta cuándo suceden las cosas-musité, viéndome los pies al caminar; dándole el doble sentido a mi frase.
-Eso es cierto-concordó.
Subimos de nuevo a su vehículo negro que ya empezaba a hablarme de recuerdos, como si al sentarme en el asiento grisáceo, la suavidad de éste, me contara sobre las veces que yo he estado allí, con él.
Le regalé una sonrisa secreta a todos los recuerdos, pero Draco alcanzó a percibir mi mueca de labios.
-¿Por qué sonríes?-me preguntó, encendiendo el motor del vehículo.
El suave ronroneo me hizo salir de mi ensoñación.
-Porque… recordé…-me obligué a rebuscar palabras en mi mente- que hace mucho tiempo que no me divertía tanto-dije, al fin.
Las comisuras de sus labios hermosos se elevaron hasta formar una bonita sonrisa complacida.
-Pues me alegra que te hayas divertido-dijo.
Volví a sonreír, como diciéndole "gracias"; luego me giré a mirar por la ventanilla polarizada, escuchando los latidos de mi corazón al pensar que estaba cerca de él. La piel se me erizó un poco, no sé si por culpa o de preocupación; quizá de ambos.
¿Pero qué estaba haciendo yo de malo? Mi único delito era haberme enamorado de Draco, porque era la persona menos indicada para aprisionar mi corazón. Su nombre debería de estar en algún manual de lo prohibido, en la primera página, con un aviso "Peligro". Volví a mi pregunta, malo sería querer quedarme con él. Aunque la verdad es que sí lo deseaba, pero aunque no tuviera intensiones de hacerlo, desearlo como yo ya lo hacía, era suficientemente malo. Bastante.
-¿Te molesta si hago una última parada?-me dijo, y su voz llegó hasta mi corazón en aquel silencio que inconscientemente se había producido.
Le miré.
-No, por supuesto que no-musité. A fin de cuentas, si se me permitía estar más tiempo con él, no iba a rehusarme a tal regalo.
-Genial. Quiero saludar a un viejo amigo. Hoy es su cumpleaños. Prometo que no tardaré-estacionó la camioneta en una calle medio vacía y en un instante, él ya se encontraba fuera del auto, abriéndome la puerta para que bajara.
-Acompáñame- me sonrió y me ayudó a bajar. Luego de cerrar la puerta, como hipnotizada le seguí, acatando su orden con el mayor placer.
Caminamos sólo unos pocos metros; ya que, a la mitad de la calle, se situaba un bar-café, a lo que pude entender por los dibujos con luz neón que sobresalían de la pared, a lado de la entrada de madera recién barnizada. Me detuve confundida, cuando Draco paró también su andar.
-Oh, tranquila. Aquí son muy amables-musitó, como si adivinara mis pensamientos.
-¿Tú… alguna vez has…?
-¡Oh, no!- se rió, como si hubiese sido una buena broma- Si te refieres a que si he tomado, jamás-aclaró.
El alivió corrió por mis venas. Yo odiaba todo tipo de alcohol que dañaba los sentidos de las personas, aquello les había quitado la vida a mis padres, indirectamente.
-Ven-me tomó de la mano y no dudé en seguirlo, aunque adentrarme a ese horrible lugar era casi igual de espantoso que subir a la montaña rusa.
El montón de lucecitas de colores me encandiló los ojos y el sonido de la música electrónica retumbó en mis oídos. Gente bailando de aquí para allá, con movimientos bruscos de brazos y piernas. Me acordé de América, sólo con la diferencia de que aquí, los lugares parecían más decentes. O al menos los que había visitado.
Draco no me soltó la mano, mucho menos para conducirme por entre la gente danzante, hasta que me llevó hacía el otro extremo y se recargó en la barra con una elegancia extraordinaria.
-Zabini, un amico. Piacere di vederti!-dijo Draco, elevando un poco la voz para que se alcanzara a oír sobre le ruido.
El mozo que limpiaba algunos tarros con un trapo, detrás de la barra, se giró a la voz de Draco.
-Draeco! Che gioia di vederti qui!-era un sujeto alto, con el cabello color oscuro y un tanto despeinado, su rostro era de aspecto viril, sin duda. Dejó lo que estaba haciendo y se reclinó sobre la barra para darle un abrazo cariñoso a Draco.
-Non poteva mancare il tou compleanno-su abrazo se prolongó por las palabras de Draco.
-Oh, quanti dettagli da parte tua-dijo el joven, sonriendo agradecido.
La bella sonrisa de Draco apareció en su rostro, y entonces el joven por fin prestó su atención en mí. Su mirada curiosa se paseó por mi rostro, haciéndome sentir cohibida.
-Chi è questa bella ragazza?-pronunció.
La sonrisa de Draco se hizo más ancha. ¡Cómo odiaba no entender italiano!
-E 'il migliore amico di Ginevra, è venuto a vivire con lui per un po`. Ti farò conoceré, ma non parla italiano-dijo Draco y me miró con… ¿ternura? -Blaise, ella es Hermione. Hermione el es Blaise.
El sujeto me sonrió, estirando sus delgados labios y alzó la mano para saludarme.
-Hola-musitó, bañando al español con un matiz inimitable de italiano.
Sujeté su mano, respondiendo el saludo y le devolví la sonrisa a sabiendas de que la mía parecería turbia.
Como no hablé para nada, Blaise, volvió a la plática con Draco.
-Neanche parla spagnolo?-le preguntó, confundido.
Draco soltó una carcajada que al instante supo contraer.
-Penso che odia questi luoghi, man no te la prendere personale-le dijo él, con amabilidad-. Beh, è meglio andare-el pesar en el rostro de Harry apareció de repente.
Al menos podía estudiar sus expresiones sino entendía nada de lo que hablaban.
-Ma se siete appena arrivati!-parloteó el sujeto tras la barra.
-Sì, ma fretta-una mueca se dibujó en el rostro de Draco.
-Okay, okay. Saluto Ginny.
-Chiaro-Draco sonrió, fugaz.
-Hasta pronto, Hermione. Me dio mucho gusto conocerte-me dijo con su acento italiano, distorsionando un poco el español.
-Adiós, Blaise-musité, tímida.
-Arriverdeci-dijo, Draco, despidiéndose con el movimiento de mano también.
-Arriverdeci, Draeco-dijo él.
Draco me tomó de la cintura y el tacto cálido de su mano sobre mi cuerpo, llegaba incluso a través de la ropa. La piel se me erizó, como si una lombriz de electricidad me recorriera el cuerpo.
Me sacó de aquel lugar y pude respirar el aire fresco una vez que estaba afuera. Aquel respiro me hizo pensar en Ginny. Me sobresalté.
-¿Qué hora es?-le pregunté a Draco.
Sacó su celular y miró la pantalla del mismo.
-Las ocho con cuatro-contestó, como si nada.
-¡Ginny ya está en casa!
-Conduciré rápido-dijo.
¿Esa era su respuesta? ¿Acaso me sentía más culpable yo que él? ¿Él se sentiría culpable al menos? Las preguntas revolotearon en mi cabeza con voz propia, mientras me esforzaba a mandarlas todas al rincón de mi mente. Callándolas.
Subí a la Hybrid de Draco cuando este me abrió la puerta. El tiempo se me acababa; había pasado un buen rato con él, sin embargo para mí pareció sólo la prolongación de lo que dura un suspiro y ahora iba a ponerle final al día, a mi tarde con él.
Condujo hasta el departamento de Ginny, y en el camino casi no hablamos debido a que mi cabeza se encontraba hundida en pensamientos, buscando alguna manera de explicar la situación. Situación que a Draco parecía no preocuparle.
Cuando llegamos y él estacionó frente al edificio, me congelé en el asiento por que aun no tenía el pretexto ideal para decirle a Ginny. Hoy era una de esas noches en las que la cabeza no me daba para más, más que para sostener el cabello.
El rugido del motor se detuvo y el silencio se produjo la instante.
-Listo, subamos rápido-dijo, Draco, satisfecho del tiempo que había tardado en llegar. ¿Veinte minutos se le hacía poco?
-Espera-le sujeté del brazo antes de que bajara.
Me miró, intrigado.
-¿Qué vamos a decirle?-pregunté.
-¿A quién?-inquirió, confundido.
-A Ginny-dije, obvia.
-¿Por qué?-su ceño levemente fruncido me decía que no estaba fingiendo confusión.
-Por la hora a la que llegamos, porque estamos juntos, querrá explicaciones-intenté explicarle, desesperada, la culpa me estaba comiendo por dentro.
Draco rió por lo bajo.
-Pues le diremos la verdad, ¿no?-dijo- Que salimos a la feria y que pasé a saludar a Blaise.
-Pero…
-No hicimos nada malo, Mione-me interrumpió, pero aun en la oscuridad de la noche pude ver el brillo ladino que sus ojos desprendían con persuasión. Y el tono de voz cínico que salía de sus labios carnosos.
Tuve que hacer un esfuerzo sobrenatural por no aproximarme a ellos, para acallar los ridículos latidos de mi corazón que podrían dejarme en evidencia. Tuve que obligarme a retener a la cordura para no contradecir a lo que él acababa de decir.
La oscuridad sólo me hacía desearlo más. Me hacía querer acercarme de una manera casi incontrolable. Pero la voz en mi cabeza mascullando el nombre de mi mejor amiga impidió todo tipo de incoherencia que mi mente pudo haber producido.
-Hermione-me llamó, haciendo que regresará al momento-. ¿Estás bien?-preguntó.
-Sí, yo… sí-tartamudeé.
-Bien-se bajó del auto y quise quitarle la oportunidad de ser caballeroso, porque todo aquello no ayudaba mucho en el asunto del enamoramiento absurdo en el que ahora estaba metida. Pero la puerta no abrió. Él rápidamente se encontró de mi lado y él mismo la abrió para ayudarme a bajar.
Subimos por las escaleras hasta el tercer piso y llegamos por fin al departamento. Draco parecía relajado mas sin embargo yo seguía sintiéndome culpable.
Abrí la puerta con el corazón palpitante de desazón y visualicé por un momento cómo debía ser el mundo.
Harry se encontraba con Ginny y ambos miraron al instante hacía donde Draco y yo, la expresión de cada uno era distinta, la de Ginny era un rostro inquieto, preocupado, sin duda; la de Harry estaba tranquila, serena. Me pregunté cuál sería la mía.
-¡Oh allí están!-exclamó Ginny y corrió a abrazarnos a Draco y a mí.
Me quedé quieta, confundida.
-Bestia, ¿por qué no te llevaste tu celular?-me dijo- Draco, ¿por qué no respondías el tuyo?-inquirió al interpelado.
Más que una amiga que se sintiera engañada o especulando alguna artimaña parecía madre preocupada como cuando sus hijos no llegan a casa y pasa de la media noche. Me sentí más culpable que antes.
-Lo siento, amor-dijo Draco, y en la última palabra el corazón se me encogió adolorido-. Llevé a Hermione a la feria, ¿recuerdas que me contaste que jamás había ido a una? Bueno, quise hacer algo realmente lindo por ella-me miró y me sonrió, pero con una de esas sonrisas que te dan los amigos: expansiva y sin rastro alguno que me hiciera confundir-. Y además, pasé a saludar a Blaise, recuerda que hoy es su cumpleaños. Por cierto, te mandó saludos-se acercó a Ginny y besó su frente.
Capté la escena desde muy cerca y el corazón aun encogido en alguna parte de mi pecho, se sacudió violenta y dolorosamente. Ginny se tranquilizó.
-Pero debiste al menos avisarme, amor-musitó y se alzó en puntillas para besar a Draco en los labios.
Ya no pude mirar más, bajé la cabeza y me retiré con rapidez hasta llegar a donde Harry estaba quien se encontraba también con la mirada gacha. Esa escena le lastimaba tanto como a mí.
-Pero, ¿te divertiste, Herms?-me preguntó Ginny, con una sonrisa sincera cuando se hubo desocupado de los labios de su novio.
-Seguro, aunque casi muero arriba de una montaña rusa-dije, aparentando que todo estaba bien.
Ginny estalló en estruendosas risotadas y luego miró a Draco.
-¿La hiciste subir a una montaña rusa? ¿Cómo lo lograste? Yo lo he intentado tantas veces y siempre me dice no-dijo, sorprendida y divertida.
Draco se encogió de hombros.
-Supongo que tengo don de convencimiento-bromeó.
No estuve en desacuerdo con Draco, aunque su definición de "don de convencimiento". sería algo así como "retenerme en sus brazos para no dejarme escapar".
Miré los mimos que Draco y Ginny se hacían y me sentí mal, sin hablar del ya tan lastimado bombeador de sangre bajo mi pecho.
Harry me codeó y me hizo seña de que nos fuéramos de ese lugar. A ambos nos lastimaba. Le tomé de la muñeca y le dirigí hasta mi habitación. Cuando cerré la puerta entonces supe que la atención de ambos estaba en nosotros. Lo último que quería era que Ginny y Draco pensaran mal acerca de mí y de Harry, pero tenía el corazón demasiado adolorido como para detenerme a pensar en otra cosa.
Harry se sentó en mi cama y yo me quedé recargada a la puerta. Ambos nos miramos por un largo instante, como si nos comunicáramos con los ojos. Hasta que él rompió el silencio.
-Me imagino que te divertiste mucho-dijo.
-Como nunca-admití y me retiré de la puerta para sentarme a su lado-. ¿Y qué hay de ti? ¿Por qué estabas con Ginny?
Sonrió.
-Bueno, al no encontrarlos a ustedes aquí, me llamó a mí, y tú sabes que no desaprovecharía alguna oportunidad para estar con ella y tampoco iba a dejarla sola-confesó.
Me tumbé sobre la cama, suspirando.
-¿Te confieso algo?-musité.
Harry se giró sobre su asiento y me miró desde arriba.
-Dime.
-Amo a tu hermano-susurré, como si ellos pudieran oírme.
Harry rió.
-Cuánto lo siento-me palmeó la pierna, cerca de la rodilla.