Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Manual de lo prohibido · de

Manual de lo prohibido — capítulo 20

Conforme pasaban los días, la culpa no desparecía sino que, por el contrario, iba aumentando.

Caminé por las calles que ya conocía para llegar hasta el laboratorio de fotografía de los Agnelli, donde se encontraba una de las pocas personas que sabían comprenderme y apoyarme. Aunque esta vez hablar con Luna no sería tan sencillo ya que Theo me acompañaba. Se ofreció en seguida de que me encontró en el pasillo del edificio y supo que me dirigía para acá.

Le miré.

-¿La invitarás a salir?-pregunté.

-¿Crees que diga que sí?-dijo, nervioso.

-Por supuesto que sí-reí.

-¿Crees que le guste?-preguntó.

-Eso… averígualo hoy-dije.

Cuando llegamos Theo se plantó detrás de mí, como un niño totalmente tímido pero los ojos azules de Luna chispearon al verle. Me hice a un lado para no obstruir su vista y la sonrisa entre ambos decía más que mil palabras.

Me aclaré la garganta, haciéndome notar. Luna me miró al instante.

-Oh, Herms, hola. ¿Nuevas fotos?

Le sonreí, dándolo por hecho.

Les dí la oportunidad a Luna y a Theo de hablar y esperaba a que Theo realmente la invitara a salir, mientras que yo me encontraba revelando las fotografías. Cuando hube terminado, las puse en una pila y las miré una por una.

Eran como veinte fotografías, y la mayoría tenía una cosa en común. El rostro hermoso de Draco. Se me había vuelto como una obsesión retratarle, era como para guardar el recuerdo o al menos tener una prueba de que los momentos a su lado habían sido reales.

Miré la hora en la pantalla de mi móvil, eran las seis con treinta y cinco minutos. Tenía dos opciones a elegir, una era quedarme aquí con Luna y Theo y así, no alimentar a este sentimiento con la compañía de Draco; la otra era apresurar el paso para alcanzar a llegar al departamento y encontrarle, porque ese sentimiento quería ser alimentado.

La figura delicada de Luna entró al pequeño cuarto de revelado y me hizo pegar un brinco.

-¡Theo me invitó a salir!-me dijo, entusiasmada.

-¿en serio? Genial, ¿para cuando?-pregunté.

-Para hoy-sonrió-. En cuando cierre nos iremos.

-Oh-entonces ahora ya no tenía opción que escoger-. Genial.

-¿Hablaremos otro día?-preguntó, lamentándose por no poder hacerlo hoy.

-Seguro. Hay mucho que tienes que saber, pero sirve que así me cuentas tú también-insinué.

-Gracias-la bonita sonrisa de niña se expandió por su rostro.

Recogí mis cosas y guardé las fotografías en un sobre amarillo como el que había utilizado la primera vez; me despedí de Luna y Theo y salí apresurando el paso para llegar al departamento.

Cuando por fin logré visualizar el edificio, me percaté de la Hybrid negra que se estacionaba delante de él. El corazón me latió pesado.

Aun no eran las siete, ¿por qué Draco había llegado ya? Mi móvil sonó en el bolsillo de mi chaqueta y con la mano libre lo tomé y contesté a la llamada sin siquiera ver quién era.

-¿Hola?

-Hermione, ¿dónde estás?-la voz del otro lado me dejó el corazón pasmado para luego hacerlo latir tan fuerte, de una manera errática.

-Voy llegando al departamento, ¿por qué? ¿Ya estás allí?-logré articular.

-Sí, date prisa, tengo algo que mostrarte-me dijo y luego colgó.

¿Algo que mostrarme? ¿A mí? Hice que mis pies casi corrieran, aun cuando me faltaran menos de quince metros para llegar a la puerta del edificio. Entonces pude darme cuenta del poder que tenía Draco sobre mí. Si me decía ven, yo iba.

Me adentré al edificio y subí los escalones alfombrados de dos en dos para llegar más rápido, el ascensor estaba vacío pero las escaleras me parecían un camino más dinámico.

Cuando logré llegar hasta el tercer piso y las pisadas de mis pies en la alfombra resonaron en el pasillo, vi a Draco recargado en la pared. Las manos las tenía en el bolsillo de su pantalón y una sonrisa flamante adornaba su rostro.

-Hola-dije, medio agotada por el ejercicio.

-Hola-musitó, alegre.

Me acerqué para abrir la puerta y luego él me siguió cuando la hube abierto por completo.

Estaba curiosa, y no sólo yo, sino la fierecilla también. Dejé el sobre amarillo encima del pretil y las llaves sobre éste. Luego me giré a Draco, tratando de parecer lo más relajada posible.

-¿Y… qué querías mostrarme?-pregunté.

-Esto-sacó de su bolsillo trasero un papel doblado en cuatro partes y me lo pasó.

Me senté en una de las sillas y desdoblé el papel, haciéndolo crujir entre mis dedos. Cuando la hoja se encontraba completamente extendida en mis manos, comencé a leer aquella caligrafía alargada que se plasmaba en el papel.

Hay algo en la forma en que ella se mueve

Que me atrae como ninguna otra amante.

Hay algo en la forma en la que ella me coquetea

No quiero dejarla ahora,

¿Sabes? Lo creo ahora.

En algún lugar de su sonrisa, ella sabe

Que no necesito otra amante

Algo en su estilo que me muestra

No quiero dejarla ahora

¿Sabes? Lo creo ahora.

Me preguntas si mi amor crecerá

Pero no lo sé, no lo sé

Permanece cerca

Y posiblemente lo veas

Pero no lo sé, no lo sé.

En algún lugar de su sonrisa, ella sabe

Que todo lo que tengo que hacer es pensar en ella

Algo en la forma que ella me muestra

No quiero dejarla ahora,

¿Sabes? Lo creo ahora

Me quedé mirando las palabras sin leer de nuevo. Yo no era estúpida. ¿Qué clase de canción era ésta? Él había escrito una canción con acordes y estribillos y era difícil escuchar a mi razón, sintiendo cómo la dura lucha contra el impulso la hacía flaquear. Pero yo no era estúpida.

Algo en esas frases de caligrafía alargada susurraba mi nombre; lo sabía lo sentía. Y entonces pude escuchar un poco la voz de mi razón, de mi cordura, que me hacía pensar en Ginny más de lo que ya lo había estado haciendo.

Yo amaba a su novio, no entendía cómo en tan poco tiempo, pero lo amaba, podía incluso jurarlo; pero eso no me daba el derecho de arrebatárselo. Era su joya, no la mía, y yo se la estaba robando.

Miré a Draco, que esperaba impaciente a que le dijera algo y lo único que pude deducir en aquel momento fue parte de la verdad, llegó a mí como una estrella fugaz que pasa y deja la luz en los ojos, como un soplo del viento que aclara la mente.

Draco se estaba comportando como un cretino, ¿acaso estaba jugando con ambas? Iba, me regalaba, me llevaba y hasta me escribía una canción, porque podía asegurar que esa canción era para mí; y luego llegaba y abrazaba, besaba y le entregaba su cariño a Ginny. Me sentí un títere en sus manos. ¿Pero cómo poder reclamarle? Ni siquiera tenía los argumentos bien cimentados. Mi mente era todo un caos de pensamientos, conjeturas e hipótesis absurdas.

-¿Y?-preguntó, ansioso.

-¿En quién te inspiraste?-inquirí, tratando de que mi voz sonara casual. Él no debía de tener ni la más mínima sospecha de lo que pasaba por mi cabeza.

-Sólo… me llegó la inspiración. Pero, ¿te gusta?-insistió, ladeando el tema.

-Es… linda-dije, en realidad lo era, pero sólo si lo veía de una perspectiva muy, pero muy superficial.

-Parece como si no te hubiera gustado-musitó, y a su rostro asomó una máscara de pesadumbre.

Le ordené severamente a mi corazón que se callara; anhelaba besarlo y al mismo tiempo abofetearlo; deseaba salir corriendo tan lejos como me fuera posible. ¿Cómo podía él estarle haciendo esto a Ginny? Pero aun, ¿cómo podía yo estarle haciendo esto a Sharon?

-Está preciosa, Draco, pero…-murmuré.

-¿Pero?-buscó mi mirada, que repentinamente se encontraba gacha.

Me atreví a levantarla, sólo para poder verle el rostro y decidirme si lo que quería era abofetearlo o… besarlo. Eliminé ambas ideas de mi cabeza al instante y miré el reloj, ¿sólo habían pasado quince minutos?

-Pero… olvidé algunas fotos con Luna y debo ir por ellas-farfullé, nerviosa. Optando por la opción que menos parecía una locura. Escapar. Y esperando a que se creyera mi mentira.

-¿Luna? ¡Oh, claro!-sonrió- Te acompaño, y así me la presentas por fin-dijo.

-No-la corta palabra salió veloz, tajante.

Draco se hizo para atrás, confundido.

-Es que…-tartamudeé- Voy a tardarme, mucho-hice un énfasis innecesario para la última palabra-. Llegaré tarde y no es apropiado que hagas esperar a Ginny otra vez, así que tú quédate aquí-sonreí-, espérala. Estás en tu casa.

Tomé precipitadamente el sobre del pretil y lo apreté bajo mi brazo, las llaves las tomé con la otra mano.

-Pero…

-¡Oh! Por cierto-lo interrumpí-, felicidades por escribir una canción tan… bonita-dije y salí por la puerta, huyendo como una niña asustada.

Bajé las escaleras a toda prisa, mis zapatos golpeteaban rítmicamente en los escalones que pasaban debajo de ellos y salí al aire exterior llenado mis pulmones de éste. Estaba asustada, no sabía qué pensar o qué pensamiento en mi cabeza obedecer.

Necesitaba huir al menos por un rato, sacar a Draco de mi cabeza al menos por una fracción de segundo. Saqué mi móvil y tecleé el número de Harry.

-¿Aló?

-Harry, soy yo, Herms. ¿Podrías hacerme un favor?-pregunté, con la voz que me salía temblorosa de mi garganta.

-Claro, dime.

-¿Podrías ir por Ginn a su trabajo?

-Pero… ya salió, ¿no?

-Sí, pero encuéntrala en el camino, antes de que tome un taxi o algo parecido. Y ofrécete a traerla a casa todos los días, por favor-farfullé, mientras caminaba calle abajo.

-Puedo preguntar ¿por qué?

-Sólo tráela a casa, ¿quieres? Luego te explico.

-Está bien.

-Date prisa, adiós.

-Hasta pronto.

-Gracias-musité.

-No, gracias a ti.

Trunqué la llamada y devolví el celular a mi bolsillo. Me abrace debido al frío y seguí caminando sin dirección. Mi plan era que Ginny estuviera más pronto en casa de lo que suele llegar. Todos y cada uno de los días que me restaran aquí. Así, no ignoraría a Draco de forma tan obvia, pero sería menos tiempo estando con él y eso ayudaría bastante a que de una vez por todas controlara mis sentimientos.

Decidí parar a mitad de una calle, no sabía a dónde me dirigía y si seguía sin rumbo, seguro me perdería. No podía ir donde Luna debido a que allí no había nadie, ella seguro estaría en su cita con Theo. La gente me esquivaba y pasaba a mi lado, totalmente indiferente, mientras yo me quedé inmóvil allí. Había caminado apenas dos calles lejos del edificio, y sabía que si caminaba más terminaría perdiéndome.

Recordé un pequeño parque a unas cuantas cuadras más, un fácil camino para seguir, así que fui hasta allá, a desperdiciar el tiempo y que se hiciera tarde solamente para no verle el rostro a él.

Cuando llegué, me apoderé de una de las bancas de metal negro que adornaban los caminos del parque y me senté a observar cómo el cielo oscurecía totalmente.

No pude evitar pensar en Draco, lo amaba, ni siquiera sabía cómo y con tanta rapidez. Me era absurdo, ilógico. Era casi ridículo cómo quería escapar de esos sentimientos que no debían de estar en mi corazón. Ridículo, sí. Porque en realidad estar a su lado era lo único que en este momento quería hacer.

Apreté el sobre en mis manos, haciéndolo crujir. El viento me movió los cabellos y me despejó un poco la mente, haciéndome pensar en algo que hasta el momento le faltaba atención de mi parte.

Algún día tendría que irme.

¿Y qué pasaría? ¿Qué me llevaría? La agobiante presión en el pecho apareció apretujando mi corazón y sacudiéndolo de forma violenta. El solo hecho de pensar en eso, me dolía. Me iría y tendría que dejar aquí mi corazón, pero sabía que era la mejor opción que podía hacer. Me burlé de mi misma, yo no era tan distinta a Ginny, huir también era mi opción fácil.

Pero al pensar en ella, el corazón se me encogió aun más, adolorido. La historia podría repetirse de nuevo y ella ¿a dónde huiría esta vez? Su antiguo novio, Jairo, la había lastimado tanto con aquella actitud que había tomado. La había cambiado de un día a otro y el frágil corazón de Ginny no pudo resistir aquello, la dejó destruida por que ella lo amaba; al punto de que decidió mejor mudarse de país, de continente.

Ahora, yo no quería ser la bruja malvada que le arrebataría de nuevo algo que ella ama, preferiría morir atropellada por un autobús, eso sería más digno.

Suspiré y me llevé las manos a la cabeza, dejando el sobre amarillo sobre mis piernas. Cerré los ojos por un minuto, anhelando que el viento susurrara la respuesta a mi oído de mi gran dilema.

Por allí oí decir que el amor ensuciaba, yo parecía estar manchada de todos lados. Pero huir era mi mejor opción hasta el momento, sólo que no sabía cuándo.

• • •

Mi plan había funcionado.

Ginny había llegado a las siete treinta jueves y viernes, gracias a Harry; por lo tanto, los minutos se me reducían a la mitad para estar con Draco. Algo que aunque no me gustaba mucho hacía menos difícil la resistencia. Sin embargo no dejaba de ser dura.

Miré la hora cuando el timbre sonó, sólo dos minutos tarde había llegado Luna. Apagué el televisor y me encaminé hasta la puerta.

-Lindo departamento-musitó paseando su mirada por todo alrededor-. Aunque el edificio es… un poco melancólico.

Sonreí.

-Gracias por venir-le dije.

-Para mi es un honor que me hayas invitado a tu casa… bueno, departamento-rió.

-Gracias, eres la única con la que puedo hablar de esto-fui hasta mi habitación e hice que me siguiera.

-Sabes que siempre podrás contar conmigo, Herms-me sonrió, demostrándome confianza.

-Soy un caso perdido-me puse en cuclillas y rebusqué entre los cajones de mi buró, del inferior saqué mi gran tesoro. Un sobre amarillo en tamaño carta y de un grosor considerable que aventé luego sobre la cama, haciéndolo rebotar sólo un par de veces.

Le hice una seña a Luna para que abriera aquel sobre y al instante que comprendió, se acercó y lo tomó entre sus manos.

-Vaya, sí que pesa-bromeó, alzando las delicadas cejas.

Deshizo el pequeño hilo rojo y abrió el sobre. Sacó el montón de fotografías que estuvieron apunto de caérsele.

-¡Wow!-dijo, sorprendida cuando notó cuántas fotos eran y sobre todo, de quién eran-. Este tipo podría trabajar de modelo-musitó y aunque aquello era para hacerme reír, no pude hacerlo-. Esto es como un libro-hizo referencia al grosor-, o como una exposición de algún museo.

-O un manual de lo prohibido-musité.

-Eso suena interesante-rió.

El timbre apagó la risa de las dos, eran las seis con quince minutos apenas, ¿quién sería? Ambas nos miramos extrañadas.

-¿Esperas a alguien?-me preguntó Luna.

-No que yo sepa-negué con la cabeza y luego salí de mi habitación para abrir la puerta.

Luna fue detrás de mí y cuando abrí la armazón de madera me llevé una gran sorpresa al ver a Draco allí. Los ojos casi se me salían de las órbitas.

-¿Malfoy?-articulé, claramente sorprendida.

-Ay, yo pensé que ya habíamos dejado las formalidades-bromeó y luego miró por encima de mi hombro a Luna, quien lo miraba embobada.

Se pasó sin que le dijera que lo hiciera y le sonrió a Luna.

-Hola-le dijo-. Soy Draco-le extendió la mano.

-El novio de Ginny-dije, cerrando la puerta de mala gana. ¿Por qué nunca dejaba bien claro quién era?

-Hola-musitó Luna, tendiéndole la mano también-,Luna.

-No, yo soy Draco-dijo éste.

Ella rió.

-No, no, digo que yo soy Luna

-¡Oh! ¡Luna, claro! He oído hablar tanto de ti-dijo-. Me da mucho gusto conocerte al fin.

Me aclaré la garganta, haciéndome notar.

-Luna, amm… el manual en mi habitación, amm… podrías guardarlo, ¿por favor?-farfullé, recordando que habíamos dejado las fotografías al descubierto y regadas en la cama.

-Claro-captó rápidamente el hilo de mis palabras y salió disparada a mi habitación.

Miré a Draco, aunque no quería admitir que estaba encantada de que estuviera allí traté de permanecer seria.

-¿No es muy temprano para que vengas?-traté de sonar lo más normal posible, pero el pánico no se podía ocultar muy bien detrás de mi voz.

-Sí, pero ya que mañana será la fiesta del señor Vittore, quiero saber qué vamos a hacer mañana o a qué hora nos iremos-su mirada gacha bailó fugaz.

-Pero…

-¡Listo!-Luna me interrumpió, saliendo de mi habitación con su sonrisa brillante en el bello rostro.

En ese momento agradecí al cielo de que ella se encontrara allí; así al menos no me vería tan obvia, no sería tan torpe al hablar con él. Y mi razón mantendría calmado a mi corazón.

Luna y Draco se conectaron enseguida, ambos eran muy sociables y la plática entre ellos fluyó de manera rápida, aquello me alegró.

Cuando Ginny llegó junto con Harry sonreí de manera significativa, aunque me doliera en lo más profundo de mi alma ver juntos a Draco y Ginny sabía que aquello me servía para ponerle un freno a mis absurdos sentimientos.

Luego de que Harry y Luna se fueran, me encerré en mi habitación como de costumbre, pero no pasó mucho tiempo cuando oí que llamaban a mi puerta, el murmullo de voces había desparecido del exterior y sólo los golpeteos en la puerta, algo apagados, se oían en aquel silencio sepulcral.

Salté de la cama y abrí la puerta, la cara de Ginny no era la misma, estaba bastante triste, podía notarlo.

-Ginn, ¿qué pasa?-pregunté, preocupada.

-Necesito hablar contigo-me dijo y se sentó en mi cama.

No sólo su rostro estaba triste, su voz parecía haber dejado la alegría también.

-¿Sobre qué?-inquirí, ahora nerviosa, ¿sospecharía acaso que yo estaba enamorada de su novio?

Me quedé de pie, mordiéndome el labio inferior y esperé a que hablara.

-Es Draco-musitó.

El corazón se me paró por un segundo.

-¿Qué… qué pasa… con el?-farfullé, torpe.

-Ya no es el mismo de antes-bajó su cabeza y las hebras de cabello se amoldaron a la posición, cayendo finas en dirección al suelo.

-¿Qué quieres decir?-me senté a su lado.

-Casi no está conmigo, ya no me llama todos los días y cuando vengo del trabajo, se va rápidamente. Lo notó distraído cada vez que hablamos, como si su mente estuviera en otro lugar-confesó.

Abrí los ojos de par en par, aquello sí que no lo esperaba. Es decir, desde que conocí a Draco como la pareja de Ginny, se veía claro que la quería muchísimo, estaba siempre al pendiente de ella y yo era a veces testigo de sus demostraciones de amor. Pero junto al desconcierto, la culpa comenzó a aflorar.

-Hablé con Harry sobre esto-continuó, ahora mirándome, sus grandes y oscuros ojos no tenían mucha luz.

-¿Con Harry?-casi no podía creerlo.

-Sí, es su hermano, digo, ¿quién podría conocerlo mejor? Pero sólo me dijo que Draco es así de raro, que me quería y que dejara de preocuparme.

-Eso es cierto, Ginn. Mira, Draco y tú son la pareja perfecta-dije, aunque me costara aceptarlo-, Draco te quiere, créeme. Eso se nota-pasé mi brazo por su hombro.

-No tanto-resopló.

¿Qué podía decirle? Yo me sentía culpable, no es que tuviera el ego muy grande ni nada de eso, pero sabía a lo mejor el porqué del comportamiento de Draco.

-Mira, tranquila, ¿sí?-la animé- Mañana iremos a la fiesta esa de tu jefe, relájate, trata de no pensar en eso. Verás que tarde o temprano, Draco volverá a ser el mismo-dije, mientras en mi cabeza ya pensaba en la fecha en la que partiría.

Esa noche, traté de dormir, pero lo cierto es que no pude pegar los párpados durante un par de horas. Ginny ya había comenzado a notar que Draco estaba extraño, por supuesto, ella no era para nada tonta y tarde o temprano se daría cuenta de la razón de su comportamiento. Tenía que irme, tenía que irme pronto. Antes de que esto se complicara más, me iría y dejaría que Draco y Ginny volvieran a sus vidas antes de que yo llegara a Venecia. Por mi parte, yo intentaría olvidarme de él, seguiría mi vida como había sido antes, llamaría a Ginny todos los días y si acaso, sólo pediría que saludara a Draco de parte mía.

Huir era lo mejor. Lo mejor hasta ahora.


No sé porqué me encontraba nerviosa desde que desperté, Ginny estaba muy entusiasmada con la fiesta, pero detrás de su entusiasmo seguía habiendo aquella preocupación que me había dejado ver anoche.

-¡Te espero abajo junto con Draco!-me gritó Ginny desde el exterior de mi habitación y luego se paró en mi puerta-. No tardes-me sonrió.

Lucía hermosa con ese vestido púrpura que había comprado para esta ocasión especial. Aquel hermoso satín se le entallaba a su esbelto cuerpo con precisión en el pecho, y caía hermoso tapando sus largas piernas. Llevaba su cabello liso, más de lo que ya lo tenía y suelto cayendo libremente por sus hombros desnudos.

-Ya voy-musité-. Sólo me pongo el vestido.

Me sonrió y oí cuando salió del apartamento.

Suspiré, combinando mi dióxido de carbono con el oxígeno de mí alrededor. Tomé el vestido que Draco me había elegido y me lo puse, intentando no despeinar mi cabello, que lucía rizos anchos que caían como caireles hasta mi espalda.

Traté de subir el cierre del vestido que se ataba atrás de mí, pero me costaba un poco de trabajo poder alcanzarlo.

-Demonios-farfullé.

Salí de mi habitación, Ginny había apagado las luces del departamento y sólo era iluminado por el atardecer del exterior que se filtraba por la ventana y la luz amarillenta que salía de mi cuarto entre abierto. Intenté subir el cierre de nuevo, pero fracasé en la maniobra.

De pronto, la puerta se abrió, Ginny podría llegar a ser muy desesperada.

-¿Tienes problemas?-pero esa no era la voz de Ginny.

Me quedé inmóvil al reconocer a Draco, luego me giré avergonzada. Aun en la oscuridad, podía verle. Llevaba puesto un esmoquin negro, ajustado a su perfecto cuerpo; su camisa blanca era del mismo color que el moño. Su figura me quitó el aliento.

-Emm… no puedo subirlo-musité, atolondrada-. ¿Podrías…?-manoteé en la oscuridad, señalando el cierre de mi espalda.

-Claro-se acercó hasta mí, su perfume bailoteó por mi nariz.

Me giré y le di la espalda para que pudiera subir el cierre y recogí con una mano mi cabello, haciéndolo a un lado.

Sentí sus manos en mi espalda, tratando de subir el cierre; el tacto hizo que la piel de todo el cuerpo se me erizara. El sonido de la cremallera encajando lentamente quebrantó el silencio, no se oía nada, excepto nuestras respiraciones y los sonidos apenas audibles provenientes del exterior. El cierre encajó por completo, pero no me moví. Él aun sujetaba con sus manos mi espalda.

Y de pronto, sentí cómo acurrucó su nariz entre mis desatados cabello y cómo su respiración los traspasaba golpeando con delicadeza mi cuello. El corazón se me aceleró, tanto que me pregunté si él podía oírlo.

-Draco…-murmuré, ¿qué estaba haciendo?

Pero el silencio persistió y su respiración acariciaba la piel de mi cuello con más intensidad, haciendo que el estómago se me encogiera, que la piel se me erizara y que toda cordura huyera.

-¿Chicos por qué tardan tanto?-la voz de Ginny me hizo pegar un brinco.


Se que es largo,mucho contenido,mucho que asimilar... y ademas quiero una opinion... ¿Que les parece si hago una adaptacion d eun buen libro? Comeeeenteeeeeenn toooooooodo. tanto del cap como de mi idea.