Manual de lo prohibido — capítulo 21
-¿Chicos por qué tardan tanto?-la voz de Ginny me hizo pegar un brinco.
Sentí cómo la respiración de Draco se alejó de mi cuello y cómo el alma se me desplomaba al piso. ¿Ginny habrá visto…? El silencio me hizo pensar infinidad de cosas.
-Esto sí que está oscuro-dijo y luego las luces se encendieron de nuevo.
Estaba de espaldas a la escena, pero Ginny no parecía para nada sorprendida, molesta o daba alguna señal típica de una persona que se sintiera engañada. Me giré, la vi en la entrada con la mirada puesta en mí y sus ojos grandes maravillada por mi vestido. Luego divisé a Draco, quien también me miraba absorto, como si estuviese fascinado y… a un metro de distancia de mí.
Me preguntaba cómo podía alejarse tan rápido sin que alguien lo notara cerca siquiera.
-Te ves hermosa, Herms-me dijo Ginny.
-Gracias-musité, con la voz temblorosa que salió de mí.
-Démonos prisa-me instó, haciendo también un gesto con la mano para que saliera por la puerta-. Vamos, amor-le dijo a Draco.
Tomé mi abrigo y no le dirigí siquiera una mirada a Draco en el camino, o mejor dicho, una mirada que él notara. ¿Qué demonios había ocurrido hace unos instantes? Hubo un acercamiento demasiado… demasiado… lo que sea. A fin de cuentas, había sido demasiado para mí.
¿Es que él no se daba cuenta de lo que me hacía? Y cuando lo hacía, ¿no pensaba en Ginny? Esto estaba sobrepasando los límites, Draco no era un patán, no sé porqué se comportaba como uno.
Especulé durante los cuarenta y tantos minutos que se había tomado el viaje hasta la dirección que Ginny tenía anotada en letra manuscrita en un papel doblado en cuatro.
-Aquí es-dijo, Draco.
Dirigí mi vista a través de la ventana de la Hybrid, en donde un hermoso jardín se expandía glorioso en el exterior de aquel salón de eventos. Del cual vislumbraban sus luces, reflejándose en los cristales de los grandísimos vitrales de la casa.
Bajamos de la camioneta después de que Draco la estacionara en el aparcamiento del jardín. Miré maravillada todo a mí alrededor, vaya celebración para un cumpleaños.
El pavoroso vestido y los tacos altos en color plata me dificultaron un poco el andar, no estaba muy acostumbrada a esto.
Ginny tomó del brazo a Draco y por el otro lado, me tomó también a mí; y juntos nos encaminó hacía el interior de la casa.
Me quedé sorprendida cuando divisé la decoración, si afuera era hermoso, cuánto más adentro.
Del techo colgaban candiles enormes, hechos de cristal y pedrería, que reflejaban poderosamente la luz y la proyectaban en miles de colores danzantes. Las paredes, adornadas con pinturas de algún artista italiano, lucían acogedoras con ese color perla que las coloreaba. El suelo era blanco, de piso que jamás había visto. El lugar era grandísimo y gente vestida de lo más elegante parloteaba en pequeños grupos formados por tres o cuatro personas, con copas de cristal conteniendo vino; mientras que la música de fondo eran hermosas melodías a piano.
-Wow-musité, sorprendida.
-Es… grande-concordó Draco, viendo también los enormes candiles del lugar.
-Ginny, il mio diamante!* -la voz ronca de un señor nos hizo voltear a verle.
Era un sujeto de aspecto opulento, alto y su cabello peinado lucía algunas cuantas canas esparcidas entre el gris.
-Signor Vittore, buon compleanno! ** -dijo Ginny, expandiendo su sonrisa al hombre. El hombre la tomó de la espalda y la llevó entre la multitud, hablando con ella.
Draco y yo nos quedamos parados allí, solos. Al comprender esto, mi corazón comenzó a latir frenéticamente.
-¿A dónde va?-le pregunté, perdiendo de vista a Ginny.
Se encogió de hombros.
-Con su jefe, no sé-dijo, como si nada- ¿Quieres algo de beber?-me miró.
-Me gustaría, gracias-le sonreí, tímida.
No sabía si quedarme con él a solas era buena idea; después de lo que acababa de pasar, no, sin duda no lo era.
-Está bien, siéntate allá-me señaló una mesa con sillas disponibles-. Yo te la llevo.
-Gracias-me di la media vuelta, pero luego me giré de nuevo-. ¡Draco!-pronuncié y él se giró a mirarme- Sin…
-Alcohol, ya sé-sonrió y luego continuó caminando entre la multitud con tremenda elegancia.
Suspiré y me fui a donde él me había dicho, me senté, un poco cohibida y luego me quité el abrigo, ya que la temperatura del interior era mucho más cálida que la de afuera. Miré a Draco en la barra y al instante desvié la vista. Podía sentir el amor que le tenía, creciendo dentro de mí, como si fuese la luz de la aurora, que va de aumento en aumento hasta que el día es perfecto. Volví a mirarle, aunque no quisiera. Él era tan bello, tan elegante, tan perfecto. Frustrada aparté la mirada de nuevo, recordando lo que había sucedido hace unos minutos. Aquello debía de tener una explicación lógica, él no podía sentir lo mismo que yo, ¿verdad? Volví a posar mis ojos en su figura, dándome cuenta de que cada esfuerzo por no mirarlo, se convertía en un fracaso inmediato; era como si me tapara los ojos con las manos pero alcanzara a ver a través del espacio entre los dedos. Suspiré y obligué a mi vista a posarse en otra cosa.
Divisé a mi lado izquierdo cómo las parejas danzaban un vals con la música a piano y me perdí por un momento en su baile.
-Aquí tienes-la voz de Draco me hizo volver y mirarle, una vez más; me ofrecía una copa con algún líquido verdoso y trasparente.
Lo tomé y lo revisé, vacilante.
-Es agua de limón-rió-. Sin alcohol.
-Gracias-dije, aliviada y luego le di un sorbo.
-¿Quieres bailar?-su voz de terciopelo chispeaba de entusiasmo.
-Eem… pero, ¿y Ginny?-balbucé.
-Nos dejó aquí-se encogió de hombros-. Vamos a divertirnos, ven-me tendió la mano y aquella piel blanca de su palma era como si me invitara a que la acariciara.
La tomé, aun sabiendo perfectamente que no debería de haberlo hecho. Me levantó de mi asiento y sin soltar mi mano me condujo hasta donde estaban las parejas bailando, me sentí como cenicienta cuando el príncipe la divisa entre la multitud, la toma de la mano y luego la lleva a la pista de baile, mientras todos miraban absortos. Me reí de tal comparación, porque nadie nos prestaba la más mínima atención.
Paró a la mitad de la pista, y colocó su otra mano en mi cintura, mientras yo ponía la mía en su espalda; apretó más la mano que me sujetaba y comenzó a moverse con delicadeza en la pista y yo le seguí.
Podía ver mi reflejo en sus bellos ojos grises junto a ese brillo tan propio en ellos. Me sonrió, haciendo que en mi interior mi corazón golpeteara contra mi pecho de una forma tan estruendosa. Jamás había bailado una música a piano, pero ahora era como estar en mi propio cuento de hadas.
Me hizo recostar la cabeza en su hombro y mi mejilla rozó la tela de su traje mientras que mi nariz se deleitaba con su fragancia tan única y viril. Sentí su cabeza apegarse a la mía y su respiración movía por encima mis cabellos, entre tanto que seguíamos bailando. Este momento era perfecto, aunque no debiera ser mío; sino de Ginny.
El pensamiento me estrujó el corazón y me hizo gemir con disimulo. Levanté mi cara y miré a Draco, quien también me miraba, con una sonrisa fugaz que parecía divertida. Su brazo me atrajo más hacía él, mientras seguíamos girando bajo el brillo de las luces, dejándonos llevar por la suave melodía a piano.
No pude evitar perderme en sus ojos debido a la distancia a la que ahora se encontraban, quise ignorar el molesto latir ruidoso de mi corazón y concentrarme sólo en lo que estaba haciendo. Un simple baile, nada más, eso tenía que significar para mí.
Su respiración rozaba parte de mi mejilla y el cálido tacto de su mano en mi cintura parecía una caricia; aquello me hizo recordar lo de hace unas horas. Aun si quisiera alejarme, no podría; sencillamente porque no tendría las fuerzas suficientes para hacerlo. Volví a poner mi cabeza sobre su hombro, ya que mirarle tan cerca desataba los pensamientos más ilógicos en mi mente. Me envolví de nuevo en esa fragancia tan propia de el y cerré los ojos deseando trasportarme a otro lugar. Los mantuve cerrados por unos minutos, mientras mis pies seguían moviéndose junto con los suyos bajo el dosel de luces.
Mis labios se convirtieron en una sonrisa cuando sentí una vez más que su cabeza se apegó a la mía y luego abrí los ojos lentamente; a lo lejos, el rostro de Ginny apareció entre la multitud y su vista absorta posada en nosotros dos.
Ella notó que la miré y sus labios se tensaron en una sonrisa, pero la conocía tanto que sabía que detrás de aquella mueca de labios había algo más. Me quedé quieta, como si hubiera visto un fantasma. Y luego Ginny caminó entre el tumulto de gente hasta perderse.
Draco se percató de la tensión de mi cuerpo y detuvo el vals.
-¿Ocurre algo?-me preguntó.
-No-musité-. Ya vengo-me deshice de sus brazos y corrí a buscar a mi amiga.
Qué tonta había sido, ¿cómo se me ocurre a mí estar con su novio enfrente de ella? Estaba abusando de mi suerte. Me abrí paso entre la gente, desesperada por encontrarla, hasta que la divisé afuera, mirando hacía el cielo. Maldición, la había lastimado, y ahora mi corazón latía angustiado.
Salí al exterior con paso vacilante e instantáneamente el aire gélido me rozó la piel descubierta. Me acerqué a ella.
-Ginn, yo…-¿qué clase de disculpa le debía?, sabía que le tenía que dar alguna pero, ¿cómo?
Se giró al sonido de mi voz y me miró con ojos extraños. No era una mirada de rencor, enojo ó algún sentimiento parecido; simplemente era extraña. Me sonrió.
-¿Crees que sea buena idea irme?-soltó y mis ojos se abrieron como platos.
Oh, no. Volvería a huir de nuevo y todo por culpa mía.
-¡¿Irte?! Ginny, ¿por qué? Escucha, ¡no es lo que tú piensas!-mascullé, atropellando las palabras.
-¿De qué hablas?-rió, pero esa aparente diversión no llegaba a los ojos.
-Sé que se veía mal pero, juro que no hay nada entre Draco y yo-supliqué.
-¿Qué?-volvió a reír- Hermione, ¿dé que hablas?
-Nos viste bailando y…-murmuré, ahora confundida.
-Fue sólo un baile, Herms -dijo-. Eso no tiene nada de malo.
-Ah… entonces, ¿de qué hablas tú?-pregunté, sintiéndome de veras tonta.
-El señor Vittore quiere que lo acompañe a la inauguración de un nuevo hospital en Verona. Soy la mejor enfermera que él tiene-explicó.
-Oh-exclamé al entender-. Pero, ¿te irás?-inquirí, ahora captando su anterior comentario.
-Sólo sería por dos días, pero no sé aún-se encogió de hombros.
-¿Por qué no? digo, es una buena idea. ¿Te pagarán?
-Sí, sería como si trabajara.
-Entonces es genial-dije-. ¿Cuándo te irías?
-Mañana en la noche.
-¿Qué? ¿Tan pronto?
Se encogió de hombros una vez más.
-Es por eso que no he decidido aún. Además, me cuesta dejarlos; a ti, a Draco, a Harry.
Sonreí en mi mente cuando consideró a Harry.
-Sólo serán dos días, Ginn. Pero, ¿tú quieres ir?
-Me gustaría-asintió.
-Entonces ve.
-Tengo que comentarlo también con…
La puerta se abrió y de ella salió aquel joven danzante que me tenía en sus brazos hace unos instantes.
-…Draco-terminó Ginny.
-Ginny, aquí estás-dijo, y luego me miró; como si a la que buscase hubiese sido a mí ya que sus palabras habían sonado huecas.
-Qué bueno que apareces, Draco-dijo ella-. Tengo algo que decirte.
-¿Sobre qué?-inquirió el interpelado.
-Haré un viaje de dos días a Verona con el señor Vittore por la inauguración de un nuevo hospital-anunció.
-¿Cuándo te vas?-aquella pregunta que salió de los rosados y rellenos labios de Draco no pareció del todo tierna.
-Mañana por la noche.
-Oh. Bien.
Guardé silencio, no sabía si era mi imaginación o la conversación entre ellos carecía de calor, era una plática fría, como si ambos estuvieran molestos con el otro y nadie se pusiera a considerar los hechos. Me percaté también de que ginny no lo discutió con Draco, sino que ya había tomado la decisión y sólo se la hizo saber.
-Chicos, vamos adentro; aquí hace frío-musité, dándole un doble sentido a mis palabras.
-Claro-dijo Ginny.
Entramos de nuevo y al instante ella tomó la mano de Draco, cosa que hizo que la fierecilla, hasta ahora desparecida, diera señales de vida. Pero esta vez ya no parecía celosa, aunque sí lo estaba, pero se encontraba más triste que enojada. Yo tenía que entender que él le pertenecía a Draco y nada iba a cambiar aquello.
-¿Bailamos?-le preguntó Draco y mi corazón se contrajo en mi pecho, dolido.
-Claro-aceptó ella.
-Iré a sentarme por allá-dije, mientras señalaba el lugar que antes había ocupado.
Ginny me sonrió con una sonrisa muy carente de alegría; mientras que Draco, ni siquiera me miró.
Me estaba confundiendo horriblemente; estaba entre el sí y el no acerca de descifrar sus sentimientos hacía mí. Juro que no lo entendía.
Cuando me hube sentado, los miré acomodados en la pista, bailando una canción y no una melodía, aunque era igual de lenta.
Tenía que deshacerme de inmediato de todas mis especulaciones, de todo tipo de pensamiento en el que cavilara a Draco. El no debía de estar rondando en mi cabeza, vagando junto a las fantasías implacables que se desataban con cada mirada o tacto suyo.
Volví a prestar atención a ellos. Eran la pareja perfecta, sin duda. Y aunque estaba terriblemente confundida por el actuar de Draco; sí tenía una cosa en claro… no permitiría que jugara conmigo, ni mucho menos con Ginny, y por supuesto, tampoco que le rompiera el corazón.
-Vuoi ballare con me? *-la voz de un joven de cabello castaño, algo alborotado me hizo mirarle.
Me tendía la mano, como Draco lo había hecho antes. Pude adivinar entonces que me pedía un baile. Pero no tenía muchas ganas de bailar.
-Lo siento, no hablo italiano-dije, sonriéndole.
-Oh, si parla spagnolo. Si prega di ballare con me-no sabía qué había dicho, pero no quitaba la mano extendida hacía mí.
Miré hacía la pista de baile,Ginny y Draco seguían allí, moviéndose al sonido de la música. Yo no tenía que quedarme aquí sentada, abandonada; además el muchacho que me pedía un baile era apuesto. Sus ojos cafés y sus labios rosados y rellenos me recordaron en cierta parte a Draco.
-Qué más da-farfullé y me levanté de la silla, aceptando la invitación de baile.
Él me sonrió y me condujo hasta la pista, en donde al instante atrajimos la atención de la pareja a mi lado. Ginny y Draco.
Ella me sonrió, mientras que él frunció el ceño. ¿Y ahora qué pretendía? ¿Quería tenernos a nosotras dos para él nada más? Pues estaba muy equivocado, aun así me doliera en lo más profundo de mi alma, él sólo sería de Ginny, nada más.
Les di una sonrisa de autosuficiencia, sintiéndome orgullosa no sé de qué. Y volví mi mirada al chico que bailaba conmigo, mientras que la de Draco no se despegaba de mí.