Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Manual de lo prohibido · de

Manual de lo prohibido — capítulo 22

No podía conseguir pegar los párpados después de esa noche, daba vueltas y vueltas en mi cama, siendo la una de la madrugada; apenas había pasado una hora y media desde que habíamos llegado al departamento.

Exhalé agobiada y me levanté por un vaso de leche, para ver si así conseguía que el sueño se compadeciera de mí. Serví el líquido blanco en un vaso y luego de darle un sorbo, escuché un murmullo en la habitación de Ginny. Curiosa me acerqué a su puerta, con paso sigiloso, seguro estaría hablando dormida. Cuando estuve detrás de la puerta, alcancé a percibir su vos perfectamente sobria, sin atisbo alguno de somnolencia, hablaba con alguien, pero, ¿a estas horas? ¿Con quién?

Agudicé el oído, queriendo encontrarle sonido entendible a su murmullo.

-Es que no sé que pasa, Harry. Siento que no va muy bien…

¿Harry? ¿Estaba hablando con Harry? ¿Qué era lo que no iba bien? ¿No sabía qué cosa? Las preguntas comenzaron a formularse en mi cabeza por sí solas. Pero decidí mejor darle privacidad, a fin de cuentas esperaba a que me lo contara mañana.

Los delicados rayos de sol que apenas se colaban por mi ventana iluminaron lo suficiente mi habitación como para hacer que me despertara. Me revolví entre las sábanas y miré la hora cuando abrí por completo los ojos, iban a ser las once de la mañana. Me estiré haciendo que un montón de huesos me tronaran, luego le abrí el paso a un bostezo.

Me levanté perezosamente y salí de mi habitación. Me llevé una sorpresa al ver a Ginny allí, sentada en la cocina, desayunando.

-¿No trabajas hoy?-le pregunté, confundida.

-No, el señor Vittore me dio el día para prepararme para el viaje-contestó, levantando su plato del pretil.

-Claro, lo olvidé-musité, un tanto confundida porque esta vez, Ginny no había decidido despertarme con esos molestos golpes en la puerta, como era su costumbre-. ¿Qué desayunamos?-le pregunté, para no pensar en lo anterior.

-Lo siento, yo ya desayuné-me miró-. Tenía mucha hambre, además tú estabas dormida y no quise despertarte.

Eso sí que era raro pero traté de ocultar mi expresión de desconcierto.

-Oh, bueno, no te preocupes-musité.

-Saldré por un rato, iré a comprar algunas cosas que me faltan para el viaje-me avisó, retirándose de la cocina.

-¿Irás sola?-quise saber.

-Sí, es que tengo que hacer miles de paradas, ya sabes-se encogió de hombros y luego entró al baño para lavarse los dientes.

-Claro-murmuré, distraída. Sabía muy bien cuando Ginny quería estar sola.

Recordé la conversación que tuvo anoche con Harry, pero ella parecía como si no fuera a decirme nada, así que traté de ser sutil para lograr que ella hablara aunque sea un poco. Oí cómo le cerró a la llave del agua y luego la vi salir del baño.

-Anoche no pude dormir-empecé a decir-, me costaba pegar los ojos-bromeé, esperando a que ella hiciera un comentario parecido.

-Oh, yo creí que serías la primera en caer como piedra a la cama, siempre te cansas mucho-dijo, buscando ahora su bolso.

-Sí, pero no logré conciliar el sueño sino hasta las dos de la mañana-insistí.

-Qué mal-fue todo lo que dijo, porque el silencio hizo presencia debido a que yo ya me había dado por vencida. Ella no me contaría nada.

-¿A qué hora vendrás?-inquirí, sintiéndome pésima por la fría conversación.

Se encogió de hombros, indiferente.

-Vendré a comer, no te preocupes-me sonrió, débilmente-. Te veo al rato-se dirigió a la puerta y salió por ella sin decir nada más.

Me quedé allí traspuesta mirando la puerta de madera que se encontraba cerrada, preguntándome qué era lo que ocurría con Ginny. Qué había hablado con Harry para que estuviera actuando de esta forma. O qué había visto ella anoche.

En definitiva, irme sería la mejor opción.

Fui a vestirme y decidí salir, necesitaba que alguien me escuchara y qué mejor que Luna para ello. Garabateé en un papel una disculpa para Ginny, no estaría para la comida, y luego lo pegué en el refrigerador y salí por la misma puerta por la que ella había salido hace media hora.

Caminé hasta el laboratorio de fotografía de los Agnelli, viéndome los pies mientras lo hacía. Sabía que estaba hiriendo a Ginny, aunque ella no me dijera ni una palabra al respecto, la conocía bastante para saber que lo hacía; y eso no me lo podía permitir.

A los pocos minutos, divisé el laboratorio al otro lado de la calle, y corrí hacía él como si fuera alguna roca que me refugiara de la marea. Cuando entré y la oscuridad propia del lugar me acogió, visualicé dos figuras al fondo.

-¿Luna?-pregunté.

Las figuras se movieron y cuando la escasa luz del exterior les dio en la cara reconocí a Theo a lado de Luna.

-¿Theo?-inquirí, confundida.

-Hola, Herms-me dijeron los dos al unisón.

-Con razón ya no te he visto-bromeé con el joven de cabellos rizados e inmediatamente sus mejillas tomaron un color rosado claramente visible.

Había estado la mayor parte del tiempo con ellos dos, y me había dado gusto la noticia de que ahora eran casi inseparables; sólo le faltaba a Theo decidir qué día le pediría que fuera su novia.

Salté de mi asiento al percatarme de la hora.

-Demonios, es tardísimo-dije, levantándome de la silla mientras que Theo y Luna me miraron confundidos.

-¿Tarde para qué?-preguntó Theo.

-El viaje de Ginny, ¿recuerdan?-les había contado la historia a la hora de la comida, Luna me llenaba de consejos y Theo resultó ser unos excelentes oídos.

-Oh, verdad.

-Habla con ella, Hermione. Una amistad se vuelve más sólida si ambas partes hablan de lo que les preocupa-me aconsejó Luna, como toda la tarde lo había estado haciendo.

Era increíble cómo podía ella expresarse así, con tanta naturalidad, con tanta sabiduría; a pesar de que era menor que yo, sin duda era más madura, siempre lo he dicho.

-Gracias, Luna. Espero tener el tiempo-miré el reloj-. Y si no me doy prisa, no podré despedirme.

-¡Suerte!-agitó la mano cuando me dirigí a grandes zancadas a la puerta de salida.

-Hasta pronto, Herms-dijo Theo.

Salí dándoles una sonrisa y apresuré el paso hasta el edificio. Faltaban doce minutos para que las ocho y media se dieran, Ginny tenía que partir antes de las nueve.

Mientras corría hacía mi destino, recordé a Draco; él ya debería de estar allí, seguro. Eso hizo que mis pies disminuyeran su velocidad un poco. No quería llegar y toparme con la despedida amorosa entre ambos porque sabía muy bien que me iba a doler, incluso pensarlo ya causaba una aguda sensación de malestar en el corazón.

Por primera vez utilicé el ascensor y llegué hasta el tercer piso en tres cuartos de minuto, dí grandes zancadas hasta el departamento 312 y abrí torpemente la puerta, esperando a que Ginny no se hubiese ido ya.

-¡Ginn, lamento…!-mi frase se quedó inconclusa porque justo al abrir la puerta me encontré con la escena romántica que quería a toda costa evitar. La despedida amorosa entre Ginny y Draco.

-¡Bestia! Qué bueno que llegaste antes de que partiera. Pensé que no vendrías-la broma no le salió como tal. Se deshizo del abrazo de Draco y se dirigió a mí para abrazarme. Algo del perfume de él aun había quedado impregnado en sus ropas y llegó hasta mi nariz de forma tenue.

Intenté sonreír y poner buena cara, aun sintiendo los horripilantes deseos de estallar en berridos y dejar salir a borbotones las pesadas lágrimas que sentía que me empañaban ya la vista.

Una gota de agua salada cayó al hombro de Ginny, una lágrima que no pude reprimir.

-Oh, Herms pero no llores, ó me harás llorar a mí-su tono de voz se tornó cálido y tierno, como siempre había sido.

Ella creía que yo lloraba por su viaje. Era un buen pretexto, pero me sentía mal porque no era cierto. La verdad era que sí sentía dolor, pero era uno propio del corazón, causado por la demostración de afecto entre ellos dos.

Sonreí, esperando que no fuera muy evidente lo falso en ella.

-Cuídate mucho, Ginn-murmuré-. Te voy a extrañar-aquello había sonado honesto, porque era verdad.

-Yo también-me dijo.

Luego, la mano de Draco me acarició la espalda en busca de darme consuelo. Hasta ese momento recordé su presencia y un inexplicable rencor me invadió. Lo odiaba bastante, pero de igual manera, lo amaba más de lo que podría llegar a odiarlo. No entendía cómo es que había ilusionado tanto a mi corazón y luego lo había dejado caer en un agujero sin fondo y muy oscuro.

-Te acompaño abajo-dijo él y luego tomó la pequeña maleta de Ginny, dejando mi espalda desprotegida de su calor-. ¿Vienes?-me preguntó a mí.

Asentí y entrelacé mi brazo al de Ginny, luego bajé la cabeza. Lo que menos necesitaba era que Ginny se fuera, aunque solo sea por dos días; sin duda serían los dos días más difíciles de mi vida, teniendo que abstenerme de todo tipo de encuentro con su novio.

Bajamos por el ascensor, mientras que nadie pronunciaba palabra alguna y mi vista seguía fija sólo en el piso del elevador. Cuando llegamos al primer piso y salimos del pequeño apartado, la camioneta de la gente del señor Vittore ya esperaba por Ginny.

Ella dio un suspiro y luego se giró para ver a Draco. Lo miró por un par de segundos, como queriéndole decir algo con sus ojos, parecía que… suplicaban. Pero Draco bajó la mirada y exhaló despacio, luego besó la frente de su novia.

-Cuídate mucho, amor-le pidió.

El corazón, ya roto en miles de pedazos, se contrajo de dolor al escuchar la última palabra.

Ginny sonrió débilmente.

-Te amo, Draco-susurró en su oído y yo deseé con un fervor descomunal estar en alguna otra parte en ese momento.

Pero él no dijo nada, esbozó una pequeña sonrisa y volvió a besar la frente de Ginny. En serio, lo odiaba.

Luego ella se giró hacía mí y me sonrió, con esas sonrisas que me había estado dando últimamente.

-Te voy a extrañar-le repetí, porque era lo único honesto que había en mí-. Cuídate mucho.

-También tú. Dos días se pasan rápido-me dijo.

Le sonreí y luego, Draco y yo la vimos subir a la camioneta.

-Nos vemos en dos días-nos dijo y se despidió con un gesto de mano.

Draco y yo miramos la camioneta hasta que se perdió entre las calles oscuras.

Cerré los ojos por un instante hasta que la voz de Draco me hizo abrirlos de nuevo.

-¿Volvemos al departamento?-preguntó, cínico.

Pero yo no debía de estar con Draco, ni siquiera verle durante estos dos días. Ginny se merecía respeto y era lo que al menos le daría.

-Draco, estoy muy cansada. Quiero subir y tirarme a dormir-dije-. Disculpa.

-No, no hay problema. Descansa. Nos vemos mañana-me sonrió y algo en su confianza de que nos veríamos el siguiente día me hizo creerlo.

-Adiós-musité y sin mirarle más subí hasta el departamento.

Al instante en el que entré, el lugar ya no era el mismo. Se supone que ya debería de haberme acostumbrado a pasar las horas sola, pero ahora por alguna razón era distinto.