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Regreso al pasado. Malfoys meet Romanovs — capítulo 1

Nadie les garantizaba un curso fácil en Hogwarts. Era ya su sexto año en en el colegio de magia y hechicería. Solo tenían de amigos a Pansy Parkinson, la chica más tonta de la casa Slytherin, y a dos bloques de cemento armado llamados Crabbe y Goyle. Draco y Clare Malfoy ya estaban hartos de su miserable vida en Hogwarts, de que se burlasen de ellos. Pero ese curso no pensaban aguantar ni una. Es más, ni siquiera sabían si seguirían en el centro hasta que terminase el curso.  - No pienso tolerar ni una -le confesó Draco a su hermana, mientras sus tres únicos amigos se entretenían con un nuevo juego del teléfono móvil de Goyle. Algo que con frecuencia hacían, sin importarles demasiado lo que sus dos amigos pudiesen pensar.   - Ni yo -le dio la razón Clare.- Pero hemos de animarnos, este curso tiene mejor pinta que los anteriores ...  - Lo dices porque a ti no te han convertido en hurón o en babosa, ni te han lanzado seis maldiciones, ni ...  - No me lo recuerdes. No quiero recordar lo malo ... A veces. Los dos hermanos se quedaron callados. Pansy tenía ahora el móvil en sus manos, y chillaba de la emoción, como una tonta. Qué asco de amiga, se dijo Clare, ojalá tuviese a alguien que me escuchase como es debido.  - No se merece tu sincera amistad, Clare -le susurró Draco.- Es una imbécil.  - Una falsa amiga -le corrigió ella, intentando no parecer frustrada. Pero Crabbe y Goyle no eran mucho mejores. Ellos compartían revistas de magia y guerras, y nunca le hacían caso a Draco cuando él, o les daba una orden o les contaba algo. - Bueno, pero mira a esos dos ...  - A veces pienso que Potter hace mejores elecciones que nosotros.  - Bah, ese se ha equivocado todavía más. ¡Por favor! ¿Quién quiere ser amigo de los pedorros de los Weasley?  - Tienes razón, hermana, no sé qué me lleva a decir eso.  - Quizá el mero hecho de que este colegio no nos está sentando bien. Al cerebro, me refiero. Y como nos descuidemos, te juro que acabamos en una institución mental en menos de una semana.  - De lo locos que nos vamos a acabar volviendo. Hogwarts empezó a verse a lo lejos, y los dos Malfoy cogieron sus baúles y se pusieron las túnicas de Slytherin. No avisaron a Pansy ni a las bolas de hormigón, ya que seguían enchufados al juego del móvil del demonio. El tren se detuvo en la estación de Hogsmeade, como siempre, y se subieron los dos solos a la carroza. No permitieron que se subiese nadie con ellos; estaban de mal humor. Draco no paraba de recordar que tarde o temprano iba a tener que cumplir con la tarea del Señor Tenebroso, y Clare le daba vueltas también a eso. Voldemort les había encargado cosas diferentes a los dos: Draco tendría que matar al profesor Dumbledore, mientras que la misión de Clare consistía en introducir mortífagos en Hogwarts. Ambos veían esas tareas como misiones imposibles y suicidas.  - Ya llegamos -le avisó Clare, con voz cansada.  - Hurra -dijo Draco, escéptico. Se armó el barullo de todos los años en la puerta del Gran Comedor, cosa que no mejoró para nada el humor de los dos hermanos. Entraron seguidos de sus compañeros de Slytherin, pues como prefectos, Draco y Clare tenían la obligación de guiar a sus compañeros por el colegio y ayudar a los profesores. Se sentaron en la mesa. Los de primer año llegaron un poco más tarde y se repitió la selección de la casa de todos los años. Luego, el director dio su discurso habitual, esta vez, cargado de advertencias de peligro y avisos de medidas de precaución. Y finalmente, comenzó el banquete. Ni Draco ni Clare tenían muchas ganas de tomar nada, pero al final cedieron cuando tocó el postre (helado de frambuesa con gelatina de limón). Mientras tomaban el postre, el director dio unos avisos más sobre las nuevas medidas de seguridad, y más consejos de precaución. Luego, los prefectos tenían la obligación de llevar a sus compañeros de casa de primer año a los dormitorios, así que Draco y Clare cumplieron con esa obligación y luego se retiraron a la biblioteca, en silencio, para leer aprender hechizos oscuros y descubrir los secretos de los armarios evanescentes. Clare ya sabía cómo iba a introducir mortífagos en Hogwarts. Pasaron tres horas en la biblioteca y el tiempo se les echó en cima.  - Deberíamos volver a la sala común de Slytherin -murmuró Clare, dando un suave bostezo.- Si Filch hace la guardia ahora, nos pillará.  - A mí no me importa -dijo Draco, con indiferencia.- Ese idiota, desde luego, no nos pillará. Es un sucio squib. Clare asintió, y siguió registrando los libros de la biblioteca.  Dos de la mañana. Tres de la mañana. Cuatro de la mañana. Cinco de la mañana.  - Creo que hemos tenido bastante, ¿no? Estoy que me caigo -bostezó Draco.  - Uf, pues sí -le dio la razón Clare. Pero no hicieron ademán de moverse.  Seis de la mañana. Siete de la mañana. Pronto se empezaría a oír bulla procedente de los pasillos del colegio. Draco y Clare recogieron todos los libros. Pero Clare, en el último momento, descubrió un libro de hechizos del tiempo, y se lo escondió bajo la túnica. Con cuidado de que nadie les viese, corrieron hacia la sala común de Slytherin. La contraseña era muy fácil, y tan solo soltarla, apareció la puerta a la sala común. Entraron y se sentaron en los sillones. Pansy y Millicent Bulstrode hablaban del comienzo del curso y sus asuntos privados, y no se dieron cuenta de que los dos Malfoy habían entrado en la sala. Crabbe, Goyle y Nott estaban otra vez con el juego de las narices, así que a Draco y Clare no les costó avanzar hasta los dos sillones más apartados sin ser vistos.   - Qué retrasados -murmuró Clare.  - Vaya unos imbéciles -susurró Draco. Era la primera vez que coincidía con su hermana en algo, ya que en Hogwarts ambos solían discutir mucho sobre "esa gente".  - Mejor no hablar de ellos, no me apetece. Mira lo que he encontrado. Se sacó el libro del tiempo de debajo de la túnica, y se lo entregó a su hermano. Draco tomó el libro y sopló un poco. Las letras se desplazaron y se formó un título: Hechizos prohibidos del tiempo*-¿Para qué nos servirá? -quiso saber Draco.- No tiene nada que necesitemos.  - No sé, me pareció interesante -repuso Clare, encogiéndose de hombros.  - Veámoslo. Con cuidado, Draco abrió el libro del tiempo. Clare pasó las páginas poco a poco, esperando encontrar algún hechizo oscuro, o alguna cosa parecida.  - Mira este hechizo: "Poder Temporius"-*comentó Clare, en bajo, señalando un hechizo en la parte inferior de la página número diez.- Nunca había oído hablar de él.  - Estará prohibísimo -sugirió Draco.  Subieron a los dormitorios a cambiarse de ropa. Clare se puso su sudadera negra preferida y unos vaqueros de diseño verdes. Se calzó unas Converse de tela verde oscura y volvió a los sillones para comprobar que el libro seguía allí. Un poco después, bajó Draco, con su ropa habitual de ir formal a todas partes.  - ¿Seguro de que esto que vamos a hacer es legal? -preguntó Draco una vez más, cuando estuvo junto a su hermana.  - Cualquier cosa es legal, con tal de alejarnos de este colegio -respondió Clare.  - Tienes razón. Vámonos. Los dos hermanos se cogieron de la mano. Memorizando el hechizo del tiempo, contaron tres veces hasta mil, como ponía en las instrucciones, y luego dieron una vuelta sobre sí mismos. Finalmente, ambos murmuraron:  - ¡Poder Temporius! Despegaron hacia un túnel, lleno de relojes, de color verde y rojo. Millones de imágenes, primero en color y luego en blanco y negro aparecieron y se desvanecieron según ellos pasaban por el túnel. Draco y Clare cerraron los ojos para no marearse hasta que sintieron aterrizar de golpe. Cuando abrieron los ojos, ya no estaban en la sala común de Slytherin. estaban frente a un hermoso palacio decorado con oro y esculturas. Los dos hermanos contemplaron asombrados aquel caserón.  - Vaya, qué mansión, eso sí que es vivir ... -comentó Draco. Clare le dio un tirón flojo en el hombro. Había captado la presencia de una estatua de mármol muy alta, justo un poco a la derecha de donde ellos estaban.  - Oh ... no -dijeron los dos a la vez. Se encontraban en la época de la Rusia Imperial.