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Regreso al pasado. Malfoys meet Romanovs — capítulo 2
Draco y Clare se miraron con desesperación, primero el uno al otro y luego al enorme palacio. Habían aterrizado en los años 10, cuando aún gobernaba la dinastía de los Romanov. No era eso lo que ellos pretendían. Ellos habrían jurado que estaban viajando a la época de sus padres, cuando ellos eran jóvenes, pero se habían pasado de época. - ¿Cómo vamos a volver? -preguntó Clare, angustiada, al cabo de un rato. - Bueno, tendremos que pensar en cómo hemos venido, ¿no? -sugirió Draco. - Antes, cuando teníamos el libro, creo haber leído el hechizo inverso a Poder Temporius, pero no recuerdo el proceso ... - Intenta acordarte, no quiero permanecer en la Rusia Imperial mucho tiempo. Clare intentó memorizar lo que había leído en la sala común de Slytherin, pero no podía ordenar las palabras en el orden correcto, y empezó a ponerse histérica. Draco lo notó. - Para, está claro que estamos nerviosos por lo del viaje -le advirtió. Clare se relajó.- Tenemos que conseguir que los Romanov nos dejen pasar ... - No es tan fácil. Ellos son los gobernadores y nosotros solo somos ... - Hijos de nobles. Eso somos. - Pero yo no lo parezco. - Venga, Clare, ¿a cuántos pobres has visto que lleven ropa de marcas de ni se sabe el dinero? - Uf ... tienes razón. Vamos a llamar al ... ¿timbre? - No se inventó hasta los años 30. - Pues a la puerta. Se dirigieron hacia el palacio de los Romanov y llamaron a la puerta, todo lo fuerte que pudieron. Nadie les abrió. Empezaron a desesperarse, y ambos golpearon la puerta con los dos puños, para que los oyesen. Por seunda vez, nadie les abrió. - Es inútil -gimió Clare.- No contestan. - La varita, hermana -recordó Draco. Ambos sacaro sus varitas y pronunciaron: - ¡¡ALOHOMORA!! La puerta de oro gigante ase abrió. Los dos hermanos entraron en el palacio de los Romanov, y se vieron sumidos en una especie de Mansión Malfoy aumentada mil veces más. Caminaron por los pasillos del palacio, con mucho cuidado de no hacer ruido, para que nadie los descubriese husmeando por ahí. ¿Dónde estarían ahora mismo los Romanov? Clare miró su reloj de pulsera; pero recordó que estaba en los años 10, atrapada con su hermano, y que su reloj marcaba la hora de los años 90. ¿Qué hora sería en ese instante en los años 10? Unas relucientes escaleras de mármol conducían a los pisos superiores. - En las películas, los dormitorios están en el piso de arriba ... -murmuró Clare. - Subamos, en el bajo no tenemos nada que perder -respondió Draco, en bajo. Subieron a los pisos superiores, donde había más de dieciséis puertas. Más de la tercera parte de las puertas de su casa. ¿Cómo harían los Romanov para manejarse en un palacio que parecía un laberinto de puertas? Draco y Clare avanzaron hasta la tercera puerta. - ¿Crees que esto es un dormitorio? -preguntó Draco a su hermana. - Pues ... temo que solo lo sabremos si la abrimos ... -respondió Clare. Se pusieron al lado izquierdo de la puerta. Draco sacó su varita y, antes de pronunciar el hechizo, dio unos golpes suaves en la puerta blanca con flores doradas estampadas. Al principio, nadie contestó. Clare sacó su varita y dio unos golpes más, estos un poco más fuertes. - ¿No puedo tener intimidad? -se oyó una voz femenina desde el interior. Es un dormitorio, pensaron los dos hermanos, mientras dudaban si entrar o no. - ¿Quién hay? -preguntó Clare. - Pues quién va estar ... ¡Olga! -respondió la chica.- Anda, y déjame en paz, seas quien seas. Grosera, se dijeron Draco y Clare. Dejaron la habitación de Olga en paz y siguieron buscando habitantes del palacio. Estuvieron a punto de ser descubiertos por uno de los ministros rusos, y tuvieron que esconderse entre unas plantas altas en una de las innumerables esquinas del palacio. Las dos últimas puertas estaban casi en el otro lado del pasillo. - Vale. Hemos encontrado a María, a Olga y a Tatiana -resumió Clare.- ¿Cuál de las dos crees que será la de Anastasia? - La de la izquierda -respondió Draco, súbitamente. Clare sacó su varita y dio un ligero golpe en la puerta. No contestó nadie. Pronunció el hechizo, y la puerta se abrió, dejando al descubierto un dormitorio deshabitado y cubierto de sábanas blancas. - El de la izquierda no es de nadie -dijo Clare.- Será el de la derecha ... -Los dos se giraron hacia la puerta de la derecha y Draco llamó, dando un suave golpe sobre la puerta con su varita. - Como seas una de las mayores no te pienso dejar entrar -una voz de una chica de diecisiete años salió de la habitación. Draco y Clare sonrieron; era la de la derecha. - No somos ninguna de ellas -respondió Clare. Y añadió, hacia su hermano:- Y me alegro de ni siquiera parecerme -los dos soltaron una risa corta. - Vale, pues pasa -respondió ella, desde el interior del cuarto. Draco y Clare entraron al cuarto. No era como sus dormitorios en la mansión Malfoy. Estaba ordenado, y no tenía pósteres de grupos de punk, ni ordenadores portátiles, ni teléfonos móviles (normal, no estaban siquiera inventados). Anastasia llevaba un vestido blanco y un collar de perlas. Estaba sentada en la cama, leyendo un libro. Ni siquiera en su cuarto, según se fijó Clare, tenía permiso de llevar el pelo suelto. - ¿Y vosotros quiénes sois? -preguntó Anastasia Romanov, extrañada. - Bueno ... es una larga historia ... -respondió Draco. La princesa le miró, sin comprender.- En serio, es una historia demasiado larga de contar. - ¿Cómo habéis entrado en el palacio? -inquirió Anastasia. Clare le sujetó la varita a su hermano, en señal de que la guardase. - Eh... no sé... ¿por la puerta? -respondió Draco, con cuidado de no echarse a reír. Los tres se echaron a reír. Los hermanos tuvieron la sensación de que Anastasia nunca había reído así y que eso era nuevo para ella. - Sentaos, si queréis -les invitó, amablemente. - Gracias -dijeron Draco y Clare a la vez. Ya tendría tiempo Clare para acordarse de el hechizo inverso para volver a su tiempo. Ahora podían estar tranquilos. Si Anastasia confiaba en ellos, no tenían nada que temer.