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Historia 156326 — capítulo 18
Hermione cerró los ojos. Mägo de Oz con su Cantata del Diablo, en sus cascos, sonaba suavemente, casi como si susurrara una nana en sus oídos. Acostada en la cama, con la lluvia chocando contra las ventanas en un relajante cántico nocturno, que la relajaba lentamente, fue olvidando lo que Ginny le había contado sobre Blaise. Al día siguiente tendría instituto, pero un nuevo pensamiento la llenó por completo... El "incidente" de la cocina con Draco. Cuando su mano había rozado su fría rodilla, esta había estallado en llamas, así como cada centímetro de piel que él había tocado mientras la besaba. Se movió en la cama, poniendo su brazo sobre el rostro y mirando el techo, llenos de estrellas falsas que trataba de imitar a una noche estrellada. Lo único que jamás se cansaría de mirar. -Maldito sea Draco Lucius Malfoy- susurró, furiosa, cerrando lentamente los ojos. Estaba muy cansada, pero no podía dormir, por lo que se levantó y bajó las escaleras hasta la cocina. En cuanto entró, se quedó sorprendida. Maldito sea. Mienta al diablo, y este aparecerá. Suspiró y tosió falsamente para que un irresistible rubio se diera la vuelta, con un vaso de agua en la mano izquierda. ¿Por qué siempre iba sin camisa? ¿Y por qué esta vez solo llevaba los calzoncillos sobre su piel pálida e increíble? Y la V que describía su cuerpo a medida que bajaba los ojos hacia la única zona cubierta... ¿Qué rayos la pasaba? ¡Malditas hormonas revolucionadas! Pero él sonrió al ver la dirección de su mirada. -No sabía que fueras de esas a las que les pone ver a los chicos en ropa interior, hermanita- caminó hacia ella, acercándose lentamente. Cuando rodeó su cintura con el brazo, no se resistió, lo cual le sorprendió enormemente, aunque no dijo nada. Se limitó a acercarse hasta que sus labios rozaron los de ella, un roce tan leve como las alas de una mariposa, que la hizo arder en el sitio. Pero se apartó-. Pídemelo. -Nunca- susurró ella, con la voz de golpe ronca. Él volvió a inmovilizarla. -Pídemelo- le susurró, en el oído, lamiendo el lóbulo de su oreja con una sonrisita llena de diversión-. Pídemelo- la hizo gemir cuando mordió suavemente la oreja, logrando que casi cayera de rodillas de no ser porque él la sostuvo-. Hazlo, Hermione... -Deja de torturarme, Draco- suplicó, y él besó su clavícula. -Vamos, pequeña...- ella le rodeó con sus brazos, devolviéndole por vez primera el abrazo que había comenzado, y se puso de puntitas, bajándole a su altura por el cuello. -Por favor, Draco...- él rió en su oído, haciéndola estremecer. -Tú lo has pedido- accedió, y la tomó por el trasero para alzarla en vilo como si no pesara antes de sentarla en la encimera que tanto gustaba a la castaña. Ella le rodeó con sus piernas mientras él la deboraba de besos cálidos y apasionados. Cuando la besó, un beso que ambos se esperaban y que no llegaba por sorpresa por parte de ninguno de ellos, fue dulce, tierno... Hasta que el fuego se adueñó de él, aunque no dejó de lado ni por un momento la delicadeza y la ternura del momento. Recorrió su cuerpo con las manos, rozando todos los rincones de su espalda, mientras la traicionera camisa (que reconoció como la última que había metido a la lavadora, aunque a ella le quedaba mil veces mejor y más sexi que a él) le torturaba. ¿Por qué la ropa grande le sentaba tan condenadamente bien? Soltó el moño en el que estaba recogida la castaña melena de la adolescente ante él y sus cabellos cayeron en cascada hasta su cadera, ondulados, enmarcando su adorable rostro de niña... El mismo que llenaba su mente cada vez que se iba a la cama y que volvía a su pensamiento en cuanto abría los ojos. -Mmm... Amo tu pelo suelto, leona. -Cierra la boca- gruñó ella, impaciente, y él se rió. -Todo a su tiempo- y la besó de nuevo, esta vez con hambre. Estuvieron allí un rato, cada vez más y más deseosos del otro, hasta que ella sintió que llegaban demasiado lejos: estaba a punto de quitarla la camisa. Pero lo detuvo a tiempo. -Draco... Por favor, para...- él la ignoró, y cubrió sus labios con la mano cuando cerró la boca en torno al hueco de su clavícula. Ella soltó un grito amortiguado de dolor y sorpresa, y tras unos segundos, él la hizo gemir con un nuevo beso. Antes de separarse- ¿Qué rayos me has hecho, bruto?- gruñó, enfurecida, tocándose el cuello. -¿Yo? Nada- sonrió inocentemente antes de pegar su frente a la de ella-. ¿O acaso querías que te hiciera algo?- interrogó, pícaro, y ella rió. -Anda, dame un batido de chocolate- él se separó y lo buscó en la nevera. Después se lo pasó y ella comenzó a beber, más sedienta que nunca. Cuando acabó, le descubrió mirándola-. Draco... -¿Mmm?- preguntó, volviendo a acercarse y a colocarse entre sus piernas. -No vamos a pasar de esto- le dijo, con timidez en cada palabra. -Tú dijiste que lo que pasó ayer no volvería a suceder hoy... Y ya ves- se acercó más, como para dar énfasis a sus palabras, con una sonrisa sugerente. Pero ella le detuvo. -Por favor... Lo que voy a decirte es muy violento para mí. Me da verguenza- le explicó, y él la miró con espectación, de golpe serio. -¿Qué es, nena? -Esquesoyvirgen- soltó, de carrerilla, y él la miró sin comprender. -¿Perdón? -Es que soy virgen- susurró, muy bajito. De golpe, se volvió a ver elevada en sus brazos, sin que sus pies tocaran el suelo, solo que en vez de estarse besando él la abrazaba... ¿Feliz?-. D... Draco... -No te preocupes, mi niña- murmuró, y la bajó un poco, aunque aún no tocara el suelo, para que quedaran cara a cara-. No te forzaré a nada. No pasaremos de esto si tú así lo quieres, ¿está bien?- la muchacha asintió- Aunque me haría más que feliz ser el primero... -No pienses en eso ahora, Draco. Esta noche no pasará nada. Y ya- le interrumpió, tan roja como el pelo de Ginny. Menos mal que la luz estaba apagada, aunque sentía que estaba tan roja que sus mejillas brillarían en la oscuridad. -Como quieras, preciosa- la besó levemente en los labios antes de que la castaña tratara de irse, pero se lo impidió tomándola del brazo y aprisionándola contra su cuerpo, colocando sus labios contra la frente de la chica-. Esperaré lo que haga falta... Y no te tapes mi marca, ¿eh? -¿Marca? ¿¡Qué marca!?- exclamó, preocupada, pero el blondo se limitó a reír. -Ninguna...- y la soltó- Buenas noches, mon amour.
A la mañana siguiente, todos se reunieron en el salón para desayunar. Como siempre, los amigos de todos se habían quedado a dormir allí, así que la inmensa mayoría de los que allí estaban iban en pijama. Cuando Hermione bajó, Ginny la miró con los ojos desorbitados, o más bien miró su cuello con incredulidad y corrió hasta ella antes de que entrara. -¿Quién te ha hecho eso que tienes en el cuello, Hermione Jean Granger?- susurró, soltándole el pelo para que cayera sobre sus hombros, hacia delante- Por Dios que los chicos no te lo vean- susurraba, tratando de colocar su melena de manera casual. -¿Qué tengo? -Uno de los chupetones más grandes que he visto en mi vida... ¿Quién te ha marcado así, chica? ¡Dios, no se tapa!- desesperada, le tiró todo el pelo sobre el hombro izquierdo, logrando que quedara oculto- Ni lo muevas, ¿entendido?- la apuntó con el dedo índice- Tienes algo que contarme. Y me debes una- y entraron juntas, como si nada pasara... Mientras Draco se reía por lo bajini cuando Hermione le lanzó una mirada de odio.
¡Hola! Aquí os traigo un capítulo de Dramione, para todos aquellos a los que le guste esta pareja. Un beso, un abrazo y os espero. Dejad comentarios!!! :D