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Historia 156326 — capítulo 2
-¿Tiene algo que ver con que de golpe le pidieras el divorcio a mi padre?- preguntó Hermione, apoyándose en el borde de la puerta con los brazos cruzados. Sus ojos evidenciaban un llanto reciente, pero su rostro inmutable hizo que Jean se acordara de George al instante… Y eso la hizo estremecer.
-Hermione… Lucius me ha pedido matrimonio- dijo la mujer, y su hija rodó los ojos.
-Lo suponía… Enhorabuena- masculló, sarcástica, antes de subir las escaleras con paso rápido y furioso.
Abajo, Lucius miró a su novia.
-¿Cómo se lo ha tomado… él?- ante aquello, su novia negó, conteniendo las lágrimas. Él la abrazó fuerte, y ella lloró en su esmoquin de mil quinientos dólares. Por su parte, Draco se había quedado embelesado con aquella pequeña castañita… ¿Cómo podía imponer tanto a pesar de ser tan pequeña y encima de haber llorado antes? Como si de un imán se tratara, la siguió silenciosamente escaleras arriba mientras su padre y su novia estaban "melositos" y sumidos en su propio mundo, y la encontró. Ella estaba acurrucada en su cama, abrazándose a sí misma y con la cabeza sobre las piernas, como una niña asustada.
-He, Granger- la llamó, y ella alzó su rostro. En aquella habitación, donde el negro predominaba sobre las blancas paredes, sus ojos vidriosos brillaban como el sol. Y eso le llenó de curiosidad.
-Largo, Malfoy- gruñó, furiosa pero con la voz quebrada. Pero él la ignoró. Se acercó al pie de la cama y la arrastró del pie hasta él, abrazándola después. Como su madre con Lucius, Hermione echó a llorar en brazos de Draco mientras él la abrazaba con ternura, cálido… Casi como si fuera un abrazo de su padre, pero con un sentimiento muy diferente. Cuando ella comenzó a calmarse, él la soltó-. ¿Mejor?- preguntó, con una sonrisa divertida, y ella le asesinó con la mirada.
-¡Vete!- exclamó, cabreada, pero él no se movió.
-¿Cuántos años tienes?- preguntó Draco, y ella le miró, extrañada.
-Quince- contestó-. ¿Y tú?
-Veintitrés- con aquello y su sonrisita, él parecía burlarse de su infantilismo, por lo que la castaña se enfadó aún más.
-¡SAL DE AQUÍ!- le gritó, lanzándole uno de sus cojines, que él atrapó al vuelo.
-Ha sido un placer conocerte- murmuró, con un tono que solo podía resumirse en una palabra: sexi. Muy, muy sexi. Y Hermione se ruborizó, pero justo entonces él salió de su habitación.
-Madre de Dios- susurró, entrecortada, y se cabreó aún más consigo misma por haberle considerado guapo e incluso irresistible.
Cuando los Malfoy se fueron, Jean informó a su hija que la boda sería poco después de que George le concediera el divorcio. Y eso le cayó como un balde de agua fría.
Espero que os haya gustado. Un beso muy fuerte para todos y muchas gracias por leer.