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Historia 156326 — capítulo 3

Poco después de que George firmara los papeles del divorcio, Jean y Lucius pusieron la fecha de su enlace. Y aquello no gustó nada a Hermione, pero decidió callar y salir con sus amigos para tratar de olvidarse de todo. Cuando Fred, George, Ron, Ginny, Neville, Luna y Harry fueron a buscarla, no dudó en irse con ellos ni un segundo, y ahora estaban en aquel viejo parque, el mismo sitio que había visto crecer a todos y cada uno de los miembros del grupo y en el cual guardaban recuerdos que les marcaron la vida…

-Menuda mierda, ¿eh, Mione?- sonrió malévolamente Ron, recibiendo un certero chinazo en la frente- ¡Joder!

-Ni una palabra- gruñó enfurecida la castaña, antes de que los gemelos le dieran sendas collejas a su hermano menor.

-Imbécil- mascullaron ambos, serios.

Rato más tarde, el móvil de Hermione sonó. Era su madre.

-¿Sí?

-Hermione, cielo… Hoy tenemosla cena con los chicos. Ven a prepararte, es hora.

-¿De verdad tengo que ir?- un suspiro de cansancio escapó de Jean al otro lado de la línea, y su hija casi pudo imaginarla poniendo los ojos en blanco.

-Ya hemos discutido esto, Hermione- dijo-. Y sí, es algo que teníamos preparado desde hace mucho tiempo y no puedes faltar. Es importante para mí que estés ahí…

-¿Y yo qué, mamá? ¿Acaso has tenido presente lo que es importante para mí?- le preguntó, y Luna y Harry tomaron sus manos en una muestra de apoyo silencioso, y ella les dedicó una mirada de agradecimiento mientras ellos sonreían para ella.

-Hermione… Bueno, no te puedes negar. Luego hablaremos de esto, ahora ve con Draco. Ha ido a buscarte- y colgó. Justo cuando Hermione se pensaba si fugarse o quedarse y esperar al rubio, el claxon de un coche en la carretera que tenían detrás la hizo girar… Apoyado en un descapotable de ultimísimo modelo, un perfecto y pálido blondo sonreía, con su traje impecable y su cabello rubio ceniza recogido en una coleta baja, en la nuca.

-Joder, Hermione… ¿Ese va a ser tu hermanastro? Madre de dios- susurró Ginny, a su lado. Sus hermanos rieron.

-Anda, ve. Si nos necesitas, apareceremos. No lo dudes- la animó Neville, ignorando a la pelirroja, que se comía con los ojos a Draco. Hermione les abrazó y se fue hacia el coche como un preso condenado a muerte, sorprendiéndose de la sonrisita burlona que él le dedicó en cuanto la vio.

-Hola, Hermione- sonrió, abriendo la puerta del copiloto. Ella rodó los ojos, pero no dijo nada. Simplemente se sentó y esperó a que él entrara de nuevo y arrancara el coche. Solo entonces comenzó a hacerle el vacío-. ¿Quiénes eran esos?

-Mis amigos- respondió, cortante, y él rió.

-Los tengo que conocer, ahora que vas a ser mi hermanita- ella apretó los puños, cerrando los ojos y apoyando la frente contra el frío cristal de la ventana.

El resto del camino estuvo en silencio, sumido cada uno en sus pensamientos hasta que Draco aparcó frente a la casa de Jean.

-Bueno, hermanita… Ve a prepararte- ella le miró mal, abriendo la puerta.

-Adiós- replicó con sequedad, saliendo del coche.

Subió a su cuarto y vació su armario en cuanto vio el vestido que su madre había dejado sobre la cama. Blanco y hasta los pies. ¿Desde cuándo ella usaba vestidos, encima de ese tipo con el que parecía que ella era la que iba a casarse? Tras buscar largamente, sacó lo último que su padre la había comprado, antes de entrar a la prisión… Y sonrió. Con el tiempo, aquella prenda le iba cada vez mejor.

Porque si debía soportar aquel suplicio, lo haría a su manera.

Poco después, unos treinta minutos, se calzó los botines negros y bajó las escaleras, pisando fuerte. Pudo escuchar los pasos de su madre, de Draco y los que debían ser de Lucius acercándose al pie de las escaleras, y los tres quedaron estupefactos al verla: llevaba un vestido negro ceñido hasta la cintura, enmarcando sus curvas y suelto hasta las rodillas, con los cabellos ondulados suavemente peinados, cayendo en cascada hasta la cintura. Estaba tan hermosa que su madre la miró con un brillo especial en los ojos, y Draco sonrió más de lo que Hermione le había visto sonreír jamás.

-Estás hermosa- para su sorpresa, quien dijo aquello fue Lucius, tomando su mano y besándola con una sonrisa. Pudo ver a su madre con un vestido color vino tinto hasta los pies, tan bonita como ella la recordaba, años atrás, cuando su padre aún no estaba en la cárcel. La mirada que Lucius y ella compartieron la dejó sorprendida. Había tanto amor en ella… Que se sintió completamente fuera de lugar.

Fueron en limusina hasta el restaurante y se sentaron en una de las mesas del reservado. Aquel lugar era uno de los más caros que había en la ciudad, y todos los que les rodeaban eran personajes de categoría, destacados o famosos. Pero aquello no inmutó a la castaña, la cual rodó los ojos.

Tras pedir el segundo, se excusó y se fue al baño, sacando el móvil allí y llamando a Harry. Indudablemente, con él estarían los demás.

-¿Qué sucede, nana?- preguntó, con voz preocupada. Ella sonrió con ternura. El chico al otro lado de la línea era como su hermano, y no le sorprendió detectar un matiz de nerviosismo en su voz.

-Me estoy muriendo del asco, Harry. Todos aquí llevan trajes de etiqueta, tienen millones en el banco, son famosos y conocidos mundialmente… Esto es más para Ginny que para mí.

-¿Quieres que vaya a por ti?

-No… Sí… No lo sé- se llevó las manos a la cabeza, y pudo oír la cálida risa de él.

-Cariño… Viviréis con él cuando tu madre se case. Llámame cuando te decidas, amor. Estaré al lado del teléfono… Esperando. En cualquier momento. No lo dudes.

-No te desveles por mí, Harry.

-No me importará, Mione. Eres mi hermanita pequeña.

-Mil gracias, Harry… Pero duerme. Mañana te toca trabajar- él rió-. Voy enserio. Necesitas descansar.

-Está bien. Pero no temas despertarme. Un beso muy fuerte, princesa.

-Otro, guapo… Hasta mañana.

-Hasta mañana- susurró, antes de cortar. Cuando volvió a la mesa, Lucius y Jean se habían perdido en su mundo, por lo que Draco, a su lado, fue el único que la miró cuando se sentó.

-¿Qué tal estás, hermanita?- se burló, y ella rodó los ojos.

-Con ganas de matarte, hermanito- dijo lo último como si fuera un insulto antes de que los platos llegaran y comenzara a comer.

Aquella cena sería muy larga…