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Historia 156326 — capítulo 4
Cuando llegaron al postre, Hermione estaba de los nervios. Quería irse a casa de una vez, o acabaría pegando el puñetazo del siglo al rubio que tenía ante ella, el cual se había pasado gran parte de la noche sonriendo burlonamente cuando la castaña arrugaba la nariz cada vez que Lucius y Jean volvían a sus arrumacos.
-Hey, gatita- sonrió él, utilizando el nuevo (e insoportable) sobrenombre que se había sacado de la manga, logrando que la paciencia de Hermione se acabara lentamente, cada vez más cerca de hacerla estallar-, ¿no quieres nada de postre?
-Tu cabeza en una bandeja de plata. ¿Me la darías o no?- siseó, furiosa, rodando los ojos cuando él rió.
-No seas caníbal, nena. Sé que estoy bueno, pero no tanto como para que me comas… En la primera cita, al menos- dijo, y ella rodó los ojos, sin poder evitar una sonrisita burlona-. Te saqué una sonrisa- celebró, y ella se ruborizó. La mirada que le dedicó fue tan… profunda que casi logró que la chica le viera de una manera completamente diferente, o así fue hasta que él le guiñó sensualmente el ojo, con sus brillantes orbes grises brillando de picardía.
-Muérete- gruñó, cabreada con él y consigo misma por caer en el juego de ese idiota, pero se contuvo para no golpearle por millonésima vez en aquella cena infernal antes de comerse un cacho de tarta.
-Draco, Hermione… Esta noche os vais a quedar juntos en casa- sonrió Jean, y su hija la miró como si estuviera loca-. Draco ya tiene su maleta preparada, cielo- explicó, como excusa.
-¿Qué?- preguntó, incrédula, cuando el rubio la miró con cara de maldad- ¿Por qué?
-Para conoceros mejor, hija… Y para dejarnos tiempo para nosotros- le "explicó" la mujer. La castaña puso cara de asco. Aquello solo tenía un significado: sexo. Y del que hacía ruido.
-Voy al baño- gruñó Hermione, saliendo de allí como un vendaval y sacando su móvil, marcando el número de los dos gemelos.
-¿Sí?- pudo ver en su mente la sonrisa de Fred.
-¿Qué podemos hacer por ti, cielo?- le siguió George, con un tono idéntico al de él.
-Necesito vuestra ayuda.
Cuando regresó, lo hizo con una media sonrisa tranquila, lo que preocupó a Draco, pero él no dijo nada. Se despidieron de Lucius y Jean y ella montó en su coche, increíblemente sin rechistar.
-¿Qué tramas, castaña?- interrogó él, acelerando el coche mientras ella se cruzaba de piernas, tomando uno de sus bucles y comenzando a acariciarlo con sus manos, enrollándolo en su dedo con cara angelical, mirando las estrellas por la ventana.
-Nada… ¿Por?- con una carita demasiado inocente y los ojos perdidos en el cielo, Hermione sacó su móvil, comenzando a escribir velozmente un mensaje.
-No me gusta que estés tan pacífica- susurró él, y ella rodó los ojos, fingiendo no haberle oído.
Cuando llegaron a la casa de Jean, Hermione bajó del coche y caminó hasta ella, sacando las llaves de debajo de la campanita que adornaba el borde derecho de la puerta, abriendo la misma ágilmente y comenzando a encender luces. Sin despedirse, subió las escaleras, dejando solo a Draco en la puerta. Él pasó, preocupado de lo que Hermione pudiese hacer, pero se sentó en el sofá y esperó. Estaba seguro de que ella bajaría. No lo dudaba, pero estaba preocupado… ¿Y si se le iba todo de las manos?
Después de tres cuartos de hora, Hermione bajó con otra ropa, maquillada y endemoniadamente sexi, con un corsé morado oscuro sobre una camiseta con los tres primeros botones desabrochados y volantes en los puños, unos pantalones pitillos y unos botines, todo negro. Sus cabellos estaban rebeldes, en una deshecha trenza, que le daba un aire de leona que hizo que algo se encendiese en su acompañante. Pero aquel momento de miradas no duró mucho, pues su evaluación se vio interrumpida por el timbre… Y ella corrió a abrir. Siguiéndola, entraron dos punks pelirrojos idénticos, un chico moreno y otro castaño/pelirrojo, todos ellos altos y musculosos. Miraron a Draco como si fuera un intruso y siguieron a la castaña hasta donde él se encontraba, sentándose a su alrededor como si estuvieran en su casa.
-Yo soy Draco… El futuro hermanastro de Hermione- se presentó, y ellos asintieron.
-Neville- sonrió el moreno, tímido.
-Ron- le siguió el castaño/pelirrojo, y los gemelos punks se rieron-, y ellos son mis hermanos.
-Gred- dijo el de la derecha.
-Y Feorge- lo siguió el de la izquierda.
-O Fred y George- acabaron, a la vez, y la chica se sentó entre ellos (o más bien encima de ellos, pues era un sofá para dos, aunque aquello no pareció importar a ninguno de los clones).
-¿Habéis llamado a todos?- sonrió Hermione, y ellos asintieron.
-Estarán aquí en breve. Ginny y Luna traerán las bebidas, Oliver, Lee, Katie y Alice avisarán al resto y todos habrán llegado antes de las doce- dijo Ron, emocionado.
-¿Vais a hacer una fiesta?- sonrió maliciosamente Draco, poniéndose en pie.
-Sí… ¿Algún problema?- retó la castaña, y él negó, sacando el móvil- Eres un chivato, Malfoy- se enfadó, pero él estalló en carcajadas.
-No, hermanita. Voy a llamar a mis invitados- y continuó moviendo velozmente sus dedos en la pantalla táctil de su móvil, lo cual dejó estupefacta a la muchacha.
-Hey, nena- la llamó uno de los gemelos, y ella sonrió.
-Vamos- apremió, y todos subieron a su cuarto para esperar a sus amigos. Pero no fueron ellos los primeros que llegaron a la mansión Granger… Si no tres chicos y una chica que ninguno de los amigos de Hermione (ni ella) conocía.
-Hola, Draco- sonrió la muchacha, morena y de brillantes ojos verdes, abrazándole como si llevara muchísimo tiempo sin verle, pegándose todo lo posible a él-, ¿qué tal estás?
-Muy bien, Pansy- él la abrazó, apretándola contra sí más aún si era posible, lo cual asqueó a la castaña… O así fue hasta que dos chicas, una pelirroja y una rubia, entraron sin llamar, distrayéndola, esquivando a los tres chicos que taponaban la puerta y saltando sobre ella.
Luna, la inocente y dulce Luna, llevaba unos vaqueros pitillos grises casi negros, una camisa de hombros caídos celestes y unas Converse negras con los cordones blancos, por su parte Ginny, la pecaminosa Ginny, llevaba unos pitillos como los de Hermione, solo que más ceñidos si cabe, una camiseta verde, con un provocativo escote, que resaltaba sus cabellos como el fuego y sus curvas y unos taconazos negros de infarto. Los chicos las miraron por lo menos unos segundos antes de entrar tras Draco... Pero ellas los ignoraron al ver al chico que entraba por la puerta en ese momento, abriendo sus musculosos brazos.
-Hola, mis chicas sexis... ¿Me habéis echado de menos?
Hola a todos, ¡he vuelto un poco antes, así que espero que os guste mi nuevo cap!
Un beso muy fuerte a todos y gracias por leer.