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Historia 156326 — capítulo 6
En cuanto los tortolitos entraron al salón, Hermione se estiró en el sofá como un felino, logrando que los tres chicos la miraran con deseo nada disimulado. Ella rodó los ojos antes de levantarse y correr hacia su madre, sonriendo con burlona diversión. -¿Qué tal todo?- preguntó Jean, sorprendida por la sonrisa su hija. -Mmm... No creo que mejor que la tuya, pero muy bien- la codeó con picardía y la mujer se puso roja, soltando una risita tonta. -No seas boba, Herms- susurró, y Lucius rió entre dientes. -No soy boba, soy realista- repicó, besándola en la mejilla-. Por cierto, me voy a ver a papá. -¿Quién te lleva hoy?- interrogó, resignada, su madre. La chica rió. -Los gemelos. -¡Oh! Fred y George- exclamó, con ilusión-. ¿Qué te parece si luego llamas a tus amigos y les invitas a cenar? Así Lucius y Draco conocerán a los conocerán. -Me encantaría... Pero ahora tengo que cambiarme. No me puedo presentar en la cárcel con estas pintas- y corrió escaleras arriba. Se duchó velozmente y se vistió con sus anchos pantalones de camuflaje, unas botas militares, una camiseta de tirantes y una chaqueta negra. Recogió sus cabellos en una trenza de raíz y se maquilló los ojos de negro fuerte, antes de volver al piso inferior. En cuanto llegó al último escalón, el timbre sonó y corrió a abrir, siendo al instante rodeada por los brazos de uno de los pelirrojos. -Hola, Hermione- susurró él, en su oído, antes de que su hermano ocupara su lugar. -Cuánto tiempo, ¿eh, castaña?- se rió el otro, y ella se unió a sus risas mientras se dirigían al salón. -¡Muchachos!- sonrió Jean, abriendo los brazos, en cuanto ellos entraron. -¡Señora Granger!- respondieron los dos, corriendo a abrazarla. La mayor de las castañas desapareció entre la maraña de ropas negras de los clones, sin dejar de reír de vete tú a saber las cosas que ellos le contaban en bajos susurros. Pasaron un rato en la casa, hablando de los planes de esa noche, antes de salir y caminar juntos hacia el coche: un Camaro de los setenta, negro con líneas blancas precioso, del que Hermione estaba enamorada por completo. Se montaron y llegaron en menos de una hora a la prisión, a la que entraron juntos. En cuanto los vieron, uno de los policías más mayores los señaló, y su acompañante caminó hacia ellos, sonriendo con emoción. -Por favor, acompañadme... ¿Hermione Granger, verdad?- ella asintió, y entraron juntos en el edificio. Cuando llegaron a Salas Familiares, Mione vio a un hombre de cabellos entrecanos, que la saludó con la mano. -Hola, Hermione- sonrió, mientras ella entraba escoltada por los chicos. -Hola, Bobby- contestó,entrando en la sala, donde esperaron juntos a George. -Es increíble que el hombre que me dio mi nombre esté entre rejas desde hace tanto tiempo- pensó en voz alta uno de los chicos, y su hermano se rió. -Por lo menos no está muerto, como el mío. Poco tardó en aparecer, con las manos esposadas y uno de sus ojos amoratados. En cuanto entró, le quitaron las esposas y su hija lo abrazó. -Hola, papá- saludó, mientras él besaba tiernamente sus cabellos. -Hola, mi vida. Muchachos. -Señor Granger- asintieron ambos, recibiendo instantáneamente un abrazo del hombre. -¿Qué querías decirme?- curioseó la castaña, sentándose en la mesa. Su padre la imitó. -Cariño... Hay algo que no te he contado. -¿Qué pasa? No puede ser tan grave- sonrió ella, y él negó. Fred y George se apartaron un poco, tratando de dejarles espacio, pero una mirada suplicante de su amiga les hizo sentarse a sus flancos, serios y rectos, agarrando sus manos. -Lo es, cielo... Uf... No sé cómo decirlo... -No lo suavices, pa. Dilo como sea. Yo lo...- comenzó Herms, pero su padre la cortó. -Tienes un hermano- soltó, sin más, mientras la puerta se abría... Y un castaño entraba por ella.
Espero que os haya gustado. Me quedó un poco corto, pero es que estoy un poco liada. ¡Dejad comentarios, pliss! Besos y abrazos. ¡Cuidaros mucho!