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Historia 157149 — capítulo 14
El taxi se detuvo frente al parque nacional. Fui la primera en bajar, pero en vez de correr heroicamente hacía el interior del lugar, di la vuelta al taxi y abrí la puerta donde dormía Matt. Obviamente él cayó al piso.
Iba a disculparme cuando me acordé de nuestra pequeña discusión. Él me dirigió una mirada de: "¿Qué te pasa, mujer?", pero no dijo nada. El taxi arranco, dejándonos a nosotros tres solos.
Algunos turistas estaban sentados fuera del parque, como si algo no les permitiera entrar. Otros miraban atentamente el cartel con las instrucciones. La mayoría ni siquiera nos presto atención. Es decir, tres adolescentes con dagas y espadas, debía de ser algo normal en Canadá.
Entramos en el parque. Los guardabosques ni siquiera nos dijeron: "Chicos, no pueden ir, hay una loca que nos amenaza a todos", pero bueno, se lo teníamos que perdonar, ellos ni siquiera sabían que existían los dioses.
No sé ni por dónde íbamos caminando, hasta que los tres nos detuvimos ante uno de los sectores del parque. Matt lanzó una ramita, que reboto contra lo que sería un campus de fuerza. Si, realmente genial.
Mire a mis amigos, si yo tenía que entrar ahí sin compañía, nadie sabría se moriría en el intento o no.
Siempre fui mala para las despedidas, y más si se trataba de mi futura muerte. Ellos, bueno, tampoco parecían saber cómo decirle "adiós" a una persona. Estuvimos unos cinco minutos, mirando al piso como idiotas, hasta que finalmente Jack carraspeo.
— Cuando vuelvas podemos ir a visitar Canadá ¿No crees? — Sonrió Jack.
Oh no, estaba tratando de sonar optimista, y eso era realmente malo, y más cuando yo tenía que ir a visitar a la señora Pandora. Sonreí.
— Clara, si crees que voy a dejarlos de molestar tan fácil, se equivocan, muchachos. — Bromee. — Los veo luego.
Y antes de que ellos pudieran decirme algo, di un paso hacia atrás y entre en el campus. Mis dos amigos se lanzaron en mi busca, pero rebotaron, supuse que estaba gritando mi nombre, pero no los escuchaba. Hice el intento de salir, pero era imposible, yo estaba atrapada.
Rodé los ojos, y tome mi arco tan fuerte como pude. Era la hora.
No quería sonar pesimista, pero ya saben, yo era totalmente nueva en esto de matar monstruos, o en mi caso, a la primera mujer creada. Seguro que tenía que ser difícil tratar de ganar una pelea con ella.
El lugar se parecía al de mis sueños. El gran sendero, y la variedad de flores, que eran totalmente hermosas, de no ser por sus colores llamativos, me hubiese acostado a llorar, porque era bastante aterrador.
Seguí el camino, y efectivamente, llegué a la enorme piedra junto a la cascada, pero esto si era real. Oí como el agua caía, y como una leve brisa hacía que las hojas se movieran.
Y entonces, una mujer salió desde atrás de la roca. Pandora. Tenía la misma piel blanca, el vestido griego, el cabello miel que lo llevaba recogido en una trenza que descansaba sobre uno de sus hombros y los grandes ojos violetas.
De yo ser un hombre, seguro que hubiese quedado totalmente enamorado, pero mala suerte para ella, yo era otra mujer, bueno, mejor dicho adolescente.
A diferencia de mi sueño, no emanaba un aura malvada, es más, parecía ser la persona más agradable del mundo. Quise acercarme y decirle: "Hey, pareces buena onda ¿Quieres ser mi mejor amiga?", pero ella tenía años, más de mil, supuse, y bueno, no creo que supiera que significaba lo que yo decía.
— Hola, señora Pandora. — Hice una reverencia.
Mi madre siempre había dicho que las primeras impresiones importaban, y yo no quería quedar como una maleducada frente a una mujer que tendría más modales que todos en el mundo.
— ¿Floyd, verdad? Es un placer verte, pensé que no vendrías. — Hablo ella. Una dulce voz, que seguro que cantaría melodías hermosas.
— La misma en persona, señora Pandora. — Sonreí ampliamente.
— Ven, y por favor, llámame solo Pandora. — Me corrigió ella. Me alcanzo un vestido doblado. — Me gustaría que te probarás esto, Floyd.
Estuve tentada a decir: "¡NO!" pero la curiosidad de saber cómo me quedaría, me venció, y tomé el vestido. Mire para todos lados y no vi ningún cambiador, entonces Pandora me señalo unas lonas que formaban algo así como un casa.
Me puse detrás de ellas, y me cambie. No noté ningún efecto mágico, por ejemplo, yo esperaba volverme un monstruo, o peor, una princesa, pero seguía siendo Floyd Cooper.
Volví a acercarme a ella, y esperaba a que exclamará: "¡Querida, te ves hermosa!" En cambio, sonrió, y se sentó en la roca gigante, extendiéndome su mano.
— Te mostraré una historia, acércate, Floyd Cooper. — Murmuro.
Con cautela, acorté la distancia, y toque la palma de su mano.
Y bueno, ahí entendí que era lo mágico del vestido. Fue como si me tragará la tierra y aparecí en un taller, pero yo no estaba de pie.
Era más bien como si no pudiera moverme, aunque lo intentará. Mis ojos recorrían todo el lugar. Era una fragua, oscura, pero llena de muchísimos inventos, estaba sola, o al menos eso pensaba hasta que un hombre -bastante feo-, apareció con un poco de arcilla. Quise gritar: "Hey, amigo ¿Qué estás haciendo?", pero la voz no me salía.
Estaba modelando un brazo, y cuando lo termino, me lo coloco, como si yo fuera un muñeco. El hombre se limpió el sudor de la frente.
Entonces el lugar volvió a cambiar. Era enorme, y muy iluminado. Doce personas estaban sentadas en gigantes tronos, y me miraban fijamente. Una de ellas, a quien yo conocía como Hermes se levantó, y se dirigió hacía mí.
Bien, estaba en el Olimpo, quería encubrir mis nervios, pero me di cuenta de que yo no era nada más que un recuerdo.
Tocó mi frente, y volvió a sentarse, entonces -supuse que era Zeus, por su rayo-, se incorporo, y grito en el salón.
— Ella será Pandora, la encargada de llevarles el mal a los hombres.
Y todo volvió a cambiar. Esta vez me encontraba frente a un hombre, alto y con una poderosa aura, con una túnica roja.
— Pandora, no seas una tonta. No aceptes regalos de dioses, ellos solo harán que las cosas se pongan peores. — Me aconsejo. — Ellos odian a los mortales, y te han mandado para que los destruyas, y yo no puedo permitirlo. Así que, pase lo que pase, no aceptes ningún regalo, de nadie.
La escena cambio. Una caja estaba tirada en el piso, abierta. Todos corrían, y parecía como si el fin del mundo hubiese llegado.
Y supe que estaba en el mundo real de nuevo, cuando caí al piso. Generalmente a uno le pasaba cuando le muestran recuerdos realmente fuertes e impactantes.
Para mí que todo era una broma, nadie era capaz de mostrarse recuerdos tan reales. Sacudí la cabeza, y vi a Pandora sentada en la roca, tomándome la mano, y con la caja en su regazo.
Entonces, apareció la curiosidad.
Bien, digamos que desde pequeña siempre fui una chica curiosa, y por eso me metía en problemas, pero es que nadie entendía que era entretenido averiguar los misterios que me rodeaban, y más si mi padre era un dios.
Tal vez no lo recuerden, pero yo supe que era una semidiosa gracias a mi curiosidad, si no hubiese querido saber que era Dylan, y si no hubiese querido escapar, seguramente sería tan aburría como las chicas de mis clases.
La voz de Apolo resonó en mi mente: "Ella tratará de manipularte, ponerte contra todos."
¿Y si ella me había mostrado sus recuerdos para que yo odie a los dioses? Bueno, yo nunca pude odiar a ninguna persona, pero Pandora era mejor manipuladora que yo, tal vez lograría hacer que odie a mis amigos.
— ¿Quieres abrirla? La última vez que lo hice, el mundo se lleno de caos, es divertido ¿Sabes? Yo veo como los hombres luchan contra sus problemas, y no saben porque aparecen tan de repente.
— ¿Divertido? Yo diría trágico, no sé lo que usted piensa, señora Pandora, pero los problemas son serios. — Dije, dando un paso hacia atrás.
— Problemas, problemas. Eres bastante problemática, Floyd Cooper. — Ella rió, mientras saltaba de la piedra. — Me gustan los problemas, pero no las personas que los dan.
— ¿Es decir que no te sientes cómoda contigo misma? Te contradices muchos, porque la problemática aquí no soy. — Con pasos lentos, comencé a retroceder hacía el árbol donde había dejado mi arco con las flechas.
— Algo me dice que tienes correr, Floyd. — Murmuro ella, dejando la caja sobre la roca. — Porque la única que tiene posibilidades de ganar aquí, soy yo.
— No me gusta jugar a las escondidas, pero si insistes. — Me agache y arranque el césped, tirándole a la cara. Funciono, porque alce mis armas, y comencé a correr.
Bien, estaba huyendo, pero es que yo no era para inventar planes en el momento. Trepe uno de los árboles más bajos, y me senté en una de las ramas. Colgué el carcaj en mi hombro, y agarre el arco lo más fuerte que pude. También intenté que el vestido no me delatara, porque entre todo ese verde, el blanco resaltaría.
El silencio del lugar era realmente preocupante. Pero yo tenía que pensar en algo. Si ella planeaba abrir la caja, algo me maldeciría. Oh, sí, la maldición, yo ni siquiera sabía si eso iba a ser bueno o malo.
Escuché unos pasos, y coloque una de las flechas en el arco. Espere a que pasara, pero solo era un ave que se había posado en la rama. La mire tiernamente, pero parecí no agradarle, tal vez porque empezó a cantar una melodía algo…malvada, o por sus brillantes ojos rojos.
Caí del árbol, como si algo tirara de mí, pero no había nadie. Me incorpore de lo más rápido, por alguna razón solo pude pensar en mi profesor de gimnasia diciendo: "Cooper, mueve tu trasero y corre si no quieres un desaprobado." Si, esa era mi forma de pensar optimista.
Oí un crujido detrás de mí, me gire, apuntando con el arco. Pandora tenía en su mano una daga, y en la otra la caja, y parecía bastante dispuesta a abrirla.
— Con que huyendo, pequeña. — Susurro. — No te haré daño, suficiente con que veas como tus amigos y familia mueren ¿Alguna vez has escuchado el dicho: "Con un solo cerrar y abrir de ojos todo cambia"?
— Realmente no, odio los dichos, pero te tengo uno. — Esboce una sonrisa. — "No mires hacía atrás."
— ¡Eso no es un dicho, estúpido niña! — Grito, pero como yo esperaba, se dio vuelta.
Mi única oportunidad de vencerla. Disparé la flecha a la mano donde sostenía la caja, y dio en el blanco. Oh, sí, eso se llama ser hija de Apolo. Y ahora tenía que encontrar la manera de distraerla, mintiéndole.
Pandora hizo el amago de querer levantar la caja, pero hablé.
— ¿Alguna vez escuchaste sobre los hombres de dos cabezas? Por lo que sé, nunca has conocido a ninguno. — Empecé.
— ¿Hombres de dos cabezas? Eso es imposible, niña. — Me gruño, deteniéndose en medio camino.
— ¿Imposible? Oh, querida Pandora, no existe lo imposible en el siglo 20, creo que has estado mucho tiempo dormida. — Le dije. — Pero si quieres verlos, tienes que prometer algo.
— ¿Cómo qué? Primero desearía verlos desde mi campus. — Touché, tenía que improvisar algo antes de que se diera cuenta de mi mentira.
— Claro, he traído dos conmigo, son mis…¡esclavos! Si, son mis esclavos, estarán contentos en conocerte. — Explique. — Tienes que confiar en mí, eres la única que sabe que ellos tienen poderes.
— ¿Poderes? ¿Qué poderes? — Pandora levanto la caja.
— Controlar todo con la mente, pueden hacer cambiar de opinión a los dioses, yo los quería utilizar para que Zeus me seda su lugar, pero puedo dártelo si quieres.
Zeus me perdone por lo que me dije, pero seguramente comprendería que era mi vida o la suya, y bueno, él era un dios que podía sobrevivir a una simple mujer que mando a crear, mientras que en mi caso, bueno, no había demasiadas posibilidades.
— Te seguiré, pero si dudas en traicionarme, te mataré, y liberaré todos los males que hay en esta caja. — Me amenazo.
— Seguro, morir y el mundo destruido suenan buenas ideas. — Murmure sarcásticamente.
**¡Lamento la demora! Pero es que con la escuela no tenía tiempo de subirlo.****Mañana estará el próximo capítulo, o el miercoles, pero voy a intentar terminarla esta semana.**Creo que este es el más largo que escribí, asi que disfrutenlon c: