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Historia 157149 — capítulo 13
Bien, retrocedamos un poco ¿Recuerdan cuando el señor cadáver decidió que yo tenía que ir a una misión? Bueno, nunca específico que tal vez llegará a morir, o peor, que el mundo se destruyera, seguro tenía algún defecto de fábrica que impedía que dijera los riesgos.
Gracias, señor cadáver, gracias de verdad.
Y ojala que se note mi sarcasmo.
Tratando de alejar el tema de que tenía que buscar una caja maldita, les conté mi historia. De cómo había desaparecido, mi encuentro con los matones caníbales (que resultaron ser gigantes lestrigones, o llamados generalmente canadienses.) Ellos me dijeron que cuando yo desaparecí, realmente se asustaron, y eso, bueno, fue extraño.
Y del tema de la caja de Pandora, yo no sabía mucho sobre los griegos, pero estaba segura de que eso no era algo bueno, después de todo, los dibujos animados y las películas siempre me habían ayudado.
Okay, eso último sonó algo tonto, pero ¡Es verdad! Debería ir y agradecerles a los creadores.
— Floyd, Floyd. — Me sacudieron, y por un momento pensé que eran los amables señores caníbales.
— ¿Qué sucede? ¿Acaso ya recuperaron la caja? — Pregunte, algo enfadada.
— Encontramos la ubicación, fue fácil. Todos afirman que algo raro está pasando en un parque nacional cerca de aquí. Dicen que hay uno de los sectores que parece tener una "barrera" y que emana algo así como un aura malvada, claro que nadie parece creerlo. — Explico Jack.
— Eso suena de lo más genial. — Dije. — Y ya que ustedes saben más ¿Cómo es esa tal Pandora, eh? Su nombre no parece para nada adorable.
— Y ella tampoco lo es. Los mitos dicen que Zeus la mando a crear para introducir los males en la vida de los hombres. Fue la primera mujer. — Interrumpió Matt, mientras miraba a las personas que pasaban frente a nosotros. — Mamá tiene razón respecto a las mujeres.
— Um…hola, sigo aquí. — Murmure.
— Eso ya lo sé, como siempre molestas es imposible no notarte. — Matt me sonrió.
Antes de que yo pudiera decir algo en mi defensa, Jack me tomó del brazo y prácticamente me cargo como si fuera una bolsa de papa hasta cerca de un taxi. Y yo que iba a lanzarme a golpear a Matt…
Si, suena algo agresivo para ser una chica, pero ya saben que tengo un temperamento bastante malo.
Me subí al taxi, sin intentar hacer una rabieta y quedar como una nenita de cinco años, lo cual era típico en mí. Mi madre siempre había dicho que tenía que aprender a controlarlo, pero es que simplemente no podía.
Cambiando de tema, el taxista, cuyo nombre era "Pedro", no, momento, equivocación mía, se llamaba Peter. Sí, mi maldita dislexia, a veces la odiaba. Sin irme del tema, el hombre nos pregunto a dónde íbamos, obviamente yo no tenía ni idea.
— A Banff. — Contesto Jack.
— Chico ¿Sabes que eso queda a 80 millas* de aquí, verdad? — Inquirió Peter, algo furioso. — Si quieres ir, te costará bastante.
— Tengo dinero, usted solo maneje. — Jack se recostó en el asiento, esperando a que nuestro taxista le siguiera discutiendo, pero en vez de eso, el taxi arranco.
Podría decir que me quedé despierta para admirar el maravilloso paisaje, pero fue todo lo contrario. Apenas apoye la cabeza contra la ventana, los ojos se me cerraron involuntariamente.
Entonces todo se hizo negro, y por unos segundos no paso nada. Y cuando abrí los ojos, me encontraba frente a aquel sendero con el que había soñado antes.
Parecía real. Los pájaros cantando, el sonido de la cascada, la brisa cálida y hasta las cosquillas que el césped me producía. Y bueno, eso fue lo más extraño, porque yo recordaba perfectamente tener zapatillas puestas.
Me acerque a la cascada y vi mi propio reflejo, solo que había algo extraño. En vez de mis particulares ojos verdes pardos, tenía unos violetas. Si, realmente extraño. Me asusté, porque me recordaban a la mujer con la que había soñado hace una semana atrás.
Espere que ella saliera desde atrás de algún árbol, pero cuando voltee para irme de aquel lugar, me choque contra un chico.
Yep, un chico. Era mucho más alto que yo, con el cabello dorado y grandes ojos azules. Llevaba puesto una camisa y unos jeans, nada fuera de lo normal, de no ser por el auto descapotable detrás de él.
De no ser porque su cara me resultaba conocida, hubiese pensado: "Wow ¿Nos conocemos? Porque si no, podemos salir algún día." Sí, yo era pésima para invitar a salir a alguien, pero podía intentarlo.
Se me acerco, pero no tuve la sensación de que fuera a dañarme.
Entonces, me abrazo, mientras me levantaba en el aire. Okay, eso no me lo esperaba, realmente mis sueños eran más locos últimamente. Cuando me bajo, esbozo una gran sonrisa, despeinándome el cabello.
— ¡Mira que grande que estás! — Exclamo, volviéndome a abrazar.
— ¿Te conozco? — Pregunte, porque bueno, no cualquier tipo (y menos uno de un sueño) se me acercaba y me abrazaba.
— Claro, yo soy Apolo, tu padre. — Dijo, como si fuera algo muy común el soñar con un dios.
Bien, ahora sabía de donde se me hacía conocido. Todos mis medios hermanos eran igual a él. Cabello rubio y ojos azules, bastante amigables, si, imposible no reconocerlos.
— ¿Papá? — Murmure.
Habían pasado unos catorce años desde que no veía a mi padre. Técnicamente, nunca lo vi, y ahora se me aparecía en mis sueños y me abrazaba, ya sé que era un dios, pero no podía hacerme eso.
De repente me agarraron ganas de llorar y golpearlo. Yo no era de esas chicas que derramaban lágrimas, nunca me había gustado, no me describiría como "fuerte", porque bueno, no lo era, pero llorar no era lo mío.
Aunque fue demasiado tarde. Las lágrimas comenzaron a caer, y aunque quisiera detenerlas, no podía. Era algo que había acumulado por años. Ser la una chica en la escuela que no tenía un padre presente, nunca estaba en mis reuniones o en los actos donde yo era una princesa.
Él ni siquiera merecía ser llamado mi padre. Mamá siempre había cumplido ese rol.
— ¿Floyd? No llores. — Apolo me tomó la mano. — ¿Qué sucede?
— Nada. — Mentí.
Porque bueno, no iba a decirle a mi padre dios: "Lo que sucede es que nunca estuviste en mi vida, nunca me ayudaste en nada, y quieres que te de un abrazo. Vete al infierno, padre."
— ¿Segura? Tus lágrimas no dicen lo mismo. — Sonreí, mientras asentía. — Oh, hija, te pareces tanto a tu madre.
— Mamá dice que me parezco a ti. — Dije. — Aunque sinceramente no veo para nada el parecido entre nosotros dos.
— Esa gran sonrisa es lo que has heredado de mí, no es quiera sonar como presumido, pero es la sonrisa más bonita que he visto. — Apolo se rió. — Pero lamentablemente no vine a hablar de eso. Floyd, estas acercándote al peligro, yo confió en ti, eres mi hija, y eres fuerte, pero tienes que saber que Pandora es manipulado, ella intentara ponerte en contra de todo, encuentra su punto débil, tú sabes cuál es.
Iba a replicar algo como: "Papá, ni siquiera sabía que tu nombre era Apolo hasta que me dijiste ¿Y esperas que sepa la debilidad de una mujer con miles de años? Realmente estás loco." Pero él desapareció antes de que pudiera quejarme.
Cuando volví a abrir los ojos, me encontraba en el mundo real. Junto a mí, Jack leía una revista que se ve que había comprado mientras yo estuve desaparecida. Por otro lado, Matt estaba apoyado contra la ventana, claramente durmiendo.
Me seque las mejillas, porque se ve que las lágrimas de los sueños se transportaban al mundo real o algo por el estilo. Griegos, son raros.
Como sea, a medida que nos íbamos acercando, podía sentir aquella aura maligna. Sip, gracias señor cadáver, por enviarme a esta maravillosa misión.
**¡Hola! Siento no haber actualizado, es que andaba sin inspiración.****Como que nos vamos acercando más al final, pero ya tengo escrita la segunda parte c:***80 millas: Serían 180km.