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¡¿Qué Dumbledore tiene qué?! — capítulo 21
-¿estas nervioso, Harry?-preguntó Hermione con el semblante preocupado.
-no, Hermione-dijo Ron con tono sarcástico-está que salta de felicidad.
-bueno-ella no hizo caso al comentario-piénsalo así: si superaste la primera prueba… ¿Por qué no ibas a pasar ésta?
-amm no lo sé-acotó el pelirrojo-tal vez porque… ¡cada prueba es más peligrosa que la anterior!
-¡Ron!-lo reprocho Sindy-¡ya deja de acotar! ¿Quieres? ¡Todos estamos muy nerviosos y preocupados; y lo único que me falta es que me alteres con tus comentarios sarcásticos!
-Sindy-la tranquilizó su amiga-está bien, no le hagas caso.
-es que… me saca-le contestó, ignorando la miranda sorprendida de Ron.
Los cuatro amigos estaban en la Sala Común de Gryffindor. En cualquier momento iban a llamar a Harry para que se preparara para la segunda prueba. Ya habían solucionado, gracias a Dobby, lo de aguantar una hora bajo el agua, el problema ahora era… pasar la prueba.
-bueno chicos-dijo Harry levantándose del sillón-ya debo ir a cambiarme. Deséenme suerte.
-ten mucho cuidado-dijo Hermione mientras lo abrazaba angustiada-y no hagas tonterías.
-está bien, está bien-dijo su amigo sonriendo-lo intentaré.
-suerte amigo-Ron lo abrazó.
-gracias-ambos se dieron palmadas en la espalda.
Sindy y Hermione cruzaron miradas; la primera asintió de una manera apenas perceptible y su amiga le devolvió el movimiento de cabeza, entendiendo perfectamente a que se refería. Tomo a Ron por el antebrazo y ambos salieron a través del retrato. Sindy y Harry quedaron a solas.
-¿nervioso?-preguntó después de unos segundos de silencio, como con miedo a oír la respuesta, aunque ya sabía cuál era.
-demasiado.
-tranquilo, todo va a estar bien-intentó, pero no pudo mantenerle la mirada, así que la desvió ligeramente hacia el suelo.
-no te noto muy convencida.
-ay Harry, por favor-dijo con tono de "es obvio"-sabes que estoy más asustada que tú.
-no veo por qué-y aclaró al ver que los ojos de Sindy se abrían como platos-me refiero a que… yo soy el que puede llegar a morir; tú estás a salvo.
-no, Harry. Yo también estoy en peligro…
-¿de qué?-preguntó extrañado y con el ceño ligeramente fruncido.
-…de perderte.
Sin decir nada, conmovido, nervioso y enamorado como estaba, con solo un paso se acercó a la chica, le tomó la cara y la besó. Todo fue tan rápido que Sindy no tuvo tiempo ni de tomar aire para decir algo.
Con las pocas fuerzas que tenía, pues cuando él la besaba a ella se le aflojaban todos los músculos, puso sus manos en el pecho del muchacho e intentó empujarlo para que se separara de ella.
Sabía que sé que habían besado en varias ocasiones, y cada una de ellas había estado mal; no debía estar juntos y punto. Fin de la historia.
Sin embargó, el amor que sentía por ese chico, pudo más, así que siguió besándolo.
Se separaron. Ella lo miró fijamente, no sabía qué decir; pero Harry, con la mirada, parecía suplicarle que no dijera que eso estaba mal, que no podían estar juntos, que su tío le había advertido… nada. Y ella no lo hizo.
-buena suerte-se limitó a decir con un hilo de voz.
-gracias.
Harry, con suerte, talento o lo que fuere, pudo pasar las dos primeras pruebas. Ahora le faltaba sobrevivir a la tercera.
-muy bien chicos… y chica-dijo Dumbledore-esta es la última prueba el objetivo es orientarse en el laberinto, encontrar la copa del torneo y tomarla. Quien lo haga primero será el ganador o ganadora. Les deseo suerte.
La ronda formada por los cuatro participantes del torneo y Dumbledore se deshizo y los estudiantes tomaron sus lugares, cada uno en una entrada distinta al laberinto.
Una vez adentro, los cuatro corrieron y corrieron, intentando orientarse. Fleur fue la primera en retirarse, luego Krum calló y finalmente solo quedaron Cedric y Harry. Ambos a la misma distancia de la copa. Una vez que llegaron a ella, ambos la tomaron a la vez, pero pasó algo muy inesperado. Al parecer la copa era un traslador, porque aparecieron en un cementerio, que Harry había visto en sueños, pues le resultaba conocido.
En un instante todo cambió de raro a terrorífico. Colagusano, con un pequeño y escuálido Voldemort en brazos, mató a Cedric. Fue tan rápido que Harry apenas tuvo tiempo de gritar el nombre de su compañero. En un instante, estaba tirado en el suelo con los ojos abiertos, su cuerpo inerte. A Harry le entró el pánico y no sabía qué hacer.
En unos minutos ya se encontraba atrapado por una estatua, la cual estaba sobre la tumba del mismo Tom Riddle, el padre del Voldemort.
Colagusano, tomó un hueso de aquella tumba, sangre de Harry y un poco de su propia sangre y los vertió en un caldero que traía consigo. Introdujo al débil, pequeño y putrefacto Voldemort en éste y así, el mismísimo señor de las tinieblas recuperó su poder junto con su forma adulta ante los ojos del muchacho.
Llamó a sus mortifagos, quienes vestían túnicas negras y máscaras. A los pocos segundos, varios de ellos, entre los cuales estaban Malfoy, Crabbe y Goyle, los padres de los compañeros de Harry, formaban una ronda, alrededor de Harry, aun atrapado por la estatua, Voldemort y Colagusano, a quién el señor tenebroso le había dado una mano plateada, en recompensa por ser quien logró devolverle su poder. Premio que el traidor, agradecía como si le hubiesen salvado la vida… cosa que tal vez era cierta.
-esperé tanto por este momento Harry Potter-dijo Tom acercándosele lentamente, conforme el dolor de la cicatriz del muchacho se intensificaba.
Cuando lo tuvo a pocos centímetros, el señor tenebroso puso unos de sus huesudos y pálidos dedos sobre la cicatriz en forma de rayo. Harry no podía soportarlo más, no aguantó y soltó un quejido de profundo e inaguantable dolor.
Sindy estaba sufriendo. El hecho de ver como Lord Voldemort lo hacía hería y no poder hacer nada para detenerlo, la destrozaba por dentro. Sentía que el corazón le latía muy deprisa. Si intervenía, la matarían y eso lo empeoraría todo. No quería darle el gusto al innombrable de hacer sufrir a su tío. Así que se limitó a escuchar y observar a través de la máscara, con mucha angustia y al borde del llanto, cómo Harry sufría y se descostillaba del dolor.
Después de amenazarse mutuamente, Voldemort y Harry sacaron sus varitas y al unirse los dos conjuros se creó el llamado "Priori Incantatem". Parecía una lucha interminable.
Finalmente, con la ayuda de las visiones de los padres de Harry, éste pudo terminar el hechizo, correr tomar a Cedric y volver a trasladarse nuevamente a Hogwarts.
Harry estaba desesperado, todos gritando y vitoreando de felicidad y él prácticamente llorando sobre el cuerpo de Cedric. Mientras todos iban hacia ellos, y entre la multitud Ron, Hermione y Sindy, el padre de Cedric se arrodilló a su lado, gritó y empezó a llorar. Ahí todos se dieron cuenta de que el muchacho estaba muerto.
-¡Harry! ¡Harry! ¿Estás bien?-lo abrazó.
Pero le muchacho no tuvo tiempo de responder porque el Profesor Moody lo tomó y se lo llevó a su despacho.
Sindy miró desconfiada al profesor que siempre había admirado, pero no los siguió. Solo fue a buscar a su tío.
Ya en el despacho de Alastor, las cosas se pusieron raras. Harry no entendía que pasaba y porque el profesor se comportaba tan extraño. Hasta que éste dijo algo que le permitió a Harry afirmar las sospechas que tenía.
-¿y? ¿Lo viste? ¿Viste al señor tenebroso en aquel cementerio? ¿Te habló de mí?-preguntaba el profesor mirando fijamente al muchacho.
-no yo…-titubeaba-un segundo… yo nunca dije nada de un cementerio.
El uno al otro se fulminaba con la mirada.
-¿Quién rayos es ustedes?-preguntó Harry amenazadoramente y listo para sacar la barita.
-creo que yo lo sé-Dumbledore irrumpió en el despacho, seguido por Snape, quien tenía un pequeña botella en la mano, y detrás de él, Sindy.
Mientras el director y Snape tomaban al falso Moody y lo sentaban a la fuerza en una silla, Sindy abrazó a Harry y él le devolvió el gesto.
-¿estás bien, Harry?-le susurró-¿no te hizo nada?
-no, tranquila, no llegó a sacar la varita.
Ella suspiró y lo volvió a abrazar muy fuerte, pero se separaron al oír la voz de Barty Crouch… Junior. Harry se puso delante de la muchacha, para protegerla.
-te enseño la mía si tú me enseñas la tuya-decía con cara de loco, y remangándose el brazo izquierdo para dejar ver su marca tenebrosa.
-¿de qué habla? Yo no tengo…
-no tú Potter, ella-dijo mirando a Sindy.
Harry se dio vuelta, y ahora todas las miradas estaban en la muchacha.
-¿Qué? ¿A qué se refiere?-parecía desconcertada.
-Sindy-dijo su tío-muestra tu brazo izquierdo.
-¿para qué? ¿Qué quieren ver?
-solo hazlo… así le demostrarás que está diciendo locuras.
-yo no tengo nada que probarle… ni a él ni a nadie.
-Sindy… ¿Qué escondes?-su tío parecía preocupado y confundido.
-¡nada! Yo… ¡no tengo nada que esconder!
-entonces muéstranos tu brazo-se acercó un poco a su sobrina con la intención de tomarle el brazo.
-¡no!-Sindy se echó hacia atrás, tomándose con fuerza el antebrazo, tapado por la manga de la túnica del colegio.
-¡Sindy!
-¡no! ¡Aléjate de mí!-dijo sollozando y sin soltarse el brazo, el cual mantenía apretado con fuerza.
Salió corriendo del despacho, llegó a un pasillo vacío, se apoyó contra la pared y se deslizó por ésta hasta quedar sentada en le frio suelo. En esa parte del castillo no había nadie. Todos estaban afuera, exceptuando a su tío, Harry y Snape, quienes vigilaban a Barty Crouch Junior, en el despacho del profesor Moody.
Para entonces ya estaba llorando sin intentar contenerse. Se sentía muy angustiada. Después de unos minutos y segura de que nadie podía verla, se remangó el brazo izquierdo y, con ojos inundados, vio la marca que Voldemort le había hecho ése día… el día en que había matado a sus padres. Las lágrimas caían sobre ésta.
Lo único que hacía además de llorar, era pensar en cómo iba a seguir ocultándole la verdad a los demás… sobre todo a su tío. Estuvieron a punto de descubrir su secreto… secretó que nadie más que ella, Voldemort y los demás mortifagos sabían. No podía permitir que nadie lo supiera. Nadie. Jamás.