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"Conquistando al Lobo." — capítulo 13
Capítulo 12:****"Selene Ronquidos de Sapo"
Andy no supo que hacer. Había actuado por impulso y ahora la vergüenza la estaba carcomiendo. Pero a pesar de eso, estaba disfrutando del momento. Era la primera vez que probaba unos labios tan suaves y con gusto a chocolate. A pesar de lo rojas que estaban sus mejillas, se permitió darse el gusto de disfrutar aquel beso. Remus, que en un principio, se había completamente tieso y se vio en la misma posición de ella: no sabía qué hacer, pero al pasar unos segundos terminó cerrando los ojos también.
La pelirroja festejaba internamente. Lo de la declaración y el beso habían sido dos cosas espontaneas, pero que le habían salido bien. Pero cuando la cosa había llegado al punto de máxima emoción, Lupin se separó. Ella se quedó en el mismo lugar, con los ojos cerrados y los labios preparados para tocar el trombón. Remus la tomó de los hombros y la alejó de él como si tuviese viruela de dragón altamente contagiosa.
-Lo lamento.-se disculpó.-Me deje llevar y…no…no debí hacerlo.-sacudió sus manos en cuanto ella intentó tomarlas.-Ha sido un error, pido que me perdones.-apartó la vista y clavó sus dedos en los brazos del sillón.
-Remus…-la puerta de la biblioteca se abrió con un repentino estruendo; Tonks y Selene ingresaron, discutiendo sobre equipos de Quidditch.
-¡Te lo digo, Dora!-exclamó la azabache.- Wigtown Wanderers jugaría mucho mejor si cambiaran al…-hizo silencio al ver a las dos personas presentes dentro de la habitación.-Ohm… ¿interrumpimos algo?-Andy la miró con el ceño fruncido.
-Discúlpenme.-Lupin se puso de pie, teniendo de cuidado de no pisar a la pelirroja y salió del lugar.
-¿Andy?-la aludida también se paró, pero no le dirigió la vista a ninguna de las dos.- ¡Andy!-exclamó Selene, corriendo hasta la puerta. Al ver que no podría alcanzar a su amiga, se recargó sobre el umbral.- Me parece que sí interrumpimos algo.-giró hacia Tonks, quién tenía el ceño fruncido y el cabello rojo tomate.
Andrómaca fue detrás de Remus, pero éste ya se había encerrado en su habitación como niño recién castigado.
-¿Remus?-se acercó a la puerta y llamó con sus nudillos.- Por favor, ábreme.-aguardó unos instantes, pero no se escuchó nada en el interior.-Lupin, somos dos personas adultas; creo que deberíamos dejarnos de jueguitos y hablar seriamente.-nuevamente, nada.
Durante el resto del día, Remus no salió de su habitación. Los miembros de la Orden se preguntaban si estaría bien; Sirius se había preocupado por su amigo, pues todavía faltaba para qué séase noche de luna llena.
-Tal vez solo se sienta mal.-murmuró la señora Weasley, sirviendo la cena.-De seguro para mañana estará como nuevo.-
Aquella noche todos se fueron a dormir temprano; mañana volvían a empezar las clases y debían de estar bien descansados para el viaje en el Expreso.
Andy, después de ayudar a su madre llevando los últimos platos que quedaban sobre la mesa, divisó a Remus y Sirius hablando en el pasillo. Se mordisqueó el labio y se retrasó llevando los vasos. La señora Weasley le hablaba, pero ella no escuchaba. Con su varita recogió las migas del mantel, aun cargando los vasos en sus manos. Notó que Sirius tenía una expresión de sorpresa plasmada en el rostro y a Remus le temblaban las manos cuando hablaba.
-¡Andy!-exclamó la señora Weasley, hablándole al oído a su hija. La pelirroja, del susto, soltó la pila de vasos que no tardaron nada en hacer añicos contra el suelo.- ¿Acaso no me estabas prestando atención?- los dos que se encontraban en el pasillo miraron al interior de la cocina. Andy no pudo evitar sonrojarse en cuanto Remus se fijó en ella. Tenía que ir a hablar con él, era su oportunidad antes de que se volviese a encerrar.
-Lo lamento, mamá.-dijo, apuntando su varita hacia los restos de vidrios.- Reparo.-casi una docena de vasos se materializaron en medio de las dos.-Debo…tengo que hacer algo.-rodeó las sillas y a los trompicones salió al pasillo, pero Remus se había ido.
-Sí lo buscas, está en la biblioteca.-murmuró Sirius, apoyado contra la pared y mirándose las uñas con sumo interés. Llevaba una peculiar sonrisa.
-¿Te lo dijo verdad?-él asintió, sacándose basuritas.
-Yo los veo el uno para el otro, pero déjame decirte algo, linda.-se despegó un poco de la pared, llegando a colocar su boca contra el oído de la pelirroja.- Tienes algo de competencia.-
-¿Competencia?-repitió Andy, enarcando una ceja. Él asintió nuevamente, dirigiéndose a las escaleras.
-Remus no lo sabes y tú competencia tampoco sabe que yo lo sé.-añadió, antes de subir a su habitación.
Andy se quedó unos instantes en el pasillo, casi a oscuras porque la bombilla no funcionaba muy bien.
Competencia.
Caminó lentamente hasta llegar a la escalerilla que llevaba a la biblioteca. En cuanto puso un pie en el primer peldaño, vio luz filtrándose por el umbral de la puerta. Continuó bajando y al llegar a la mitad de la escalera, escuchó risas amortiguadas por las paredes, pero al fin y al cabo, eran risas. Miró su reloj de muñeca y por la hora supuso que no serían sus hermanos. A medida que descendía las voces se hacían más claras, pero se negaba creer que las conocía. Al llegar al pequeño recibidor, notó que la puerta estaba entreabierta y dejaba entrever un poco del interior. Andy se acercó y procuró no hacer ruido. Colocó sus manos suavemente y sin hacer presión contra la pared y la mitad de su rostro se vio iluminado. Se sorprendió enormemente al ver que, ubicados en los mismos sillones, que ella había ocupado en la tarde, se hallaban Remus y Tonks.
Nymphadora había tenido el cabello rojo durante todo el día, sumado a una expresión de puro enojo y nadie entendía el porqué, siendo ella una chica muy alegre. Pero ahora, allí, bajo la tenue luminosidad de la biblioteca, su cabello tenía un chillón rosa chicle y en su rostro se dibujaba una inmensa sonrisa mientras que sus ojos brillaban de la emoción.
Competencia.
Nuevamente, la voz de Sirius, saltó en su cabeza. Andy apretó los labios, hasta dejarlos blancos, y se negó a creerlo, pero… ¿se trataría de aquella chica?
Bajó apenas la vista, parpadeando varias veces, pero al levantarla nuevamente, el corazón se le contrajo. Tonks había apoyado su mano sobre la de Remus y éste no la había apartado.
..*
A la mañana siguiente, Andrómaca procuró levantarse mucho antes que todos. Se cambió en silencio, teniendo cuidado de no despertar a Selene, quién dormía con la boca abierta y para esa altura ya tenía la garganta seca emitiendo los sonidos propios de un sapo ronco.
Archie daba vueltas en su jaula, rasgando el falso piso de paja y chillando débilmente, como si tuviese miedo de molestar el descansar Selene, ronquidos de sapo.
-Ven aquí, chico.-Andy sacó el pestillo de la jaula y dejó que su hurón trepase por su brazo hasta ubicarse sobre su hombro, casi escondiéndose detrás de una mata de cabellos rojos.-Eso es.-de una bolsa plástica extrajo una golosina y se le ofreció.-Buenos días, Arch.-le acarició la cabeza mientras él devoraba su caramelo.
-Hum-hum.-Selene se acomodó, estruendosamente, en la cama y continuó durmiendo.
Andy reprimió una risita y salió de su habitación junto a su mascota.
La casa de los Black estaba sumido en un…mortecino silencio, casi que se podía oír a las arañas tejiendo sus redes. A paso pausado se dirigió hacia el inicio de las escaleras; un piso más arriba resonó los ronquidos de Ron. Entre su hermano y su mejor amiga, no sabía cuál de los dos ganaba. Comenzó a bajar, dejando que su mano se deslizara por la baranda, semi pulida pero con resto de polvillo. Archie se paseaba por los hombros de su dueña, a veces mordisqueándole las orejas o haciéndole cosquillas con su pequeño y húmedo hocico.
Al llegar al primer rellano, tuvo cuidado de no despertar a la señora Black y darle un rato más de descanso al resto de los habitantes de la casa.
En cuanto estuvo en el recibidor, se dirigió a la cocina. El estómago le rugió en cuanto pasó el umbral, pero tenía un hambre tan exagerado como para comerse lo primero que viese; por lo que optó por algo sencillo y satisfactorio. De la alacena sacó una caja de cereales y un tazón, con la varita hizo levitar una botella de leche y la puso a calentar sobre la hornalla. Mientras preparaba su desayuno, tarareaba una canción muggle que había bailado ciento de veces junto a Selene.
-¿Quieres, Arch?-con la punta de sus dedos sostuvo un copo de cereal. El hurón emitió un chillido y estiró sus peludas patitas para alcanzarlo.-Vaya.-comentó, rascándole la barbilla.-Alguien se levantó con hambre.-
-¿Cómo adivinaste?-mientras sacaba la leche del fuego, vio que Sirius ingresaba a la cocina. Iba levemente despeinado y con la bata de dormir entreabierta. En uno de los bolsillos llevaba el ejemplar matutino del Profeta.
-Buenos días.-saludó la pelirroja, sirviendo su desayuno. El ojigris le sonrió, sentándose a la cabeza de la mesa.- ¿Qué vas a querer tomar?-preguntó, haciendo levitar su plato hacia su lugar. Archie miraba con deseo aquellos copos azucarados humectados con leche; tanto que parecía querer saltar del hombro de su dueña.
-Oh, no te preocupes por mí.-dijo, sacando el periódico y extendiéndolo, cubriéndose casi todo el rostro.-Ya me las arreglare más tarde.-
Andy se sentó dos sillas alejadas. El hurón descendió por su brazo y se situó junto al tazón con leche. La pelirroja sumergió la cuchara y comenzó a desayunar en silencio. Los ojos de Sirius recorrían sin mucho interés las noticias, por lo que las hojas pasaban rápido.
-20% de descuento en calderos.-comentó con aburrimiento.- ¿Quién va a querer un caldero con flores como decoración?-chasqueó la lengua y cerró el Profeta, haciéndolo a un lado. Bostezó brevemente para luego juntar sus manos sobre la mesa.- ¿Cómo has dormido, Andy?-preguntó, rascándose la cabeza y haciendo que su cabello se desordenase aún más.
-Bien…-ella hizo una pausa para tragar.-…gracias, ¿y tú?-Sirius se encogió de hombros.
-Bien también.-respondió sonriendo.-Pero sentí el aire un poco denso.
-¿Mucha humedad y polvo?-inquirió la pelirroja, revolviendo los cereales.
-No, a eso ya estoy acostumbrado.-repuso, mirando con desprecio la cocina.-Más bien, diría yo, que el aire estaba viciado porque había demasiado amor impregnado en las paredes.-Andy se atragantó y soltó la cuchara. Archie aprovechó ese momento para trepar por un extremo del tazón y comenzar a beber leche tibia.- ¿Estás bien?-Sirius sonreía como un niño.
-¿De qué estás hablando?-cuestionó ella, alcanzando una servilleta y limpiándose las comisuras.
Antes de que Black pudiera responder, se escuchó un sonoro bostezo y Selene ingresó a la cocina. Si Sirius estaba levemente despeinado, a la azabache le había pasado un tornado por la cabeza.
-Buenas.-volvió a bostezar mientras se dejaba caer junto a su amiga.
Los tres permanecieron en silencio durante un largo rato. Andy dejó de comer, porque su mascota se había adueñado de su tazón. Sirius se había encargado de preparar café y de servir tres tazas.
-¿Interrumpí algo cuando llegué?-preguntó Selene, un tanto más despabilada.
-No…
-¡Sí!-tanto Sirius como la pelirroja intercambiaron una mirada.
-De acuerdo…-la azabache los miró a los dos.- ¿O es un sí o es un no?-
-Con Andy estábamos hablando sobre Remus.-respondió Black, sencillamente llevándose la taza a la boca.
-¿De Remus?-repitió Selene.- ¿Qué pasa con él?-
-Nada…-
-¡A Andy le gusta!-la pelirroja lo fulminó con la mirada.
-¿Acaso te hice algo yo?-cuestionó, frunciendo el ceño.-Ya sé que te diste cuenta que Remus me gusta, pero tampoco para que vayas gritándolo a los cuatro vientos.-él se encogió de hombros y sonrió.
-Ósea… ¿Qué te gusta el ex profesor de tus hermanos?-inquirió Selene. Andy se cruzó de brazos y se recostó en el respaldo.
-Sí.-respondió, resoplando. La azabache, con la palma abierta, le golpeó el brazo, el cual produjo un chasquido contra la piel desnudad de su amiga.- ¡Oye!-reprochó Andy.
-¿Y cuándo pensabas decírmelo?-exclamó Selene, fingiendo estar ofendida.
-No lo sé.-respondió, sobándose.-No vuelvas a hacer eso.-cuatro dedos rojos comenzaban a dibujarse en el antebrazo.
-¿Eso fue lo que interrumpí en la biblioteca, verdad?-Sirius rió por lo bajo.- ¿Remus te dijo algo?-inquirió Selene, mirándolo.
-Algo mencionó.-respondió. Andy lo miró fijamente.-Dijo que se arrepentía por haberte seguido, que eres linda, simpática, pero…-
-Él no podría estar con nadie.-finalizó la pelirroja, bajando la cabeza.- Qué es un monstruo, pobre y viejo.-añadió.-Sí, ya me sé el discurso.-junto las manos, manteniendo la vista gacha.- Pero…-suspiró cansinamente.- ¿No puede darse una oportunidad? ¿Probarse que no es lo que él dice que es?-Sirius se encogió de hombros.
-Tranquila.-la consoló.-Tal vez sea un hueso duro de roer, pero siempre se puede conquistar al lobo.-