← "Conquistando al Lobo." · de
"Conquistando al Lobo." — capítulo 12
Capítulo 11:
"De muggles locos a elfos parlanchines"
Como era habitual en Andrómaca, se encontraba en un café muggle. La mañana apenas comenzaba y el lugar no estaba tan lleno. De fondo se escuchaban viejos discos de los 80' y el dulce aroma a panqués inundaba el negocio. Andy había pedido una taza de chocolate caliente y algunas galletas de coco para acompañar. Sobre la mesa, junto al florero que decoraba, se hallaban varios manuscritos en papel de pergamino.
-Cosas raras lees.-comentó una camarera, llevando su habitual uniforme rosa claro a rayas y su cabello recogido en un coleta alta.- Cada vez que vienes, me das curiosidad.-llenó la taza con más chocolate y rellenó el plato con más galletas Andrómaca le sonrió y volvió la vista a los manuscritos.
Sobre su oreja reposaba una pluma de lechuza; la punta estaba manchada con tinta. Junto a una carpeta de fino cuero se hallaba un pergamino con más tachones que oraciones escritas. La mayoría de las cosas que estaban resaltadas eran ingredientes de pociones.
-Escarabajos machacados, bilis de armadillo…raíz de jengibre cortada…-sus ojos celestes repasaron la lista y con la pluma fue marcando tildes. Como las cosas se estaban poniendo cada vez más complicadas en el Ministerio, Andy debía de encontrar la solución para poder estar más atenta. Bill le recomendó que probase con la Poción Agudizadora de Ingenio; no era tan difícil de realizar y garantizaba buenos resultados.
-Ese hombre también pasa con frecuencia por aquí.-Andy levantó la vista para notar que la camarera había regresado; en sus manos cargaba una cafetera llena hasta menos de la mitad.-Polly, mi compañera, dice que es una persona agradable. Hay veces en las que pasa y se queda a almorzar o a merendar.
La pelirroja miró por el ventanal: en la cuadra de enfrente había un hombre que caminaba con la cabeza gacha y a paso lento y pesado, como si levantar los pies de la acera significase cargar con un peso de treinta kilos.
-Enseguida regreso.-Andy se deslizó por el asiento mullido y se puso de pie. La camarera se hizo a un lado, permitiéndole pasar. Las campanillas que colgaban de la puerta tintinearon en cuanto ella salió del lugar.- ¡Remus!-llamó, haciendo señas con el brazo.- ¡Remus!-el aludido levantó la cabeza. En un principio no supo de donde lo estaban llamando, pero al mirar hacia la cafetería, se encontró con el sonriente rostro de Andrómaca. Antes de cruzar, miró para ambos lados y avanzó.
-Hola.-saludó. En sus facciones se dibujaba una débil mueca. Andy notó que estaba más pálido que nunca y que sus heridas estaban más marcadas que otras veces. Pero de igual manera, le sonrió y lo invitó a pasar.
-¿A dónde ibas con tanta prisa?-preguntó, dejando que la puerta se cerrase detrás de ellos y que las campanillas volvieran a tintinear.
-Me dirigía al Caldero Chorreante.-respondió Lupin.-Pensaba ir a desayunar.-
-Bueno, yo te invito una taza de chocolate.-Andrómaca lo guio hacia la mesa que estaba ocupando. La camarera seguía apostada allí, aguardando y con una sonrisa plasmada en el rostro. Al parecer ya no estaba interesada en los manuscritos.
-Buenos días, señor.-saludó amablemente.- ¿Qué le gustaría tomar?-preguntó jovialmente.- ¿Café, té?-Remus se ubicó frente a Andrómaca.
-Chocolate.-pidió.
-Muy bien.-la joven fingió escribir en su libreta, pero en realidad sus ojos estaban puestos en Lupin.- ¿Algo para comer? ¿Galletas de avena, de coco, de chocolate o tostadas? Debo recomendarle nuestro gabinete de tortas, una más deliciosa que la otra.-
-No, gracias. Estoy bien solo con el chocolate.-la camarera sonrió como una colegiala y luego se alejó. Andy ocultó su rostro tras un pergamino pero no pudo evitar una risita.- ¿Qué ocurre?-
-Nada, nada.-aseguró ella.-Solo que eres todo un rompecorazones.-las mejillas de Lupin se tiñeron de rojo, dándole color a su rostro. Si Selene hubiera estado presente no pararía de decir que él era un hombre apuesto, sensible y amoroso; todo lo que una chica busca. Obviamente, Lupin podría confundirse con un Weasley.
-Ella es demasiado joven.-murmuró, aclarándose la garganta.-Y yo demasiado viejo.-Andrómaca miro hacia la barra, en efecto la camarera no tenía activado el disimulo. Miraba descaradamente hacia la mesa.
-No parece ser tan joven.-comentó.- ¿Qué tendrá, 25, 26?-se encogió de hombros.-Con suerte tendrá la misma edad que yo.-
-¿Y qué edad tienes tú?-quiso saber Remus, haciendo grandes esfuerzos por ignorar a su reciente enamorada.
-Veintiséis cumpliré en noviembre.-respondió, llevándose la taza a la boca.-Y no eres tan viejo.-añadió, relamiéndose los labios; una muequita de chocolate le había quedado en la comisura.-Me llevas solo 10 años.-
Remus miró hacia la barra. La muchacha del uniforme rosa, fingía estar haciendo otra cosa.
-Tú viste lo que soy.-dijo.-Y por más que quisiera llevar una vida normal…-
-Eres normal.-interrumpió Andy, clavando su vista entre los pergaminos.-Siempre y cuando tengas la poción Matalobos cerca, eres normal.-
-Pero…-bajó la voz.-…soy un animal.-ella colocó su mano encima de la de él.
-Hay bestias peores, Remus.-repuso.-Fenrir Greyback es una de ellas. Ya te lo dije.-Lupin hizo viajar su mirada hasta el rostro de la muchacha, para luego centrarse en sus manos.
-Aquí está la orden.-interrumpió la camarera, depositando una taza entre ambos.-Espero que lo disfrute, señor.-el rostro, surcado por mechones rubios y una mata de pecas esparcidas por encima del puente de la nariz, revelaba disgusto. Una vez que se alejó, Remus y Andy no pudieron evitar reír por lo bajo.
Cuando la mañana fue pasando, la cafetería se fue llenando y el murmullo era cada vez más intenso. Lupin propuso que fuesen a caminar hasta que decidieran volver a la Orden. Andy estuvo de acuerdo y una vez que juntó todas sus cosas, se retiraron.
-Eres muy inteligente.-comentó él, llevándose las manos a los bolsillos mientras caminaban.-Sabes demasiado.-
-Muchos me dijeron que debía de haber quedado en Ravenclaw.-admitió ella, sonriendo con modestia.-Pero nunca me quejé por quedar en Gryffindor.-
-¿Llegaste a ser Prefecta?-Andy asintió.
-Y Premio Anual.-sus ojos celeste refulgieron con anhelo.-Recuerdo que, hace un tiempo atrás, fui la gran inspiración de Percy. Nunca nos llevamos bien, pero él comenzó a respetarme cuando fui una figura de autoridad en la sala común de Gryffindor.-suspiró.-La verdad me encantaría hablar de Percy todo el día, pero no hay nada bueno que pueda rescatar de él.-admitió, encogiéndose de hombros.-Lo quiero, pero…-volvió a suspirar.
-Mejor cambiemos de tema.-propuso Remus. La herida de la mejilla se le ensanchó cuando sonrió.- ¿Y cómo están yendo las cosas?-preguntó.
-Bueno, con Selene estamos pensando en mudarnos dentro de un par de meses.-respondió Andy, ajustándose la correa de su bolso.-Aún no sabemos a dónde, pero tendremos tiempo para elegir un lugar.-la punta de sus dedos soltó la hebilla que sostenía su cabello.- ¿Y qué hay de tus cosas?-
-Mmm…sigo sin trabajo.-murmuró Remus.-Ese decreto sobre los hombres lobos me arruinó la vida.-Andrómaca le apretó el brazo afectuosamente.-La situación se está poniendo complicada, le agradezco a Sirius que me deje quedarme en su casa o de lo contrario ya estaría embargada y quedaría en la calle.-
-Y si eso llegase a pasar, yo te daría asilo.-repuso la pelirroja.-En mi familia siempre ayudamos a aquellos que valen la pena.-se encogió de hombros.
-Gracias por esas palabras.-Remus le regaló una sonrisa. Ella solo aleteó sus pestañas y se acomodó nuevamente el bolso. Lupin sacó de su bolsillo un reloj. Las agujas marcaban casi las 11:30 de la mañana.-Supongo que es hora de regresar.-anunció, mientras los dos doblaban hacia la derecha. Al cruzar en una esquina, un auto pasó demasiado rápido junto a ellos. Lupin se sobresaltó y, abrazando a Andrómaca, la empujo de nuevo a la acera. Juntos cayeron al suelo mientras el auto pasaba zumbando hasta perderse de vista.- ¿Estás…estás bien?-preguntó Lupin, ayudando a que Andy se pusiera de pie nuevamente.
-Sí, sí.-aseguró ella, arreglando su cabello.- Vaya, a estos Muggles sí que les gusta la velocidad.-comentó, tratando de hacer más divertida la situación. Remus frunció el ceño.-Vamos, cambia la cara.-pidió ella, recogiendo su bolso del piso.-Estamos bien y todo gracias a ti.-se puso en puntillas y sus labios alcanzaron la mejilla de Lupin.
..*
Luego de que se realizara una fiesta en honor a Hermione y Ron, festejando sus nuevas insignias de Prefectos; llegó el día que todos los menores de edad anhelaban y Sirius temía. El regreso a clases.
Selene le había contado a Andrómaca que Sirius no estaba demasiado contento con la idea de que su ahijado se fuese. A la pelirroja le pareció algo egoísta de su parte, pero debía de entender que Harry era lo más cercano a una familia para Black.
La noche anterior a la partida, Andrómaca decidió descansar del revuelo de maletas y para eso se dirigió a la habitación más silenciosa de la casa: la biblioteca.
Bajo el brazo llevaba un libro de novelas mientras que con la varita hacía levitar de té con limón. Al ingresar a la habitación, se sorprendió al ver que estaba ocupada.
-Lo lamento, Remus.-dijo.-Creo que debí llamar antes de meterme.-
-Está bien, no te preocupes.-aseguró él, marcando con los dedos la página por la que iba.
-Mejor me voy.-murmuró la pelirroja.-Disculpa si te interrumpí…-
-¡No te vayas!-le sorprendió ver que Remus casi había saltado del sillón para detenerla. Las mejillas de Lupin se encendieron, pero supieron camuflarse con la tenue luz de la biblioteca.-Podemos compartir el espacio.-propuso, sentándose nuevamente.
-De acuerdo.-asintió ella, ubicándose en el sillón que se encontraba junto al de él. La taza de té flotó hasta la mesa ratona y se depositó allí. Andrómaca se cruzó de piernas y sobre sus rodillas apoyó el libro que cargaba.
-¿Qué lees?-preguntó Remus, volviendo la vista a sus páginas.
-Novelas.-respondió ella.
-Interesante.-
Permanecieron en silencio durante un largo rato. Solo se escuchaba el siseó de las hojas al ser pasadas.
-Con qué Ron es Prefecto.-
-Hum-hum.-dijo Andy, tomando la taza.-Mamá todavía no lo cree, bueno, nadie se lo creé. Pero yo había apostado por Ron. No es que quiera decir que los gemelos no fuesen inteligentes, lo son, pero tienen un largo historial negro de su parte y supongo que esa es la razón por la que Dumbledore no los nombró Prefectos.-
-¿Ya has hablado con Ron?-ella asintió.
-Le he dado algunos consejos, ahora depende de él acatarlos o no.-se humedeció el dedo y pasó de página.
-Hará un buen trabajo.-él sonrió.
Durante casi media hora, se mantuvieron enfrascados en sus lecturas. Andrómaca de vez en cuando levantaba la vista para parpadear y darse cuenta de que Remus la miraba de reojo. Se hundió más en el sillón y sonrió alagada.
Un cuarto de hora después, Kreacher apareció en la biblioteca. Los dos ocupantes lo ignoraron, pero en cuanto el elfo comenzó a tirar cosas al suelo, Remus lo echó del lugar.
-El animal le da órdenes al viejo Kreacher.-murmuró el elfo, arrastrando los pies.-Kreacher se rió de él aquella noche.
-¡Ya vete!-exclamó Andy, abriendo la puerta con su varita y empujando al elfo a través de ella. Lupin le dio la espalda y cerró su libro ruidosamente.- ¿Remus?-la pelirroja volvió hacia él.- ¿Estás bien?-
-Casi lo hago pedazos aquella noche.-gruñó.-Pude haberlo matado, de no haber sido por Sirius.-
-Remus, basta.-pidió ella.-No te martirices más.-Andy se dirigió a las cosas rotas que se hallaban desperdigadas por el suelo.- ¡Reparo!-pieza por pieza, viejos jarrones fueron reconstruyéndose y volviendo al lugar donde pertenecían. Lupin se dejó caer en el sillón. Se agarró la cabeza con las manos-Oh, Remus.-ella se sentó a su lado, reposando su cabeza contra el hombro de él.-No debes mortificarte con esas cosas.-
-Soy una bestia.-bramó.-Hay veces en las que pienso que no merezco todas las cosas tengo.-Andrómaca apretó los ojos.
-Me estoy cansando un poco de repetirte siempre lo mismo.-se deslizó por el sillón, arrodillándose frente a él.-Eres la persona más dulce que conozco y es imposible no valorarte, Remus.-con sus manos apartó las de él. Al ver nuevamente sus ojos, algo tibio comenzó a nacer en el pecho de la pelirroja.-Me gustas, Remus.-confesó, ida en aquellas orbes ambarinas. Sostuvo entre sus manos las del profesor y por un momento se sintió completamente osada: se impulsó con sus piernas hacia arriba y alcanzó los labios de Lupin.