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"Conquistando al Lobo." — capítulo 11

Capítulo 10:

"La Audiencia"

Andrómaca estaba más nerviosa que nunca. Se pasó toda la mañana mordisqueándose las uñas y esperando a que su padre y Harry llegaran de una buena vez al Ministerio. Desde las oficinas superiores se encargaba de vigilar el recibidor principal; cabía destacar que encontrar una cabeza pelirroja, en medio de una multitud de magos con sombreros, no iba a ser nada difícil.

Fudge le había dado la orden de mantenerse a la vista para acudir en cuando él la necesitase. Selene no estaría presente, ya que ella y Tonks debía de vigilar a Rufus Scrimgeour, quién andaba haciendo demasiadas preguntas. Por lo que todo el trabajo de espionaje en la audiencia de Harry, recaía sobre los hombros de Andrómaca.

-Schmidt.-volteó de golpe, encontrándose con Kingsley. El mago se acercó a ella, quedando tan cerca que nadie que estuviese alrededor, podía escuchar lo que hablaban.-Los Aurores ya han visto a tu padre.-susurró.

-Perfecto.-murmuró Andrómaca.-En cuanto Fudge me llamé…-

-Te quería hablar sobre eso.-añadió Kingsley, con el ceño fruncido.-Han cambiado la hora de la audiencia.-la pelirroja, abrió los ojos con sorpresa.- ¿Qué? ¿No te lo han dicho?-

-Cornelius no han mencionado nada.-musitó.

-Tendremos un enorme problema si comienza a desconfiar de ti.-dijo el mago.-Eres nuestro nexo.-acotó.

-¿A…a qué hora es la audiencia?-Kingsley consultó con su reloj.

-Si corres más rápido de lo que vuela una saeta de fuego, llegarás.-respondió.-Tienes cinco minutos, exactos.-

-¡Por Merlín!-exclamó Andy, echándose sobre los hombros la túnica morada con la insignia de los Aurores.

-Están en la Sala de tribunales, número 10.-indicó

-Gracias. Nos vemos más tarde.-

A los empujones y pidiendo disculpas, se abrió paso entre los Aurores y se dirigió hacia el ascensor. Casi derrapando, logró sostenerse de una de las paredes y apretó incontables veces el botón de bajar. Tras unos largos segundos de espera, el ascensor apareció seguido de fuertes traqueteos metálicos. Antes de que la reja se abriese del todo, Andrómaca se coló por una rendija y volvió a apretar el botón número nueve.

Tuvo suerte de que nadie decidiera subir en aquel ascensor. Al cabo de tres minutos se hallaba en el atrio. Estaba cerca. Allí adelante, lejos, lograba ver un atisbo dorado de las estatuas.

-Departamento de Misterios.-anunció la voz femenina por medio de los altavoces. Nuevamente, sin esperar a que las rejas se abrieran, Andrómaca se pegó al marco y se deslizó hacia afuera.

Con la túnica ondeándole por atrás, echó a correr por el extenso pasillo. Miró de reojo el reloj y solo le quedaba un minuto. Se forzó a correr con más ganas.

A medida que avanzaba un aire gélido le azotó la espalda. Jamás le había gustado los pisos inferiores del Ministerio. Las paredes estaban desnudas, negra, sencilla, frías, situada al final.

Dobló a la izquierda y se encontró con un hueco que daba a unos escalones. Trastabilló varias veces, pero logró sostenerse de la baranda. Ya tenía la frente perlada de sudor y la respiración se le entrecortaba.

Llegó al final de los escalones y corrió por un nuevo pasillo, con bastas paredes de piedra en las que había soportes con antorchas. Las puertas de ese pasillo eran de madera muy gruesa, con cerrojos y cerraduras de hierro.

-Seis…siete…ocho…nueve… ¡diez!-se detuvo de golpe y se encontró con dos personas.-Weasley.-jadeó, acomodándose el cabello rubio.

-Schmidt.-saludó el señor Weasley, reconociendo a su hija.- ¿Tienes alguna idea de por qué se celebra aquí?-

-Tengo la misma cantidad de información que tú, Arthur.-murmuró, alisándose la túnica.-Y es decir, poca.-el señor Weasley curvó los labios.

-Bien.-se volvió hacia Harry.-Adelante.-dijo entrecortadamente, señalando la puerta con el pulgar.-Entra.

-¿Usted no...entra...conmigo?-preguntó Potter.

-No, no, yo no estoy autorizado, pero Eva si lo está.-le guiñó un ojo a su hija.- ¡Buena suerte!

-Vamos, Harry.-Andrómaca le puso una mano en la espalda.-Es hora.-con la mano que tenía libre abrió la puerta. Pero antes de entrar, se volvió hacia el joven.-No tengas miedo, no te dejes intimidar. Ve con la verdad y serás perdonado.-le guiñó un ojo y entró con paso ceremonioso. Harry la siguió de cerca.

Andrómaca se deslizó a un costado y se apostó junto a otros Aurores.

-Llegas tarde, Potter.-bramó una voz fría.

-Señor.-dijo Andy, dando un paso hacia adelante.-El acusado no tenía idea de que habían cambiado el lugar y la hora.-

-Al acusado se le ha enviado una lechuza con los debidos cambios.-gruñó Fudge.-Y por cierto, Schmidt, también llega tarde.-la pelirroja bajó la cabeza, sintiéndose observada por todos los magos y brujas presentes, y volvió hacia su lugar.-Toma asiento.-indicó, señalando una silla que se encontraba en el medio de la sala. Harry la miró con desconfianza; tenía miedo de que aquellas cadenas le apresase las manos. Pero tras un asentimiento de Andy, aceptó sentarse.-Muy bien.-prosiguió Fudge.- Hallándose presente el acusado, por fin podemos empezar. ¿Están preparados?-preguntó a las demás personas que ocupaban el banco.

-Sí, señor.-respondió una voz ansiosa. Andrómaca miró de reojo y se encontró con su hermano menor. Apartó la vista y se mordió la lengua.

-Audiencia disciplinaria del doce de agosto, por delitos cometidos por Harry James Potter, quien reside en Privet Drive, número 4, Little Whinging, Surrey.-comenzó Fudge, mientras Percy escribía.-Inquisidores Cornelius Oswald Fudge, ministro de Magia…-la puerta de la sala se abrió de golpe. Los Aurores saltaron a la defensiva, rápidamente.

-¡Testigo de la defensa!-desde las sombras salió una figura alta.- ¡Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore!-Harry se reincorporó rápidamente en el asiento y miró por encima de su hombro y sonrió al ver a su director. Casi una docena de magos comenzaron a murmurar.

-Al parecer has recibido nuestro mensaje del cambio de hora y lugar.-masculló Fudge, obviamente, molesto.

-Debió perderse.-murmuró Dumbledore.-Pero por una feliz confusión, llegué tres horas antes.-Andrómaca rió por lo bajo.- ¿Los cargos?-

-Los cargos del acusado son, que apropósito y con conocimiento, de la ilegalidad de sus acciones…-Fudge se acomodó los anteojos y desenrolló un pergamino.-…conjuró un encantamiento Patronus, en presencia de un muggle.-se inclinó sobre el atril.- ¿Niegas haber conjurado cierto Patronus?-

-¡No!-la voz de Harry salió temblorosa.-Pero…-

-¿Eres consciente de que está prohibido usar magia fuera de la escuela mientras no tengas 17 años?-cuestionó Fudge, examinándolo con ojo crítico.

-Sí, así es, pero…-

-Señores y señoras miembros del Wizengamot…-

-¡Yo solo hice por los Dementores!-exclamó Harry, interrumpiendo al ministro. Los magos y brujas comenzaron hablar entre ellos.-

-¿Dementores?-preguntó una bruja. Andrómaca la reconoció como Mafalda Hopkirk.- ¿En Little Whinging?-

-¿Así?-inquirió Fudge, como si se tratase de un chiste.-Los Muggles no pueden ver Dementores, ¿verdad?-inquirió.-Bastante conveniente.

-¡No miento!-chilló Harry.- ¡Eran dos y si yo no hubiera…!-

-¡Ya basta!-ordenó Fudge.-Lamento tener que interrumpir, lo que sin duda sería una interesante historia bien armada, pero ya que no puede presentar ningún testigo…-

-Disculpe, señor Ministro.-intervino Dumbledore.-Pero si hay un testigo.-

-¿Lo hay?-cuestionó Fudge.

-Se encuentra esperando al otro lado de la sala.-respondió Albus, señalando la puerta.- Señorita Schmidt, ¿podría ir a buscarla?-Andrómaca dio un paso hacia adelante, miró hacia el atril y tras haber recibido un asentimiento de parte de Fudge, obedeció.

A paso apurado cruzó la sala y salió al pasillo. Allí se encontraba una bruja menuda, de cabello gris sujeto en una redecilla gris, con un raído saco largo.

-Señora Figg.-murmuró Andy, sonriendo aliviada.

-Vengo a ayudar al muchacho.-admitió.-Si pudiera mencionar lo de Fletcher…-

-Mejor.-la interrumpió Andrómaca.-Será que solo se limite a ayudar a Harry.-se hizo a un lado, permitiéndole entrar.

Fudge le ordenó al acusado que se levantase de la silla y se sentara en las gradas de atrás. Andrómaca guio a la señora y le indicó que ocupase el lugar de Harry.

-¿Y quién es usted?-preguntó Fudge, acomodándose los lentes sobre el puente de la nariz.

-Arabella Figg, señor.-respondió la Squib.

-Señorita Schmidt, prosiga con el interrogatorio.-pidió el ministro.

-Bien, señora Figg.-Andrómaca se situó delante de ella.-Por lo que dice la defensa del acusado, usted ha visto el ataque.-algunos Aurores comentaban por lo bajo, como si se tratase de un chiste.- ¿Puede describirlos?-

-Pues…uno era muy gordo y el otro delgadito.-los magos del Wizengamot se miraron entre sí.

-No los niños.-interrumpió Fudge.-Los Dementores.-

-Ah, sí, sí.-la señora Figg se acomodó en el asiento.-Eran grandes, con túnicas, luego todo se enfrió; como si la felicidad del mundo…se hubiera evaporado.-

-¡Pero oigan!-exclamó el ministro.- ¡Los Dementores no irían hasta un suburbio muggle y atacarían a un mago!-miró hacia ambos lados, centrándose en los miembros del Wizengamot.- Es poco probable.-

-No creo que alguien piense que los Dementores llegaron por coincidencia.-habló Dumbledore, avanzando hacia el atril.

Una bruja, de túnica negra, se aclaró la garganta.

-Muy seguramente, lo mal interpreté, profesor.-habló con voz melosa.-Por que los Dementores están, desde luego, bajo el control del Ministerio de Magia.-la bruja curvó los labios.-Que tonta, me pareció, por un momento, que usted señaló que el Ministerio ordenó el ataque hacia el muchacho.-

-Eso sí que sería terrible, madame Sub Secretaria.-repuso Dumbledore.-Por lo que creo que el Ministerio debe ordenar una investigación a fondo sobre que hacían dos Dementores tan lejos de Azkaban y por qué fue que atacaron, sin autorización.-Fudge se removió incomodo en su asiento.-Por supuesto, hay alguien que puede ser responsable del ataque…-se acercó un poco más al atril.-Cornelius, te imploro que razones.-pidió.-Hay evidencia del regreso del señor Tenebroso. Es incontrovertible.

-Él…no ha ¡vuelto!-exclamó Fudge.

Dumbledore ladeó la cabeza y asintió. Dio media vuelta y se alejó del atril.

-Con respecto a Harry Potter, la ley dice claramente que puede usarse magia frente a los muggles en situaciones de vida o muerte.-continuó el director, paseándose por la sala.

-¡Sí es necesario, la ley puede cambiarse, Dumbledore!-vociferó el ministro.-

-Claramente, ahora se usa instituir un juicio criminal para tratar un asunto sencillo de magia utilizada por un menor.-continuó el director. Los demás magos se miraban entre sí y debatían en silencio.

-¿Aquellos que estén a favor de una condena?-preguntó Mafalda. Fudge y cinco personas más levantaron las manos.- ¿Los que estén a favor de anular todos los cargos en contra al acusado?-el resto del Wizengamot, incluida la señora Figg quién disimuló rascarse la oreja, votaron.

El ministro frunció el ceño.

-Los cargos son anulados.-dictaminó. Andrómaca festejó por lo bajo.-Fin de la audiencia. Pueden retirarse todos.-

Antes de esperar a que los demás Aurores se retiraran, la pelirroja se deslizó hacia la salida indicándole a Harry que hiciera lo mismo.

-¡Felicitaciones!-exclamó, al tenerlo cerca.- ¡Estaba segura de que Mafalda sería justa contigo!-abrazó al niño Potter.

-¿Pasó el tiempo de la poción Multijugos?-preguntó Harry. Ella tomó un mechón y lo sostuvo frente a sus ojos.

-Bueno, ya nos vamos a casa.-sacudió la cabeza y volvió a adquirir su melena roja.

-Gracias por creer en mí.-murmuró el muchacho. Ella le revolvió el cabello y le sonrió.

-Vamos, mamá nos estará esperando con el desayuno.-