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"Conquistando al Lobo." — capítulo 10

Capítulo 10:

"Informando a Harry"

-Me alegra mucho saber que Harry esté aquí con nosotros.-comentó la señora Weasley, luego de ingresar a la cocina. La reunión había terminado hacía pocos minutos y la hora de la cena se acercaba.

-Yo opino que no es buena idea de que Mundungus esté aquí.-habló Andrómaca, enrollando unos pergaminos.-No confió mucho en su lealtad y confianza con respecto a la Orden.-

-Es bueno tenerlo de nuestro lado.-acotó Bill.-Será un ladrón pero tiene muchos contactos y nos sirve.-

Los tres estaban cabeza con cabeza, cuchicheando mientras trataban de guardar los pergaminos usados.

-Chicos, continúen ustedes.-pidió la señora Weasley.-Iré a avisarle a los demás que la cena está lista.-salió de la cocina y sus pisadas se perdieron en la escalera.

-¿Y bien?-preguntó Bill, apilando pergaminos y mirando por encima del hombro de su hermana.

-¿Y bien, qué?-inquirió Andy.

-Oye, soy tu mellizo.-la pelirroja enarcó una ceja.-Noté las miradas que le mandabas a Remus.-

Andrómaca boqueó varias veces.

-No sé de me hablas.-logró decir. Bill le arrebató un pergamino de la mano.

-Oye, aunque no quieras admitirlo.-prosiguió.-Sé que te gusta.-Andy reprimió una carcajada.

-¿Quieres que hablemos de tus "clases particulares de inglés con Fleur"?-William sonrió y solo se limitó a seguir enrollando pergaminos.

-¡Harry!-exclamó el señor Weasley, desde su asiento. Los mellizos miraron por encima de sus hombros y se apresuraron a terminar con la tarea. Y como si fuera poco, la señora Weasley los apuró con un grave carraspeo- ¡Cuánto me alegro de verte!

-¿Han tenido buen viaje?- preguntó Bill mientras intentaba recoger doce rollos a la vez. Harry asintió brevemente.- ¿Así que Ojoloco no los ha hecho venir por Groenlandia?

-Lo intentó.-intervino Tonks; fue hacia los hermanos Weasley con aire resuelto para ayudarlo a recoger, y de inmediato tiró una vela sobre el último trozo de pergamino.- ¡Oh, no! Lo siento...-la cera caliente también salpico la mano de Andrómaca, quien hizo una mueca de dolor pero se las arregló para sonreír.

-Dame, querida.-dijo la señora Weasley con exasperación, y reparó el pergamino con una sacudida de su varita.-Estas cosas hay que recogerlas enseguida al final de las reuniones.-espetó, al darse cuenta de que Harry miraba con atención los pergaminos.  Luego fue hacia un viejo aparador del que empezó a sacar platos.

Bill sacó su varita, murmuró un encantamiento y los pergaminos desaparecieron. Andrómaca se rascó la zona donde estaba la cera y luego hizo desaparecer el dolor con un suave toque de su varita.

La pelirroja se sentó en un extremo de la mesa, mientras que la cocina se iba llenando de a poco.

-Excelente trabajo.-Remus apareció frente a ella.-Fue buena la idea de mentirle a los Dursley para sacarlos del medio.-añadió.

-Bueno, no fue mi idea.-repuso ella, rascándose la cabeza.-En parte Tonks me ayudó.-por encima del hombro de Remus, Andy distinguió a su mellizo; Bill tenía una enorme sonrisa en su rostro.-Tú también estuviste bien a la hora de dirigir al grupo.-

Lupin sonrió con modestia y la pelirroja juró haber visto un rubor subiendo por sus mejillas.

-Ojoloco también ayudo.-Andrómaca bajó la cabeza y soltó una risita que hizo que en su mejilla izquierda se formase un hoyuelo. Cuando ella levantó la vista, se encontró con la tierna mirada Remus. Desde que habían conocido, un mes atrás, lo que más le llamó la atención fueron sus ojos. Ella había conocido personas con ojos de color ámbar, pero no como los de Lupin. Aquellos eran del color de la miel.

De no haber sido por una espesa nube de humo verdoso, los dos hubieran seguido estando en aquel agradable silencio. Andrómaca sacudía la mano y tosía, con la intención de liberarse.

-¡Te lo digo por última vez, Mundungus!-chilló la señora Weasley.- ¿Quieres hacer el favor de no fumar esa porquería en la cocina, sobre todo cuando estamos a punto de cenar?

-¡Ay!-exclamó Fletcher.- Tienes razón. Lo siento, Molly.-la nube de humo se esfumó en cuanto se guardó la pipa en el bolsillo, pero el acre olor a calcetines quemados permaneció en el ambiente.

-Y si pretenden cenar antes de medianoche voy a necesitar ayuda.-añadió la señora Weasley sin dirigirse a nadie en particular. Andrómaca bufó y se bajó de la mesa.

-Será mejor que vaya ayudar a Ginny a poner la mesa.-murmuró, acomodándose un mechón detrás de la oreja. Remus sonrió y se hizo a un lado.

-Podremos hablar durante la cena.-propuso e hizo sonrojar a Andrómaca.

-Sería un placer.-asintió ella.

La pelirroja se abrió paso, ayudo a Tonks a ponerse de pie, e hizo levitar una pila de vasos desde el aparador hasta la mesa. De un cajón sacó un mantel e hizo que se ubicase perfectamente contra la superficie de la mesa mientras que los utensilios que posaron sobre la tela. Al poco rato, varios cuchillos enormes cortaban carne y verduras por su cuenta, supervisados por el señor Weasley, mientras su mujer removía un caldero colgado sobre el fuego y los demás sacaban platos, más copas y comida de la despensa.

Cuando solo faltaba nada para que la cena estuviese servida, Andrómaca eligió su lugar. Selene había entrado a la cocina y al ver a Harry Potter allí, soltó un gritito y se abalanzó sobre él; Sirius le aconsejó que no lo acribillara con preguntas, y ella hizo todo lo que estuvo a su alcance para evitarlo.

-Tú amiga está demasiado emocionada.-la pelirroja levantó la cabeza y se encontró con Remus a su lado.

-Desde que teníamos once años que quería conocer a Harry.-respondió ella, sonriendo de lado.-Ya sabes, éramos niñas cuando se fundó la primera Orden del Fénix y tras todos los acontecimientos que pasaron, Harry Potter se convirtió en un héroe para nosotras a pesar de que solo tenía un año.-

-No me acuerdo mucho de ti.-acotó Lupin, sentándose en la silla continua.

-En el antiguo cuartel de la Orden, mamá nos dejaba a Bill y a mí a cargo de Charlie.-explicó.-Durante las reuniones importantes, Eve, la tía de Selene, se encargaba de cuidarnos a los cuatro.-ella sonrió y se mordió el labio.-Todavía recuerdo las reprimendas de mamá cuando hacíamos lío o nos poníamos a gritar.-ladeó la cabeza hacia Remus.-Yo me acuerdo de ti.-confesó.-Solías regalarnos chocolate para calmarnos.-

-¿Lo hacía?-preguntó Lupin, sonriendo. Andrómaca asintió.

-También recuerdo que Sirius nos decía que éramos peor que un tornado.-Remus se echó a reír a carcajada pura.-Bueno, cabía destacar que teníamos 10, casi, 11 años y Charlie tenía 8 años.- Andrómaca se acomodó el cabello detrás de la oreja.-Era de esperarse que fuésemos revoltosos.-

-Lamento decirte que tengo pocos recuerdos de lo que pasó en la primera Orden.-admitió Remus.-Y lo relacionado con esos años, prefiero ni siquiera pensarlo.-

-Lo entiendo.-murmuró Andy, colocando su mano encima de la de él.-Esas son las pocas cosas que prefiero acordarme.-los dos volvieron a mirarse a los ojos. Remus sonrió cálidamente.

-¡Fred, George!-chilló la señora Weasley.- ¡No he dicho que los lleven!-Andrómaca miró por encima de su hombro. Al parecer los gemelos habían encantado un gran caldero de estofado, una jarra de hierro de cerveza de mantequilla y una pesada tabla de madera para cortar el pan, junto con el cuchillo. Lupin tomó a la pelirroja de los brazos y la tiro hacia adelante, evitando que la hoja afilada la tocase. El caldero patinó a lo largo de la mesa y se detuvo justo en el borde, dejando una larga y negra quemadura en la superficie de madera; la jarra de cerveza de mantequilla cayó con un gran estruendo y su contenido se derramó por todas partes; el cuchillo del pan resbaló de la tabla, se clavó en la mesa y se quedó temblando amenazadoramente justo donde hasta unos segundos antes Sirius había tenido la mano.

-¿Estás bien?-preguntó Remus, tirando hacia atrás suavemente a Andy. Ella tenía el cabello empapado de cerveza de mantequilla.

-Sí, sí.-respondió, corriéndose el flequillo de la cara.-Gracias.-

-¡Por favor!-gritó la señora Weasley.- ¡No hacía falta!- se pasó las manos por el rostro y respiro exasperada.- ¡Ya no lo aguanto más! ¡Que ahora les permitan hacer magia no quiere decir que tengan que sacar la varita a cada paso!

-¡Sólo pretendíamos ahorrar un poco de tiempo!-se disculpó Fred, y corrió a arrancar el cuchillo del pan de la mesa.- Perdona, Sirius, no era mi intención...

Harry y Sirius se echaron a reír; Mundungus, que se había caído hacia atrás volcando también la silla, empezó a maldecir tan pronto como se hubo levantado del suelo

-Niños.- regañó el señor Weasley dejando el caldero de estofado en el centro de la mesa.-Su madre tiene razón; ahora que han alcanzado la mayoría de edad se supone que tienen que dar ejemplo de responsabilidad...

-¡Ninguno de sus hermanos ha causado nunca estos problemas!-espetó, rabiosa, la señora Weasley mientras con un porrazo ponía otra jarra de cerveza de mantequilla, que también se derramó, encima de la mesa.- ¡Bill no se pasaba el día apareciéndose a cada momento! ¡Andrómaca no causaba problemas en la escuela! ¡Charlie no encantaba todo cuanto encontraba! ¡Percy...!

Se detuvo en el acto y contuvo la respiración al mismo tiempo que le dirigía una mirada asustada a su marido, cuyo rostro, de pronto, se había quedado inexpresivo. Todos los hermanos Weasley se miraron entre sí.

-Vamos a comer.-dijo Bill con rapidez.

-Esto tiene un aspecto estupendo, Molly.-intervino Lupin, sirviéndole el estofado con un cucharón y acercándole el plato desde el otro lado de la mesa.

Durante unos minutos sólo se oyó el tintineo de platos y cubiertos y el ruido de las sillas arrastrándose, y todos se pusieron a comer.  En el aire había cierta tensión y nadie se animaba a abrir la boca para destruirla. Bill y Andrómaca intercambiaban miradas de vez en cuando, pero se mantenían en silencio.

-Se me olvidó comentarte, Sirius.-habló la señora Weasley, rompiendo el incómodo momento.-Hay algo atrapado en ese escritorio del salón que no para de vibrar y tamborilear. A lo mejor sólo es un Boggart, desde luego, pero quizá deberíamos pedirle a Alastor que le echara un vistazo antes de soltarlo.

-Como quieras.-contestó Sirius con indiferencia.

-Y las cortinas están llenas de Doxys.-añadió la señora Weasley.-He pensado que mañana podríamos ocuparnos de ellas.

-Será un placer.-dijo Sirius.

-¿Lo de Percy sigue fresco, verdad?-le susurró Remus a Andrómaca, mientras se servía un poco más de vino.

-Ajam.-respondió ella, ocultando sus labios tras un tenedor.-No les dije que lo vi en el Ministerio, ni tampoco les mencioné las cosas que me dijo.-

Poco a poco el ambiente se fue relajando; Tonks divertía a Ginny y Hermione cambiando el tamaño de su nariz, las chicas les pedían sus favoritas y ella las complacía.

-¿Y cómo están las cosas con los duendes?-preguntó el señor Weasley, en voz alta y dirigiéndose a sus mellizos.

-Todavía no han dicho nada.-respondió Bill.

-No están seguros de creer que ha regresado o no.-añadió Andrómaca, limpiándose las comisuras de los labios con una servilleta.-Lo más probable es que quieran permanecer al margen.- 

-Estoy seguro de que nunca se pasarían al bando de Quien-ustedes-sabes.-afirmó el señor Weasley haciendo un gesto negativo con la cabeza.- Ellos también han sufrido pérdidas; ¿se acuerdan de lo de aquella familia de duendes a la que mató la última vez, cerca de Nottingham?-los mellizos asintieron.

-Creo que depende de lo que les ofrezcan.-opinó Remus.- Y no me refiero al dinero. Si les ofrecen las libertades que les hemos negado durante siglos, seguro que se lo pensarán. ¿Todavía no han tenido suerte con Ragnok?-

-De momento sigue en contra de los magos.-respondió Bill.-Y no para de protestar por lo del asunto Bagman; dice que el Ministerio hizo una maniobra de encubrimiento. Mira, esos duendes no le robaron el oro...-hacia la mitad de la mesa un estallido de carcajadas ahogó el resto de las palabras de Bill. Fred, George, Ron y Mundungus se retorcían de risa en sus sillas. Fletcher les contaba una de sus tantas anécdotas. A la señora Weasley no le agradaba la idea de que sus hijos se juntasen con un ladrón como lo era Mundungus.

A la hora del postre, Andrómaca y Remus se enfrascaron en otra ocasional conversación. Tocaron diversos temas, rieron, se pusieron serios, dieron sus opiniones y comieron varias porciones de la tarta que había preparado Molly.

-Creo que ya es hora de acostarse.-anunció la señora Weasley con un bostezo.

-Todavía no, Molly.-intervino Sirius, apartando su plato vacío y volviéndose para mirar a su ahijado.- Mira, estoy sorprendido.-comentó.- Creía que lo primero que harías en cuanto llegaras sería empezar a hacer preguntas sobre Voldemort.

La atmósfera de la habitación cambió. Hasta hacía unos segundos había reinado un ambiente relajado y soñoliento, pero de pronto se había vuelto tenso. Un escalofrío recorrió la mesa cuando Sirius pronunció el nombre de Voldemort. Lupin, que se disponía a beber un sorbo de vino, bajó con lentitud la copa y adoptó una expresión vigilante. Selene estrechó los ojos y también lo vigiló.

-¡Lo he hecho!-repuso Harry indignado.- Les he preguntado por él a Ron y a Hermione, pero me han dicho que como ellos no pertenecían a la Orden no...

-Y tienen razón.-interrumpió la señora Weasley.-Son demasiado jóvenes.-ya no había rastro de sueño en su rostro.

-¿Desde cuándo tiene uno que pertenecer a la Orden del Fénix para hacer preguntas?-terció Sirius.- Este chico se han pasado un mes encerrado en esa casa de muggles. Creo que tiene derecho a saber qué ha pasa...

-¡Un momento!-cortó George.

-¿Por qué él puede hacer preguntas?-quiso saber Fred enojado.

-¡Nosotros llevamos un mes intentando sonsacaros algo y no han soltado nada!-protestó George.

-"Son demasiado jóvenes, no pertenecen a la Orden".-recitó Fred con una vocecilla aguda increíblemente parecida a la de su madre.- ¡Él ni siquiera es mayor de edad!

-Yo no tengo la culpa de que no les hayan contado a qué se dedica la Orden.-comentó Sirius con calma.-Eso lo han decidido sus padres. Harry, por otra parte...

-¡Tú no eres nadie para decidir lo que le conviene!-aulló la señora Weasley. Su rostro había adoptado una expresión amenazadora.- Supongo que no habrás olvidado lo que dijo Dumbledore.

-¿A qué te refieres en concreto?-preguntó Sirius con educación, pero con el tono de quien se prepara para pelear.

-A lo de que no teníamos que contarles más de lo que necesitan saber.-dijo la señora Weasley poniendo mucho énfasis en las dos últimas palabras.

Ron, Hermione, Fred y George giraban la cabeza de un lado a otro, de Sirius a la señora Weasley, como si estuvieran mirando un partido de tenis. Lupin no apartaba los ojos de Sirius. Selene había cruzado las manos y mantenía la vista fija en su acompañante. Andrómaca le echaba miradas a su madre, la cual ya tenía el rostro rojo.

-No pretendo contarle más de lo que necesita saber, Molly.-aseguró Sirius.- Pero dado que fue él quien vio regresar a Voldemort, tiene más derecho que nadie a...

-¡No es miembro de la Orden del Fénix!-protestó la señora Weasley.- Sólo tiene quince años y...

-Y se ha enfrentado a situaciones más graves que muchos de nosotros.-afirmó Sirius.

-¡Nadie pone en duda lo que ha hecho!-exclamó la señora Weasley elevando la voz; sus puños temblaban sobre los reposabrazos de la silla.-Pero siguen siendo...

-¡No es un niño!-soltó Sirius con impaciencia.

-¡Tampoco son adultos!-insistió la señora Weasley.- ¡Él no es su padre, Sirius!-

-Sé perfectamente quién son, Molly, muchas gracias.-dijo Sirius en un tono frío.

-¡No estoy muy segura!-espetó la señora Weasley.-A veces, por cómo le hablas a Harry, se diría que crees que has recuperado a tu amigo.

-¿Y qué hay de malo en eso?-preguntó Harry.

-¡Lo que hay de malo, Harry, es que tú no eres tu padre, por mucho que te parezcas a él!-respondió la señora Weasley sin apartar los ojos de Sirius.- ¡Todavía vas al colegio, y los adultos responsables de ti no deberían olvidarlo!

-¿Significa eso que soy un padrino irresponsable?-preguntó Sirius elevando la voz.

-Significa que otras veces has actuado con precipitación, Sirius, y por eso Dumbledore no para de recordarte que debes quedarte en casa y...

-¡Si no te importa, vamos a dejar a un lado las instrucciones que he recibido de Dumbledore!-gritó Sirius.

-¡Arthur!-exclamó la señora Weasley.- ¡Apóyame, Arthur!

El señor Weasley no habló de inmediato. Se quitó las gafas y se puso a limpiarlas parsimoniosamente con su túnica sin mirar a su mujer.

-Dumbledore sabe que la situación ha cambiado, Molly.-dijo.- Está de acuerdo en que habrá que informar a Harry, hasta cierto punto, ahora que va a quedarse en el cuartel general.

-¡Sí, pero eso no es lo mismo que invitarlo a preguntar todo lo que quiera!

-Personalmente.-terció Lupin con voz queda, apartando por fin la vista de Sirius, mientras la señora Weasley giraba con rapidez la cabeza hacia él.-Creo que es mejor que nosotros les expliquemos los hechos, no todos, Molly, sino la idea general, a que obtengan una versión tergiversada a través de... otros.-su expresión era afable

-Apoyo a Remus.-habló Andrómaca, pero la voz le salió más bien como un susurro. Lupin la miro de reojo y le sonrió.

-Bueno-cedió la señora Weasley, respirando hondo y recorriendo la mesa con la mirada.-Bueno..., ya veo que mi opinión queda invalidada. Sólo voy a decir una cosa: Dumbledore debía de tener sus razones para no querer que Harry supiera demasiado, y hablo como alguien que desea lo mejor para él...

-No es hijo tuyo.-terció Sirius en voz baja.

-Como si lo fuera.-repuso la señora Weasley con fiereza.- ¿A quién más tiene?

-¡Me tiene a mí!

-Sí.-respondió la señora Weasley torciendo el gesto.-Pero no te ha resultado nada fácil cuidar de Harry mientras estabas encerrado en Azkaban, ¿verdad?-los hermanos Weasley giraron todos para ver a su madre. Sin duda había dado en el punto flaco del dueño de la casa.

Sirius hizo ademán de levantarse de la silla, pero Selene lo detuvo a tiempo.

-Molly, tú no eres la única de los que estamos aquí que se preocupa por él.-intervino Lupin con dureza.- Siéntate, Sirius-a la señora Weasley le temblaba el labio inferior. Sirius volvió a sentarse con lentitud en la silla, pálido como la cera y se deshizo hoscamente del agarre de la pelinegra.-Creo que él tiene derecho a opinar en este asunto.-continuó.- Es lo bastante mayor para decidir por sí mismo.

-Quiero saber qué ha estado pasando.-dijo Harry de inmediato.

-Muy bien.-dijo la señora Weasley con la voz quebrada.-Ginny, Ron, Hermione, Fred y George: salgan ahora mismo de la cocina.

Hubo un repentino revuelo.

-¡Nosotros somos mayores de edad!-gritaron los gemelos al unísono.

-Si a Harry lo dejan, ¿por qué a mí no?-protestó Ron.

-¡Mamá, yo quiero oírlo!-gimoteó Ginny.

-¡No!-sentenció la señora Weasley, levantándose y echando chispas por los ojos.- Se los prohíbo terminantemente...

-Mamá.-intervino Andrómaca, poniéndose de pie al mismo tiempo.-Tranquila.-pidió.-Estoy de acuerdo si quieres mandar a Ron, Ginny y Hermione arriba, pero Fred y a George no puedes impedírselo.-la señora Weasley la fulminó con la mirada. Andy tragó saliva.- Son mayores de edad.

-Todavía van al colegio.-gruñó.

-Pero legalmente ya son adultos.-acotó el señor Weasley con voz cansada.

La señora Weasley estaba colorada de ira.

-Pero ¿cómo...?-suspiró.- Bueno, está bien, Fred y George pueden quedarse, pero Ron...

-¡De todos modos, Harry me lo contarán todo a Hermione y a mí!-aseguró el muchacho con vehemencia.- ¿Verdad?-añadió con aire vacilante mirando a su amigo.

-Pues claro.-afirmó Harry.

Ron y Hermione sonrieron radiantes.

-¡Muy bien!-gritó la señora Weasley.- ¡Muy bien! ¡Ginny! ¡A la cama!

Ella no obedeció sin quejarse. Pudieron oír cómo protestaba y cuando llegó al vestíbulo, los ensordecedores chillidos de la señora Black se añadieron al barullo. Lupin salió corriendo para tapar el retrato. Sirius esperó a que éste hubiera regresado a la cocina, hubiera cerrado la puerta tras él y se hubiera sentado de nuevo a la mesa, y entonces habló.

-Está bien, Harry... ¿Qué quieres saber?

-¿Dónde está Voldemort?-ignoró los nuevos estremecimientos y las muecas de dolor que provocó al pronunciar otra vez ese nombre.- ¿Qué está haciendo? He mirado las noticias muggles y todavía no he visto nada que llevara su firma, ni muertes extrañas ni nada.

-Eso es porque todavía no ha habido ninguna muerte extraña.-explicó Sirius.- Al menos que nosotros sepamos. Y sabemos bastante.

-Más de lo que él cree.-añadió Lupin.

-¿Cómo puede ser que haya dejado de matar gente?-preguntó Harry.

-Porque no quiere llamar la atención.-contestó Sirius.- Eso sería peligroso para él. Verás, su regreso no fue como él lo había planeado. Lo estropeó todo.

-O, mejor dicho, tú se lo estropeaste todo.-apuntó Lupin con una sonrisa de satisfacción.

-¿Cómo?-preguntó Harry, perplejo.

-¡Él no esperaba que sobrevivieras!-exclamó Sirius.-Nadie, aparte de sus Mortifagos, tenía que saber que él había regresado. Pero tú sobreviviste para atestiguarlo.

-Y la última persona que él quería que se enterara de su regreso era Dumbledore.-añadió Lupin.- Y tú te encargaste de que Dumbledore lo supiera de inmediato.

-¿De qué ha servido eso?-continuó Harry.

-¿Lo dices en broma?-se extrañó Bill, incrédulo.- ¡Dumbledore era la única persona a la que Quien-tú-sabes había tenido miedo!

-Gracias a ustedes, Dumbledore pudo llamar a la Orden del Fénix una hora después del regreso de Voldemort.-aclaró Andrómaca, apoyando los codos contra la mesa.

-¿Y qué ha hecho la Orden del Fénix hasta ahora?-preguntó Harry mirando a todos los presentes.

-Trabajar duro para asegurarnos de que Voldemort no pueda llevar a cabo sus planes.-respondió Sirius.

-¿Cómo saben cuáles son sus planes?-cuestionó rápidamente Harry.

-Dumbledore tiene una idea aproximada.-dijo Lupin.-Y en general las ideas aproximadas de Dumbledore resultan ser muy exactas.

-¿Y qué se imagina Dumbledore que está planeando?

-Bueno, en primer lugar quiere reconstruir su ejército.-explicó Sirius.-En el pasado disponía de un grupo muy numeroso: brujas y magos a los que había intimidado o cautivado para que lo siguieran, sus leales Mortifagos, una gran variedad de criaturas tenebrosas. Oíste que planeaba reclutar a los gigantes; pues bien, ellos son sólo uno de los grupos detrás de los que anda.

-Entonces, ¿ustedes tratan impedir que capte a más seguidores?-inquirió Harry.

-Hacemos todo lo que podemos.-admitió Lupin.

-¿Cómo?

-Bueno, lo principal es convencer a cuantos más mejor de que es verdad que Quien-tú-sabes ha regresado, y de ese modo ponerlos en guardia.-dijo Bill.- Pero no está resultando fácil.

-¿Por qué?

-Por la actitud del Ministerio-terció Andrómaca, frunciendo el ceño.- Ya viste a Fudge después del regreso de Quien-tú-sabes, Harry. Y no ha modificado en absoluto su postura. Se niega rotundamente a creer que haya ocurrido.

-Pero ¿por qué?-cuestionó el niño Potter.- ¿Por qué es tan idiota? Pero, si Dumbledore...

-Precisamente: has puesto el dedo en la llaga.- interrumpió el señor Weasley con una mueca irónica.-Dumbledore.

-Fudge le tiene miedo.-añadió Tonks con tristeza.

-¿Que le tiene miedo a Dumbledore?-repitió Harry, incrédulo.

-Tiene miedo de sus planes.-explicó el señor Weasley.-Fudge cree que Dumbledore se ha propuesto derrocarlo y que quiere ser ministro de la Magia.

-Pero Dumbledore no quiere...

-Claro que no.-dijo el señor Weasley.-A él nunca le ha interesado el cargo de ministro. Fue Fudge quien lo ocupó, pero nunca ha olvidado del todo el enorme apoyo popular que recibió Dumbledore, a pesar de que éste ni siquiera optaba al cargo.

-En el fondo, Fudge sabe que Dumbledore es mucho más inteligente que él y que es un mago mucho más poderoso; al principio siempre estaba pidiéndole ayuda y consejos.-prosiguió Lupin.-Ha conseguido convencerse de que el listo es él y de que Dumbledore no hace más que causar problemas porque sí.

-¿Cómo puede pensar eso?-dijo Harry con enojo.- ¿Cómo puede pensar que Dumbledore sería capaz de inventárselo todo, o que he sido yo quien se lo ha inventado?-

 -Porque aceptar que Voldemort ha vuelto significaría asumir que el Ministerio tendrá que enfrentarse a unos problemas a los que no se enfrenta desde hace casi catorce años.-contestó Sirius con amargura.-No puede asimilarlo, así de sencillo. Para él es mucho más cómodo convencerse de que Dumbledore miente para desestabilizarlo.

-Ya ves cuál es el problema.-continuó Lupin.- Mientras el Ministerio siga insistiendo en que no hay motivo alguno para temer a Voldemort, resulta difícil convencer a la gente de que ha vuelto, sobre todo cuando, en realidad, a la gente no le interesa creerlo. Por si fuera poco, el Ministerio está presionando duramente a El Profeta para que no informe de nada de lo que ellos llaman rumores sembrados por Dumbledore, de modo que la comunidad de magos, en general, no sabe nada de lo que ha pasado, y eso los convierte en blancos fáciles para los Mortifagos si éstos están utilizando la maldición Imperius.

-Pero ustedes se lo cuentan a la gente, ¿no?-preguntó Harry mirando sucesivamente a los presentes.-Les cuentan que ha regresado, ¿verdad?-todos sonrieron forzadamente.

-Bueno, como todo el mundo piensa que soy un asesino loco y el Ministerio le ha puesto un elevado precio a mi cabeza, no puedo pasearme por las calles y empezar a repartir panfletos, ¿no crees?-respondió Sirius con nerviosismo.

-Y yo tampoco tengo muy buena prensa entre la comunidad.-añadió Lupin.- Es el inconveniente de ser un hombre lobo.-

-Tonks, Selene, Andrómaca y Arthur perderían sus empleos en el Ministerio si empezaran a irse de la lengua.-añadió Sirius.-Y para nosotros es muy importante tener espías dentro del Ministerio porque, como podrás imaginar, Voldemort debe tenerlos.

-Pero hemos logrado convencer a un par de personas.-informó el señor Weasley.-Las chicas, por ejemplo.-les dirigió una mirada a la pelirroja, la joven Mckinnon y a Tonks.-Eran demasiado jóvenes para entrar en la Orden del Fénix la última vez, pero contar con la ayuda de Aurores es fundamental. Kingsley Shacklebolt también ha sido una ayuda muy valiosa; se encarga de la caza de Sirius, y ha informado al Ministerio de que está en el Tíbet.

-Pero si ninguno de ustedes está extendiendo la noticia de que Voldemort ha vuelto...-empezó a decir Harry.

-¿Quién ha dicho que ninguno de nosotros esté propagando la noticia?- atajó Sirius.- ¿Por qué crees que Dumbledore tiene tantos problemas?

-¿Qué quieres decir?

-Están intentando desacreditarlo.-explicó Selene.- ¿No leíste El Profeta la semana pasada?-Harry negó.- Dijeron que no lo habían reelegido para la presidencia de la Confederación Internacional de Magos porque está haciéndose mayor y está perdiendo los papeles, pero no es verdad; los magos del Ministerio no lo reeligieron después de que pronunciara un discurso anunciando el regreso de Voldemort. Lo han apartado del cargo de Jefe de Magos del Wizengamot, es decir, el Tribunal Supremo de los Magos, y ahora están planteándose si le retiran también la Orden de Merlín, Primera Clase.

-Pero Dumbledore dice que no le importa lo que hagan mientras no lo supriman de los cromos de las ranas de chocolate.-añadió Bill con una sonrisa.

-No tiene gracia.-dijo el señor Weasley con severidad.- Si Dumbledore sigue desafiando al Ministerio, podría acabar en Azkaban, y lo peor que podría pasarnos sería que lo encerraran. Mientras Quien-tú-sabes sepa que Dumbledore está en activo y al corriente de sus intenciones, tendrá que andarse con cuidado. Si quitaran a Albus de en medio..., entonces Quien-tú-sabes tendría vía libre para actuar.

-Pero si Voldemort está intentando reclutar a más Mortifagos, acabará sabiéndose que ha regresado, ¿no?-dijo Harry, desesperado.

-Voldemort no se presenta en las casas de la gente y se pone a aporrear la puerta, Harry.-replicó Andrómaca, acentuando una mueca de asco en la cara.- Los engaña, les echa maldiciones y los chantajea. Está acostumbrado a operar en secreto. Además, captar seguidores sólo es una de las cosas que le interesan. Aparte de eso tiene otros planes, unos planes que puede poner en marcha con mucha discreción, y de momento está concentrándose en ellos.

-¿Qué busca, aparte de seguidores?-preguntó Harry rápidamente.

-Cosas que sólo puede conseguir furtivamente.-respondió Sirius, intercambiando una mirada con Remus.- Como un arma. Algo que no tenía la última vez.

-¿Cuando tenía poder?

-Sí.

-Pero ¿qué clase de arma?-insistió el joven Potter.- ¿Algo peor que la Avada Kedavra?

-¡Basta!-ordenó la señora Weasley, que estaba junto a la puerta.- Todos a la cama, ahora mismo.-añadió mirando a los gemelos, Ron y Hermione.

-No puedes mangonearnos...-empezó a decir Fred.

-Cuidado conmigo.-gruñó. Temblaba ligeramente cuando miró a Sirius.-Ya le han dado mucha información a Harry. Lo único que falta es que lo recluten en la Orden.

-¿Por qué no?-se apresuró a decir Harry.- Quiero entrar en la Orden, quiero luchar.

-No.-esa vez no fue la señora Weasley la que habló, sino Lupin.-La Orden está compuesta sólo por magos mayores de edad.-aclaró.-Magos que ya han terminado el colegio.-añadió al ver que Fred y George abrían la boca.- Pertenecer a la Orden implica peligros que ninguno de ustedes podría imaginar siquiera...creo que Molly tiene razón, Sirius. Ya hemos hablado bastante.

Sirius se encogió un poco de hombros, pero no discutió. La señora Weasley les hizo señas imperiosamente a sus hijos y a Hermione. Éstos se levantaron uno por uno, y Harry los siguió sin chistar.