Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← 3º Generación: Primer año. · de

3º Generación: Primer año. — capítulo 1

¡Hola a todos!, traigo una historia escrita con todo mi corazón a la tercera generación, que espero completar en potterfics una saga de siete libros relacionados con ellos. Me encantaría saber siempre vuestra opinión, sobre todo de los personajes, de como evolucionan y de la trama que les rodea. Claro está que no pido comentarios, pero aunque dejéis alguna huella me bastaría para seguir con esta saga que ando escribiendo. No me lío más y comenzamos.  Aunque sea algo breve, es el prefacio, los siguiente capítulos serán mas extensos. 

¡Gracias a todos los que lo lean, lo comenten y lo añadan en favoritos!

PREFACIO

Cuando la lechuza trae buenas noticias

                       Era finales de julio y el calor era tan agobiante como el año pasado. La brisa no soplaba, y el pequeño estrecho del río estaba repleto de los niños del pueblo. Andaban en la orilla refrescándose, mientras que los padres les vigilaba bajo el gran toldo que pusieron hace unos días. Aquel lugar era mágico, el Valle de Groul, a las afueras de Londres, era uno de los pocos valles en donde magos y brujas convivían sin ocultar sus identidades. Allí la magia no estaba prohibida, pero si la presencia de muggles. El valle, al igual que los diferentes lugares de magos y brujas, estaba oculto tras un encantamiento. El Valle de Groul estaba compuesto por una pequeña plaza y su torreón campanario, y algo más apartado del valle, en los límites del lugar, se encontraba una vieja mansión en donde convivía un padre con sus dos hijos; Stefan y Yordina.

Stefan tenía once años y era el pequeño varón de la familia. Su cabello pelirrojo le diferenciaba de su hermana Yordina, que ésta tenía doce años de edad y ya había superado con expectativas el primer año en Hogwarts. Su padre, al que llamaban siempre Señor, estaba muy orgulloso de su pequeña hija por ser una Slytherin como fue él en el pasado, pero temía por parte de Stefan, que no siguiera el mismo camino. Stefan era la cara contraria de un galeón, la parte estropeada de algo nuevo; una oveja negra. Tenía otros pensamientos respecto a los magos e hijos de muggles, algo que preocupaba seriamente al señor Deacorde, pero más se incrementó su preocupación en cuanto una lechuza de plumajes negros atravesó el salón en donde estaban, deslizando dos cartas sobre la mesa. Una para Yordina y otro para Stefan.

¡Las cartas! ¡Las cartas! - Exclamó el pequeño elfo que trabajaba para la familia - ¡Señor Deacorde, las cartas de Hogwarts! -

¿También está la carta de Stefan, Dorottea? -

¡Si señor, se alegrará bastante!, lleva todo el verano esperándola -

La elfina estaba en lo cierto. Cuando atravesó el salón hasta el jardín trasero, Stefan estiró el cuello con los ojos como platos al ver que llevaba más de una carta en sus manos. Apenas tuvo tiempo de atravesar todo el jardín cuando Stefan, apartando a su hermana del medio, saltó sobre ésta para coger la carta. La cogió con ambas manos y acarició con las yemas de los dedos el sello de Hogwarts.

Bla bla bla - comentó su hermana cuando abrió el sobre - Siempre es la misma carta, lo único que cambia es el nombre… -

¿Y qué?, al fin la tengo en mis manos - dijo Stefan emocionado -

El señor Deacorde se acercó al jardín, pero aguardó en el umbral contemplando a sus dos hijos de cómo disfrutaban de la carta, y más a Stefan que le miraba algo preocupado. Era la viva imagen de su difunta esposa, por tal energía que tenía y por esos ojos verdosos que le caracterizaba por completo a su esposa.

*  *  *

Eran las once de la mañana de un uno de septiembre. Una gran locomotora de vapor, de color escarlata, espera en el andén lleno de gente. Un rótulo bien visible dice ''Expreso Hogwarts, 11h'', y ya era esa hora. La locomotora comenzó a moverse al unísono del silbido del revisor. Todos los jóvenes magos se asomaban por las ventanillas despidiéndose de sus padres hasta navidad, o incluso otros hasta que finalice el curso escolar. Después de las despedidas, cada uno fue buscando algún compartimento libre; entre ellos estaba Albus Potter y Rose Weasley.

Venga Al, ¿vamos donde James? -

No quiero Rose, no me apetece oír sus suposiciones sobre la selección -

Pero sabes que lo dice en broma -

Albus y Rose eran como hermanos, se contaban todos sus problemas e incluso se aconsejaban siempre. Rose sabía de primera vista que su primo Albus estaba en un sin vivir desde que recibió la carta. Tenía sueños de serpientes y leones, pesadillas del día de la selección… temía defraudar a sus seres queridos y dar por supuesto la razón a su hermano mayor. Rose intentaba tranquilizarle en cada carta que se escribían, pero era imposible. Albus tenía miedo.

Entre broma y broma, la verdad asoma - recitó Albus - Seguro que James desea que esté fuera de Gryffindor… -

Bueno, si estás fuera de Gryffindor, no tendrás encuentros con tu hermano. Mira ese lado positivo -

Pero quiero ser de Gryffindor… - le dijo por lo bajo, mientras se adentraba más en el cuarto vagón en busca de algún sitio -

Rose continuaba empujando a su primo por la espalda. Ella era como todas las Weasleys, pelirroja y animada, aunque en ocasiones algo torpe, heredado de su padre, pero bastante rápida como su madre.

Siguieron avanzando por el último vagón que quedaba por revisar y Rose abrió la puerta del último compartimento, empujando primero a Albus dentro. En su interior había dos chicos, uno llevaba una túnica de terciopelo negro y una pequeña bufanda de color esmeralda atada en el cuello. Su tez pálida hacía resaltar aquel cabello rubio que brillaba con los rayos del sol que chocaban contra la ventanilla. El otro en cambio, sentado frente a él, había otro chico muy diferente a él; con el cabello recogido en una coleta pequeña de un tono pelirrojo, parecido al tono de color de Rose. Albus entró a tropezones y cayó, casi sentado, al lado del rubio.

¿Se puede? - se asomó Rose con una sonrisa -

Ya que estáis dentro - añadió el rubio - Potter y Weasley ¿me equivoco? -

El otro chico alzó la vista vagamente y miró a Albus y Rose. Rose entró y asintió mientras se sentaba a su vera.

¿Y tú debes de ser un Malfoy, no?, te vi junto a tus padres -

Buena vista Weasley - dijo, volviendo su mirada a la ventanilla -

Rose miró a Albus y este se encogió de hombros. Luego miró al pelirrojo, que no paraba de mirarles.

¿Y tú eres…? -

Me llamo Stefan… un placer conoceros - se presentó -