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Renaciendo a tu lado — capítulo 11

Hola! Como estan!? Aqui les dejo un nuevo capitulo, gracias a todos por leer y en especial, a yazminache y agualuna por tomarse el tiempo de dejar comentarios C: las adoro! y por supuesto, a todos quienes han agregado esta historia a favoritos,Un beso! y ojala les guste Astoria. ..-º-...

Severus Snape se tomó las manos detrás de su espalda y miró por la ventana hacia los jardines. Lovegood y Weasley acomodaban un gran cobertor de cuadrille blanco y rojo sobre el pasto, mientras Narcissa con ayuda de su varita hacia aparecer unos cuantos cojines sobre este.

  • No te atrevas…- siseó el profesor dejando a Theo con las manos en alto y la boca abierta, listo para asustarlo. El chico hizo un mohín y relajando su posición de ataque, se acercó al profesor por el lado, apoyándose en el marco de la ventana.

A esa altura de la tarde, Snape ya había asumido que Draco no seguiría sus órdenes y saldría de todas formas de su habitación; sin embargo, no podía causarle menos que extrañeza que Malfoy quisiera salir a toda costa de su habitación, para ir a sentarse en el pasto, a pleno sol, y en compañía de…-"evidente"-pensó, y los ojos negros del profesor se posaron en el pelo color fuego que revoloteaba con el viento.

  • La señorita Weasley es muy atractiva - comentó.

Theo giró lentamente la cabeza con los ojos saliendo de sus órbitas, enervando todo su cuerpo: "¿Qué diablos está diciendo Snape?" -

  • Pero no se si lo suficiente como para arriesgarse y no cumplir el reposo que le di a ese idiota.- sentenció.

El chico rodó los ojos y con un suspiro relajó todo su cuerpo, cayendo pesadamente sobre el marco nuevamente. Se pasó la mano por el pelo y sin dejar pasar la oportunidad, se cruzó de brazos y picó a Snape.

  • Tú no te pierdes ninguna tarde en la biblioteca-

  • Me encargó su vida a mí - repuso, haciendo caso omiso a la insinuación del ojiazul- por lo que es a mi a quien debería hacerle caso.-

  • No le va a pasar nada…- esbozó una sonrisa de aquellas y mirando a cierta rubia dijo.- estará bien cuidado… Hermione se encargará de él.-

El profesor levantó una ceja y miró de reojo al chico. No había visto a su castaña desde el desayuno ya que con el ajetreo, el almuerzo se había cancelado y ella no estaba por ningún lado por el cual el "casualmente" había pasado sin motivo alguno. ¿Podría estar… con Draco?...Era posible: desde la pelea de esta mañana no se había aparecido por esos lados y tampoco pensaba hacerlo. Draco lo tenía de un humor de perros y la sola sospecha de que Hermione pudiera estar con él… lo enfureció de una forma que ni él podía entender. Theo al notar el ligero cambio en la expresión de Snape se dio por satisfecho, y tras convencerlo de que se fueran a alistar con ropas más cómodas, se retiraron sumidos en un profundo silencio alentado por la ira de Snape y el regocijo de Theo.

Hermione miró complacida la mesa que tenía enfrente: una tartaleta de plátano y moras, varios cupcakes con chispitas de chocolates y deliciosas decoraciones sobre ellos, un kuchen de berries y una fuente con emparedados más que suficientes para todos. Blixy apareció por enésima vez aquella tarde y le ofreció ayuda a la señorita una vez más, ya que ese no era trabajo de ella ni menos de la Señora Malfoy. Hermione decidió aceptar el favor y tras encargarle a la pequeña elfa que llevase todo al patio con sumo cuidado, se fue a arreglar para la ocasión.

Había extrañado de sobre manera a Severus esa tarde, ya que la costumbre decía que después del almuerzo, todos se dirigían a la biblioteca donde él y Theo jugaban un par de partidas de ajedrez y luego se sentaban primeramente a leer, pero siempre terminaban gozando de una conversación en las cuales ella había podido mostrar todo su ingenio y conocimiento, no sin ser todo nervios al principio; pero al ver que las opiniones mayoritariamente eran coincidentes y las que no, eran extremadamente bien argumentadas por Snape e igualmente contra argumentadas por Ella, el amor que ella sentía solo había podido alimentarse y la esperanza de que él le correspondiera crecia dia a dia en su corazón.

Un par de días atrás el veredicto había sido enviado junto a otra carta, en la que se notificó la muerte de Bellatrix Lestrange, Lucius Malfoy y los hermanos Carrow, los únicos mortifagos prófugos hasta ese momento. Narcissa ya se esperaba la noticia, sin embargo una congoja procedente de los años compartidos con el, y del profundo amor que sentía hacia su hijo, el único heredero Malfoy, la mantuvo aquel dia encerrada en su habitación y a la mansión completamente paralizada.

Draco no había reaccionado ante la noticia para mal, pero tampoco para bien: el joven simplemente no reaccionó. Se dedicó a mirar los jardines durante una tarde completa, mientras Severus estaba sentado en el escritorio del platinado, esperando.

- Supongo que así es como tenía que ser.- Draco rompió el silencio bajándose de la ventana y caminado en dirección al escritorio. El profesor se levantó y rodeando el elegante mueble, se apoyó en el para quedar frente al joven.

- No se si es como tenía que ser, pero creo que así lo escogió - los ojos de ambos se encontraron, pero el chico rompió el contacto para servirse un poco de whisky de fuego y tras darle un sorbo, cerró los ojos cansado y agachó la cabeza.

- Me siento culpable… porque no logro sentir algo-

Resultaba imposible que Severus Snape pudiera comprender más a Draco que cualquier otra persona en el mundo entero. ¿Cómo iba a sentir pena por aquel hombre que lo maltrató no sólo a él, sino a su propia madre toda la vida?. Y antes de que Draco se sirviera su segundo vaso, el hombre lo tomó por los hombros y lo abrazó. El gesto hizo que el joven Malfoy se sintiera extraño, nervioso, pero cómodo para por fin liberarse y soltar aquellas lágrimas que no habían podido derramarse frente a la ventana.

Cuando Draco contuvo los sollozos, Snape se separó de él y sujetándolo firmemente por los hombros hizo que lo mirara a los ojos, y le dijo:

- Tu padre vivió para morir, al igual que todos nosotros cuando nos unimos a esa causa...pero ahora hay que recordar que primero nacimos para vivir.-

Y con esta promesa esperanzadora y la lectura a viva voz de la resolución que los declaraba culpables de traicionar a Voldemort, dejándolos libres por fin, los días habían transcurrido tranquilos hasta que la brisa primaveral arrastró el aire melancólico del lugar, volviendo todo el trajín y la alegría cada vez más usual a la mansión.

Hermione se amarró su pelo en una cola alta dejando al descubierto su cuello y algo más, aportado por el simple, pero precioso vestido amarillo pálido que se había colocado.

Se miró en el espejo por última vez y salió de su habitación para tocar la puerta contigua.

Theo abrió y con un gesto de su mano invitó a entrar a la castaña

- Vaya vaya Herms… si que estas apostando a todo o nada- Draco se acercó a ella con las manos en los bolsillos, su sonrisa sexy, y con su don innato para la petulancia, continuando su discurso -Me pregunto por qué…- y rompió a reír acompañado de Theo; pero Hermione en vez de sonrojarse como una boba, había aprendido a responder a las afrentas continuas de los chicos dignamente:

- Veo que tu andas por las mismas Malfoy- dijo acercándose a él lentamente; ladeó la cabeza y continuó burlona.- déjame ver…. -entonces con ayuda de sus manos comenzó a ilustrar.- pantalones ajustados de clásico negro, una camisa blanca también ajustada, con un par de botones sueltos y mangas arremangadas… pelo "casual" … ¿Para que.. o para QUIEN te arreglaste tanto Draco?-Hermione lo miró con los brazos cruzados y una ceja levantada, mientras Theo no daba más de la risa. El platinado se sonrojó y miró a su cómplice enojado.

- ¿Tú para quién trabajas Nott?- le espetó tirándole una almohada directo a la cabeza. El ojiazul la esquivó exitosamente y conteniendo la risa le dijo:

- Definitivamente ustedes dos están hechos el uno para el otro.- Draco y Hermione lo miraron extrañados, incitandolo a continuar.- tu pelirroja casi me mata con un libro el otro dia!- Hermione se echó a reír y al ver la cara de Draco, Theo se apresuró a la salida agarrando a la castaña de la mano en el camino y casi en la puerta dijo - ¡Espero que cuando se peleen dejen al menos la mansión en pie!

Severus iba cruzando el umbral de la puerta que da hacia el jardín cuando Theo lo alcanzó jadeando.

- ¿Listo?- le preguntó el ojiazul, a lo que Severus respondió con un bufido y caminaron al encuentro de Narcisa que al verlos inmediatamente avanzó hacia ellos.

- Bien - dijo apenas los alcanzó - lo que necesito es agua, mucha agua - Theo y Severus se miraron desconcertados y luego dirigieron sus ojos Narcisa pidiéndole una explicación más detallada. Ella les sonrió y les dijo: - La piedra de la mansión está muy sucia, por lo que hay que "lavarla"... toda la fachada.-

El profesor estaba pensando en una idea para poder cumplir la petición de Narcisa pero una imagen interrumpió sus pensamientos, haciendo que su cara cambiara abruptamente de expresión llamando asi la atención de Theo y la mujer, que siguieron la dirección de los oscuros ojos.

Hermione avanzaba tomada del brazo de Draco a reunirse con sus amigas que al verla, se levantaron animosamente y corrieron hacia ella. El profesor no caía en sí del asombro que le produjo ver a la castaña tan espléndida, pero el hecho de que estuviera del brazo de Draco hizo que poco a poco su ceño fuera cambiando hasta tener una máscara de frialdad que no pasó desapercibida por Narcisa.

- Severus… no le pasará nada por estar un dia afuera.- La mujer le ofreció una sonrisa y él, agradeciendo que se le atribuyese su enojo a Draco y no a los celos que sentía hacia él. Disimuló mejor su semblante, y rápidamente continuaron con los planes de limpieza.

Draco esperó nervioso a que los abrazos entre Hermione y sus amigas terminaran para saludar él, pero cuando llegó el momento, solo pudo mirar a Ginny, enrojecer, mirar a Luna, que lo examinaba curiosa... y de nuevo a Ginny. Nunca en su vida había querido enterrarse tanto como en ese momento, pero por fin la ayuda llegó, y de el lugar menos esperado.

- Hola Draco Malfoy- Luna lo saludó y dando un paso hacia él, lo rodeó tímida y fugazmente con sus bracitos para luego volver a su puesto.- que bueno que te has mejorado.-Draco recobró el sentido y lo más casual que pudo le contestó. - Hola Luna- y ofreciéndole una sonrisa le agradeció cortésmente por la preocupación.

Ginny había quedado pasmada un par de minutos antes cuando lo había visto salir de la mansión junto a su amiga… y es que realmente el chico era guapísimo!... La pelirroja lo había mirado de pies a cabeza varias veces buscando algún punto débil, pero ni siquiera las arrugas que se hacían en su camisa con el viento lo empañaron, al contrario, le daban un toque especial que hacían de él todo un galán. Con un leve rubor en sus mejillas, y no olvidando que se trataba de Draco Malfoy, extendió su mano para que él se la estrechara (que era mucho más de lo que alguna vez se habían tocado), pero por supuesto que el apellido pesa y como todo un caballero, tomó los dedos de la chica llevándose su dorso a los labios con una leve reverencia. Ginny homogenizó su cara con su pelo y se volteó rápidamente para impedir que todos se dieran cuenta de su reacción.

- ¡Tomen asiento! - dijo un tono más alto de lo normal mientras Draco también hacía lo posible por quitar el rosa de su pálido rostro.

Al rato después, las chicas conversaban animadamente mientras cierto chico degustaba cada una de las exquisiteces que se habían preparado para el picnic.

- ¡Draco te vas a atragantar! - lo reprendió la castaña, pero el chico la miró inocente y luego de tragar con dificultad el tremendo trozo de tartaleta que se había echado a la boca, le dijo:

- ¡Es que esta exquisito Herms! cocinas muy bien - apuntó.

- Gracias Draco, pero no lo hice sola - le sonrió.- Tu madre me ayudó.-

Malfoy la miró con los ojos muy abiertos, y muy sorprendido preguntó si era verdad lo que estaba diciendo, Hermione asintió feliz, y vió como los ojos mercurio tenían ahora un brillo especial al ver los dulces frente a él.

- Una vez, cuando yo era pequeño mi madre me llevó a una librería muggle.- tomó una servilleta y continuó moviéndola nervioso entre sus manos.- mi padre me traía muchos libros, pero todos eran de magia oscura o de temas, al menos, inapropiados para un niño. Asi que un día, nos escapamos y fuimos al Londres muggle por algunos.- Draco soltó una pequeña risa cuando continuó.- fue muy divertido porque todos miraban a mi madre como si estuviera loca por la ropa que usaba, y cuando fuimos por un helado, ninguno de los dos sabía utilizar el dinero muggle, por lo que le pasamos un montón de dinero a la cajera, que se llegó a escandalizar al ver tremendo fajo, y mi madre preguntando: ¿es suficiente?¿O saco mas?- Draco estalló en una carcajada junto a las chicas y luego continuó.- luego, el helado se derritió y no se volvió a congelar como los mágicos, así que lo botamos y fuimos a la librería. Con ayuda de un vendedor, mi madre seleccionó varios libros para mi, uno de cocina para ella y nos fuimos de la tienda. Al llegar a la casa fui a la biblioteca y comencé a hojear los libros, pero Lucius llegó antes de lo esperado y me sorprendió con ellos.- Todo atisbo de felicidad se había marchado de la cara del chico para terminar casi en un susurro.- y ahí se acabaron los libros para niños y de cocina en esta casa.

Ginny recordó el libro que había encontrado en la estantería y la frase de Hermione; definitivamente Draco no era nada de lo que ella creía, y lo que había descubierto la dejaba completamente sorprendida. Sin pensarlo mucho, tomó uno de los quequitos y se lo ofreció al platinado, que primero la miró asombrado por el gesto, pero al ver la sonrisa de la pelirroja no se cuestionó mas y lo aceptó, con una gran sonrisa en su rostro.

Severus levantó ambas manos lentamente tomando aire pesadamente. Una fuerte corriente de aire golpeó su cara haciendo que su pelo se revolviera en el aire, mientras la tierra bajo el comenzaba lentamente a bailar. Su mano derecha tiritaba al sostener su varita con vigor hasta que tras un fuerte sonido una polvareda se levantó haciendo círculos a su alrededor. Poco a poco el profesor se fue elevando gracias el torbellino formado a su pies hasta tener una vista clara de los bosques y la mansión. Dentro de lo concentrado, el profesor se sentía feliz por hacer libremente lo que a él le gustaba: magia negra pura y prohibida. Posó sus ojos negros en el gran lago que estaba a un par de millas, y moviendo ambas manos hacia el, comenzó a recitar el oscuro hechizo para dominar el agua que había en este. Un remolino se comenzó a formar y a cada vuelta tomaba más fuerza, hasta que con un súbito movimiento de sus manos levantó una gran cantidad y lo dirigió hacia la mansión.

Theo, Narcisa y los chicos miraban sorprendidos lo que hacía Snape.

- No sabia que se podía hacer eso- apuntó Ginny

- No se pueden hacer- respondió Luna - pero ellos las hacen igual.

Los ojos saltones de la chica miraban con absoluta naturalidad todo lo que estaba ocurriendo, y es que desde que Theodore y compañía habían aparecido en su vida, muchas cosas habían cambiado para ella.

En un dos por tres la mansión ya había sido enjuagada completamente, y una satisfecha Narcissa entraba a la mansión para buscar su varita y ayudar en los detalles.

Theo se estaba aburriendo, ya que el no había participado mucho en el trabajo hasta que una brillante idea cruzó por su mente. Rodeó sigilosamente el lugar hasta tener frente a él la espalda del profesor, y sacando su varita se dispuso a atacar.

Snape terminaba ya los últimos detalles de la limpieza cuando un fuerte golpe en su espalda hizo que se tambaleara, cayendo libremente hacia el piso. Con un movimiento rápido de su varita movió el tornado sobre el cual estaba segundos atrás bajo él, salvándose de la estrepitosa caída. Pero al sentir toda su ropa mojada, miró furioso en dirección a las carcajadas histéricas de Theo.

-"Maldito Insolente"- Pensó- "No tienes idea en la que te metiste, Nott"- . Severus se acomodó bien en el cúmulo de aire y sin decir ni una palabra apuntó con su varita el suelo y con un brusco movimiento de esta, unas bolas de tierra del tamaño de una Quaffle salieron del piso apostandose delante del profesor.

Theo dejó abruptamente de reír y colocando una cara épica de espanto se dispuso a correr lo más rápido que pudo, mientras Snape comenzó su ataque sin compasión. El ojiazul hacia todo tipo de maniobras para esquivarlas, pero ya se estaba cansando y a pesar de los hechizos que les lanzaba, los proyectiles de Snape no daban tregua alguna.

Las chicas miraban espantadas el espectáculo, mientras Draco vitoreaba y reía del show de sus amigos.

- ¿¡Cómo puedes alentarlos Malfoy!?-. lo regaño la castaña.

- jajaja, ¡es que estoy acostumbrado a esto Hermione!- le respondió, cuando un gritito soltado por Luna hizo que todos tomaran atención al campo de batalla. Theo había esquivado una bola a costa de perder el equilibrio y ser lanzado de cabeza al piso; pero antes de que alguien pudiese tomar su varita para ayudarlo, la piel del chico se llenó de un negro y brillante pelaje que rompió toda ropa al abrirse paso, transformándose en una enorme pantera de ojos azules que corría a toda velocidad sorteando sin problemas los obstáculos.

- ¡Ooh!¡Theo es un animago!- gritó Hermione

- ¿No te lo habíamos contado?- le preguntó Draco con naturalidad; la castaña negó con la cabeza y él comenzó a relatar la historia. - Bueno, todo partió cuando necesitamos de un espía. Severus si bien tenía todo el poder para hacerlo, estaba extremadamente ocupado y los castigos de Vold…- la cara de espanto de su amiga le hizo ver que había metido la pata, pero como no supo qué decir, prefirió continuar rápidamente - yo no podía, ya que entre las misiones de Voldemort y mi padre no tenía cabeza para nada, y el único que quedaba era Theo.- las tres chicas asintieron comprendiendo y el ojigris continuó- Así que Snape comenzó con el entrenamiento… claro, nosotros creíamos que podía ser una serpiente, un ave, un ratón, cualquier cosa; pero cuando logró hacerlo... salió con que era una pantera- Draco soltó un bufido- no pudo elegir un animal más grande.

Ginny soltó una risita y Draco solo pudo mirar al piso mordiéndose el labio en un intento de suprimir una sonrisa boba. Luna miró al platinado inocente y comentó que no sabía cómo podían haber esperado a otro animal que no fuese una enigmática, solitaria y vivaz pantera negra, a lo que Hermione dijo sonriente que solo ella podía descubrir la personalidad de la gente tan fácilmente.

Al rato, la pelea se dio por terminada y Severus llegó exhausto a sentarse junto al resto. Tras tomar un poco de jugo de frutilla, miró bien a su alrededor sintiéndose levemente incómodo por encontrarse así con sus alumnos. La castaña notó la tensión del lugar, e hizo lo que primero se le ocurrió para alivianar el momento.

- ¿Quiere, profesor? - La chica le extendió un cupcake que él aceptó encantado y tras observar detenidamente la delicadeza de la decoración, le preguntó:

- ¿Lo hizo usted señorita Granger? - la castaña asintió con la cabeza y él se dispuso a darle el primer bocado, cuando un enorme felino se le tiró encima, y comenzó a lenguetear toda su cara. Severus intentaba con todas sus fuerzas sacárselo de encima, pero al escuchar la melodiosa risa de la castaña (que no había podido escuchar en todo el dia) solo pudo relajarse y reírse con ella, ante la mirada atónita de Ginny.- "¿Snape también se rie?" - pensó, pero...

-¡EXPULSO!- Theo voló por los aires un par de metros más allá mientras Narcissa aun con la varita en alto se acercaba corriendo hacia el profesor.

-¿Pero qué es esto? ¿Qué hace ese animal en mi casa!?- inquirió ella mientras se arrodillaba a ver a Snape, que se incorporó rápidamente para ir a ver a su alumno.-¿Severus estás bien?.- le preguntó, pero el solo miraba buscando a la pantera, que ya estaba rodeada de las chicas que raudamente habían acudido en su ayuda.

-¡Theo!- Luna lo llamaba una y otra vez mientras acariciaba lentamente el suave pelaje negro. Tras unos segundos, la pantera finalmente abrió los ojos e intentó mover la mayor cantidad de músculos, evaluando los daños. La mujer al escuchar el nombre del chico miró los azules ojos del gran animal y dándose cuenta de quién era; soltó su varita llevándose ambas manos a la boca corriendo a asistirlo.

- ¡Oh Theo!, ¿Cómo nadie me había dicho que eras animago!? - miró con reproche a Severus, que por supuesto, permaneció inmune a la crítica tras cerciorarse de que su alumno se encontraba en perfectas condiciones.

Pero como todo un Slytherin, algo de provecho le estaba sacando a la situación, dejándose consentir por las chicas que lo creían al borde de la muerte.

Draco al darse cuenta que Luna, Hermione, Ginny, y hasta su propia madre estaban rodeando al gran animal y mimandolo como si fuera un gatito inocente se acercó a Snape y cruzando los brazos taimado se dirigió a la mujer:

- ¡Madre, déjalo!, ¡Está perfectamente bien!- le espetó, y es que unos celos terribles estaban creciendo en su estómago dándole incluso náuseas.

Theo al notar el fastidio de Malfoy y queriendo hostigarlo más, profirió un lastimero sonido gutural haciendo que las féminas quisieran cuidarlo aún más.

- Si, está muy herido- siseó el profesor ante la mirada atónita de Draco.- así que lo siento Theo, pero tendrás que quedarte como pantera hasta mañana, es extremadamente peligroso que te transformes así de...débil.-

Los ojos azules de la pantera se abrieron a más no poder al ver que le había salido el tiro por la culata y soltó un bufido más sonoro que el otro.

-Si Theo, ¿porque mejor no te levantas y comienzas a caminar? mira que así pesas más de cien kilos y no te podremos cargar.- le dijo Draco con una sonrisa mal disimulada en un puchero, haciendo que Snape le diera un golpe en la nuca.-No te burles- le espetó y tras dar órdenes a todo el mundo, esperó a que Theo se marchara con un fingido cojeo acompañado de Luna y Narcissa, seguidos por Draco que ayudaba a Ginny con las cosas del picnic sumidos en un tímido silencio, para acercarse a Hermione que sostenía un trozo de kuchen de berries y otro de tartaleta de plátano y moras en sus manos. Si bien caminaba despacio, no sabía cómo o qué decir en ese momento, y es que la cercanía que habían tenido últimamente solo le había servido para ponerse como un estúpido cada vez que ella se le ponía enfrente. La castaña le sonrió, y gracias a Merlín inició la conversación.

-¿ Quisiera probarlos profesor? - él solo asintió y extendió la mano a lo que la chica le estaba ofreciendo. Tras degustar los dulces, solo pudo sonreírle y hacer el inevitable cumplido de lo bien que cocinaba

- Veo que esta se suma a la larga lista de sus virtudes Señorita Granger; me pregunto si existirá alguna lista de sus defectos.- le dijo mirándola con una sonrisa de medio lado que tanto seducía a la chica.

- Creo que sí - dijo, comenzando a caminar hacia el castillo.- y usted profesor los conoce muy bien.- él la miró ceñudo y ella con una gran sonrisa por haber instaurado la duda comenzó a enumerar.- soy una sabelotodo, testaruda, orgullosa y a veces obsesiva; puede que no sean tanto, pero a mi gusto son tan grandes que pesan tanto o más que mis virtudes.-

- Estoy en absoluto desacuerdo con usted señorita.- la contradijo- creo que dos de sus defectos son tanto asi como virtudes; no conozco a otro alumno que considere que saberlo todo sea malo y que ser "obsesiva" como usted califica seguramente el hecho de tener metas y no descansar hasta cumplirlas sea terrible. A mis ojos esas son las mejores virtudes que tiene.-

Hermione lo miró con los ojos abiertos ante tal declaración mientras sus mejillas adquirieron rápidamente un tinte rosáceo. Él la miró sin poder evitar pensar en lo adorablemente bella que se veía ruborizada, con el perfecto toque de sus labios mordidos nerviosamente.

Llegaron así al interior de la mansión, donde tras citarse en la biblioteca después de la cena, se despidieron y dándose media vuelta, cada uno se fue por su lado; pero luego dos pasos Severus no aguantó las ganas y la detuvo:- ¡Señorita Granger!- ella se volteó en un segundo como si lo hubiese estado esperando y lo miró a los ojos.- ¿Sabe cual es el mejor de sus defectos?- el silencio de ella lo incitó a continuar.- Que usted no es consciente de su belleza ni del efecto que causa en los hombres que la admiran.- Ella se ruborizó aún más y tras pestañear aceleradamente abrió la boca para hablar, pero él se lo impidió ganándole la palabra.- Lo que la hace aún más bella, si es que es posible, con algo único… y de naturaleza adictiva.-

y tras finalizar se dió media vuelta avanzando a zancadas, dejando a una Hermione atónita, impactada,pero profundamente enamorada.