Renaciendo a tu lado — capítulo 13
Terca.
Terca, testaruda, mandona, mañosa, caprichosa, y…. ¡Mucho más!.
Todo eso era Hermione Jean Granger. Todo eso lo tenía dando vueltas en la habitación mientras intentaba arreglarse para ir a ese fastidioso encuentro con el abogado. Sus manos nunca habían estado tan torpes como en ese momento: la levita le había quedado mal abrochada por tercera vez y ya tenía los nervios de punta. Gruñó fuertemente y se sentó de golpe en la cama.
- Si te tiene así con una rabieta, imagínate como te tendrá cuando la veas en ropa interior- pensó y la imagen que su traicionera imaginación trajo a su mente le despertó los sentidos.
Severus se lanzó hacia atrás colocando sus manos en la cara, frustrado al ver que ahora tenía un nuevo problema… entre sus piernas.
Una hora y media después, y por más que quisiera dilatar las cosas, estaba allí, sentado frente al abogado de la familia Prince escuchando los famosos papeles de la herencia, cosa que debía haber hecho un par de meses atrás cuando la muerte de sus abuelos lo dejaban como el último Price sobreviviente. Pero obtener nada de ellos había sido su convicción… hasta que claro, apareció ella... con la idea de ir a buscar a sus padres.
- Bueno Señor Snape, solo debe firmar aquí.- El anciano señaló el final de la página con su torcido dedo, mientras Severus tomaba la pluma decidido; y colocó con fina caligrafía su nombre completo. En un dos por tres, se hizo acreedor de la gran mansión, otros terrenos, y la bóveda hastiada de dinero de la familia.
El profesor se levantó bruscamente del asiento y con un seco movimiento de cabeza se despidió del anciano, dejando las implícitas órdenes de poner los papeles en regla y todos esos asuntos que para Snape no significaban nada mas que un suicidio.
Raudo salió del despacho y una vez afuera miró el gran reloj que adornaba el frío pasillo blanco. "- 9:18"- leyó en su mente y soltó un pesado suspiro…
Hoy iba a ser un largo dia.
Tres delicados golpecitos hicieron que la castaña quitara la atención de su maleta y mirara hacia la puerta que se abría lentamente .
-
¿Puedo pasar?.- la larga cabellera de Luna se coló antes que sus ojos pudieran encontrar a Hermione en la enorme habitación.
-
Por supuesto Luna, adelante.- y tras decir esto avanzó a abrazar a su amiga que estaba especialmente sonriente ese dia; Luna le correspondió feliz y mirando la maleta le preguntó.
-
¿A qué hora piensan marcharse ?.-
Hermione se sonrojó al ver que la rubia hablaba en plural y nerviosa le contestó que esa misma noche, a las diez y cinco tenían el traslador. Ambas se dispusieron a terminar la maleta de la castaña hablando cosas poco importantes hasta que Luna recordó el motivo por el cual venía a ver a su amiga.
-
Herms… quisiera contarte algo.- Luna miraba los desabrochados cordones de sus zapatillas mientras el rosa tomaba terreno en sus mejillas.
-
Adelante Luna, puedes contarme lo que sea.- la ojimiel puso su mano sobre la de la chica que al sentir el gesto de su amiga, la miró esbozando una gran sonrisa y tomando una gran bocanada de aire, le dijo:
-
Theo y yo somos novios.-
Narcissa se sentó en el gran sillón y tomó la delicada taza de porcelana que contenía su té favorito, dándole un sorbo. Después de media hora de discutir con Severus Snape, lo único que podía calmarla era su bebida predilecta.
- Pues bien.- dijo finalmente luego de soltar un largo y pesado suspiro.- si no hay fuerza mágica que pueda detenerte, no hay nada mas que decir.-
Severus, que tenía las manos tomadas detrás de su espalda y la mirada en algún punto del jardín sintió como algo desconocido crecía dentro de él al escuchar a la mujer. Los minutos transcurrieron en un extraño silencio mientras la ventana desaparecía lentamente frente a Snape que se concentraba cada vez más en comprender lo que estaba pasando.
- Narcissa…- finalmente rompió el silencio acercándose a ella, quien seguía admirando la bella obra que había hecho con su despacho, sin voltear a verlo. - Entiendo que te preocupes… yo tambien lo hice.- le confesó. La mujer le dirigió una mirada con la ceja alzada y lo siguió con los ojos mientras él se sentaba en el sillón frente a ella; la levita de Snape caía hasta el piso entre sus piernas enfundadas en el negro pantalón y se ajustaba perfectamente a su torso.
Cerró los ojos y apoyando sus codos en sus rodillas dejó caer su cabeza entre sus manos, y soltando un pesado suspiro frotó sus manos contra ella levantándose frustrado de su asiento.
-
No tienes idea lo difícil que es todo esto para mí.- confesó.- yo también estoy al tanto de los peligros que esto significa, ¡Yo soy un mortífago por Salazar! y tengo claro que no puedo confiar en una carta del ministerio que dice que estan "todos" encarcelados.- volvió a su asiento más frustrado aún y con aire cansado, dijo mas para si mismo que a la mujer.- y todo esto es más complicado...porque involucra a la señorita Granger.
-
No debería porqué serlo Severus.- le dijo, levantándose.- No podemos negar lo evidente.-
El ruido del elegante vestido rozando el piso llamó la atención de Snape, que siguió la dirección de donde provenía. Narcissa lo miraba con expresión seria, y sin más soltó.- El único que sería capaz de negar que te estas enamorando de ella, eres tú…el resto de nosotros lo tiene como un hecho.-
Severus cerró los ojos con fuerza y respiró profundo. Dolía. Le dolía muchísimo saber que estaba necesitando de ella; pero más le aterraba la idea que ella fuese a necesitar de él- Pues no debería ser así.- le espetó.
- ¿A no…?.- le preguntó comenzando a perder los nervios nuevamente.- ¿Entonces qué sugieres…?¿Te gustaría autocondenarte a la infelicidad y a la soledad el resto de tu vida?¡O mejor!... ¿¡Condenarla a ella a la infelicidad!?.- Narcissa terminó la frase casi en un grito ante la mirada confusa de Snape. Ella al ver su reacción no pudo más que gritarle que era un completo idiota si no se daba cuenta que Hermione estaba enamorada de él; lo que quedó confirmado con el silencio del profesor.
La señora Malfoy soltó un bufido y se encaminó a la puerta, pero cuando estaba a un centímetro de esta se arrepintió y volteó.
-¡Severus Snape!.- le siseo, pero luego su semblante se tintó de una bella sonrisa triunfal, muy Slytherin.- Francia es un lugar muy romántico…¡Aprovechalo!- le ordenó y cerró la puerta con un gran portazo, mientras Snape se dividía entre lo que su tonta razón pensaba...y lo que su corazón quería.
Draco miraba el trozo de pergamino que tenía en frente, rodeado de muchas bolitas de papel arrugado producto de todos los intentos fallidos que había tenido con la nota. Movió la pluma dejando caer su excelente caligrafía y tras poner el punto final, la leyó para ver qué tal había quedado.
"Estimada Señorita Weasley
Esta invitada a la Mansión Malfoy mañana al desayuno para discutir la colaboración en la búsqueda de los padres de Hermione.
Atentamente,
Draco Malfoy"
El platinado soltó un bufido y arrugó el papel tirándolo lejos de él. Escribir la simple misiva le estaba resultando una misión imposible. Se levantó enojado de su asiento y dándole la vuelta, se apoyó en el respaldo quedando frente a frente con su librero personal. Le echó una repasada a todos los libros de magia oscura que su padre le había regalado y obligado a leer y memorizar, perfectamente limpios y ordenados por título y autor; pero un libro especial sobresalía entre los otros, lo que significaba una sola cosa: alguien había estado husmeando en su librero.
Colocándose de cuclillas lo miró con detenimiento, (no iba a ser que se tratara de una de las "simpáticas" bromas de Nott), pero al no encontrar nada extraño lo tomó y se incorporó con él en sus manos.
Al notar que el libro era precisamente ese libro, quedó helado; pero el marcador de páginas que tomó entre sus manos lo dejó petrificado. Aquella trenza de lanas de colores la había visto cientos de veces mientras acechaba a Ginny desde lejos, y ahora estaba aquí, entre sus manos… por lo que su pelirroja había tomado ni más ni menos que su libro favorito, y lo había leído casi entero.
Colocó el adorno al sol y lo observó con detenimiento acariciándolo entre sus dedos; solo algo que ella hubiese hecho tendría tanta belleza siendo tan simple. Una idea cruzó por la cabeza del platinado haciendo se que dirigiera rápidamente a su escritorio… si, había encontrado la manera perfecta de invitarla a la mansión.
Luna terminó de arreglar el cabello de Hermione en una bella trenza que caía por uno de sus hombros y encontró su mirada con la de su amiga en el espejo.
- Te ves bellisima.- le sonrió.- de seguro lo impresionarás aunque se esfuerce en no demostrarlo.-
La castaña le sonrió de vuelta a su amiga y se levantó de su asiento diciendo.- o quizás no hay nada que demostrar.- hizo una breve pausa para decir.- quizás esto no tiene sentido….-
Luna colocó su manito en la mejilla de Hermione y mirándola con dulzura, le dijo: El profesor Snape tiene miedo, y es lógico que después de todo lo que ha vivido lo sienta; por eso, debes tener paciencia y ayudarlo a vencer aquella barrera… luego verás como todo saldrá bien.-
Unos golpes más rudos en la puerta antecedieron a la entrada de Theo en la habitación.
-
¿Interrumpo algo?.- preguntó el ojiazul haciéndose el inocente con un puchero que hizo que la castaña soltara una risita.
-
No Theo, entra por favor.- lo invitó. El chico caminó hacia luna y deposito un tierno beso en los labios de la platinada que se ruborizó en el acto y luego abrazó a Hermione con fuerza, haciendo que esta se quedara sin aire.
-
Te extrañaré pequeña…- le dijo y la soltó. Hermione tomó una gran bocanada de aire y luego sonrió al ver a su amiga tan feliz abrazada del ojiazul… como deseaba poder ella también estar abrazada del hombre que amaba…
-
Son las nueve en punto.- Theo interrumpió las cavilaciones de la castaña.- todavía alcanzamos a tomarnos un chocolate caliente, te parece?-
La castaña asintió animada y con un hechizo hizo de su maleta una tan pequeñita como una caja de fósforos y tras meterla en su bolsillo de su abrigo salió con sus amigos de su habitación.
El profesor repasaba mentalmente todas y cada una de las cosas que debía llevar, asegurándose de no dejar nada que pudiese llegar a necesitar.
- Ya basta Severus.- lo regañó Narcisa.- Deja ese pañuelo en paz que me pones nerviosa.-
Sin darse cuenta había estado moviendo nerviosamente la delicada prenda entre sus manos mientras que esperaba a la castaña, que como si hubiese sido invocada, bajaba en ese mismo instante hacia el salón principal.
Draco le había ofrecido caballerosamente su brazo; aunque la única que podía ser vista por Severus en ese momento era ella: el abrigo negro que traía delineaba perfectamente su figura, haciendo a la vez su piel más pálida de lo normal que estaba enmarcada a la perfección por la trenza castaña que caía por un costado. La chica al notar los negros ojos del profesor sobre ella sonrió y aceleró el paso casi inconscientemente.
- Ya es hora.- anunció Narcisa.- Tomen firmemente el pañuelo.
Severus le extendió una punta que ella sostuvo fuertemente entre sus manos, mientras, y ante la sorpresa de todos, cruzaba uno de sus brazos por el hombro de la chica atrayendola hacia sí.
-
Sostengase señorita Granger.- le ordenó. Ella con su mano libre se agarró del pecho del profesor sonrojandose enormemente, cuando tras el último "tik" del reloj, las 10 y cinco llegaron finalmente llevándose consigo a la pareja.
-
Espero que lo disfruten…- dijo Draco con su tono doble sentido haciendo que su madre le devolviera una mirada pícara y Theo se mordiera la lengua por comentar tras mirar a la fina cabellera que reposaba en su pecho.