Renaciendo a tu lado — capítulo 15
Ginny se arregló el cabello una vez más frente a las puertas de la renovada mansión Malfoy...debía encontrar una forma de no quedar como un nido de pájaros luego de aparecerse en ese lugar.
Tomó nerviosamente la carta que había recibido la tarde de ayer invitándola a venir, ya que por las sospechas de su hermano no había podido ir a despedir a su amiga… pero por supuesto, el claustro de Ron no duró mucho y hoy tenía otra de sus "actividades sociales", por lo que no estaría en casa en todo el dia, y probablemente en toda la noche.
Una hoja rasgada con sumo cuidado ilustraba al principito en el medio de esta, que estaba parado sobre la bella caligrafía de cierto platinado. Ginny releyó la curiosa frase: "fué el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante" y bajo ella, "mañana a las 5, en la mansión"... y sintió ese mismo nerviosismo que la primera vez que la leyó.
Él sin duda había descubierto que había husmeado en su librero… pero al parecer lejos de enojarse, se lo hizo saber, y escribiendo aquella frase tan bella…definitivamente el platinado era diferente. Guardó la nota en su bolsillo y se arregló por última vez el pelo, soltó un largo suspiro intentando calmar sus nervios y se adentró en los jardines de la mansión.
Severus esperaba en la mesa más apartada del salón la llegada de Hermione, mientras escuchaba las estúpidas conversaciones muggles sobre moda, zapatos, y otras cosas sin importancia. colocó una sonrisa de medio lado al pensar que cierta castaña venía de ese mundo.
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Buenos días, profesor- la llegada de la ojimiel lo sacó de sus cavilaciones, haciendo que dirigiera sus oscuros ojos hacia la chica. Hipnotizado, se levantó lentamente sin quitar las perlas negras de la visión maravillosa que tenía enfrente: Hermione tenía el pelo amarrado en una coleta, un vestido azul marino con un escote cuadrado, ajustado hasta la cintura para caer libremente sobre sus muslos, dejando a la vista sus piernas atrapadas en unos bellos zapatos de tacón, también azules.
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Buenos días, Señorita Granger.- logró articular el profesor. La chica le regaló una sonrisa y se colocó frente a la silla que el profesor había corrido para ella, dándole así la espalda. Él la acecho por su lado derecho y le dijo, casi al oído - Se ve usted preciosa, Señorita Granger.- Hermione se sonrojó y se sentó en el acto, mientras Severus avanzó hasta su lugar, frente a ella.
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Usted se ve muy distinto profesor- apuntó la chica con una sonrisa- parece un muggle más.-
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Podría decir lo mismo de usted.- le respondió él.- Precisamente me estaba preguntando cómo es que usted… viene de este mundo…-
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Si.. nací aquí… pero nunca encajé.- confesó- siempre era.. "el bicho raro"... por lo que siempre estaba sola.- Hermione colocó una triste sonrisa en su cara mientras agachaba levemente su cabeza.- esa es la historia de cómo me convertí en una "comelibros"-.
Snape arrugó el entrecejo y con su fría mano levantó el mentón de la chica, haciendo que esta enfrentara su cara y lo mirara a los ojos.
- Esa…- siseó enojado e intimidante.- es la razón por la cual los muggles son seres detestables-. sentenció.
Hermione lo miró enojada por un segundo pero luego soltó un suspiro, diciendo.- Puede que muchos lo sean… pero mis padres son diferentes.- poco a poco los ojos de la castaña se fueron humedeciendo, hasta que finalmente el embalse colapsó con una solitaria lágrima. Severus tomó aire y pensó muy bien lo que la castaña le estaba diciendo. Con cada frase, gesto, y detalle ella le daba a conocer lo importarte que eran sus padres… pero no solo eso. No podría olvidar lo que la chica le acababa de confesar. Ella, al igual que él, había sido objeto de burla de todo el mundo desde pequeña, pero lejos de cometer los errores que él cometió, había dedicado su vida a defender a los más desprotegidos, alzando la voz por quienes no lo hacían. Algo curioso e inesperado terminó de encender mecha dentro de él, y Severus Snape se dió cuenta que la mujer que tenía en frente valía muchísimo más de lo que él en algún momento pudiese ofrecer.
Arrancó delicadamente los restos de la lágrima de la mejilla de la chica y mirándola a los ojos, le dijo:
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Mirándola a usted, cualquiera se da cuenta que sus padres son diferentes.- Hermione sonrió, dándole el valor que necesitaba a Severus.- Señorita Granger, yo…-
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¡Bonjour!- interrumpió la camarera.- ¿que voulez-vous pour le petit déjeuner?.- Snape se sentó recto en su silla y con un solo movimiento de su mano le quitó de las manos la carta a la mesera. Hermione fue un poco mas amable, y recibiendo la carta le respondió: - Nous sommes en train de décider, je vais vous laisser savoir quand nous sommes prêts.-
La chica asintió y diciendo "d'accord", se retiró; dejando a un Severus Snape que echaba humo mientras decía entre dientes "malditos muggles… todos excepto sus padres".
Ginny miró con curiosidad el mapa que tenía enfrente marcado con alfiles y caballos, mientras Theo jugaba con una manzana verde y Draco, sentado al otro lado del escritorio tenía sus ojos fijos en ella.
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¿ Islas ? - preguntó luego de unos minutos- ¿Por qué un par de dentistas quisieran ir a vivir a Islas?-
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Según los recuerdos de Hermione.- Draco se levantaba mirándola fijamente mientras hablaba, haciendo que Ginny sintiera un extraño nerviosismo creciendo en su interior- son algunos de los lugares en los que había vacacionado junto a sus padres, y en los que ellos soñaban vivir.-
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Entonces…-continuó ella, entendiendo la idea.- si ya nada los ataba a seguir en el aburrido Londres…-
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Se mudarían donde siempre habían soñado.- culminó el platinado.
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Y esos destinos- dijo Theo apareciendo al lado de la pelirroja.- son Aruba, San Andrés y Sandy Bay.
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Recorreremos cada pulgada de cada isla hasta estar seguros de que no están allí.- dijo Draco resuelto, volviéndose a sentar- o bien, hasta encontrarlos.-
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¿Y cuando partimos?- preguntó Ginny, mirando a ambos chicos, que se miraban desconcertados entre ellos.
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Pelirroja… - la interrumpió el ojiazul, cauteloso.- es muy peligroso que vayas… aún no sabemos si hay mort..-
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¡NO!- les gritó, callando inmediatamente a Theo.- ¡No me quedaré nuevamente en casa mientras el resto hace el trabajo!
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Es por tu seguridad Weasley- habló Draco intentando mantener sus palabras controladas… No se podía echar al agua, no. Pero tampoco podía revelar sus sentimientos así como si nada.
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¿Mi seguridad?- inquirió ella- ¡Soy yo la que debo preocuparme por MI seguridad!, ¡YO Y NADIE MAS!.-
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¿Aaaah si?.- preguntó el platinado con burla, levantándose de su silla.- No me digas… tu sola preocupandote de tu seguridad- El platinado rodeó el escritorio hasta llegar frente a ella.- Tienes razón. No me cae ninguna duda de que sabes cuidarte muy bien sola…- Dijo con su voz aterciopelada, haciendo que Ginny abriera los ojos de sobremanera ya que Draco Malfoy le estaba dando la razón.- ¡YA QUE EL INÚTIL DE CARARAJADA Y EL ZOPENCO DE TU HERMANO NO SABEN CUIDAR SU PROPIO TRASERO!.-
La pelirroja encajó su mandíbula mientras cerraba con fuerza los puños, preparándose para gritar.- ¡¿QUÉ TE PASA MALDITO DESQUICIAD…!?-
- ¡BASTA!- Gritó por último Theo, interponiéndose entre los dos chicos furiosos que cada vez estaban mas amenazadoramente cerca.- Les recuerdo- susurró enojado, intercalando las miradas hacia ambos chicos.- que esto se trata de los padres de Hermione, NO de ustedes. -
Ginny cruzó los brazos y avanzó como gato enervado hacia la ventana, dándole la espalda a Draco y a Theo.
- Eres todo un galán Malfoy… ¿Por qué no me das la receta?- dijo Theo con sarcasmo. Los ojos mercurio lo miraron con furia mientras el chico se sentaba en su gran silla de escritorio, volteandola para darle la espalda cierta pelirroja.
El ojiazul soltó un cansado suspiro, miró el reloj y luego el mapa.
A ese ritmo, esperaba encontrar a los padres de Hermione antes de la tercera guerra mágica.
Hermione venía con la vista perdida en algún punto de la carretera que tenía por delante. Habían recorrido las clínicas dentales de la ciudad abiertas durante el último año, sin éxito… lo que la tenía bastante desanimada. Soltó otro largo suspiro dejando caer su cabeza hacia su lado izquierdo, fijando su vista en la ventana.
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Granger…-
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Humm…-
Silencio.
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Granger…-
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Huumm…-
Suspiro culpable.
- Yo… yo lo…- cierra los ojos.- lo siento.
Gira la cabeza, y se acerca a él. Corre la cortina de pelo con su delicada y pequeña mano, pero él no la mira.
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No es su culpa…- dijo apoyando su cabeza en el hombro del profesor.
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No descansaré hasta encontrarlos.-
Hermione se acurrucó, esbozando una pequeña sonrisa mientras lo hacía.
- Lo sé profesor… lo sé.