Renaciendo a tu lado — capítulo 25
Hola a tod@s!
Si, en serio en serio lo siento. Yo misma odio cuando no logro terminar de leer una historia, pero la universidad no me dejó tiempo para nada, y aun no logro coordinar bien los tiempos para evitar que pase esto... peeeeero...ahora salí de vacaciones y la historia esta casi terminada.
Espero que disfruten este capítulo, y el próximo que se viene en un ratito mas C:
Un abrazo a todos!!
Astoria
..- La Calma -...
Draco se removió en su cama y se tapó hasta el cuello, cerrando los ojos con fuerza. Había estado tanto tiempo afuera que disfrutar de su cama se estaba transformando en un vicio.
Lo único que faltaba en el lugar era encender la chimenea, una taza de chocolate caliente en el velador y el calor del cuerpo de Ginny…
- ¡Ginny!.- se sentó en la cama de golpe, abriendo los ojos como plato. Miró el reloj de su escritorio y lanzó la ropa de cama lejos. Se había quedado dormido y debía salir corriendo a ducharse.
La señora Weasley abrazó con fuerza a Ginny y la besó repetidamente en la frente.
- Ten mucho cuidado hija.- le aconsejó - espero que conozcas mucho… y mandale mis cariños a Hermione.
Ginny asintió y le dió una última sonrisa. Tomó su cartera, guardó su diminuta maleta en un bolsillo y salió de su casa.
Quince minutos después Draco estaba entrando al comedor, donde Narcisa ya lo estaba esperando para desayunar.
La bruja lo miró de pies a cabeza y sonrió: Draco venía con el pelo mojado y desordenado, con una polera celeste manga corta ajustada, cuyo cuello en uve dejaba ver el inicio de su pecho y unos pantalones también ajustados color beige.
Se veía guapísimo con la ropa de un chico común y corriente… aunque por supuesto, no lograba pasar desapercibido.
Tomaron desayuno conversando sobre la remodelación de la mansión Nott que Narcissa estaba dirigiendo. Theo se había inscrito en la escuela de negocios y ya estaba echando mano a los dineros y acciones estancados de la familia, y Luna había expresado su deseo de estudiar Medimagia, cosa con la que el ojiazul se mostrado encantado y ahora, aparte de planear todo lo de la boda, estaban acomodando la mansión para vivir juntos y que cada uno pudiese seguir con sus planes de negocios y universidad mágica.
Severus y Hermione también estaban haciendo lo propio. Luego de volver, habían formalizado su relación y se habían mudado de la mansión Malfoy a la recién adquirida, mansión Prince.
La mansión Prince estaba impecable, sin embargo, había muchos detalles que el pocionista quería cambiar y dar un toque más...personal a la mansión. Estaban construyendo un enorme laboratorio de pociones, junto a un estudio donde Severus ya estaba empezando las primeras líneas de su propio libro de de la materia en la que tantas habilidades tenía, y Hermione se estaba encargando de darle una decoración hogareña al lugar, mientras esperaba el inicio de sus clases de primer año en Derecho Mágico.
Severus también se preparaba para el inicio de clases: había aceptado el puesto de Director de Hogwarts puesto que lo de mandar era lo suyo, y las clases...no tanto; mientras que Mcgonagall ya no toleraba estar lejos de las aulas para encargarse solo de problemas.
Los cuatro ya estaban retomando sus vidas, llenas de nuevos proyectos y sueños… y Draco y no se quedaba atrás.
Ginny entró en la habitación con un vestido hasta la rodilla color amarillo pálido y el pelo suelto. Narcissa la abrazó y la invitó a sentarse al lado de Draco, que le dio un casto beso en los labios.
-Tienes pinta de haberte quedado dormido…- le dijo, alzando una ceja.
Draco sonrió de medio lado y tomó una frutilla del pocillo frente a él.
- Me da un aire… casual.
Narcisa y Ginny se miraron y sonrieron.
Nunca cambiaría.
Llegó la hora tan esperada y fueron al recibidor. Narcisa se despidió de ambos y se alejó unos pasos.
-
Cuidense.. les dijo con un tono casi de súplica.
-
Si mamá, tranquila… no alcanzaremos a meternos en problemas en ningun lado ya que tenemos demasiados lugares que visitar.
-
Tu no necesitas precisamente tiempo para meterte en problemas, Draco Malfoy.
El platinado sonrió y miró de reojo a su madre.
- Es que lo llevo en la sangre.
Antes de que la mujer pudiera responder, el traslador cumplió su horario y los chicos desaparecieron rumbo Italia , donde iniciarían las tres semanas de viaje alrededor del mundo.
Harry sintió el frío recorrer su cuerpo apenas cubierto por una sudadera gris y unos anchos pantalones negros, y se colocó los audífonos.
Desde que guardó el recuerdo de Ginny bien en el fondo del cajón, su vida había dado un giro drástico en lo que esperaba, fuera la dirección correcta.
Se levantaba a las cinco en punto, se colocaba su ropa deportiva y salía a trotar a un parque cercano al departamento que había comprado en el Londres Muggle. Hacía un recorrido de más menos una hora y media, llegaba a ducharse y tomar desayuno a su departamento. A las siete cuarenta y cinco ya estaba en su despacho, atendiendo los asuntos del ministerio.
Los primeros días habían sido un suplicio: el alcohol, la falta de sueño y la comida en exceso que implicaban las noches de juerga no habían pasado en vano por su cuerpo. Sin embargo, los años de lucha tampoco lo hicieron y se podía decir que luego de dos semanas, ya estaba poniéndose nuevamente en forma.
Al hacer el recorrido de vuelta, decidió avanzar por la calle y observar los negocios que habían cerca del departamento. Se encontró con una cafeteria, un restaurant italiano y otros negocios que no creyó le sirvieran de mucho. Unas cuadras después un enorme letrero llamó su atención: una librería recién abierta tenía precios de inaguración.
Tomó una nota mental y apuró la carrera.
Llegó como ya se hacía costumbre, temprano a su despacho. Henry, que se estaba esforzando por seguirle el nuevo ritmo a su jefe, lo esperaba con una taza humeante de café, una lista de cosas por hacer y el expediente con las tres nuevas misiones encargadas por el ministerio.
En su trabajo todo estaba excelentemente bien. Ya no tenía informes pendientes, tenía una energía renovada que hacía que sus ideas y misiones resultaran de maravilla y cada vez abundaban mas los dias en que como ese, se retiraba temprano.
Tomó el bus y bajó unas cuadras cerca del parque donde corría todas las mañanas. Caminó lentamente hasta que se encontró con la librería que había visto esa mañana, y entró.
El lugar era una acogedora librería decorada al estilo romántico con rosas, sillones a la antigua, y un olor dulzón en el aire que te hacía sonreír inmediatamente. Tenía de todo un poco: clásicos, historia, best sellers, etc.
Avanzó hasta un mesón que exhibía muchos libros de cocina y se sintió atraído por ellos. Desde que vivía solo su expertise en la cocina había evolucionado de los huevos fritos, a sus favoritos: los huevos revueltos con queso.
Necesitaba ampliar su recetario.
Vio uno de pasteleria, uno de cocina tailandesa y otro de comida italiana... pero ninguno llamó su atención.
Hasta que un título rezaba la solución a todos sus problemas: " Mil y un platos para un soltero con hambre!". La frase lo hizo reir y extendió su libro al dorso, pero él no había sido el único.
Una chica de largos cabellos rubios miraba la mano que había tomado justo el mismo libro que ella. "que enorme es mi suerte" pensó y dirigió sus ojos al dueño de la mano.
Abrió los ojos como platos y soltó el libro como si quemara.
Harry Potter.
Tal había sido su impacto que todos los libros que sostenía con la otra mano cayeron estruendosamente a sus pies, y el golpe de uno justo en su dedo pulgar la hizo salir del trance.
-Genial... - susurró. Se agachó diligentemente a recogerlos y pudo ver por el rabillo del ojo como el azabache la ayudaba con los libros.
-
Disculpa, te asusté... ¿Te encuentras bien...?- preguntó y ella no pudo evitar mirarlo. Harry juntó levemente el ceño y en sus ojos se veía una leve chispa de curiosidad.- ¿Daphne?- preguntó.- ¿Daphne Greengrass?- Ella asintió en silencio y Harry levantó las cejas en señal de asombro.
-
Lamento no haberte reconocido - dijo mientras levantaba los últimos libros. Se incorporaron mirándose a los ojos y él sonrió.- Es que estas muy... diferente.
Ella se sonrojó y le pasó la mano nerviosa por un mechón de cabello. Harry miró los libros que había recogido y todos rezaban cosas relacionadas con la Arquitectura.
- ¿Te interesa la Arquitectura?- le preguntó, intentando captar su atención.
Ella volvió a mirarlo a los ojos y asintió.
-
Si...en realidad.- titubeó.- yo...yo estudio Arquitectura.
-
¿En serio?..no sabía que en el mundo mágico se estudiaba Arquitectura.
-
Nop..no se estudia ahí.
Harry abrió los ojos como platos y esperó unos segundos a que ella estallara en carcajadas debido a que él había caído en su broma.
Pero ella solo lo miraba expectante.
-
¿Estudias en una universidad muggle?.- preguntó incrédulo.- ¿tu? una sangre pura mezcland...
-
Que simpático eres Potter- lo cortó - anda a dar tu discurso de la sangre a otro lado.
Ella extendió sus manos para quitarle los libros a Harry pero él los tiró de vuelta, acercándola sin querer hacia si.
-
¡No!, ¡no quise decir eso!... yo... me refiero a que me impresiona.. pero...positivamente. - terminó con una sonrisa nerviosa y Daphne luego de unos segundos se duda, soltó un sonoro suspiro.
-
Bueno... creo que no empezamos muy bien.- dijo, tomando los libros y dejándolos sobre el mesón. Se paró derecha frente a él y lo miró a los ojos, extendiendo la mano.-Hola, soy Daphne.
Harry imitó su postura y sonrió.- Hola Daphne, mi nombre es Harry.- tomó su mano y la estrechó con delicadeza.
El contactó con su piel tersa lo dejó pensando unos segundos y desvió sus ojos para esconder el pensamiento curioso que se le cruzó por la mente, y llegó al libro de la discordia. Lo tomó en sus manos y se lo enseñó.
- ¿Querías este libro?...
Se sentaron a conversar en el sillón durante dos horas. Ella le contó cómo estudiaba Arquitectura a escondidas de sus padres y que vendiendo todas sus joyas le había alcanzado para pagar la colegiatura entera, comprar un departamento y así poder salir de su casa. Sus padres, al enterarse que quería vivir en el mundo muggle no pusieron resistencia y casi le quitaron el apellido. Harry le contó sobre su trabajo y su mediocridad culinaria, haciendo bromas de tanto en tanto que mostraban la melodiosa risa de la rubia.
El ojiverde estaba encantado y no podía creer que ella hubiese sido su compañera en Hogwarts, y peor aún, haber pertenecido a Slytherin. Ahora llevaba el pelo recogido con un cintillo, y largas hileras caían hasta más abajo de su cintura terminando en delicados rizos. Nunca la había visto sonreír en Hogwarts, y ahora sus ojos brillaban cuando lo hacía.
Nunca se había fijado en lo hermosa que era.
La dependienta del local les avisó que debía cerrar la tienda y tras pagar todo, caminaron en dirección a sus departamentos.
Curiosamente, vivían cruzando la misma calle.
- Bien.. entonces, creo que podríamos compartir el libro.- Harry la miró nervioso esperando que dijera que sí, y tener así una excusa para volver a hablar con ella.
Ella sonrió y se detuvo frente a la puerta del edificio.- Creo que tengo una mejor idea.- sugirió.- llévate tu el libro y mañana preparamos la primera receta...¿Te parece? así aprendemos los dos y cenamos... si quieres, claro.
- ¡Me encantaría!.- dijo atropellandola.- entonces...¿te paso a buscar mañana?
Ella sonrió y comenzó a girarse para alcanzar el pomo.
-
Yo toco mañana tu puerta... ¿a las seis?
-
A las seis, perfecto!.- respondió Harry.- ¡Espera!.. y ahora... ¿que comerás?
Daphne abrió la puerta y entró, mientras se giraba para apoyarse en esta y mirar al azabache que estaba expectante.
- Mi especialidad... huevos revueltos con queso.
Ron se removió en la cama y abrió los ojos lentamente. Pansy descansaba sobre su pecho sumergida en un profundo sueño... seguramente estaba muy cansada para despertar.
La besó en la frente y muy despacio comenzó a arrastrarse, hasta que logró soltarse de su agarre sin que ella lo notara.
Encontró los boxers en la otra esquina de la habitación y se los colocó para bajar a la cocina. La cabaña que había arrendado era bastante grande; en el piso inferior estaba la sala de estar, la cocina y un gran comedor, y el segundo piso lo ocupaba solo el gran dormitorio en el que una enorme cama con doseles y cubiertas de piel se encontraba en el centro, flanqueada por sillones y una chimenea. Era un lugar bastante romántico para una huida inocente.
Sin embargo el caldero en medio de la mesa del comedor le recordaba constantemente el porqué estaba aquí.
La poción había sido terminada la noche anterior.
Y una parte en su interior, que no quería averiguar qué tan grande era, deseaba tirarlo por la ventana y retrasar todo tres semanas más.
Quizás pudiera retrasarlo por siempre.
Puso a hervir agua en la tetera y se dispuso a preparar dos tazas de café. Curiosamente, a Pansy no le gustaba el té. Había encontrado muy peculiar el hecho de que a una dama inglesa de la alta sociedad mágica no sintiera una profunda devoción con el té, pero así era ella.
Peculiar.
Preparó la prensa con el café que ella había molido el dia anterior y cuando el agua estuvo lista, la vació en la prensa y bajó el émbolo en treinta segundos, tal como le había enseñado Pansy.
La dejó reposar y preparó por mientras unas tostadas.
Ladeó la cabeza mientras veía las celdas del tostador enrojecerse y pensó en Hermione. Había desayunado muchas veces con ella en Hogwarts y no tenía idea de si le gustaba el té, o el café, o ambos.
Pero tomase lo que tomase, le gustaba regañarlo como una amargada... quizás le faltaba azúcar. Pansy tomaba azúcar... y mucha. Sonrió recordando la forma en la que cierra los ojos con felicidad cuando da el primer sorbo a su café con tres enormes cucharadas de azúcar.
¿Hacía Hermione lo mismo?...¿Le parecería igual de tierno si lo hiciese ella?
Dejó sobre la bandeja las tostadas, la mermelada, la prensa, las dos tazas y el azucarero y subió hasta la alcoba.
Pansy había despertado pero intentaba volver a quedarse dormida entre las sábanas, como lo hacía todas las mañanas.
Ron colocó la bandeja en la cama y la miró.
Pansy inspiró el aroma a café y abrió un solo ojo, buscando qué era lo que olía tan bien. Se levantó tapándose con la sábana y le sonrió.
- Buenos días... hiciste el desayuno... - le dijo mientras servía café en las dos tazas.- ... de nuevo.
Ron rió y la miró con una sonrisa de medio lado.
- Si... es que creí que estabas demasiado...cansada para levantarte de la cama.- Soltó una risa al ver el mohín que hizo ella en un fingido enojo.
De repente el semblante de la chica se ennegreció y lo miró a los ojos, seria.
-
La poción ya esta lista...
-
Lo sé.
-
Es momento de que vayamos pensando en los detalles del plan.- dijo ella, dando un sorbo a su café.- Creo que no es prudente que Potter se entere.
-
Yo también he pensado lo mismo.- Su voz casi ausente salió más débil que lo que él esperaba.- Harry es demasiado... correcto.
Pansy asintió y miró a la ventana.
-
También tenemos que encargarnos de la ropa...
-
Podríamos comprarla.- sugirió él.- Necesitaremos una capa negra para lo de Snape y un traje de etiqueta para Malfoy...
-
Buena idea... ya en el momento podríamos ajustarla para que quede perfecta.
-
Me parece.
Comieron en silencio el resto del desayuno hasta que Ron rompió el silencio.
- Pansy...
Ella levantó la vista dejando ver sus negros ojos que brillaban expectantes... ¿Se acabaría todo esto?
- Necesitaremos tiempo para planear bien esto... ¿una semana?.. Te...¿te parece bien?.
Ella asintió nuevamente y bajó la mirada.
Tenía una semana más y luego todo volvería al orden natural de las cosas.
Una semana.
-
Bueno.. me parece que una semana es un plazo prudente como para encontrar la cantidad de grasa para el cabello de Snape.- Bromeó haciendo que Ron estallara en una gran carcajada.
-
Y no sería suficiente.- le dijo, acercando su boca a la de ella y capturándola en un beso. La tomó de las nalgas y con un leve impulso, la subió a horcajadas sobre él. Pansy agarró con fuerza el pelo de la nuca de Ron y tiró hacia atrás su cabeza, separándolo de su boca.
-
Es que para ti... nunca es suficiente.
Y encerró su boca nuevamente.