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Asegurando el Pasado — capítulo 15

Albus camino lentamente por el pasillo intentando saber qué es lo que pasaba y porque pasaba pero su concentración solo seguía ese leve sonido de una pluma contra un pergamino que poco a poco fue aumentando mientras seguía avanzando. No podía recordar u observar lo que a su alrededor se encontraba pero no temía. Por alguna extraña razón ni siquiera tuvo la necesidad de levantar su varita o si quiera sacarla de su bolsillo.

Se topó de frente con una puerta de metal muy delgado pero tan brillante que a sus ojos verdes les costó un poco acostumbrarse a la luz a la vez que su mente se sentía con la suficiente confianza como para atreverse pasar. Así lo hizo y enseguida se paralizo.

-Pero qué demonios.

Sus pies no tocaron el mármol que antes había resonado al ser golpeado por la suela de sus zapatos sino un césped verde brillante por la humedad con el olor a tierra mojada deleitando sus pulmones pero su mente no se quedó en lo que lo rodeaba aunque hubiera cambiado por completo. Su mente se encontraba junto a ese pequeño de 10 años de cabellos cobrizos y brillantes ojos azules llenos de energía incontrolable hasta para el hombre que corría tras el intentando atraparlo disparando chorros de su agua desde su varita a la vez que sus risas llenaban el jardín trasero de su hogar.

-¿Cómo es que llegue aquí? -. Susurro Albus intentando no sonreír con felicidad al ver ese recuerdo tan lejano cuando su padre y su hermano no se gritaban llenos de furia a cada oportunidad. Cuando realmente eran una familia. Dejo de prestar atención a la imagen y comenzó a caminar hacia la casa, tal vez algo en su interior le dijera lo que necesitaba escuchar para regresar a donde fuera que lo hiciera.

-Mamá ¿Por qué papá nunca quiere contarnos lo que paso en la guerra?... yo lo único que sé lo he aprendido en libros de tía Mione, abue Mine o lo que ustedes me cuentan de poquito -.

Sonrió en cuanto esa voz llego a sus oídos y con ternura se acercó hacia el viejo olmo que le regalaba la sombra necesaria en los pesados veranos. Un pequeño de 9 años de brillantes ojos verdes y cabello revuelto  tan oscuro que inútilmente su madre cepillaba con sus dedos intentando que se mantuvieran de una manera aunque jamás funcionaba. Recostado sobre ella disfrutaba de las caricias sonriendo al ver como James subía con gran agilidad por la enredadera que cubría la parte posterior de la casa a la vez que su padre intentaba detenerlo a base de gritos y seguirlo en su dudoso camino por la verde planta. Lilly dormitaba abrazando con firmeza su peluche esponjoso de una snitch que con sus alas envolvía su cabeza para evitar golpes aunque parecía más un abrazo.

Ginny suspiro con una sonrisa tierna en su rostro que su hijo jamás había visto en sus recuerdos hasta este momento en que se acomodó junto a ellos escuchando atento la conversación de su pequeño yo -Nunca podré decir que contigo nos equivocamos de nombres ¿verdad?

-¿Por qué lo dices? Mami.

-Sabes que tus nombres son en honor a dos de los más grandes directores de Hogwarts ¿cierto? -. El pequeño asintió en silencio sonriendo -Pues veras esos hombres para ser directores tuvieron que convertirse en los mejores profesores y antes de eso en los mejores alumnos, el ansia de conocimientos jamás paraban en sus mentes y siempre buscaban saber todo sobre todo… así eres tu desde bebe… no sé, tal vez en un futuro tú también te conviertas en un gran director.

El pequeño Albus asintió planteándose por primera vez en su vida las ganas de saber cuál sería su futuro pero su mente recordó el motivo de estas palabras -¿Entonces? Mami.

Ginny soltó una melodiosa que atravesó el corazón de Albus que la miro lleno de nostalgia sonriendo con cariño a la mujer de su vida; ella beso la cabeza de su hijo y suspiro pensando las mejores palabras -Tu padre no habla de ese tiempo porque no le gusta… hijo la guerra es horrible donde personas pierden a sus seres amados o sus propias vidas por cosas tan simples como los deseos egoístas de un solo hombre… tu papi sufrió mucho como todos y lucho con valentía por defender a las pocas personas que aún se mantenía a su lado como tus abuelos Weasley o tus tíos Ron y Mione.

-¿Y tú? Mami.

-Y yo… pero… para que papi nos protegiera tuvo que lastimar a otros, no quería hacerlo y no se siente orgulloso de ello pero era algo que tenía que hacer...

-Mami… ¿papá mato a alguien?

La mirada de Ginny se nublo de inmediato y el Albus grande que pudo ver el cambio sintió su estómago revolverse. Su recuerdo era muy diferente a esto. En su vida su madre había contestado enseguida un rotundo "NO" pero ahora esa palabra no llegaba por más que lo deseara.

-Albus… papá tuvo que hacer cosas de las que siempre se arrepentirá y tú no debes juzgarlo nunca ¿entendido?

Su mundo se destrozó en un segundo con un estruendo tan potente que lo mareo revolviéndole el estómago. Cerró sus ojos y los apretó con fuerza.

Al abrirlos de nuevo cuando su corazón se calmó y su mente asimilo lo que acababa de ver. Miro confundido a todos lados donde el jardín lleno de color y calma ahora estaba de nuevo en el pasado; en su lugar, la enfermería desierta lo rodeaba, un incómodo sillón cargaba su cuerpo y en su mano pudo sentir la frialdad de la mano que sujetaba con firmeza. Aquella pálida desde la punta del dedo más largo hasta el más pequeño de sus pies descubiertos. Su brazo tenía una jeringa sujeta a su venda y a su vez está sujeta a un tubo flexible que se conectaba a un brazo pálido pero casi lo doble de ancho que el suyo. Suspiro medianamente aliviado.

Un débil James descansaba en la cama con varios vendajes cubriendo aquellas heridas que aún no terminaban de sanar aunque el mismo Snape había susurrado el hechizo con todas sus fuerzas físicas y mágicas mientras tomaba su mano. El hombre aún no se alejaba de aquel chico que tanto le recordaba a la persona que más había odiado pero también a la que más había amado. Para él tampoco era un secreto que el mayor de los Potter era idéntico en personalidad a su abuela, mucho más que el mismo Harry que culpable no se alejaba de la puerta de la enfermería aunque ya habían pasado tres días. Y junto a él todo el grupo de chicos preocupados por su primo a los que habían corrido por ser demasiado y muy escandalosos. Incluyendo a la pobre de Nicole que cada que podía asesinaba con la mirada a su futuro suegro.

-Al…

Un susurro débil llamo su atención y con velocidad se fijó en su hermano que poco a poco abría los ojos aunque se podía ver el cansancio en ellos.

-Maldita sea, Sirius… vas a terminar matándonos de un infarto.

-Lo… siento.

-Está bien, bueno, entiendo porque lo hiciste.

-Me alegro… ¿y Lilly?

-Durmiendo junto a Madame Pomfrey... parece que la rojita puede conquistar el corazón de todos a los que toca.

James sonrió aunque muy poco -Es una pasada que seamos del mismo tipo de sangre ¿no?

-See… creo que el primer envase no le gustó mucho y prefirió algo de mayor calidad.

Ambos hermanos se miraron por unos segundos sonriendo hasta que James fue consiente de algo en su mente -Hermano… el tiempo de paz está por terminar… necesitas ultimar detalles.

Albus asintió y asintió sujetando con más firmeza la mano de su hermano mayor que suspiro con tranquilidad confiando por completo en su familia. Como siempre lo había hecho.