Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Asegurando el Pasado · de

Asegurando el Pasado — capítulo 16

Para describir a Severus Snape existen varios adjetivos donde malhumorado sería sin duda uno de los más amables. Su rostro serio casi lleno de asco al mirar a sus alumnos menos inteligentes jamás demostraba ninguna emoción más allá de la aversión. Por eso, ese día su aula se encontraba congelada observándolo lo más silenciosamente posible.

La razón era muy simple. Tal vez su rostro fuera igual de serio al del día anterior o sus comentarios tan lastimeros como la semana pasada pero en su mirar había un brillo, uno que solo resplandecía cuando se fijaba en aquel rincón tras su escritorio donde el humo se agolpaba con aromas exactos que solo su nariz entrenada reconocía.

En aquel rincón donde el caldero humeaba a fuego lento y los ingredientes para cualquier poción se encontraban perfectamente ordenados en una especie de alacena enorme. Entre el humo levemente azulado una figura se movía con un poco de lentitud cuidando en todo momento la poción humeante. James lucía un poco pálido y su cabello alborotado se veía mas alocado de lo normal casi como el de un genio, sus movimientos eran lentos y se detenía para sujetarse las costillas pero desde la primera clase él se encontraba ahí. Trabajando sin parar bajo el cuidado constante de aquel hombre que lo miraba lleno de orgullo que jamás imagino que le diera ver a aquel joven tan parecido a una de las personas que más había odiado en su vida.

Lilly había cambiado. Caminaba seria, ignorando los juegos o platicas relajadas de los amigos que había conquistado en este poco tiempo pero ahora no tenía cabeza para esas cosas tan normales. Por segunda vez su hermano había estado a punto de morir, por segunda vez ella no pudo hacer nada para ayudarlo, por segunda vez se sintió llena de impotencia. De miedo.

El sueño la había abandonado y los libros ahora eran sus amigos. Toparse con Harry era tan doloroso como volver a ver a su hermano chorreando sangre. No le hablaba aunque tampoco lo miraba, podía sentir la culpa que el joven sentía en cada mirar. Sus disculpas habían ido y venido sin parar a todos. Las habían recibido, bueno, casi todos ya que Nicole lo mando al demonio golpeándolo varias veces aunque ahora ya solo lo miraba de la peor manera. Lilly observaba todo en silencio siempre, intentaba no molestar a nadie y en especial a sus hermanos que trabajaban sin parar. Y cuando sentía que el mundo era demasiado solo había algo que podía calmarla. Ginny la aferraba a ella con cariño sintiendo como las lágrimas humedecían sus ropas y sus sollozos eran silenciados contra su pecho, dejándola ahí hasta que simplemente el sueño la venciera porque ella la quería. Y la quería con todo su corazón sin saber porque como sabía que lo hacía Harry en silencio.

El tiempo libre del elegido había disminuido bastante. Sus estudios o mejor dicho conversaciones del pasado con el viejo director le tomaban casi todas las noches luego de la cena aunque sorprendido ahora se veía dentro de la sala de los menesteres junto a Alan, Brian, Steven y Lisa. Obviamente no por el gusto de ellos sino por órdenes del mismo director, se lo había pedido como un favor personal, entrenar a los jóvenes y él lo hacía con todo gusto. En su interior le agradaba poder estar cerca de ellos aunque las pocas clases en las que aparecía Nicole eran las más agresivas, la chica no sabía defenderse pero podía atacar con todas sus fuerzas sin parar; a Harry le recordaba a una metralleta muggle que tantas veces había visto en las películas que su primo veía a todo volumen en la sala.

Su castigo con Snape era severo pero no tenía manera de negarse. No solo porque el profesor lo observaba de la peor manera sino también por la propia culpa que lo carcomía y que aumento de sobre manera cuando James regreso a clases con movimientos lentos y gestos de dolor de vez en cuando. Había algo en esos chicos que lo llamaban y no sabía que era realmente, preguntarle al director era algo inútil en especial porque últimamente había estado ausente dejándole una sola misión en la que debía concentrarse. Los recuerdos reales del viejo profesor Slughorn.