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Destiny — capítulo 11
POV Hermione
"Ella no es mi novia."
Seguí a mis amigos a toda prisa, intentando irme lo suficientemente rápido como para que los Slytherin no viesen que mis ojos estaban húmedos. "Ella no es mi novia." Pero ojalá lo fuera.
Avancé a grandes zancadas para alcanzar a Harry, que hundía las manos en sus bolsillos y caminaba cabizbajo, y a Ron, que parecía terriblemente ofendido y furioso con el mundo en general. Mi compañero moreno me dirigió una mirada de disculpa, como si él fuese el culpable de todo, y yo le respondí con una triste sonrisa.
Ya estaba acostumbrada.
POV Draco
Observé en silencio cómo los tres Gryffindors desaparecían a la vuelta de la esquina. Entonces, la voz de Pansy me despertó de mi ensueño:
—Esa sangre-sucia está loquita por el pobretón, ¿os habéis dado cuenta? —dijo, riendo con crueldad. Apreté los puños, pero no dije nada—. Es una verdadera lástima que él esté con la otra…
—¿La otra? —interrumpí, confuso—. ¿Qué otra?
Pansy parpadeó, sorprendida, y después inquirió:
—¿No lo sabes? Weasley lleva unas semanas enrollándose con…
—No es que me moleste ver que vosotros tres volvéis a hablaros, de hecho me alegro por ti, Malfoy, pero os agradecería que os dedicarais a intercambiar cotilleos lejos de la puerta de mi aula —interrumpió la voz fría e impersonal de Snape. Le dirigí una mirada imperturbable y me alejé con mis recién recuperados amigos, hundiendo las manos en los bolsillos.
—¿Sabéis qué? He decidido ayudar a Granger —declaró Pansy entonces, esbozando una sonrisa de oreja a oreja.
—¿Qué? —Blaise hizo como que se destaponaba los oídos y miró a Pansy con asombro— ¿Cómo y por qué ayudarías tú a Granger?
Les observé, intrigado, y escuché lo que ella explicaba sin borrar esa sádica mueca de felicidad de su cara.
—Ya sabes, ayudarla con la Comadreja… La pobre se merece que le den un empujoncito. Haré que Weasley le bese… ya me entendéis, intercambio de mugre entre un pobretón y una sangre-sucia…
Hice un gesto de desagrado involuntario mientras sentía cómo se me revolvían las tripas… pero no de asco, sino de rabia. ¿Qué crucios me estaba pasando aquel día?
—Pansy… —comenzó Blaise, preocupado, pero ella ya corría dando pequeños saltitos de alegría por las mazmorras. Nosotros intercambiamos una mirada resignada y, sin más remedio, la seguimos con la intención de detenerla si el asunto se le iba de las manos.
Media hora después, Blaise y yo nos encontrábamos en los jardines de Hogwarts, recostados contra uno de los árboles que delineaban el Bosque Prohibido, posición desde la que teníamos una vista privilegiada del Trío Dorado. Pansy había desaparecido en el cuarto de las chicas, negándose a salir y gritándonos desde el otro lado de la puerta que la esperásemos fuera, cerca de Granger y Weasley, y que nos asegurásemos de que estuviesen juntos para cuando ella regresase.
En ese momento, Blaise bebía un botellín de agua fresca mientras miraba a su alrededor con algo de suspicacia. Yo estaba inquieto y nervioso. No me fiaba de Pansy… Y, por incomprensible que fuese, lo cierto era que temía por la seguridad de Granger y de su integridad física. Además, la idea de estar a punto de presenciar cómo la Comadreja le besaba me daba arcadas.
Aunque, pensándolo mejor… ¿cómo diantres esperaba Pansy conseguir que esos dos se enrollasen delante de medio colegio? Por cómo se comportaban entre ellos, no debían de hacerlo ni en privado, así que en público mucho menos.
Me senté sobre la hierba, algo aburrido. Según el horario que guardaba en mi mochila, a las once tenía clase con Granger. "Deportes *muggles",*en concreto. Bufé. ¿Acaso los sin-magia también sabían de deportes? Bah. Seguro que ninguno de sus jueguecitos llegaba ni a la mitad del nivel del quidditch….
—Pansy no les hará nada peligroso… ¿verdad? —dijo entonces Blaise, cambiando el peso de una pierna a otra y arrugando la nariz.
Le miré, algo ofuscado y, por qué no decirlo, también sorprendido, pero él se limitó a encogerse de hombros.
—Que no sean santos de mi devoción no significa que quiera verlos muertos ni nada por el estilo, y con Pansy de por medio, nunca se sabe…
Suspiré, sacudiendo la cabeza de un lado a otro. Al fin y al cabo, Blaise tenía razón…
En ese momento, escuché unas risas agudas, estridentes y ridículas que me resultaron familiares. Alcé la cabeza y vi así a Pansy, acompañada de varias Slytherins más, todas caminando por el jardín hacia nosotros. Parpadeé, aburrido. Su forma de avanzar, contorneando las caderas y agitando sus melenas, había dejado de resultar seductora para parecerme algo monótono e incluso inapropiado. Tedioso, incluso.
Las chicas se detuvieron junto de nosotros y nos miraron coquetas, pestañeando con entusiasmo. Lástima que yo no tuviese ganas de aguantarlas. Estaba en ascuas por culpa de Pansy, quien me sonrió y le dijo a Blaise:
—Déjame tu botella —él me consultó con la mirada y le entregó el botellín a Pansy con aire dudoso. Ella extrajo un frasco negro de su bolsillo y vertió un líquido muy claro en el agua. Después, cerró la botella de Blaise y, dando media vuelta, echó a andar hacia el Trío de Oro. Los demás nos apresuramos a seguirla.
Pansy se colocó tras Granger silenciosamente, sin que ninguno de los tres Gryffindores se percatase de sus movimientos. Extrajo su varita de la túnica y, con un breve toque, provocó una nubecilla de polvo grisáceo que aterrizó sobre mi compañera del programa. Granger frunció la nariz y, de pronto, empezó a toser violentamente, llevándose una mano a la garganta. Potter y Weasley, sobresaltados, comenzaron a palmearle la espalda, sin comprender nada.
—¿Herms? Hermione, ¿qué te pasa? —inquirió Cara Cortada, muy preocupado por su amiga. Pero ella negó con la cabeza, indicándole que no era nada grave.
Entonces Pansy rodeó al Trío de Oro y se situó frente a ellos.
—¡Granger! Menudo ataque de tos. Ten, bebe un poco, no te vaya a dar algo… —dijo con una voz aguda y falsa, tan falsa que me estremecí. Potter y Weasley miraron a mi amiga totalmente anonadados, pero Granger estaba al borde de la asfixia, así que no se paró a pensar en lo insólito de la situación y aceptó el agua que Pansy le ofrecía.
Tuve que contener el impulso de quitarle la botella de las manos. Pero, por suerte, me detuve a tiempo. Aquello no era de mi incumbencia. Así que me limité a seguir observando a un par de metros de distancia junto con Blaise y las demás chicas.
Pansy esbozó una sonrisa de triunfo cuando Granger bebió el contenido de la botella. Su espontánea tos desapareció tan misteriosamente como había llegado, y ella sonrió a la Slytherin con agradecimiento y algo de sorpresa en su mirada.
—Vaya, gracias, Parkinson…
—Un placer, mujer —respondió Pansy, cruzándose de brazos con satisfacción. Yo seguía sin comprender que tenía que ver todo aquello con la Comadreja…
Granger abrió de nuevo la boca, pero de pronto, y sin previo aviso, soltó una exclamación de sorpresa, tras lo que sus ojos se cerraron. La Gryffindor se desvaneció sobre la hierba, como una muñeca de porcelana que hubiese caído dormida.
—¡Hermione! —gritaron Potter y Weasley, abalanzándose sobre ella con el terror pintado en sus rostros. Yo di un paso adelante, abriendo mucho los ojos.
—¿Qué le has hecho? —chilló Potter a Pansy, totalmente fuera de sí. Se puso en pie, dio una zancada hacia la Slytherin y, sujetándola por la pechera de la túnica, la zarandeó—. ¡Arréglalo! ¿Qué le has hecho? ¡Haz que se despierte!
—¡La ha matado! —sollozó la Comadreja desde detrás. Tragué saliva, sintiendo de pronto como los bordes de mi visión se nublaban. De repente, tenía miedo, y también frío, mucho frío. Apenas sentía las puntas de los dedos, y el suelo temblaba. Todo a mi alrededor temblaba.
—No está muerta —replicó Pansy con calma, pero su voz me sonó dolorosamente lejana—. Está dormida.
—¿Qué le has hecho? —repitió Potter.
—Le he dado un Filtro de Muertos en Vida…
—¡¿Qué?! —no supe si había sido Potter quien había hablado o si aquella palabra había escapado de mis propios labios.
—¿Estás loca? ¿Por qué has hecho eso? —lloró Weasley, cayendo de rodillas en el suelo, junto a la inmóvil Granger. Sus voces habían atraído a medio colegio, y en ese momento estábamos rodeados por un gran número de alumnos que nos observaban aterrados y confusos.
—Para que pueda cumplir su sueño —explicó Pansy, sonriendo como una desquiciada. Se zafó del iracundo Potter con un rápido movimiento y extrajo de su túnica uno segundo frasco—. Esto es poción Wiggenweld. ¿Sabes de qué te estoy hablando, Weasley? —la Comadreja le miró como si Pansy hubiese hablado en sirenio, y ella bufó. No obstante, pude notar que se estaba poniendo nerviosa, y parecía hasta asustada—. No, claro que no lo sabes. Dudo mucho que hayas hecho el trabajo de Pociones. Probablemente estés esperando a que te lo haga tu amiguita… Pues bien, para tu información, esta poción es el único antídoto conocido para el Filtro de Muertos en Vida, y…
—¡Dámelo! —gritó Weasley, lanzándose sobre Pansy y arrebatándole el frasco, pero Potter fue aún más rápido y se lo quitó a su amigo de las manos.
—¡Para Ron! No puedes hacerle beber la poción sin más. ¡Harías que se ahogase!
—¿Y qué hacemos, Harry? ¡Dímelo!
—¡Para dársela, alguien tiene que untársela en los labios y…!
—¿Y qué?
—Y besarla —intervine yo. Sentía un sudor frío escalofriante recorriéndome la espalda, y apenas podía mantener firme el tono de voz—. Pero tienes que darte prisa, Weasley. Ella no podrá esperar eternamente a que te decidas.
Pero el pobretón no se movió ni un milímetro. Se quedó mirándome, increíblemente pálido y con la boca entreabierta.
—¿Be… besarla? —balbució.
—¡Ron! —gritó Potter, mirando a su amigo como si no pudiese creer lo que veía. Yo estaba igual de indignado, y sentí cómo la sangre me ardía.
—¡Estamos hablando de su vida, maldito idiota! ¡Deja de comportarte como un niño de cinco años y hazlo! —rugí. Pero él se volvió despacio hacia Potter.
—Harry, yo… Yo… ¿No puedes hacerlo tú?
—No te reconozco, Ronald —respondió el moreno. Parecía tan increíblemente asustado, defraudado y decepcionado que dudé que fuera capaz de moverse. Y ese fue mi límite.
—¡Trae aquí ese frasco! —grité, fuera de mí, y de un par de zancadas me planté ante Potter y le arranqué la poción de las manos. La destapé, me empapé los dedos con ella y después me los pasé por los labios. Su sabor dulzón me estremeció, pero no paré a pensar las consecuencias de mis actos.
Ni siquiera cuando escuché los gritos de Pansy. Ni siquiera ante los berridos de Weasley y la exclamación ahogada de Potter, o los chillidos de sorpresa de los otros alumnos.
Me daba igual.
Así que me arrodillé junto a Granger, olvidándome de todos los ruidos que sacudían el mundo a nuestro alrededor, enterrando las protestas de mi mente bajo una muralla de determinación que había construido el miedo.
Me incliné hacia ella.
Y la besé.