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Destiny — capítulo 12
POV Hermione
Abrí los ojos despacio, muy despacio. Mi cabeza bullía de una forma que resultaba incluso dolorosa. El cuerpo entero me pesaba demasiado como para poder moverlo, y sentía un sabor dulzón extrañamente mezclado con esencia de menta en los labios.
Parpadeé, observando el cielo inmenso y lejano que se extendía sobre mí. ¿Qué había ocurrido? De pronto, una cabeza pelirroja rompió mi visión de las alturas, y Ron me sonrió con infantil alegría.
—¡Hermione! —exclamó, feliz. A su lado no tardó en unírsele una segunda cabeza, esta morena y enmarcada por unas gafas de montura metálica.
—¡Herms! —medio gritó Harry, tan contento y aliviado como Ron.
—¿Qué…? —comencé a preguntar, pero mi garganta, seca y rasposa, hizo que me detuviese a mitad de la frase. Carraspeé y empecé de nuevo—. ¿Qué ha pasado?
Mis amigos se miraron entre sí, algo asustados, y entonces Harry me tendió una mano para que pudiese incorporarme. Al quedar sentada, pude ver que me hallaba en los jardines del colegio, en medio de un corro formado por un nutrido grupo de alumnos que me observaban con curiosidad, temor y diversión a partes iguales.
En el suelo, a un par de metros de mí, estaba Pansy Parkinson, sentada con la boca abierta de par en par y apariencia de encontrarse en estado de shock.
Junto a ella, Blaise Zabini me miraba con cara de no saber si reír o llorar, y ante él, Malfoy fijaba sus ojos de mercurio en los míos con una intensidad devastadora. Estaba más pálido de lo habitual, y apretaba con fuerza sus finos labios casi níveos.
—Hermione, yo… —dijo Ron, pero enmudeció cuando Harry le dirigió una severa mirada de reproche mezclado con odio, lo cual me sorprendió.
—¿Qué ha pasado? —repetí, ansiosa por encontrar respuestas. En ese momento Malfoy dio media vuelta, haciendo que su capa negra ondease a sus espaldas; y apartando sin sutilezas a varios estudiantes de primero, se fue de allí con elegante velocidad.
—¿Te encuentras bien? —me preguntó Harry, buceando en mis ojos con clara preocupación.
—Creo que sí —respondí, cada vez más confusa—. Harry, por favor, dime qué ha ocurrido.
Él miró en derredor, deteniéndose un segundo en Parkinson, quien se estremeció visiblemente, y después susurró deprisa:
—Mejor vámonos a otro sitio y te lo cuento con calma.
Asentí, dejándome guiar por él, que me ayudó a levantarme y, rodeándome la cintura con un brazo en actitud protectora, me llevó lejos de toda aquella multitud que nos siguió con la mirada hasta que hubimos desaparecido de su campo de visión.
Harry me condujo hasta un rincón muy apartado de los jardines, en la linde misma del Bosque Prohibido, y se sentó a mi lado a los pies de un fuerte roble.
Me observó con tristeza durante un par de minutos antes de murmurar:
—Parkinson te dio Filtro de Muertos en Vida, Hermione.
—¿Qué? —espeté, atónita— ¿Cuándo?
—¿Recuerdas tu ataque de tos? —asentí—. ¿Y cuando ella te ofreció agua? —volví a asentir—. Bien, pues esa botella contenía Filtro de Muertos en Vida.
—¿Pero está loca? ¿Qué quería, matarme? —no podía dar crédito a lo que oía. Sabía que esa serpiente era capaz de muchas cosas, pero… ¿asesinarme a sangre fría y de una manera tan sucia y rastrera? ¿Por qué?
—No, no quería acabar contigo —negó Harry—. Llevaba consigo un frasco con poción Wiggenweld, y ya sabes… Dentro de un espacio de tiempo limitado después de haber ingerido el Filtro, esta poción…
—… tiene la capacidad de despertar al mago o bruja envenenado, sí, lo sé —finalicé, incapaz de contenerme—. Pero, ¿cuál era el objetivo de ponerme en riesgo de esa manera para después salvarme como si nada?
—Bueno, verás… —Harry parecía ponerse más y más nervioso a medida que hablaba, y sus mejillas habían adquirido una considerable tonalidad rojiza—. Como también sabes, si la persona está dormida, la única forma de despertarla es… con un beso. Y, en fin, lo que Parkinson quería era… era… bueno, que Ron te besara. Ya sabes, para burlarse de vosotros, supongo…
—¿Qué? —noté que mis propias mejillas alcanzaban colores no muy usuales—. ¿Ron me ha besado… para salvarme?
De repente tenía unas ganas tremendas de ir a buscar a ese pelirrojo, estrecharlo entre mis brazos, cubrirlo de besos y no dejarlo ir nunca.
—Pues… no, no exactamente.
La estúpida sonrisa que sin duda adornaba mi rostro en esos instantes se derritió ligeramente. Harry estaba ya del color de la grana, y evitaba mi mirada constantemente, contemplando una hilera de hormigas que serpenteaban entre la hierba como si fuesen lo más fascinante del mundo. Aguardé todo lo pacientemente que pude a que continuase, y cuando lo hizo, su voz fue apenas un murmullo apagado y triste.
—Ron no quiso besarte, Herms. No sé si fue la tensión del momento o… en fin, no lo sé.
Toda la alegría y la ilusión que segundos antes me habían abordado se esfumaron como señales de humo que se deshacen en el aire. Sentí que las lágrimas se amontonaban tras mis ojos, pero luché por no dejarlas salir.
—El caso es… que alguien más lo hizo por él.
—¿Alguien? ¿Quién?
Harry abrió la boca para responderme, pero entonces otra voz, fría y arrastrada, interrumpió nuestra conversación.
—Tu querido amiguito, Potter. ¿Quién sino? —me giré para descubrir a Malfoy, que me observaba desde su metro noventa de altura, recostado contra otro gran árbol con los brazos cruzados. Parecía muy furioso.
Me volví hacia Harry buscando constatar esa extraña revelación, y me lo encontré haciéndole un gesto de asentimiento a Malfoy.
—¿Es… es cierto eso, Harry? —le pregunté en un susurro, algo avergonzada.
Mi amigo me miró, confuso y mordiéndose el labio inferior con nerviosismo, pero asintió.
—Yo… era la única manera, Hermione… lo entiendes, ¿no? —cabeceé, y él insistió—. ¿No… no te molesta, verdad?
Le sonreí con condescendencia.
—No, Harry, claro que no. Eres mi amigo, y te agradezco mucho lo que has hecho…
Un bufido burlón a mis espaldas hizo que me girase de nuevo para encarar a Malfoy.
—¿Algún problema, hurón? —le gruñí. Él se enderezó, rabioso, y abrió la boca para decir algo, pero después la cerró como si se lo hubiese pensado mejor y sacudió la cabeza de un lado a otro.
—Ninguno, comelibros. Me enternece ver tanta sensiblería y tanto cariño concentrados en un mismo metro cuadrado… Y ahora, si me disculpas, me iré a vomitar unicornios lejos de vuestro mundo de feliz amor y cursiladas similares —replicó él mordazmente. ¿Qué demonios podría haberle enfurecido tanto?—. Pero te recuerdo, sabelotodo, que tú y yo tenemos una clase pendiente dentro de un par de minutos, y dudo que quieras ver a McGonagall enfadada contigo.
Pestañeé, recordando de pronto la lección de "Deportes muggles" que me habían ordenado impartirle a Malfoy aquella mañana. Me volví hacia Harry y le abracé, susurrándole:
—Tengo que irme, Harry. Muchas gracias por todo.
—De… de nada, Herms —respondió él, algo azorado. Le sonreí con cariño, me levanté y me dirigí hacia Malfoy, que había puesto los ojos en blanco murmurando un "por favor…" repleto de asco.
Pasé junto a él alzando la barbilla con altanería y encabecé la marcha hacia nuestra sala común. Él, sin soportar ir detrás de mí, no tardó en alcanzar mi paso y situarse a mi lado.
—Tanta confianza entre vosotros dos es repulsiva —me dijo venenosamente. Yo respondí a su ataque con una sonrisa fría.
—Dices eso simplemente porque tienes envidia.
—¿Envidia, yo? ¿Y puedo saber de qué, exactamente? —preguntó él, burlón.
—De Harry, porque él es valiente y noble, capaz de hacer cosas como esa para salvar a alguien que le importa y sin esperar recibir nada a cambio, algo que tú jamás podrás llegar a comprender porque no eres más que una serpiente pérfida, egoísta y cobarde.
Entonces, Malfoy se paró bruscamente, mirándome con sorpresa. Me detuve un par de pasos más adelante, observándole con una ceja alzada, esperando a que continuara andando. Y en ese momento su asombro se transformó en ira, una ira desmedida y sin igual, y pisando con fuerza se acercó a mí y me agarró por los hombros sin delicadeza alguna.
—¡No vuelvas a hacer eso nunca! ¿Me oyes? ¡No te atrevas a llamarme cobarde! ¡No tienes ni idea! ¡Si supieras que…!
—¿Qué? —pero él se había callado de golpe, y me miraba respirando irregularmente—. ¿Si supiera qué, Malfoy?
—Nada —respondió el Slytherin tras unos segundos—. Da igual. Vámonos y demos esa clase de una maldita vez.
Observé anonadada cómo me soltaba y se alejaba de mí, hundiendo las manos en los bolsillos, con aspecto derrotado. ¿Qué diantres le habría ocurrido para que hubiese cambiado tan drásticamente de humor? Sin embargo, sospeché que no me haría ningún bien preguntar, por lo que le seguí en silencio hasta el lago, donde él vertió el contenido de su propio colgante, apartándose para cederme a mí el paso.
Cuando ambos estuvimos en la sala común y la puerta secreta que conducía a las escaleras de piedra hubo desaparecido, nos quedamos mirándonos. Yo, confusa y curiosa. Él, apagado y molesto.
—Vale, ¿vas a decirme algo interesante acerca de los deportes de los muggles o ya puedo irme a mi cuarto? —gruñó. Sacudí la cabeza de un lado a otro y fui a mi habitación a por un par de hojas, tinta y plumas. Cuando regresé, Malfoy estaba tumbado en uno de los sofás, con la mirada perdida en algún punto del techo, rozándose los labios con las yemas de los dedos, al parecer de forma inconsciente.
—Eh… ¿Malfoy?
Él se sobresaltó ligeramente y me miró con reproche, pero se incorporó con un suspiro cansado y me hizo un gesto para que me acercara.
Yo coloqué lo que había traído de mi cuarto sobre la mesa y me dirigí a una de las estanterías en busca de un libro que pudiese ayudarme. Cuando encontré uno que supuse que podría servirnos, regresé junto a Malfoy, sentándome en el sillón opuesto al suyo.
—Bien, Malfoy, hoy voy a hablarte del deporte muggle por excelencia: el fútbol. Doy por hecho que no tienes ni la menor idea acerca de esta práctica, así que…
—Sí sé lo que es el fútbol —me interrumpió. Le miré, sorprendida.
—¿Perdona?
—He dicho que sí sé lo que es el fútbol —repitió, removiéndose con clara incomodidad—. Un amigo de mi padre me llevó una vez a ver un partido para enseñarme lo superior que era el quidditch a los deportes muggles… Bueno, sé lo básico. Balón redondo, patadas, portería y goles. Poco más.
Asentí despacio, asombrada por ese descubrimiento. Malfoy desvió la mirada, visiblemente molesto por haber sido pillado en posesión de cierta información sobre el mundo muggle, por escasa que esta fuese.
—Bien… eso facilita un poco las cosas —murmuré. Él arrugó la nariz y se encogió de hombros, aún sin mirarme—. Voy a hacerte un breve croquis de un campo de fútbol…
Cogí papel, pluma y tinta y comencé a esbozar un dibujo de un campo rectangular con sus respectivas zonas y áreas. Por el rabillo del ojo vi que Malfoy apoyaba la barbilla en un brazo, cuyo codo había hincado sobre la mesa. Podía sentir su mirada fija en mí, y eso me ponía nerviosa. Muy nerviosa.
Resoplé para apartarme un mechón de pelo de la cara, y al instante me arrepentí, pues ahora mis mejillas ruborizadas estaban aún más expuestas al escrutinio de Malfoy.
—No deberías perder tu tiempo con ese idiota de Weasley —dijo entonces él, haciendo que me desconcentrara de mi tarea y alzara la vista para mirarle. Él seguía con sus ojos de tormenta fijos en mí, increíblemente serio.
—¿Qué te hace pensar que quiero perder mi tiempo con él? Y lo más importante todavía: ¿qué podría importarte eso a ti? —respondí, apretando con fuerza la pluma entre mis dedos.
Malfoy esgrimió una media sonrisa torcida y se echó hacia atrás, recostándose en el respaldo del sillón.
—Vamos, Granger. Se te ve a kilómetros de distancia que estás loca por él —sentí que me sonrojaba hasta niveles que sin duda debían de ser peligrosos para la salud de mi piel, pero no me molesté en rebatírselo. En vez de eso, me mordí el labio inferior, avergonzada. ¿Tanto se me notaba?—. Y respecto a tu otra pregunta… verás, no es que me importe lo más mínimo con quién decides revolcarte y con quién no, pero me… ofende… que alguien a quien yo podría llegar a considerar medianamente inteligente sea tan estúpida como para conformarse con tan poco.
Abrí la boca de par en par, anonadada. ¿Malfoy me consideraba inteligente? Bueno, medianamente inteligente… Pero, ¿iba acaso en serio?
—Y te diré más, Granger —prosiguió él, inclinándose de nuevo hacia adelante y clavando en mí su intensa mirada argentada—. Después de ver lo que ha ocurrido hoy con todo eso del Filtro, el beso y la poción, creo firmemente que ha quedado más que claro que la Comadreja no es suficiente para ti ni de lejos. Y el hecho de que hasta yo me haya dado cuenta de que tú te mereces algo más debería ser decisivo.
Tragué saliva, abrumada por sus palabras. En parte, porque no podía creerme que lo que estaba escuchando viniese de boca del mismísimo Draco Malfoy… y en parte porque, por mucho que me lo negase, no podía evitar sentir que tal vez tuviese razón. Y considerar esa posibilidad dolía, no porque lo hubiese dicho él, sino por lo que conllevaba.
No fui capaz de responderle. No pude. Estaba asustada, aturdida y entristecida, y realmente no sabía qué decir.
Así que no hablé. Y él no añadió nada más.
En su lugar, ambos permanecimos inmóviles, mirándonos fijamente.
En silencio.
Finalmente, él sonrió de nuevo de esa forma tan torcida, y de pronto fui consciente de que estábamos indecorosamente cerca, pues ambos nos habíamos ido inclinando paulatinamente sobre la mesa. Le miré, algo apabullada, y él susurró:
—¿Seguimos con el fútbol? —su voz llegó a mí acompañada de su fresco aliento, y yo apenas alcancé a asentir.
Me separé de él azorada y proseguí con mi dibujo de un campo de fútbol, y entonces me di cuenta.
El aliento de Malfoy olía de una forma que me resultaba familiar por alguna extraña razón…
¿Menta?
¡Hola! ¿Qué tal?
Como veis, dispongo de una semana de vacaciones y algo más de tiempo libre que he decidido invertir en escribir, y ha salido este pedazo de capítulo de unas 2400 palabras… ¿Qué os parece?
A raíz de un comentario que recibí en el último cap., aviso que sí, Severus Snape está vivo (me colé, lo siento :P). Imaginémonos que después de que Nagini le mordiera pudo sobrevivir de alguna forma milagrosa e inexplicable, ¿vale? Por lo demás, os avisaré si introduzco algún otro cambio con respecto a la historia original…
Si puedo, este fin de semana volveré a actualizar.
¡Muchas gracias a todos los ya 90 usuarios que tienen esta historia en favoritos! Este capítulo está dedicado aPunky_357y aChowderDel99, porque adoro sus comentarios, jajaja.
Nada más por hoy.
Un besazo enorme a todos/as,
MA.A